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�Al�grate,
el Se�or est� contigo!
EVANGELIO DEL D�A
Se�or, �a qui�n iremos? T� tienes palabras de Vida eterna. Jn 6, 68
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Domingo, 11 de Noviembre de 2018
DOMINGO 32� DEL TIEMPO ORDINARIO
1 Reyes 17, 8-16 / Hebreos 9, 24-28
/ Marcos 12, 38-44
Salmo Responsorial, Sal 145, 6c-10
R/. "�Alaba al Se�or, alma m�a!"
Santoral:
San Mart�n de Tours, Obispo
LECTURAS DEL DOMINGO 11 DE NOVIEMBRE DE 2018
DOMINGO 32� DEL TIEMPO ORDINARIO
La viuda prepar� una peque�a galleta con su harina
y la llev� a El�as
Lectura del primer libro de los Reyes
17, 8-16
La palabra del Se�or lleg� al profeta El�as en
estos t�rminos: �Ve a Sarepta, que pertenece a
Sid�n, y establ�cete all�; ah� Yo he ordenado a
una viuda que te provea de alimento�.
�l parti� y se fue a Sarepta. Al llegar a la
entrada de la ciudad, vio a una viuda que estaba
juntando le�a. La llam� y le dijo: �Por favor,
tr�eme en un jarro un poco de agua para beber�.
Mientras ella lo iba a buscar, la llam� y le dijo:
�Tr�eme tambi�n en la mano un pedazo de pan�.
Pero ella respondi�: ��Por la vida del Se�or, tu
Dios! No tengo pan cocido, sino s�lo un pu�ado de
harina en el tarro y un poco de aceite en el
frasco. Apenas recoja un manojo de le�a, entrar� a
preparar un pan para m� y para mi hijo; lo
comeremos, y luego moriremos�.
El�as le dijo: �No temas. Ve a hacer lo que has
dicho, pero antes prep�rame con eso una peque�a
galleta y tr�emela; para ti y para tu hijo lo
har�s despu�s.
Porque as� habla el Se�or, el Dios de Israel:
"El tarro de harina no se agotar�
ni el frasco de aceite se vaciar�,
hasta el d�a en que el Se�or haga llover
sobre la superficie del suelo"�.
Ella se fue e hizo lo que le hab�a dicho El�as, y
comieron ella, �l y su hijo, durante un tiempo. El
tarro de harina no se agot� ni se vaci� el frasco
de aceite, conforme a la palabra que hab�a
pronunciado el Se�or por medio de El�as.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
145,
6c-10
R.
�Alaba al Se�or, alma m�a!
El Se�or mantiene su fidelidad para siempre,
hace justicia a los oprimidos
y da pan a los hambrientos.
El Se�or libera a los cautivos.
R.
El Se�or abre los ojos de los ciegos
y endereza a los que est�n encorvados.
El Se�or ama a los justos,
y protege a los extranjeros.
R.
Sustenta al hu�rfano y a la viuda;
y entorpece el camino de los malvados.
El Se�or reina eternamente,
reina tu Dios, Si�n,
a lo largo de las generaciones.
R.
Cristo se ofreci� una sola vez
para quitar los pecados de la multitud
Lectura de la carta a los Hebreos
9, 24-28
Cristo no entr� en un santuario erigido por manos
humanas -simple figura del aut�ntico Santuario-
sino en el cielo, para presentarse delante de Dios
en favor nuestro. Y no entr� para ofrecerse a s�
mismo muchas veces, como lo hace el Sumo Sacerdote
que penetra cada a�o en el Santuario con una
sangre que no es la suya. Porque en ese caso,
hubiera tenido que padecer muchas veces desde la
creaci�n del mundo. En cambio, ahora �l se ha
manifestado una sola vez, en la consumaci�n de los
tiempos, para abolir el pecado por medio de su
Sacrificio.
Y as� como el destino de los hombres es morir una
sola vez, despu�s de lo cual viene el Juicio, as�
tambi�n Cristo, despu�s de haberse ofrecido una
sola vez para quitar los pecados de la multitud,
aparecer� por segunda vez, ya no en relaci�n con
el pecado, sino para salvar a los que lo esperan.
