Domingo, 15 de setiembre del 2019
DOMINGO 24� DEL TIEMPO ORDINARIO
�xodo 32, 7-11. 13-14 / 1 Timoteo 1, 12-17 / Lucas
15, 1-32
Salmo responsorial Sal 50, 3-4. 12-13. 17. 19
R/. "Ir� a la casa de mi Padre"
Santoral:
Nuestra Se�ora de los Dolores
y Beato Rolando
LECTURAS DEL
DOMINGO 15 DE SETIEMBRE DE 2019
DOMINGO 24� DEL TIEMPO ORDINARIO
El Se�or se arrepinti� del mal con que hab�a
amenazado
Lectura del libro del �xodo
32, 7-11. 13-14
El Se�or dijo a Mois�s:
�Baja en seguida, porque tu pueblo, �se que
hiciste salir de Egipto, se ha pervertido. Ellos
se han apartado r�pidamente del camino que Yo les
hab�a se�alado, y se han fabricado un ternero de
metal fundido. Despu�s se postraron delante de �l,
le ofrecieron sacrificios y exclamaron: "�ste es
tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto"�.
Luego le sigui� diciendo: �Ya veo que �ste es un
pueblo obstinado. Por eso, d�jame obrar: mi ira
arder� contra ellos y los exterminar�. De ti, en
cambio, suscitar� una gran naci�n�.
Pero Mois�s trat� de aplacar al Se�or con estas
palabras: ��Por qu�, Se�or, arder� tu ira contra
tu pueblo, ese pueblo que T� mismo hiciste salir
de Egipto con gran firmeza y mano poderosa?
Acu�rdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, tus
servidores, a quienes juraste por ti mismo
diciendo: "Yo multiplicar� su descendencia como
las estrellas del cielo, y les dar� toda esta
tierra de la que habl�, para que la tengan siempre
como herencia"�.
Y el Se�or se arrepinti� del mal con que hab�a
amenazado a su pueblo.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
50, 3-4. 12-13. 17. 19
R.
Ir� a la casa de mi Padre.
�Ten piedad de m�, Se�or, por tu bondad,
por tu gran compasi�n, borra mis faltas!
�L�vame totalmente de mi culpa
y purif�came de mi pecado! R.
Crea en m�, Dios m�o, un coraz�n puro,
y renueva la firmeza de mi esp�ritu. .
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de m� tu santo esp�ritu.
R.
Abre mis labios, Se�or,
y mi boca proclamar� tu alabanza.
Mi sacrificio es un esp�ritu contrito,
T� no desprecias el coraz�n contrito y humillado.
R.
Jesucristo vino para salvar a los pecadores
Lectura de la primera carta del Ap�stol san Pablo
a Timoteo
1, 12-17
Querido hijo:
Doy gracias a nuestro Se�or Jesucristo, porque me
ha fortalecido y me ha considerado digno de
confianza, llam�ndome a su servicio a pesar de mis
blasfemias, persecuciones e insolencias
anteriores. Pero fui tratado con misericordia,
porque cuando no ten�a fe, actuaba as� por
ignorancia. Y sobreabund� en m� la gracia de
nuestro Se�or, junto con la fe y el amor de Cristo
Jes�s.
Es doctrina cierta y digna de fe que Jesucristo
vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo
soy el peor de ellos. Si encontr� misericordia,
fue para que Jesucristo demostrara en m� toda su
paciencia, poni�ndome como ejemplo de los que van
a creer en �l para alcanzar la Vida eterna.
�Al Rey eterno y universal, al Dios incorruptible,
invisible y �nico, honor y gloria por los siglos
de los siglos! Am�n.
Palabra de Dios.
EVANGELIO
Habr� alegr�a en el cielo por un pecador que se
convierta
a
Evangelio
de nuestro Se�or Jesucristo
seg�n san Lucas
15, 1-32
Todos los publicanos y pecadores se acercaban a
Jes�s para escucharlo. Pero los fariseos y los
escribas murmuraban, diciendo: �Este hombre recibe
a los pecadores y come con ellos�.
