�Al�grate, el Se�or est� contigo!

 

Liturgia - Lecturas del d�a

 

 

Domingo, 15 de setiembre del 2019

DOMINGO 24� DEL TIEMPO ORDINARIO

�xodo 32, 7-11. 13-14 / 1 Timoteo 1, 12-17 / Lucas 15, 1-32

Salmo responsorial   Sal 50, 3-4. 12-13. 17. 19
R/.  "Ir� a la casa de mi Padre"

 

Santoral:

Nuestra Se�ora de los Dolores

y Beato Rolando

 

 

 

LECTURAS DEL DOMINGO 15 DE SETIEMBRE DE 2019

 

 

DOMINGO 24� DEL TIEMPO ORDINARIO

 

 

El Se�or se arrepinti� del mal con que hab�a amenazado

 

Lectura del libro del �xodo

32, 7-11. 13-14

 

El Se�or dijo a Mois�s:

�Baja en seguida, porque tu pueblo, �se que hiciste salir de Egipto, se ha pervertido. Ellos se han apartado r�pidamente del camino que Yo les hab�a se�alado, y se han fabricado un ternero de metal fundido. Despu�s se postraron delante de �l, le ofrecieron sacrificios y exclamaron: "�ste es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto"�.

Luego le sigui� diciendo: �Ya veo que �ste es un pueblo obstinado. Por eso, d�jame obrar: mi ira arder� contra ellos y los exterminar�. De ti, en cambio, suscitar� una gran naci�n�.

Pero Mois�s trat� de aplacar al Se�or con estas palabras: ��Por qu�, Se�or, arder� tu ira contra tu pueblo, ese pueblo que T� mismo hiciste salir de Egipto con gran firmeza y mano poderosa?

Acu�rdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, tus servidores, a quienes juraste por ti mismo diciendo: "Yo multiplicar� su descendencia como las estrellas del cielo, y les dar� toda esta tierra de la que habl�, para que la tengan siempre como herencia"�.

Y el Se�or se arrepinti� del mal con que hab�a amenazado a su pueblo.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                                    50, 3-4. 12-13. 17. 19

 

R.     Ir� a la casa de mi Padre.

 

�Ten piedad de m�, Se�or, por tu bondad,

por tu gran compasi�n, borra mis faltas!

�L�vame totalmente de mi culpa

y purif�came de mi pecado!  R.

 

Crea en m�, Dios m�o, un coraz�n puro,

y renueva la firmeza de mi esp�ritu. .

No me arrojes lejos de tu presencia

ni retires de m� tu santo esp�ritu.  R.

 

Abre mis labios, Se�or,

y mi boca proclamar� tu alabanza.

Mi sacrificio es un esp�ritu contrito,

T� no desprecias el coraz�n contrito y humillado.  R.

 

 

Jesucristo vino para salvar a los pecadores

 

Lectura de la primera carta del Ap�stol san Pablo

a Timoteo

1, 12-17

 

Querido hijo:

Doy gracias a nuestro Se�or Jesucristo, porque me ha fortalecido y me ha considerado digno de confianza, llam�ndome a su servicio a pesar de mis blasfemias, persecuciones e insolencias anteriores. Pero fui tratado con misericordia, porque cuando no ten�a fe, actuaba as� por ignorancia. Y sobreabund� en m� la gracia de nuestro Se�or, junto con la fe y el amor de Cristo Jes�s.

Es doctrina cierta y digna de fe que Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el peor de ellos. Si encontr� misericordia, fue para que Jesucristo demostrara en m� toda su paciencia, poni�ndome como ejemplo de los que van a creer en �l para alcanzar la Vida eterna.

�Al Rey eterno y universal, al Dios incorruptible, invisible y �nico, honor y gloria por los siglos de los siglos! Am�n.

 

Palabra de Dios.

 

 

 

EVANGELIO

 

Habr� alegr�a en el cielo por un pecador que se convierta

 

a    Evangelio de nuestro Se�or Jesucristo

seg�n san Lucas

15, 1-32

 

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jes�s para escucharlo. Pero los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: �Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos�.