Palabra de Dios.
EVANGELIO
Esta pobre viuda ha puesto m�s que cualquiera de
los otros
a
Evangelio de nuestro Se�or Jesucristo
seg�n san Marcos
12, 38-44
Jes�s ense�aba a la multitud:
�Cu�dense de los escribas, a quienes les gusta
pasearse con largas vestiduras, ser saludados en
las plazas y ocupar los primeros asientos en las
sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes
de las viudas y fingen hacer largas oraciones.
�stos ser�n juzgados con m�s severidad�.
Jes�s se sent� frente a la sala del tesoro del
Templo y miraba c�mo la gente depositaba su
limosna. Muchos ricos daban en abundancia. Lleg�
una viuda de condici�n humilde y coloc� dos
peque�as monedas de cobre.
Entonces �l llam� a sus disc�pulos y les dijo:
�Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto m�s
que cualquiera de los otros, porque todos han dado
de lo que les sobraba, pero ella, de su
indigencia, dio todo lo que pose�a, todo lo que
ten�a para vivir�.
Palabra del Se�or.
Reflexi�n
LA GENEROSIDAD DE LOS RICOS Y LA GENEROSIDAD DE
LOS POBRES
1.- �Cuidado con los escribas!... devoran los
bienes de las viudas, con pretexto de largos
rezos� Se acerc� (al templo) una pobre viuda y
ech� dos reales. Jes�s llamando a sus disc�pulos,
les dijo: Os aseguro que esa pobre viuda ha echado
en el arca de las ofrendas m�s que nadie. Porque
los dem�s han echado de lo que les sobra, pero
esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que
ten�a para vivir. El valor de la limosna no se
puede medir, desde el punto de vista religioso,
por la cantidad de lo que se da, sino por la
intenci�n y circunstancias sociales y religiosas
del que la da. Si uno da mucha limosna, pero lo
hace por vanidad, o por intereses sociales
propios, o por cualquier otro motivo personal y
ego�sta, su limosna puede aprovechar,
evidentemente, al que la recibe, pero, desde el
punto de vista religioso, no tiene valor especial
para el que la da. El ejemplo que nos pone el
mismo Jes�s en este relato evang�lico, seg�n san
Marcos, no puede ser m�s expresivo: los �escribas�
que dan de lo que les sobra y devoran los bienes
de las viudas con pretexto de largos rezos, es
valorado negativamente; en cambio, los dos reales
de la viuda pobre, que da todo lo que tiene para
vivir es valorado por Jes�s como una gran virtud
religiosa. Nosotros, por supuesto, no debemos
deducir de estos ejemplos que la toda la limosna
que dan los ricos carece de valor religioso,
mientras que toda la limosna que dan los pobres es
religiosamente muy valiosa. Tampoco en el tema de
la limosna podemos decir que todos los ricos son
malos y todos los pobres buenos. Como nos dir� m�s
de una vez san Pablo, nuestras limosnas deben ir
dirigidas siempre al bien de aquellos a los que se
las damos, nunca a los intereses personales y
ego�stas que nosotros tengamos. Seamos generosos
todos, que nuestra generosidad econ�mica es un
buen medidor de toda nuestra religiosidad
personal. Adem�s, que, como ya nos dec�an los
cl�sicos �hay m�s ganancia en el dar que en el
recibir�. No debemos, ni podemos pensar que
debemos dar todo lo que tenemos, sino que con
nuestras limosnas debemos tratar siempre de
contribuir a que nuestra sociedad sea un poco m�s
justa y menos desigual de lo que es. Tampoco
entendamos la limosna s�lo como un tema de dinero;
se puede ayudar al pr�jimo necesitado y dar
limosna de otras muchas maneras. Lo importante,
repito, es ser generoso; despu�s que cada uno de
nosotros examinemos hasta d�nde llega nuestra
generosidad.