Jes�s les dijo entonces esta par�bola: �Si alguien
tiene cien ovejas y pierde una, �no deja acaso las
noventa y nueve en el campo y va a buscar la que
se hab�a perdido, hasta encontrarla? Y cuando la
encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de
alegr�a, y al llegar a su casa llama a sus amigos
y vecinos, y les dice: "Al�grense conmigo, porque
encontr� la oveja que se me hab�a perdido".
Les aseguro que, de la misma manera, habr� m�s
alegr�a en el cielo por un solo pecador que se
convierta, que por noventa y nueve justos que no
necesitan convertirse�.
Y les dijo tambi�n: �Si una mujer tiene diez
dracmas y pierde una, �no enciende acaso la
l�mpara, barre la casa y busca con cuidado hasta
encontrarla? Y cuando la encuentra, llama a sus
amigas y vecinas, y les dice: "Al�grense conmigo,
porque encontr� la dracma que se me hab�a
perdido".
Les aseguro que, de la misma manera, se alegran
los �ngeles de Dios por un solo pecador que se
convierte�.
Jes�s dijo tambi�n: �Un hombre ten�a dos hijos. El
menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la
parte de herencia que me corresponde". Y el padre
les reparti� sus bienes.
Pocos d�as despu�s, el hijo menor recogi� todo lo
que ten�a y se fue a un pa�s lejano, donde
malgast� sus bienes en una vida licenciosa. Ya
hab�a gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria
en aquel pa�s, y comenz� a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los
habitantes de esa regi�n, que lo envi� a su campo
para cuidar cerdos. �l hubiera deseado calmar su
hambre con las bellotas que com�an los cerdos,
pero nadie se las daba. Entonces recapacit� y
dijo: "�Cu�ntos jornaleros de mi padre tienen pan
en abundancia, y yo estoy aqu� muri�ndome de
hambre! Ahora mismo ir� a la casa de mi padre y le
dir�: Padre, pequ� contra el Cielo y contra ti; ya
no merezco ser llamado hijo tuyo, tr�tame como a
uno de tus jornaleros". Entonces parti� y volvi� a
la casa de su padre.
Cuando todav�a estaba lejos, su padre lo vio y se
conmovi� profundamente; corri� a su encuentro, lo
abraz� y lo bes�.
El joven le dijo: "Padre, pequ� contra el Cielo y
contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo".
Pero el padre dijo a sus servidores: "Traigan en
seguida la mejor ropa y v�stanlo, p�nganle un
anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan
el ternero engordado y m�tenlo. Comamos y
festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha
vuelto a la vida, estaba perdido y fue
encontrado".
Y comenz� la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya
cerca de la casa, oy� la m�sica y los coros que
acompa�aban la danza. Y llamando a uno de los
sirvientes, le pregunt� que significaba eso.
�l le respondi�: "Tu hermano ha regresado, y tu
padre hizo matar el ternero engordado, porque lo
ha recobrado sano y salvo".
�l se enoj� y no quiso entrar. Su padre sali� para
rogarle que entrara, pero �l le respondi�: "Hace
tantos a�os que te sirvo, sin haber desobedecido
jam�s ni una sola de tus �rdenes, y nunca me diste
un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
�Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, despu�s de
haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar
para �l el ternero engordado!".
Pero el padre le dijo: "Hijo m�o, t� est�s siempre
conmigo, y todo lo m�o es tuyo. Es justo que haya
fiesta y alegr�a, porque este hermano tuyo estaba
muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha
sido encontrado"�.
Palabra del Se�or.
