�Al�grate, el Se�or est� contigo!

 

Liturgia - Lecturas del d�a

 

 

Domingo, 8 de setiembre del 2019

DOMINGO 23� DEL TIEMPO ORDINARIO

Sabidur�a 9, 13-18 / Filem�n 9b-10. 12-17 / Lucas 14, 25-33

Salmo responsorial   Sal 89, 3-6. 12-14. 17
R/.  "�Se�or, T� has sido nuestro refugio!"

 

Santoral:

Natividad de la Sant�sima Virgen Mar�a

y Beato Federico Ozanam

 

 

LECTURAS DEL DOMINGO 8 DE SETIEMBRE DE 2019

 

 

DOMINGO 23� DEL TIEMPO ORDINARIO

 

 

�Qu� hombre puede hacerse una idea de lo que quiere el Se�or?

 

Lectura del libro de la Sabidur�a

9, 13-18

 

�Qu� hombre puede conocer los designios de Dios

o hacerse una idea de lo que quiere el Se�or?

Los pensamientos de los mortales son indecisos

y sus reflexiones, precarias,

porque un cuerpo corruptible pesa sobre el alma

y esta morada de arcilla oprime a la mente

con muchas preocupaciones.

Nos cuesta conjeturar lo que hay sobre la tierra,

y lo que est� a nuestro alcance lo descubrimos con esfuerzo;

pero �qui�n ha explorado lo que est� en el cielo?

�Y qui�n habr�a conocido tu voluntad

si T� mismo no hubieras dado la Sabidur�a

y enviado desde lo alto tu santo esp�ritu?

As� se enderezaron los caminos de los que est�n

      sobre la tierra,

as� aprendieron los hombres lo que te agrada y,

por la Sabidur�a, fueron salvados.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                                    89, 3-6. 12-14. 17

 

R.    �Se�or, T� has sido nuestro refugio!

 

T� haces que los hombres vuelvan al polvo,

con s�lo decirles: �Vuelvan, seres humanos�.

Porque mil a�os son ante tus ojos como el d�a de ayer, que ya pas�,

      como una vigilia de la noche.  R.

 

T� los arrebatas, y son como un sue�o,

como la hierba que brota de ma�ana:

por la ma�ana brota y florece,

y por la tarde se seca y se marchita.  R.

 

Ens��anos a calcular nuestros a�os,

para que nuestro coraz�n alcance la sabidur�a.

�Vu�lvete, Se�or! �Hasta cu�ndo...?

Ten compasi�n de tus servidores.  R.

 

S�cianos en seguida con tu amor,

y cantaremos felices toda nuestra vida.

Que descienda hasta nosotros la bondad del Se�or;

que el Se�or, nuestro Dios,

      haga prosperar la obra de nuestras manos.  R.

 

 

 

Recibe a On�simo, no ya como un esclavo,

sino como un hermano querido

 

Lectura de la carta del Ap�stol san Pablo

a Filem�n

9b-10. 12-17

 

Querido hermano:

Yo, Pablo, ya anciano y ahora prisionero a causa de Cristo Jes�s, te suplico en favor de mi hijo On�simo, al que engendr� en la prisi�n.

Te lo env�o como si fuera una parte de mi mismo ser. Con gusto lo hubiera retenido a mi lado, para que me sirviera en tu nombre mientras estoy prisionero a causa del Evangelio. Pero no he querido realizar nada sin tu consentimiento, para que el beneficio que me haces no sea forzado, sino voluntario.

Tal vez, �l se apart� de ti por un instante, a fin de que lo recuperes para siempre, no ya como un esclavo, sino como algo mucho mejor, como un hermano querido. Si es tan querido para m�, cu�nto m�s lo ser� para ti, que est�s unido a �l por lazos humanos y en el Se�or.

Por eso, si me consideras un amigo, rec�belo como a m� mismo.

 

Palabra de Dios.

 

 

 

EVANGELIO

 

El que no renuncia a todo lo que posee

no puede ser mi disc�pulo

 

a    Evangelio de nuestro Se�or Jesucristo

seg�n san Lucas

14, 25-33

 

Junto con Jes�s iba un gran gent�o, y �l, d�ndose vuelta, les dijo: Cualquiera que venga a m� y no me ame m�s que a su padre ya su madre, a su mujer ya sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi disc�pulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi disc�pulo.

�Qui�n de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qu� terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se r�an de �l, diciendo: "Este comenz� a edificar y no pudo terminar".