Jes�s les dijo entonces esta par�bola: �Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, �no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se hab�a perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegr�a, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: "Al�grense conmigo, porque encontr� la oveja que se me hab�a perdido".

Les aseguro que, de la misma manera, habr� m�s alegr�a en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse�.

Y les dijo tambi�n: �Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, �no enciende acaso la l�mpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: "Al�grense conmigo, porque encontr� la dracma que se me hab�a perdido".

Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los �ngeles de Dios por un solo pecador que se convierte�.

Jes�s dijo tambi�n: �Un hombre ten�a dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte de herencia que me corresponde". Y el padre les reparti� sus bienes.

Pocos d�as despu�s, el hijo menor recogi� todo lo que ten�a y se fue a un pa�s lejano, donde malgast� sus bienes en una vida licenciosa. Ya hab�a gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel pa�s, y comenz� a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa regi�n, que lo envi� a su campo para cuidar cerdos. �l hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que com�an los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacit� y dijo: "�Cu�ntos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aqu� muri�ndome de hambre! Ahora mismo ir� a la casa de mi padre y le dir�: Padre, pequ� contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, tr�tame como a uno de tus jornaleros". Entonces parti� y volvi� a la casa de su padre.

Cuando todav�a estaba lejos, su padre lo vio y se conmovi� profundamente; corri� a su encuentro, lo abraz� y lo bes�.

El joven le dijo: "Padre, pequ� contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo".

Pero el padre dijo a sus servidores: "Traigan en seguida la mejor ropa y v�stanlo, p�nganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y m�tenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado".

Y comenz� la fiesta.

El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oy� la m�sica y los coros que acompa�aban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le pregunt� que significaba eso.

�l le respondi�: "Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo".

�l se enoj� y no quiso entrar. Su padre sali� para rogarle que entrara, pero �l le respondi�: "Hace tantos a�os que te sirvo, sin haber desobedecido jam�s ni una sola de tus �rdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. �Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, despu�s de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para �l el ternero engordado!".

Pero el padre le dijo: "Hijo m�o, t� est�s siempre conmigo, y todo lo m�o es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegr�a, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado"�.

 

Palabra del Se�or.

 

 

Reflexi�n

 

DIOS ES AMOR Y MISERICORDIA

Cu�ntas veces experimentamos en nuestra vida que nos cuesta amar, que nos cuesta perdonar. Muchas veces, seguro, hemos intentado amar m�s a alguien que no nos cae bien. Sabemos que Dios nos pide amor al pr�jimo, pero muchas veces nos rendimos porque no nos vemos capaces de amar a alguna persona. Hoy, la palabra de Dios nos recuerda cu�nto nos ama Dios. Dios es amor y misericordia. Descubrir el amor y la misericordia que Dios tiene para con nosotros es muy hermoso, y es capaz de cambar nuestra vida. S�lo as� seremos capaces de amar tambi�n nosotros como Dios nos ama.

1. El Se�or se arrepinti� de la amenaza que hab�a pronunciado. En la primera lectura, del libro del �xodo, escuchamos el desenlace del conocido pasaje del toro de oro. Mientras que Mois�s se encuentra en la cima del monte Sina�, donde Dios le dio las tablas de la ley, el pueblo permanec�a a los pies del monte esperando. Como Mois�s tardaba en bajar, el pueblo decidi� dar la espalda a Dios y construirse un toro de oro al que adorar. Los israelitas dejaron de adorar a Dios y comenzaron a adorar a este �dolo construido por manos humanas. Dec�an los israelitas que era el toro el que les hab�a sacado de la esclavitud de Egipto. Por este motivo Dios se enfad�, y decidi� exterminar a su pueblo. As� se lo dijo a Mois�s, como hemos escuchado en la primera lectura. E incluso le ofreci� a Mois�s ser el �nico hombre del que har�a un gran pueblo. Pero Mois�s suplic� a Dios por su pueblo, intercedi� por los israelitas y pidi� a Dios que no castigara de ese modo a su pueblo. La ira no es propia de Dios, m�s bien al contrario. As� se lo recuerda Mois�s, que le pide que tenga compasi�n de su pueblo. De este modo, Mois�s consigue que Dios recapacite y vuelva a ser Dios, vuelva a tener unas entra�as de misericordia, capaz de perdonar a su pueblo a pesar de que los israelitas le hubiesen vuelto la espalda. Dios se arrepiente, se compadece y tiene misericordia de su pueblo. Esto s� es propio de Dios.

