OFICIO DIVINO

 

 

OFICIO DE LECTURA

 

 

 

 

TIEMPO PASCUAL
MARTES DE SEMANA VII
Propio del Tiempo. Salterio III

 

15 de mayo

 

OFICIO DE LECTURA

 

INVITATORIO

Si ésta es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:
 
Ant.
A Cristo, el Señor, que nos prometió el Espíritu Santo, venid, adorémosle. Aleluya.

 

Si antes se ha rezado ya alguna otra Hora:
 
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

Himno: ¿Y DEJAS, PASTOR SANTO?

¿Y dejas, Pastor santo,
tu grey en este valle hondo, oscuro,
en soledad y llanto;
y tú, rompiendo el puro
aire, te vas al inmortal seguro?

Los antes bienhadados
y los ahora tristes y afligidos,
a tus pechos criados,
de ti desposeídos,
¿a dónde volverán ya sus sentidos?

¿Qué mirarán los ojos
que vieron de tu rostro la hermosura
que no les sea enojos?
Quien gustó tu dulzura
¿qué no tendrá por llanto y amargura?

Y a este mar turbado
¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto
al fiero viento, airado,
Estando tú encubierto?
¿Qué norte guiará la nave al puerto?

Ay, nube envidiosa
aun de este breve gozo, ¿qué te quejas?
¿Dónde vas presurosa?
¡Cuán rica tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas! Amén.

SALMODIA

Ant 1.
Se levanta Dios y huyen de su presencia los que lo odian. Aleluya.

Salmo 67 I - ENTRADA TRIUNFAL DEL SEÑOR

Se levanta Dios y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian;

como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios.

En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.

Cantad a Dios, tocad en su honor,
alfombrad el camino del que avanza por el desierto;
su nombre es el Señor:
alegraos en su presencia.

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.

Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece;
sólo los rebeldes
se quedan en la tierra abrasada.

¡Oh Dios!, cuando salías al frente de tu pueblo
y avanzabas por el desierto,
la tierra tembló, el cielo destiló
ante Dios, el Dios del Sinaí;
ante Dios, el Dios de Israel.

Derramaste en tu heredad, ¡oh Dios!, una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, ¡oh Dios!, preparó para los pobres.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se levanta Dios y huyen de su presencia los que lo odian. Aleluya.

Ant 2. Nuestro Dios es un Dios que salva, el Señor Dios nos hace escapar de la muerte. Aleluya.

Salmo 67 II

El Señor pronuncia un oráculo,
millares pregonan la alegre noticia:
«Los reyes, los ejércitos van huyendo, van huyendo;
las mujeres reparten el botín.

Mientras reposabais en los apriscos,
las alas de la paloma se cubrieron de plata,
el oro destellaba en su plumaje.
Mientras el Todopoderoso dispersaba a los reyes,
la nieve bajaba sobre el Monte Umbrío.»

Las montañas de Basán son altísimas,
las montañas de Basán son escarpadas;
¿por qué tenéis envidia, montañas escarpadas,
del monte escogido por Dios para habitar,
morada perpetua del Señor?

Los carros de Dios son miles y miles:
Dios marcha del Sinaí al santuario.
Subiste a la cumbre llevando cautivos,
te dieron tributo de hombres:
incluso los que se resistían
a que el Señor Dios tuviera una morada.

Bendito el Señor cada día,
Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación.
Nuestro Dios es un Dios que salva,
el Señor Dios nos hace escapar de la muerte.

Dios aplasta las cabezas de sus enemigos,
los cráneos de los malvados contumaces.
Dice el Señor: «Los traeré desde Basán,
los traeré desde el fondo del mar;
teñirás tus pies en la sangre del enemigo,
y los perros la lamerán con sus lenguas.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nuestro Dios es un Dios que salva, el Señor Dios nos hace escapar de la muerte. Aleluya.

Ant 3. Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor. Aleluya.

Salmo 67 III

Aparece tu cortejo, ¡oh Dios!,
el cortejo de mi Dios, de mi Rey,
hacia el santuario.

Al frente marchan los cantores;
los últimos, los tocadores de arpa;
en medio las muchachas van tocando panderos.