�Y qu� rey, cuando sale en campa�a contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra �l con veinte mil? Por el contrario, mientras: el otro rey est� todav�a lejos, env�a una embajada para negociar la paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi disc�pulo.

 

Palabra del Se�or. 

 

Reflexi�n

 

 

DIOS QUIERE ABRIRNOS EL CORAZ�N UNA VEZ M�S

Un domingo m�s, hemos escuchado la palabra de Dios, que es como un faro que nos gu�a en el camino de nuestra vida. Estamos ya al final del verano, preparando la vuelta al cole de los m�s peque�os, volviendo cada uno a nuestros quehaceres cuotidianos. Y en este tiempo preciso de nuestra vida, Dios quiere abrirnos el coraz�n una vez m�s, para que su palabra entre en nosotros, y as� podamos celebrar llenos de alegr�a la Eucarist�a.

1. �Qui�n comprende lo que Dios quiere? En la primera lectura, del libro de la Sabidur�a, escuchamos esta frase: ��Qui�n comprende lo que Dios quiere?�. Esta pregunta se la hizo un sabio del Antiguo Testamento. Y m�s adelante a�ade que nadie puede conocer sus designios si �l no nos da su sabidur�a y nos env�a el Esp�ritu Santo desde el cielo. Por ello, el hombre, por s� s�lo, es incapaz de conocer y comprender los designios de Dios. Por ello, en el Antiguo Testamento, los sabios y los profetas ped�an a Dios que les concediese su sabidur�a, para poder conocer mejor. Pero nosotros, los cristianos, tenemos a Jesucristo, la sabidur�a de Dios, que es Dios hecho hombre, que nos ha mostrado el rostro de Dios Padre, que nos ha hablado de lo que Dios quiere de nosotros, y que nos envi� desde el cielo el Esp�ritu Santo que nos ilumina y nos gu�a. As�, si leemos y meditamos cada d�a el Evangelio, con la ayuda del Esp�ritu Santo, encontraremos all� una respuesta a esta pregunta que cada uno de nosotros hemos de hacernos: �Qu� es lo que Dios quiere, y qu� es lo que quiere de m�? Sin duda, a lo largo del Evangelio, escuchamos una llamada constante del Se�or a seguirle, a ser sus disc�pulos. En el Evangelio de hoy, Jes�s nos recuerda qu� hemos de hacer, y qu� hemos de dejar atr�s, para ser sus disc�pulos.

2. �Qui�n puede ser disc�pulo del Se�or? Cada vez que Jes�s habla en el Evangelio de seguimiento, de ir con �l, tras de �l, habla con mucha exigencia. Y es que no se puede seguir al Se�or haciendo cada uno lo que quiera. Es necesario dejar otras cosas atr�s para poderle seguir. �Quien quiera venir conmigo, dijo Jes�s en una ocasi�n, que se niegue a s� mismo, que cargue con su cruz y que me siga�. Seguir a Jes�s es optar por �l, y para ello hemos de renunciar a otras cosas que nos impiden seguirle de verdad. Hoy, en el Evangelio, por tres veces dice Jes�s a qu� cosas hemos de renunciar, de modo que si no renunciamos a ellas no podemos ser disc�pulos suyos. Quien no pospone a los suyos, e incluso a s� mismo; quien no lleva su cruz detr�s de �l, quien no renuncia a todos sus bienes. Esto es lo que Jes�s pide para ser disc�pulo suyo. Se trata de optar. No es que la familia sea mala, ni mucho menos. Tampoco los bienes son malos. Pero seguir a Jes�s requiere despegarse de otras cosas. La familia es muy importante, y no es que tengamos que abandonarla. Se trata de poner a Dios por encima de los dem�s, incluso de los nuestros, y por medio de �l amar m�s a�n a nuestra familia, pero teniendo siempre primero a Dios. Los bienes materiales son importantes para poder vivir, pero no han de quitar el primer puesto a Dios en nuestra vida. No podemos seguir a Jes�s si no renunciamos a nosotros mismos, es decir, si no dejamos de ser los protagonistas de nuestra vida para que el protagonista sea Dios, si no dejamos de hacer s�lo aquello que a nosotros nos gusta, o nos interesa, para as� poder hacer aquello que Dios quiere de nosotros. EL disc�pulo es el que sigue a su maestro, y Jes�s nos mostr� que el verdadero camino es el de la cruz. Por eso, para ser disc�pulos de Cristo, hemos de tomar tambi�n nosotros nuestra cruz y as� seguirle aut�nticamente.