2. Cristo vino para salvar a los pecadores. Y esta misericordia de Dios Padre se nos muestra a trav�s de su Hijo Jesucristo. Cristo es el rostro de la misericordia del Padre. De este modo, Cristo, Dios hecho hombre que ha venido al mundo para manifestar el amor de Dios, hace visible al mundo la misericordia del Padre. As� lo explica el ap�stol san Pablo a Timoteo, como hemos escuchado en la segunda lectura. Pablo ha experimentado la misericordia de Dios en su encuentro con Cristo, pues Cristo le llam� y le eligi� como ap�stol, le hizo capaz, se fio de �l. Y eso que Pablo, como �l mismo reconoce, era un pecador, un blasfemo, un perseguidor y un violento. Pero la misericordia de Dios va m�s all� del pecado. EL amor de Dios puede a todo tipo de mal. Y cuando alguien se encuentra con este maravilloso don del amor de Dios, toda su vida cambia, como cambi� la de san Pablo. Y as�, el que era un pecador, un perseguidor de Cristo, se convierte ahora en un ap�stol de Cristo. Dios, por medio de su Hijo, ha manifestado a Pablo su amor, un amor que perdona, que siente compasi�n y que elige no al que es v�lido o al que lo merece, sino que elige al pecador. Porque son precisamente los pecadores los destinatarios de la Buna Noticia de Cristo.

3. Me pondr� en camino adonde est� mi padre. Pero el perd�n y la misericordia de Dios requieren de nosotros que demos un paso adelante. En el Evangelio hemos escuchado las tres par�bolas de la misericordia. Tres ejemplos que nos pone Jes�s para ense�arnos c�mo es el amor de Dios. La oveja perdida y la moneda perdida nos muestran a un Dios que sale en busca de aquel que se ha perdido. Cuando desviamos nuestro camino y nos apartamos de Dios, nos perdemos. Pero Dios no se resigna a perdernos. �l sale en nuestra b�squeda. Y cuando nos encuentra, hace fiesta. Porque para Dios vale m�s la conversi�n de un pecador que noventa y nueve que no necesitan conversi�n. Pero la tercera par�bola, la conocida como par�bola del Hijo pr�digo, nos muestra que no s�lo basta con que Dios salga en nuestra b�squeda. Nosotros no somos seres inertes como una moneda, ni seres irracionales como una oveja. Dios nos ha dado entendimiento y voluntad, y espera de nosotros que respondamos a su llamada, que salgamos en su b�squeda. Como el Hijo pr�digo, tambi�n nosotros hemos de dar un paso adelante y salir al encuentro de Cristo. Cuando lo hagamos en serio descubriremos que ya antes de que nosotros sali�ramos a buscar al Se�or, �l estaba esper�ndonos, con los brazos abiertos, como el padre de la par�bola, para llenarnos de besos, darnos una t�nica nueva, devolvernos la dignidad perdida y hacer una fiesta. Porque la alegr�a de Dios est� en nuestra conversi�n.

El mayor signo del amor y la misericordia de Dios es la cruz de Cristo. Es el acto supremo del amor de Dios. Cristo, al entregar su vida por nosotros, nos manifiesta definitivamente el amor del Padre. Cada vez que celebramos la Eucarist�a celebramos este amor, que se queda con nosotros para siempre en el pan de la Eucarist�a, sacramento del amor de Dios. Que al participar de la Eucarist�a podemos gustar un poco m�s cu�n grande y hermoso es el amor de Dios, que nos sintamos amados y perdonados por �l, como

 