«En el bullicio de la fiesta bendecid a Dios,
al Señor, estirpe de Israel.»

Va delante Benjamín, el más pequeño;
los príncipes de Judá con sus tropeles;
los príncipes de Zabulón,
los príncipes de Neftalí.

¡Oh Dios!, despliega tu poder,
tu poder, ¡oh Dios!, que actúa en favor nuestro.
A tu templo de Jerusalén
traigan los reyes su tributo.

Reprime a la Fiera del Cañaveral,
al tropel de los toros,
a los Novillos de los pueblos.

Que se te rindan con lingotes de plata:
dispersa las naciones belicosas.
Lleguen los magnates de Egipto,
Etiopía extienda sus manos a Dios.

Reyes de la tierra, cantad a Dios,
tocad para el Señor,
que avanza por los cielos,
los cielos antiquísimos,
que lanza su voz, su voz poderosa:
«Reconoced el poder de Dios.»

Sobre Israel resplandece su majestad,
y su poder sobre las nubes.
Desde el santuario Dios impone reverencia:
es el Dios de Israel
quien da fuerza y poder a su pueblo.

¡Dios sea bendito!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor. Aleluya.

V. Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere. Aleluya.
R. La muerte no tiene ya poder sobre él. Aleluya.


PRIMERA LECTURA

De los Hechos de los apóstoles 26, 1-32

DISCURSO DE PABLO ANTE EL REY AGRIPA

En aquellos días, Agripa dijo a Pablo: «Puedes hablar en tu favor.»
Pablo, entonces, extendiendo la mano, empezó así su defensa:

«Me considero feliz, rey Agripa, de poder defender me hoy ante ti de todas las acusaciones de los judíos; sobre todo por estar tú al tanto de sus costumbres y de todos sus problemas. Por eso te ruego que me escuches con paciencia.

Pues bien, todos los judíos saben cómo he vivido yo desde mi juventud entre los de mi nación y en Jerusalén, conociéndome, como me conocen, desde mucho tiempo atrás; y, si quieren, pueden atestiguar que he vivido como fariseo, es decir, dentro de la secta más estricta de nuestra religión. Si ahora me encuentro procesado es porque espero el cumplimiento de las promesas hechas por Diosa nuestros padres; cumplimiento a que esperan llegar también nuestras doce tribus, mientras día y noche, con todo celo, van dando culto a Dios. Por esta esperanza, oh rey, me acusan los judíos. ¿Os parece increíble que Dios resucite a los muertos?

Por mi parte, yo me creí en el deber de luchar a toda costa contra la causa de Jesús Nazareno. Y lo hice efectivamente en Jerusalén, donde encerré a muchos fieles en la cárcel, por la autoridad que tenía de los jefes de los sacerdotes, y donde daba mi voto de aprobación cuando les quitaban la vida. Yendo de sinagoga en sinagoga, a fuerza de continuos castigos los obligaba a blasfemar y, loco de furor contra ellos, los perseguía hasta en las ciudades extranjeras.

En este estado de ánimo, me dirigía yo a Damasco con potestad y comisión de los jefes de los sacerdotes; y en mi camino, a mitad del día, vi, oh rey, una luz del cielo más brillante que la del sol, que me envolvía a mí y a todos cuantos iban conmigo. Todos caímos a tierra, y yo oí una voz que me decía en lengua aramea: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Duro te es dar coces contra el aguijón." Yo dije: "Señor, ¿quién eres?" y el Señor me contestó: "Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate y ponte en pie. Me he dejado ver de ti para hacerte siervo mío y testigo de la visión en que me has visto y de otras que te manifestaré. Yo te sacaré de todos los peligros que te vengan de tu nación y de los gentiles. A éstos te envío ahora para que les abras los ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz, del poder de Satanás a Dios; para que por la fe en mí reciban el perdón de los pecados y su parte en la herencia de los justos."