Reflexi�n
DIOS ES AMOR Y MISERICORDIA
Cu�ntas veces experimentamos en nuestra vida que
nos cuesta amar, que nos cuesta perdonar. Muchas
veces, seguro, hemos intentado amar m�s a alguien
que no nos cae bien. Sabemos que Dios nos pide
amor al pr�jimo, pero muchas veces nos rendimos
porque no nos vemos capaces de amar a alguna
persona. Hoy, la palabra de Dios nos recuerda
cu�nto nos ama Dios. Dios es amor y misericordia.
Descubrir el amor y la misericordia que Dios tiene
para con nosotros es muy hermoso, y es capaz de
cambar nuestra vida. S�lo as� seremos capaces de
amar tambi�n nosotros como Dios nos ama.
1.
El Se�or se arrepinti� de la amenaza que hab�a
pronunciado.
En la primera lectura, del libro del �xodo,
escuchamos el desenlace del conocido pasaje del
toro de oro. Mientras que Mois�s se encuentra en
la cima del monte Sina�, donde Dios le dio las
tablas de la ley, el pueblo permanec�a a los pies
del monte esperando. Como Mois�s tardaba en bajar,
el pueblo decidi� dar la espalda a Dios y
construirse un toro de oro al que adorar. Los
israelitas dejaron de adorar a Dios y comenzaron a
adorar a este �dolo construido por manos humanas.
Dec�an los israelitas que era el toro el que les
hab�a sacado de la esclavitud de Egipto. Por este
motivo Dios se enfad�, y decidi� exterminar a su
pueblo. As� se lo dijo a Mois�s, como hemos
escuchado en la primera lectura. E incluso le
ofreci� a Mois�s ser el �nico hombre del que har�a
un gran pueblo. Pero Mois�s suplic� a Dios por su
pueblo, intercedi� por los israelitas y pidi� a
Dios que no castigara de ese modo a su pueblo. La
ira no es propia de Dios, m�s bien al contrario.
As� se lo recuerda Mois�s, que le pide que tenga
compasi�n de su pueblo. De este modo, Mois�s
consigue que Dios recapacite y vuelva a ser Dios,
vuelva a tener unas entra�as de misericordia,
capaz de perdonar a su pueblo a pesar de que los
israelitas le hubiesen vuelto la espalda. Dios se
arrepiente, se compadece y tiene misericordia de
su pueblo. Esto s� es propio de Dios.
2.
Cristo vino para salvar a los pecadores.
Y esta misericordia de Dios Padre se nos muestra a
trav�s de su Hijo Jesucristo. Cristo es el rostro
de la misericordia del Padre. De este modo,
Cristo, Dios hecho hombre que ha venido al mundo
para manifestar el amor de Dios, hace visible al
mundo la misericordia del Padre. As� lo explica el
ap�stol san Pablo a Timoteo, como hemos escuchado
en la segunda lectura. Pablo ha experimentado la
misericordia de Dios en su encuentro con Cristo,
pues Cristo le llam� y le eligi� como ap�stol, le
hizo capaz, se fio de �l. Y eso que Pablo, como �l
mismo reconoce, era un pecador, un blasfemo, un
perseguidor y un violento. Pero la misericordia de
Dios va m�s all� del pecado. EL amor de Dios puede
a todo tipo de mal. Y cuando alguien se encuentra
con este maravilloso don del amor de Dios, toda su
vida cambia, como cambi� la de san Pablo. Y as�,
el que era un pecador, un perseguidor de Cristo,
se convierte ahora en un ap�stol de Cristo. Dios,
por medio de su Hijo, ha manifestado a Pablo su
amor, un amor que perdona, que siente compasi�n y
que elige no al que es v�lido o al que lo merece,
sino que elige al pecador. Porque son precisamente
los pecadores los destinatarios de la Buna Noticia
de Cristo.
3.
Me pondr� en camino adonde est� mi padre.