3. Ya no es esclavo, sino hermano querido. En la segunda lectura hemos escuchado la recomendaci�n que san Pablo hace a Filem�n acerca de On�simo. Este tal On�simo hab�a sido esclavo de Filem�n, pero un d�a se escap� de su casa y se fue a refugiarse con san Pablo. Ahora, al escribirle Pablo una carta a Filem�n, la env�a junto con On�simo, y le pide que lo acoja sin rega�arle, sin echarle nada en cara, y que lo acepte no ya como esclavo, sino como hermano querido. Este cambio de actitud que san Pablo pide a Filem�n es un claro ejemplo de lo que supone para nosotros seguir a Jesucristo. El perd�n, el amor incondicional, el considerarse como inferiores a os dem�s, es la consecuencia de lo que Jes�s nos pide hoy en el Evangelio para poderle seguir aut�nticamente. As� lo pide san Pablo a su disc�pulo Filem�n. Esto no es nada f�cil, pero sabemos con certeza que es lo que Dios quiere de nosotros. Esto es ser cristiano: vivir hacia los dem�s el mismo amor que Dios nos tiene a nosotros.

Vamos a celebrar la Eucarist�a. En este encuentro maravilloso con Cristo, que se entrega por nosotros, escuchamos una vez m�s lo que Dios quiere de nosotros: que le sigamos, que seamos sus disc�pulos y que le imitemos. Para ello hemos de renunciar a muchas cosas, entre otras a nosotros mismos. Es lo mismo que hizo el Se�or, que se rebaj� hasta la muerte, y una muerte de cruz. As� lo vamos a celebrar en la Eucarist�a. Que dios nos de su sabidur�a y su Esp�ritu Santo para que podamos comprender un poco m�s los designios de Dios para con nosotros, y que nos ilumine y de fuerzas para seguir lo que �l quiere de cada uno de nosotros.

 

Francisco Javier Colomina Campos

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EL SEGUIMIENTO DE JES�S EXIGE COMPROMISO

1.- Dios es el que nos concede la aut�ntica sabidur�a �Qu� hombre conoce el designio de Dios? Los sabios de todos los tiempos han buscado la verdad y el sentido de la vida. Los astr�logos han buscado en los astros el destino de los hombres. Hoy se ha puesto de moda de nuevo el ansia de descubrir el propio futuro acudiendo al hor�scopo o al adivino de turno que descifra la carta astral. Sabemos que son estafadores que se aprovechan de la ingenuidad y de la falta de seguridad que sufren muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo. Tambi�n en el siglo I en el Libro de la Sabidur�a un jud�o de Alejandr�a se pregunta �qui�n rastrear� las cosas del cielo? El sabio, que utiliza el seud�nimo de Salom�n, llega a la conclusi�n de que nuestros razonamientos son falibles, que apenas conocemos las cosas terrenas. Dios es el que nos concede la aut�ntica sabidur�a, iluminando nuestra oscuridad. Cuando descubrimos la verdad aprendemos lo que Dios quiere de nosotros y alcanzamos la felicidad (la salvaci�n). Fue el gran anhelo de San Agust�n "Se�or, que yo te conozca a Ti que me conoces. Que yo te conozca como soy conocido por Ti". Encontr�, despu�s de una larga b�squeda, la verdad y, con la verdad, encontr� la felicidad: "La b�squeda de Dios es la b�squeda de la felicidad. El encuentro con Dios es la felicidad misma".

2.- Hay muchas cosas que nos impiden el encuentro con Dios. Jes�s nos advierte en el Evangelio de la dificultad que suponen ciertas ataduras para descubrirle y seguirle. Cierto d�a, el cardenal Wisseman discut�a con un fil�sofo utilitarista sobre la excelencia de Dios. A los contundentes y clar�simos raciocinios del obispo respond�a el fil�sofo con mucha flema: "No lo veo, yo no lo veo...". Wisseman tuvo entonces un rasgo ingenioso. Escribi� en un papel la palabra "DIOS" y coloc� encima una libra esterlina. El materialista ingl�s abri� los ojos con sorpresa. Le dice el obispo:

- �Qu� ve usted?

- Una libra esterlina.

- �Nada m�s?

- Nada m�s.

Muy tranquilo entonces, Wisseman quit� la libra esterlina y dijo a su compa�ero:

- �Y ahora, qu� ve usted?

- Veo "DIOS".

- �Qu� os imped�a ver a Dios?