Francisco Javier Colomina Campos

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NUESTRO DIOS AMA CON PREDILECCI�N A LOS M�S D�BILES

1.- El padre le dijo: �Hijo, t� est�s siempre conmigo y todo lo m�o es tuyo, pero era necesario celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado�. Todos los lectores de Betania saben de memoria la par�bola de la mal llamada �Par�bola del hijo pr�digo�. Yo no voy a repetir aqu� una vez m�s lo que todos hemos o�do miles de veces. S�lo quiero advertir ahora que esta par�bola deber�a llamarse con m�s propiedad la �Par�bola del Padre misericordioso�, porque Jes�s puso esta par�bola de a los fariseos y escribas que le acusaban de acoger a los pecadores y comer con ellos para que vieran que �l hac�a esto porque su Padre, Dios, as� lo hac�a y �l, Jes�s, quer�a comportarse siempre como su Padre. Con la misma intenci�n les puso las par�bolas de la oveja perdida y de la moneda encontrada, Por supuesto que Dios lo que quiere es que seamos justos y buenos y se alegra siempre de la bondad de los justos, pero Dios expresa una alegr�a especial cuando un pecador se convierte, lo mismo que un pastor ama a todas las ovejas que tiene, y una mujer se alegra siempre de todas las monedas que tiene, pero tanto el pastor como la mujer muestran una alegr�a especial cuando encuentran la oveja que se les hab�a perdido, o encuentran la moneda perdida. Bien, a nosotros, en concreto, �qu� pueden querer decirnos hoy estas par�bolas? Pues que Dios va a alegrar de una manera especial cada vez que uno de nosotros se arrepiente de algo que est� haciendo mal y comenzamos a hacerlo bien. Es evidente que todos somos pecadores y que Dios quiere que dejemos de serlo. Por poner s�lo un ejemplo f�cil de comprobar: todos somos tremendamente ego�stas; el ni�o nace siendo muy ego�sta y los mayores seguimos siendo muy ego�stas hasta que nos morimos. Pues bien, sepamos que cada vez que renunciamos a un mal ego�smo y nos comportamos con generosidad, Dios, nuestro Padre va a sentir una alegr�a especial. Jes�s, que quer�a ser como su Padre, Dios, acog�a a los pecador y com�a con ellos precisamente para que se convirtieran y cada vez que un pecador se convert�a sent�a una alegr�a muy especial. Reconozcamos nuestras debilidades y nuestros pecados y convirt�monos; seguro que as� vamos a dar a nuestro Padre, Dios misericordioso una gran alegr�a.

2.- En aquellos d�as, el Se�or dijo a Mois�s: anda, baja de la monta�a que se ha pervertido tu pueblo. Pronto se han desviado del camino que yo les hab�a se�alado� Entonces se arrepinti� el Se�or de la amenaza que hab�a pronunciado contra su pueblo. Esta lectura del libro del �xodo nos habla de la capacidad que tuvo Mois�s para interceder por su pueblo, porque conoc�a en coraz�n de Dios y sab�a que su Dios era un Dios misericordioso, que se compadec�a siempre de la debilidad humana. Sepamos ser tambi�n nosotros intercesores ante nuestro Dios para que perdone nuestros pecados y los pecados del mundo entero. Seguro que Dios se va a alegrar cada vez que una persona se convierte debido a nuestra intercesi�n.

3.- Es palabra digna de cr�dito y merecedora de total aceptaci�n que Cristo Jes�s vino al mundo para salvar a los pecadores. Pues que cada uno de nosotros, disc�pulos de Cristo, nos sintamos agradecidos, sabiendo que Cristo va a salvarnos siempre que nosotros nos sintamos necesitados de su salvaci�n y as� se lo pidamos. Y, como sal Pablo dice en esta carta a Timoteo: �es palabra digna de cr�dito y merecedora de total aceptaci�n

 