2.- El profeta El�as se puso en camino hacia
Sarepta. La figura del profeta El�as ten�a una
significaci�n muy grande en tiempos de Jes�s. Hoy
en el libro de los Reyes se presenta al profeta
pidiendo una limosna a una viuda pobre y, adem�s,
extranjera, no jud�a. El profeta recompensa a esta
pobre viuda haciendo que ni la harina, ni el
aceite de la alcuza se vac�en. Bien, para nosotros
lo importante es considerar el valor universal de
la limosna ante Dios. Hacer limosna ante Dios
siempre es bueno, la haga quien la haga. Lo
importante es, como ya hemos dicho, que la limosna
se haga con intenci�n recta y pensando siempre m�s
en el bien de la persona que la recibe, que en el
propio bien personal. M�s pobres que la viuda de
Sarepta no creo que seamos ninguno de nosotros.
Hagamos, pues, limosna todos nosotros en la medida
de nuestras posibilidades. Dios nos lo
recompensar�.
3.- Cristo se ha ofrecido una sola vez para
quitar los pecados de todos. En esta lectura
de la carta a los Hebreos se sigue insistiendo en
el valor universal del sacerdocio de Cristo.
Cristo quita los pecados del mundo, como decimos
todos los d�as antes de comulgar. Todos nosotros,
por el bautismo, participamos del sacerdocio de
Cristo; pidamos, pues, todos nosotros a Dios para
que nos perdone a todos nuestros pecados y nos
salve, como hizo el mismo Cristo, nuestro �nico y
eterno sacerdote.
Gabriel Gonz�lez del Estal
www.betania.es
LOS POBRES DE NUESTRO TIEMPO NOS NECESITAN
1.- Amor preferencial por los pobres. Jes�s
denuncia a los letrados jud�os. Ellos son los
especialistas de la ley y, por tanto, de cualquier
explicaci�n sobre Dios. Sin embargo, se olvidan de
lo principal: el amor a Dios y al pr�jimo, como
destacaba claramente el evangelio del domingo
pasado. Denuncia su ostentaci�n y su soberbia
autosuficiente. Reacciona contra su proceder
injusto, enga�ando a los m�s d�biles con pretextos
piadosos. Nos pone en guardia no tanto en el
sentido de que desconfiemos de ellos, cuanto en el
de no seguir su ejemplo. El evangelista Marcos
toma parte a favor de los sencillos, de los
d�biles y necesitados de ayuda. Debemos
preguntarnos nosotros ahora, �d�nde est� la opci�n
por lo pobres que la Iglesia proclama? En un mundo
globalizado, donde los pobres llevan la peor parte
y tienen poco que esperar, los cristianos tenemos
que asumir la opci�n que hizo Jesucristo. Jes�s
vino a anunciar la Buena Noticia a los pobres,
reclamando tambi�n de ellos la conversi�n y la fe.
Jes�s nos ha revelado que �l es servido y acogido
en los hambrientos y forasteros. Pero no excluimos
a nadie en nuestro amor. Si debemos amar con
preferencia a los m�s d�biles y vulnerables es
porque lo necesitan m�s, pero nuestro amor debe
extenderse a todos.
2.- El gesto de la viuda pobre. Una viuda
en Israel es el mejor s�mbolo de la persona
desamparada y d�bil. No es raro que el evangelio
hable de ellas frecuentemente. Ahora, Jes�s alaba
a una viuda por su generosidad. Los ricos daban
mayor cantidad de dinero, pero su vida segu�a
igual, no lo notaban, porque daban de lo que les
sobraba. Se sent�an "seguros". La viuda, en
cambio, dio de lo que necesitaba. En realidad dos
reales era la moneda de cobre en curso de menos
valor. Pero se qued� sin algo de lo que hubiera
necesitado para comer. A causa de su limosna, su
vida tuvo que cambiar y lo not�... Esta
generosidad es la que alaba el Se�or. De estas
personas es el Reino de Dios. Esto s� que es
generosidad. El gesto solidario de la viuda de
Sarepta tiene m�s m�rito todav�a, pues comparte
con un extranjero lo �nico que ten�a para vivir.