Pero el perd�n y la misericordia de Dios requieren
de nosotros que demos un paso adelante. En el
Evangelio hemos escuchado las tres par�bolas de la
misericordia. Tres ejemplos que nos pone Jes�s
para ense�arnos c�mo es el amor de Dios. La oveja
perdida y la moneda perdida nos muestran a un Dios
que sale en busca de aquel que se ha perdido.
Cuando desviamos nuestro camino y nos apartamos de
Dios, nos perdemos. Pero Dios no se resigna a
perdernos. �l sale en nuestra b�squeda. Y cuando
nos encuentra, hace fiesta. Porque para Dios vale
m�s la conversi�n de un pecador que noventa y
nueve que no necesitan conversi�n. Pero la tercera
par�bola, la conocida como par�bola del Hijo
pr�digo, nos muestra que no s�lo basta con que
Dios salga en nuestra b�squeda. Nosotros no somos
seres inertes como una moneda, ni seres
irracionales como una oveja. Dios nos ha dado
entendimiento y voluntad, y espera de nosotros que
respondamos a su llamada, que salgamos en su
b�squeda. Como el Hijo pr�digo, tambi�n nosotros
hemos de dar un paso adelante y salir al encuentro
de Cristo. Cuando lo hagamos en serio
descubriremos que ya antes de que nosotros
sali�ramos a buscar al Se�or, �l estaba
esper�ndonos, con los brazos abiertos, como el
padre de la par�bola, para llenarnos de besos,
darnos una t�nica nueva, devolvernos la dignidad
perdida y hacer una fiesta. Porque la alegr�a de
Dios est� en nuestra conversi�n.
El mayor signo del amor y la misericordia de Dios es la cruz de
Cristo. Es el acto supremo del amor de Dios.
Cristo, al entregar su vida por nosotros, nos
manifiesta definitivamente el amor del Padre. Cada
vez que celebramos la Eucarist�a celebramos este
amor, que se queda con nosotros para siempre en el
pan de la Eucarist�a, sacramento del amor de Dios.
Que al participar de la Eucarist�a podemos gustar
un poco m�s cu�n grande y hermoso es el amor de
Dios, que nos sintamos amados y perdonados por �l,
como
Francisco Javier Colomina Campos
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NUESTRO DIOS AMA CON PREDILECCI�N A LOS M�S
D�BILES
1.-
El padre le dijo: �Hijo, t� est�s siempre conmigo
y todo lo m�o es tuyo, pero era necesario celebrar
un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo
estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo
hemos encontrado�.
Todos los lectores de Betania saben de memoria la
par�bola de la mal llamada �Par�bola del hijo
pr�digo�. Yo no voy a repetir aqu� una vez m�s lo
que todos hemos o�do miles de veces. S�lo quiero
advertir ahora que esta par�bola deber�a llamarse
con m�s propiedad la �Par�bola del Padre
misericordioso�, porque Jes�s puso esta par�bola
de a los fariseos y escribas que le acusaban de
acoger a los pecadores y comer con ellos para que
vieran que �l hac�a esto porque su Padre, Dios,
as� lo hac�a y �l, Jes�s, quer�a comportarse
siempre como su Padre. Con la misma intenci�n les
puso las par�bolas de la oveja perdida y de la
moneda encontrada, Por supuesto que Dios lo que
quiere es que seamos justos y buenos y se alegra
siempre de la bondad de los justos, pero Dios
expresa una alegr�a especial cuando un pecador se
convierte, lo mismo que un pastor ama a todas las
ovejas que tiene, y una mujer se alegra siempre de
todas las monedas que tiene, pero tanto el pastor
como la mujer muestran una alegr�a especial cuando
encuentran la oveja que se les hab�a perdido, o
encuentran la moneda perdida. Bien, a nosotros, en
concreto, �qu� pueden querer decirnos hoy estas
par�bolas? Pues que Dios va a alegrar de una
manera especial cada vez que uno de nosotros se
arrepiente de algo que est� haciendo mal y
comenzamos a hacerlo bien. Es evidente que todos
somos pecadores y que Dios quiere que dejemos de
serlo. Por poner s�lo un ejemplo f�cil de
comprobar: todos somos tremendamente ego�stas; el
ni�o nace siendo muy ego�sta y los mayores
seguimos siendo muy ego�stas hasta que nos
morimos. Pues bien, sepamos que cada vez que
renunciamos a un mal ego�smo y nos comportamos con
generosidad, Dios, nuestro Padre va a sentir una
alegr�a especial. Jes�s, que quer�a ser como su
Padre, Dios, acog�a a los pecador y com�a con
ellos precisamente para que se convirtieran y cada
vez que un pecador se convert�a sent�a una alegr�a
muy especial. Reconozcamos nuestras debilidades y
nuestros pecados y convirt�monos; seguro que as�
vamos a dar a nuestro Padre, Dios misericordioso
una gran alegr�a.