Gabriel Gonz�lez del Estal

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LA TERNURA DE DIOS

1.- Dios es misericordioso. El Salmo Penitencial (n� 50) y el Evangelio de la Misericordia (las tres Par�bolas del cap�tulo 15 de Lucas) transmiten una feliz noticia: que Dios es misericordioso y bueno con nosotros. En el fragmento del salmo se expresan dos sentimientos: el reconocimiento de nuestro pecado ante Dios y la seguridad de ser renovados por su Esp�ritu en lo m�s �ntimo de nuestro ser. El pecado es una infidelidad al amor que Dios nos tiene, y no una mera infracci�n de un c�digo externo. El pecado nos separa de Dios, principio de vida. El perd�n que Dios nos regala es una nueva creaci�n, una renovaci�n interior expresada mediante la imagen de "un coraz�n nuevo". La purificaci�n profunda que el salmista pide a Dios produce la restauraci�n de las relaciones con Dios. El pecador arrepentido se siente perdonado por Dios y quiere que todos los conozcan: "Se�or, me abrir�s los labios y mi boca proclamar� tu alabanza". Quiere que todo el mundo experimente la misericordia de Dios y se hace pregonero de su amor. Dios acepta como �nica ofrenda "un coraz�n quebrantado y humillado".

2.- Es Dios quien toma la iniciativa de buscar al extraviado. En evangelio de Lucas se describen tres par�bolas de la misericordia: la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pr�digo. En los tres relatos se repiten los binomios, perdido-encontrado y tristeza-alegr�a. La lejan�a de Dios es lo que produce la p�rdida y su cercan�a la posibilidad del encuentro. La tristeza por la soledad experimentada lejos de Dios se transforma en alegr�a tras el encuentro. Es Dios quien toma la iniciativa de buscar al extraviado, simbolizado en la oveja perdida, la moneda o el hijo pr�digo. Es Dios el aut�ntico protagonista de las tres par�bolas.

3. � Acogida paternal de Dios. La intenci�n de Lucas en la llamada "Par�bola del Hijo Pr�digo" es manifestar la ternura de un Dios que nos invita a estar a su lado. Dios Padre refleja en su rostro los rasgos de la vida. El da vida a aquellos que, libremente, deciden seguirle. Dios Padre nos da vida porque es Amor. Habitar en la casa del Padre es gozar de la misericordia y el cari�o de Dios. El hijo menor representa al disc�pulo autosuficiente que se ha alejado del camino. Lejos de la casa del padre no hay vida verdadera, sino desgracia y muerte. Pero el disc�pulo decide volver al buen camino y all� goza de la profundidad de la vida. El Padre lo acoge de nuevo y, de alguna manera, vuelve a engendrarlo. La acogida paternal y amistosa del Padre devuelve a aquel hombre la certeza de sentirse querido y lo rehabilita como persona.

4.- El verdadero protagonista de la par�bola es el padre. El hermano mayor es el paradigma del cristiano que siempre se ha cre�do en el camino adecuado, pero le ha faltado lo m�s importante: el amor que supone el encuentro personal con el Dios que nos da vida. Hab�a vivido en la misma casa del Padre, ha pertenecido desde su bautismo a la Iglesia, quiz� ha trabajado duramente en defensa de su fe, pero no ha experimentado el gran gozo del amor del Padre. Por eso pone dificultades a la misericordia, no entiende a una Dios que perdona siempre sin l�mites. El Padre es el aut�ntico protagonista de la Par�bola, que deber�a llamarse mejor "Par�bola del Padre Pr�digo en amor", o "Par�bola del Padre que sale al encuentro y perdona". El Dios de Jesucristo es el Dios de la vida. Cuando nos alejamos de El nuestra vida se debilita. Cuanto m�s estemos lejos del fuego de su amor, m�s fr�o tendremos. Nos sentimos solos y abandonados, como la oveja perdida. Cuando nos cerramos a su amor, como el hijo mayor, nos invade la rutina, la desesperaci�n y el desamor. Lo m�s significativo que nos ense�a la par�bola no es ni nuestra huida ni nuestra cerraz�n, lo m�s importante es la misericordia y la ternura de Dios, que quiere que vivamos de verdad. Hemos de darnos cuenta de que Dios nos lleva en la palma de la mano, solo quiere nuestra autorrealizaci�n personal. Esta es la invitaci�n que el Padre nos hace, �la aceptamos?