3.- �C�mo entendemos nosotros el llamado
"ejercicio de la caridad"? Nos quedamos muchas
veces en la simple limosna que adormece nuestra
conciencia del sentimiento de culpa. Mientras
millones de personas pasan hambre, nuestra
sociedad derrocha a raudales lo que otros
necesitan para vivir. Como cristianos estamos
llamados a compartir lo que hemos recibido y
debemos tener cuidado, pues "no podemos servir a
Dios y al dinero". Hay muchos extranjeros cerca de
nosotros que huyen del hambre y se contentan con
lo que cae de la mesa del rico. Se exponen a mil
peligros, con tal de encontrar un trabajo que
pueda llenar el est�mago de los suyos. �C�mo les
acogemos? Quiz� nos re�mos de ellos, hacemos
chistes xen�fobos y racistas o abusamos de ellos
pag�ndoles una miseria. Creemos que vienen a
quitarnos nuestro trabajo o a contaminar nuestra
cultura, o a imponer su religi�n. La viuda de
Sarepta comparti� lo que ten�a y obtuvo recompensa
por su generosidad. Es necesario que estemos
despiertos para ver el nuevo rostro de la pobreza
de este mundo globalizado. Y si lo vemos, que
examinemos sus causas y pongamos manos a la obra
para solucionarlos. Es el "ver, juzgar y actuar"
de la tan denostada, muchas veces injustamente,
teolog�a de la liberaci�n. Jes�s vino a
demostrarnos que el amor transforma los corazones
y la sociedad. Pongamos en juego una "nueva
imaginaci�n de la caridad" adaptada a las
necesidades de nuestro mundo. Podemos decir que el
evangelio de hoy es la explicaci�n pr�ctica del
evangelio del domingo pasado. Jes�s dej� bien
claro cu�l era el �nico mandamiento: amar a Dios
sobre todas las cosas y al pr�jimo como a uno
mismo.
Jos� Mar�a Mart�n OSA
www.betania.es
JES�S EN EL TEMPLO
Ya en Jerusal�n, y cercana la hora de dar la vida
en la cruz, encontramos a Jes�s en el Templo
ense�ando a sus disc�pulos. En el pasaje de hoy,
tras varias discusiones con los escribas y
fariseos, Jes�s advierte a sus disc�pulos de la
hipocres�a de �stos, mientras que les muestra a
una pobre viuda como el ejemplo a seguir. Toda la
escena del Evangelio de hoy transcurre en el
Templo de Jerusal�n.
1. ��Cuidado con los escribas!�. Es la
primera advertencia que hace Jes�s en el Evangelio
de hoy. Los escribas en tiempos de Jes�s eran
aquellos hombres que conoc�an al dedillo las
Escrituras. En principio no eran mala gente, pues
conoc�an la Ley y procuraban llevarla a la
pr�ctica. De hecho, el domingo pasado escuch�bamos
c�mo un escriba pregunt� a Jes�s con intenci�n de
conocer cu�l de todos era el mandamiento
principal, y Jes�s termin� dici�ndole que no
estaba lejos del reino de Dios. Sin embargo, Jes�s
advierte hoy a los disc�pulos acerca de una
actitud que era muy com�n entre los escribas:
buscaban la apariencia, los honores, el
protagonismo, aprovech�ndose incluso de los m�s
pobres, como eran las viudas, con el pretexto de
hacer largas oraciones por ellas. Jes�s advierte
de la hipocres�a de esta gente, que debiendo ser
ejemplo para el pueblo de Israel, pues eran los
maestros de Israel, sin embargo se aprovechaban de
su situaci�n y de su estatus para ganarse buena
fama, honra y dinero. La hipocres�a de los
escribas consist�a en manifestar externamente una
gran religiosidad, pues estaban en el Templo
ense�ando y haciendo oraci�n, mientras que en
realidad estaban extorsionando a la gente sencilla
y pobre, imponi�ndoles cargas que ni ellos mismos
eran capaces de soportar. Jes�s advierte que �stos
recibir�n una condena m�s rigurosa, pues ya se han
llevado su premio con los honores y los aplausos
de la gente. La misma advertencia que Jes�s hace a
sus disc�pulos nos la hace hoy tambi�n a nosotros:
no se trata ahora de que pensemos qui�nes son los
escribas de nuestro tiempo para apartarnos de
ellos y juzgarlos por su mala conducta, sino m�s
bien hemos de pensar c�mo en ocasiones tambi�n
nosotros tenemos en nosotros mismos esas mismas
actitudes de los escribas. Tambi�n a nosotros,
tantas veces, nos gustan los honores, las
apariencias, y cu�ntas veces, a�n sin darnos
cuenta, nos estamos aprovechando de los m�s
d�biles, incluso bajo una apariencia de vida
religiosa.