El fil�sofo utilitarista se call� como un muerto.

3.- Jes�s no nos predic� el odio, sino el desprendimiento. Jes�s nos pide un compromiso radical con su misi�n, no le valen las medias tintas. Pero a los que le tienen confianza, �l le devuelve cien veces m�s. Jes�s nos deja libertad de elecci�n y nos advierte claramente de los riesgos y dificultades que entra�a la aventura de seguirle. No es una decisi�n que pueda ser tomada a la ligera, en un momento de euforia. Hace falta seriedad, inteligencia, un programa serio y comprometido de vida, aceptaci�n de la cruz. Para poder decidirse hace falta hacer una opci�n clara por Jes�s de Nazaret y con las exigencias del Reino. El texto lit�rgico dice que tenemos que "posponer" muchas cosas cuando se opta por Jesucristo. Libertad, disponibilidad, amistad con Jes�s, compromiso de vida, radicalidad son las condiciones para seguir a Jes�s hoy y siempre. Todo ello debe hacerse con alegr�a y contando con la ayuda de la comunidad cristiana.

4.- El proyecto de Jes�s de Nazaret es ut�pico, pero no imposible ni fant�stico. Hay que construir el edificio (la torre), calculando los gastos y todos los pormenores para asentar s�lidamente nuestra decisi�n. Jes�s es muy claro: "El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser disc�pulo m�o". Hay que posponerlo todo, los bienes materiales tambi�n. Hay que poner en pr�ctica el desprendimiento para conseguir la "libertad de esp�ritu". El fil�sofo utilitarista estaba cegado por el dinero. �Qu� es lo que te impide a ti hoy seguir a Jes�s?, �de qu� tienes que desprenderte? Debemos recuperar la utop�a en el seguimiento de Jes�s. La utop�a despierta las aspiraciones y deseos m�s profundos y desencadena una serie de compromisos concretos que llenan de ilusi�n el coraz�n de una persona y dota de una fuerza impresionante. Todo nace del amor a Jes�s y de la pasi�n por la construcci�n del Reino. El Papa Juan Pablo II subray� en la "Veritatis splendor" que "seguir a Cristo es el fundamento esencial y original de la moral cristiana". El seguimiento de Jes�s no se limita a la aceptaci�n hist�rica de Jes�s �conocimiento�, sino conlleva la identificaci�n con su persona �amor� y se extiende a la atenci�n compasiva hacia los pobres y marginados �la misi�n�. Merece la pena seguir a Jes�s. �l es la fuente de la vida aut�ntica y de la felicidad plena.

 

Jos� Mar�a Mart�n OSA

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SER CRISTIANO ES PREFERIR A CRISTO A TODO LO DEM�S

1.- . Si alguna viene a m� y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a s� mismo, no puede ser disc�pulo m�o. Cuando decimos que hay que preferir a Cristo a todo lo dem�s, debemos entender estas palabras en un sentido estricto. Empezando por uno mismo, por mis bienes corporales y por todos mis bienes, incluida, por supuesto, mi familia, mi dinero, mis cargos p�blicos y privados. Si soy una persona sana y fuerte debo poner al servicio de Cristo mi salud y mi fortaleza; si soy d�bil o estoy enfermo, igualmente debo poner al servicio de Cristo mi debilidad y ni enfermedad. Todos tenemos, o podemos tener nuestras propias cruces, pongamos estas cruces al servicio de Cristo. Y si nos consideramos muy felices y afortunados por lo que somos y tenemos, pong�monos enteramente al servicio de Cristo. Es decir, que lo primero en mi vida es Cristo, despu�s viene todo lo dem�s.

2. �Qu� hombre conocer� el designio de Dios? Los pensamientos de los mortales son fr�giles e inseguros nuestros razonamientos, porque el cuerpo mortal oprime el alma y esta tienda terrena abruma la mente pensativa. Esta lectura del libro de la Sabidur�a debe hacernos pensar en la inmensa diferencia que hay entre ciencia y sabidur�a. La ciencia es producto de la raz�n, la sabidur�a es un don de Dios. Hay muchos cient�ficos que, en su vida diaria, se comportan como verdaderos necios, y hay personas que no tienen muchos conocimientos cient�ficos y, sin embargo, en sus relaciones consigo mismo, con el pr�jimo y con Dios son un verdadero ejemplo de sensatez y sabidur�a. La ciencia en s� mismo es buena, pero si no la ponemos al servicio del bien propio y del bien com�n se convierte f�cilmente en un verdadero mal. El sabio, es decir, el que se comporta como debe consigo mismo, con los dem�s y con Dios es siempre un verdadero beneficio para la humanidad; no podemos decir lo mismo del que es cient�fico pero no sabe comportarse como debe consigo mismo, con los dem�s y con Dios. Aspiremos a ser cient�ficos en la myor medida que podamos, s�, pero pidamos a Dios que nos conceda sobre todo el don la Sabidur�a.