 

Jos� Mar�a Mart�n OSA

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QU� MATEM�TICAS TAN RARAS� LAS DE DIOS

1.- Reiniciamos en muchas parroquias, o a punto de hacerlo, el curso pastoral. Y, en este tiempo de vuelta a la normalidad y a la responsabilidad en el campo de la fe, una vez m�s nos encontramos con el rostro de un Dios misericordioso y bueno: bondadoso, y adem�s, con todos:

--Con aquel que ha llevado, por diversas circunstancias, una vida tortuosa y alejada de Dios, es recibido con lo que m�s a Dios gusta emplear: su misericordia

--Con aquel otro, que gast� in�tilmente sus talentos, se pone de rodillas en el cenit de su vida esperando lo que s�lo Dios es capaz de dar con creces: olvido de sus pecados

--Con aquel otro que intent� cumplir con unos m�nimos o aquel otro vanidoso por haber cumplido al cien por cien con su cometido de hijo� es puesto a los pies de la cruz para que Dios perdone tambi�n su orgullo, soberbia o su egocentrismo

2.- La figura del PADRE, tal vez, no resuena con excesiva fuerza en muchos momentos de nuestra vida:

-Cuando nos sentimos due�os y se�ores de lo que acontece.

-Al pensar que es m�s f�cil vivir sin referencia a �l y nos perdemos en una huida sin ton ni son con mucho ruido, errantes, pesarosos y sin horizonte.

-Si creemos que el destino depende exclusivamente de los hilos humanos y nos alteramos cuando, ese mismo destino, nos devuelve mil y una bofetadas cruentas en el rostro de la felicidad que profes�bamos.

Pero la figura del PADRE tiene vigencia especial:

-Al rebobinar la pel�cula de nuestras correr�as y ver las secuencias que nos han producido cicatrices y soledades, l�grimas y sufrimientos, desgarro y hasta divorcio con nuestra propia dignidad humana

-Cuando echamos una mirada atr�s y vemos humear la casa del Padre donde El sigue esperando, cociendo y tostando en el horno de su misericordia el pan del perd�n y de la generosidad, del encuentro deseado o de unas faltas que (para el Padre) nunca existieron en el hijo.

-Cuando en el roce con el mundo somos testigos de ingratitudes y de menosprecios y a�oramos las caricias de la casa paterna, la palabra oportuna, el consejo certero o el abrazo de consuelo.

-Cuando nos sentimos incomprendidos por aquellos de los cuales esper�bamos tanto y nos dejaron enterrados, crucificados con el recuento y el recuerdo de nuestros defectos.

2.- Siempre pensamos que la felicidad la podemos alcanzar fuera y lejos de nuestra propia casa. No somos, unos, impuros y, otros, puros ni, otros, plantas venenosas y los de m�s all� plantas perfumadas. Eso s�Dios a todos trata por igual. �Qu� matem�tica tan rara la de Dios!

Dios respeta nuestra libertad. Sufre, estoy convencido, al sentir y contemplar a este mundo nuestro tan de espaldas a �l. No me cuesta esfuerzo imaginar a un Dios, con l�grimas en sus ojos, al comprobar c�mo la vieja Europa va alej�ndose montada en el Euro o muriendo en trenes de muerte, amenazada por la inseguridad o la ansiedad de los que tienen sed de sangre.

Sufre Dios por el despiste del hombre, pero deja que actuemos en libertad, e incluso a pesar de que muchos hagan dentellada o lancen pedradas contra la casa del Padre. Hoy el hombre, que escapa lejos de Dios, que vive embelesado en su propio rigor y sistema, siente de momento pocas ganas de volver hacia atr�s.

--�Qu� ocurrir� cuando el capital vac�e de falsas alegr�as el coraz�n del hombre?

--�Qu� ocurrir� cuando el hombre sienta que est� arruinado porque gast� lo que aparentemente gan�?

--�Se acostumbrar� el ser humano a cambiar el traje de se�or por el de esclavo?

3.- En nuestros colegios y comunidades, parroquias y grupos se va a iniciar un nuevo curso apost�lico. Todas iniciativas que se retoman son un buen �buscador� para encontrar esas sendas de vuelta atr�s y dar con los caminos que van derechos a la casa donde se vive m�s y mejor: la casa del Padre

Acaba el verano y nos adentramos en el oto�o; ojala nos despojemos de tanta hojarasca y vuelva a resurgir, con la ayuda del Se�or, nuestro aprecio por las cosas de Dios.

 

Javier Leoz

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