2. �En verdad os digo que esta viuda pobre ha
echado en el arca de las ofrendas m�s que nadie�.
Estando todav�a en el Templo, y tras advertir a
los disc�pulos sobre la hipocres�a de los
escribas, Jes�s se fija en una pobre viuda que
echa �dos monedillas� en el arca de las ofrendas
del Templo. Jes�s pone en contraposici�n lo poco
que esta viuda echa en el arca, con la cantidad de
dinero que los ricos y los m�s pudientes echaban
en el arca, y afirma que aquella viuda ha echado
m�s que los ricos. Parece que Jes�s no sepa
contar, pues desde una visi�n humana y econ�mica,
los ricos han puesto m�s que la viuda. Sin
embargo, Jes�s mira el coraz�n, la intenci�n y la
voluntad de la gente. Y mientras que los ricos
echan de lo que les sobra, sin embargo esta viuda
ha echado todo lo que tiene. Por tanto, nos ense�a
el Se�or que, a los ojos de Dios, esta viuda ha
dado m�s, pues ha dado todo lo que tiene para
vivir. Este pasaje se completa con el de la
primera lectura de este domingo, del primer libro
de los Reyes, en el que leemos c�mo otra viuda
pobre prepara al profeta El�as una torta con la
poca harina que le quedaba. A pesar de que aquella
viuda dio todo lo que ten�a, sin embargo no se
qued� sin nada, pues �ni la orza de harina se
vaci�, ni la alcuza de aceite se agot�, como
estaba escrito. Pues el que da todo lo que tiene y
lo pone en manos de Dios, nunca se queda sin nada.
Qu� distinta es la actitud de estas dos viudas en
comparaci�n con la de los escribas del Templo,
pues aunque tienen poco, lo dan todo y Dios se lo
recompensa, mientras que los escribas y los ricos,
teniendo tanto, dan s�lo lo que les sobra,
aprovech�ndose incluso de la gente sencilla.
3. La Iglesia es el nuevo Templo de Dios.
En la segunda lectura, de la carta a los Hebreos,
se nos dice que Cristo, el Sumo y Eterno
Sacerdote, ha ofrecido el sacrifico de su propia
vida de una vez para siempre, no como los
sacerdotes de la Antigua Alianza, que ten�an que
ofrecer el sacrificio a�o tras a�o. As�, Cristo ha
entrado en el Templo del Cielo. Ya no sirve el
Templo de Jerusal�n, imagen del Cielo, sino que
Cristo ha entrado para siempre en el santuario
celestial, abri�ndonos las puertas para que
tambi�n nosotros podamos entrar. As�, aquello que
sucede en el Templo terrenal de Jerusal�n, donde
unos ricos se aprovechan de los dem�s viviendo de
la hipocres�a y de la apariencia, mientras que los
pobres dan todo lo que tienen a Dios, tendr�
despu�s su recompensa en el Templo celestial,
donde los que buscan las apariencias
aprovech�ndose de la gente sencilla �recibir�n una
condena m�s rigurosa�, mientras que los m�s pobres
que dan todo lo que tienen recibir�n su
recompensa. Pero mientras que lleguemos a la
morada del Cielo, aqu� en la tierra, la Iglesia es
ya imagen de ese Templo celestial. De modo que en
la Iglesia hemos de hacer realidad cuanto Jes�s
nos ense�a hoy en el Evangelio: dejar atr�s las
apariencias, la honra y los aplausos, para darnos
del todo a Dios como hicieron las dos viudas que
la Escritura nos presenta hoy.
Este domingo, pidamos a Dios que nos haga m�s
sencillos y humildes, tanto que seamos capaces de
darle todo lo que tenemos, y desterremos de
nosotros la actitud de aquellos escribas que s�lo
buscaban honra y beneficios. Que nos ayude a ello
el ejemplo de Mar�a, la humilde Sierva del Se�or.
Francisco Javier Colomina Campos
www.betania.es
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