2.-
En aquellos d�as, el Se�or dijo a Mois�s: anda,
baja de la monta�a que se ha pervertido tu pueblo.
Pronto se han desviado del camino que yo les hab�a
se�alado� Entonces se arrepinti� el Se�or de la
amenaza que hab�a pronunciado contra su pueblo.
Esta lectura del libro del �xodo nos habla de la
capacidad que tuvo Mois�s para interceder por su
pueblo, porque conoc�a en coraz�n de Dios y sab�a
que su Dios era un Dios misericordioso, que se
compadec�a siempre de la debilidad humana. Sepamos
ser tambi�n nosotros intercesores ante nuestro
Dios para que perdone nuestros pecados y los
pecados del mundo entero. Seguro que Dios se va a
alegrar cada vez que una persona se convierte
debido a nuestra intercesi�n.
3.-
Es palabra digna de cr�dito y merecedora de total
aceptaci�n que Cristo Jes�s vino al mundo para
salvar a los pecadores.
Pues que cada uno de nosotros, disc�pulos de
Cristo, nos sintamos agradecidos, sabiendo que
Cristo va a salvarnos siempre que nosotros nos
sintamos necesitados de su salvaci�n y as� se lo
pidamos. Y, como sal Pablo dice en esta carta a
Timoteo: �es palabra digna de cr�dito y merecedora
de total aceptaci�n
Gabriel Gonz�lez del Estal
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LA TERNURA DE DIOS
1.-
Dios es misericordioso.
El Salmo Penitencial (n� 50) y el Evangelio de la
Misericordia (las tres Par�bolas del cap�tulo 15
de Lucas) transmiten una feliz noticia: que Dios
es misericordioso y bueno con nosotros. En el
fragmento del salmo se expresan dos sentimientos:
el reconocimiento de nuestro pecado ante Dios y la
seguridad de ser renovados por su Esp�ritu en lo
m�s �ntimo de nuestro ser. El pecado es una
infidelidad al amor que Dios nos tiene, y no una
mera infracci�n de un c�digo externo. El pecado
nos separa de Dios, principio de vida. El perd�n
que Dios nos regala es una nueva creaci�n, una
renovaci�n interior expresada mediante la imagen
de "un coraz�n nuevo". La purificaci�n profunda
que el salmista pide a Dios produce la
restauraci�n de las relaciones con Dios. El
pecador arrepentido se siente perdonado por Dios y
quiere que todos los conozcan: "Se�or, me abrir�s
los labios y mi boca proclamar� tu alabanza".
Quiere que todo el mundo experimente la
misericordia de Dios y se hace pregonero de su
amor. Dios acepta como �nica ofrenda "un coraz�n
quebrantado y humillado".
2.-
Es Dios quien toma la iniciativa de buscar al
extraviado.