3. - Yo, Pablo, anciano, y ahora prisionero por Cristo, te recomiendo a On�simo, mi hijo, a quien engendr� en la prisi�n. Te lo env�o como a hijo. Esta carta de Pablo a Filem�n, el due�o del esclavo On�simo, a quien Pablo hab�a convertido en la prisi�n, nos hace ver c�mo la esclavitud era considerada legal en tiempo de Pablo, como lo ha seguido siendo considerada legal durante muchos siglos por la sociedad cristiana y por la misma jerarqu�a eclesi�stica. Sin embargo nos hace ver tambi�n que los buenos cristianos siempre tendieron a ver a los esclavos ya en tiempos de Pablo y posteriormente por las �rdenes religiosas m�s como hermanos que como esclavos. San Agust�n, en sus monasterios no permit�a hacer distinciones entre esclavos y libres, en el trato diario, tanto en el trabajo, como en la comida, los vestidos y costumbres en general. Lo mismo podemos decir de casi todas las �rdenes religiosas en general. Los cristianos de este siglo XXI tenemos que esforzarnos denodadamente para conseguir una sociedad en la que todos tengamos los mismos derechos y las mismas obligaciones como personas.

 

Gabriel Gonz�lez del Estal

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POR EL SE�OR, �LO QUE HAGA FALTA!

Caminaban un disc�pulo y su maestro espiritual por un desierto y, mir�ndole el segundo al primero, le pregunt�: �hasta qu� punto me consideras importante en tu vida? El disc�pulo le contest�: �Hasta d�nde? Te aprecio tanto que, esta peque�a cantimplora con el poco agua que tengo y necesito, te la doy para ti.

1.- �Obras son amores y no buenas razones�. Las lecturas, sobre todo la primera y el evangelio, ponen delante de nosotros varios interrogantes:

-�Buscamos a Dios de verdad?

-�Anhelamos su sabidur�a?

-�Se nota, no solo de palabra, que el Se�or es nuestra  riqueza?

Hacer algo por Dios no significa, en su sentido literal, dejar padres o familia, tierra o riqueza porque el evangelio lo dice. Nuestra pertenencia a la gran familia de los hijos de Dios. Nuestro servicio hacia �l, se manifiesta en un dato: que nada de orden natural se anteponga u obstaculice lo sobrenatural.

Con frecuencia solemos escuchar �Dios sabe c�mo soy� �Lo importante es ser buena persona� �No todos los que van a misa son mejores que yo�. En el fondo subyace una justificaci�n: lo centramos todo en nosotros. Cuando dejamos de mirar a Dios, cuando lo relativizamos o lo rebajamos a nuestros propios esquemas, corremos el serio peligro de un Dios a la carta, de n Evangelio a nuestra medida: sin exigencias, sin esfuerzos, sin sacrificios, sin detalles que demuestren que, nuestro seguimiento a Jes�s, es aut�ntico, verdadero y sin fisuras.

2.- Cuando uno vive como Dios manda, las cruces de cada d�a, se soportan con m�s garbo y hasta con m�s valent�a. El Se�or no nos ha prometido a sus amigos eximirnos de pruebas, ca�das o sufrimientos. Pero s� que nos dijo �yo estar� con vosotros todos los d�as hasta el final del mundo�. No es cuesti�n pues de querer abrazar cruces para agradar a Dios (no quiere masoquistas). Tampoco es bueno rechazarlas o huir de ellas (la cobard�a no es un distintivo de la vida cristiana).

La cruz, la de cada d�a, se manifiesta en nuestros ideales (cuando los mantenemos firmes), en nuestra fe (cuando la defendemos y purificamos), en nuestra adhesi�n al Se�or (cuando no nos postramos a otros dioses humanos) o en nuestra ofrenda continuada y sincera hacia los m�s necesitados.

Que el Se�or nos haga sentir su presencia de tal modo y con tal fuerza para que nada ni nadie se anteponga al inmenso amor que �l nos tiene.

 

Javier Leoz

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