En evangelio de Lucas se describen tres par�bolas
de la misericordia: la oveja perdida, la moneda
perdida y el hijo pr�digo. En los tres relatos se
repiten los binomios, perdido-encontrado y
tristeza-alegr�a. La lejan�a de Dios es lo que
produce la p�rdida y su cercan�a la posibilidad
del encuentro. La tristeza por la soledad
experimentada lejos de Dios se transforma en
alegr�a tras el encuentro. Es Dios quien toma la
iniciativa de buscar al extraviado, simbolizado en
la oveja perdida, la moneda o el hijo pr�digo. Es
Dios el aut�ntico protagonista de las tres
par�bolas.
3. �
Acogida paternal de Dios.
La intenci�n de Lucas en la llamada "Par�bola del
Hijo Pr�digo" es manifestar la ternura de un Dios
que nos invita a estar a su lado. Dios Padre
refleja en su rostro los rasgos de la vida. El da
vida a aquellos que, libremente, deciden seguirle.
Dios Padre nos da vida porque es Amor. Habitar en
la casa del Padre es gozar de la misericordia y el
cari�o de Dios. El hijo menor representa al
disc�pulo autosuficiente que se ha alejado del
camino. Lejos de la casa del padre no hay vida
verdadera, sino desgracia y muerte. Pero el
disc�pulo decide volver al buen camino y all� goza
de la profundidad de la vida. El Padre lo acoge de
nuevo y, de alguna manera, vuelve a engendrarlo.
La acogida paternal y amistosa del Padre devuelve
a aquel hombre la certeza de sentirse querido y lo
rehabilita como persona.
4.-
El verdadero protagonista de la par�bola es el
padre.
El hermano mayor es el paradigma del cristiano que
siempre se ha cre�do en el camino adecuado, pero
le ha faltado lo m�s importante: el amor que
supone el encuentro personal con el Dios que nos
da vida. Hab�a vivido en la misma casa del Padre,
ha pertenecido desde su bautismo a la Iglesia,
quiz� ha trabajado duramente en defensa de su fe,
pero no ha experimentado el gran gozo del amor del
Padre. Por eso pone dificultades a la
misericordia, no entiende a una Dios que perdona
siempre sin l�mites. El Padre es el aut�ntico
protagonista de la Par�bola, que deber�a llamarse
mejor "Par�bola del Padre Pr�digo en amor", o
"Par�bola del Padre que sale al encuentro y
perdona". El Dios de Jesucristo es el Dios de la
vida. Cuando nos alejamos de El nuestra vida se
debilita. Cuanto m�s estemos lejos del fuego de su
amor, m�s fr�o tendremos. Nos sentimos solos y
abandonados, como la oveja perdida. Cuando nos
cerramos a su amor, como el hijo mayor, nos invade
la rutina, la desesperaci�n y el desamor. Lo m�s
significativo que nos ense�a la par�bola no es ni
nuestra huida ni nuestra cerraz�n, lo m�s
importante es la misericordia y la ternura de
Dios, que quiere que vivamos de verdad. Hemos de
darnos cuenta de que Dios nos lleva en la palma de
la mano, solo quiere nuestra autorrealizaci�n
personal. Esta es la invitaci�n que el Padre nos
hace, �la aceptamos?
Jos� Mar�a Mart�n OSA
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QU� MATEM�TICAS TAN RARAS� LAS DE DIOS
1.- Reiniciamos en muchas parroquias, o a punto de
hacerlo, el curso pastoral. Y, en este tiempo de
vuelta a la normalidad y a la responsabilidad en
el campo de la fe, una vez m�s nos encontramos con
el rostro de un Dios misericordioso y bueno:
bondadoso, y adem�s, con todos:
--Con aquel que ha llevado,
por diversas circunstancias, una vida tortuosa y
alejada de Dios, es recibido con lo que m�s a Dios
gusta emplear: su misericordia
--Con aquel otro, que gast�
in�tilmente sus talentos, se pone de rodillas en
el cenit de su vida esperando lo que s�lo Dios es
capaz de dar con creces: olvido de sus pecados
--Con aquel otro que intent� cumplir con
unos m�nimos o aquel otro vanidoso por haber
cumplido al cien por cien con su cometido de hijo�
es puesto a los pies de la cruz para que Dios
perdone tambi�n su orgullo, soberbia o su
egocentrismo
2.- La figura del PADRE, tal vez, no resuena con
excesiva fuerza en muchos momentos de nuestra
vida:
-Cuando nos sentimos due�os y se�ores de lo
que acontece.
-Al pensar que es m�s f�cil vivir sin referencia a
�l y nos perdemos en una huida sin ton ni son con
mucho ruido, errantes, pesarosos y sin horizonte.
-Si creemos que el destino
depende exclusivamente de los hilos humanos y nos
alteramos cuando, ese mismo destino, nos devuelve
mil y una bofetadas cruentas en el rostro de la
felicidad que profes�bamos.
Pero la figura del PADRE tiene vigencia especial:
-Al rebobinar la pel�cula de nuestras
correr�as y ver las secuencias que nos han
producido cicatrices y soledades, l�grimas y
sufrimientos, desgarro y hasta divorcio con
nuestra propia dignidad humana
-Cuando echamos una mirada atr�s y
vemos humear la casa del Padre donde El sigue
esperando, cociendo y tostando en el horno de su
misericordia el pan del perd�n y de la
generosidad, del encuentro deseado o de unas
faltas que (para el Padre) nunca existieron en el
hijo.
-Cuando en el roce con el mundo
somos testigos de ingratitudes y de menosprecios y
a�oramos las caricias de la casa paterna, la
palabra oportuna, el consejo certero o el abrazo
de consuelo.
-Cuando nos sentimos incomprendidos
por aquellos de los cuales esper�bamos tanto y nos
dejaron enterrados, crucificados con el recuento y
el recuerdo de nuestros defectos.
2.- Siempre pensamos que la felicidad la podemos
alcanzar fuera y lejos de nuestra propia casa. No
somos, unos, impuros y, otros, puros ni, otros,
plantas venenosas y los de m�s all� plantas
perfumadas. Eso s�Dios a todos trata por igual.
�Qu� matem�tica tan rara la de Dios!
Dios respeta nuestra libertad. Sufre, estoy
convencido, al sentir y contemplar a este mundo
nuestro tan de espaldas a �l. No me cuesta
esfuerzo imaginar a un Dios, con l�grimas en sus
ojos, al comprobar c�mo la vieja Europa va
alej�ndose montada en el Euro o muriendo en trenes
de muerte, amenazada por la inseguridad o la
ansiedad de los que tienen sed de sangre.
Sufre Dios por el despiste del hombre, pero deja
que actuemos en libertad, e incluso a pesar de que
muchos hagan dentellada o lancen pedradas contra
la casa del Padre. Hoy el hombre, que escapa lejos
de Dios, que vive embelesado en su propio rigor y
sistema, siente de momento pocas ganas de volver
hacia atr�s.
--�Qu� ocurrir�
cuando el capital vac�e de falsas alegr�as el
coraz�n del hombre?
--�Qu� ocurrir� cuando
el hombre sienta que est� arruinado porque gast�
lo que aparentemente gan�?
--�Se acostumbrar�
el ser humano a cambiar el traje de se�or por el
de esclavo?
3.- En nuestros colegios y comunidades, parroquias
y grupos se va a iniciar un nuevo curso
apost�lico. Todas iniciativas que se retoman son
un buen �buscador� para encontrar esas sendas de
vuelta atr�s y dar con los caminos que van
derechos a la casa donde se vive m�s y mejor: la
casa del Padre
Acaba el verano y nos adentramos en el oto�o;
ojala nos despojemos de tanta hojarasca y vuelva a
resurgir, con la ayuda del Se�or, nuestro aprecio
por las cosas de Dios.
Javier Leoz
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