En verdad, oh rey Agripa, no he sido desobediente a aquella visión del cielo; sino que, primero a los de Damasco y luego a los de Jerusalén, a los de toda Judea y a los gentiles, vengo predicando que se arrepientan y se conviertan a Dios y hagan obras de verdadero arrepentimiento. Por este motivo me prendieron los judíos en el templo con intención de quitarme la vida; pero, con la ayuda de Dios, que me ha sostenido hasta hoy, estoy todavía firme llevando mi mensaje a pequeños y grandes, sin decir cosa alguna que no sea lo que los profetas y Moisés dijeron que había de suceder: esto es, que el Mesías había de padecer y que, después de ser el primero en resucitar de entre los muertos, había de anunciar la luz al pueblo de Israel y a los gentiles.»

Así continuaba él hablando en su defensa, cuando Festo exclamó en alta voz:
«Tú deliras, Pablo; tus muchas letras te han sorbido el seso.»
Pablo le respondió:

«No deliro, nobilísimo Festo. Lo que digo son palabras de verdad y de sensatez. Y bien sabe estas cosas el rey, en cuya presencia estoy hablando con tanta libertad y confianza. Estoy convencido de que nada de esto se oculta al rey, pues no son cosas que se han llevado a cabo en el último rincón. ¿Crees, oh rey Agripa, en los profetas ? Yo sé que crees.»

Agripa respondió a Pablo:
«En poco tiempo quieres convencerte de que me has hecho cristiano.»
A lo que replicó Pablo:

«En poco o en mucho tiempo, quisiera Dios que no sólo tú, sino todos cuantos me escucháis ahora, vinieseis a ser como yo, aunque sin estas cadenas.»

Se levantaron el rey y el procurador, Berenice y cuantos con ellos estaban sentados. Y, al retirarse, iban diciéndose unos a otros:

«Este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte o la cárcel.»
Agripa, por su parte, dijo a Festo:
«Se le podría poner en libertad, si no hubiera apelado al César.»

RESPONSORIO    Cf. Hch 26, 16. 18; Ga 2, 8

R. Te he elegido como siervo mío y testigo, para que abras los ojos de los gentiles y se conviertan de las tinieblas a la luz; * para que por la fe en Cristo reciban el perdón de los pecados y su parte en la herencia de los justos. Aleluya.
V. Aquel que dio poder a Pedro para ejercer el apostolado entre los judíos me lo dio a mí para ejercerlo entre los gentiles.
R. Para que por la fe en Cristo reciban el perdón de los pecados y su parte en la herencia de los justos. Aleluya.

SEGUNDA LECTURA

Del Libro de san Basilio Magno, obispo, Sobre el Espíritu Santo
(Cap. 9, núms. 22-23: PG 32, 107-110)

LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

¿Quién, habiendo oído los nombres que se dan al Espíritu, no siente levantado su ánimo y no eleva su pensamiento hacia la naturaleza divina? Ya que es llamado Espíritu de Dios y Espíritu de verdad que procede del Padre; Espíritu firme, Espíritu generoso, Espíritu Santo son sus apelativos propios y peculiares.

Hacia él dirigen su mirada todos los que sienten necesidad de santificación; hacia él tiende el deseo de todos los que llevan una vida virtuosa, y su soplo es para ellos a manera de riego que los ayuda en la consecución de su fin propio y natural.

Fuente de santificación, luz de nuestra inteligencia, él es quien da, de sí mismo, una especie de claridad a nuestra razón natural, para que conozca la verdad.

Inaccesible por su naturaleza, se hace accesible por su bondad; todo lo llena con su poder, pero se comunica solamente a los que son dignos de ello, y no a todos en la misma medida, sino que distribuye sus dones a proporción de la fe de cada uno.

Simple en su naturaleza, diverso en su virtualidad, está presente todo él en cada uno, sin dejar de estar todo él en todas partes. De tal manera se divide, que en nada queda disminuido; todos participan de él, aunque él permanece intacto, a la manera del rayo de sol, del que cada uno se beneficia como si fuera para él solo y, con todo, ilumina la tierra y el mar y se mezcla con el aire.

Así también el Espíritu Santo está presente en cada uno de los que son capaces de recibirlo, como si estuviera en él solo, infundiendo a todos la totalidad de la gracia que necesitan. Gozan de su posesión todos los que de él participan, en la medida en que lo permite la disposición de cada uno, pero no en la medida del poder del mismo Espíritu.

Por él, los corazones son elevados hacia lo alto, los débiles son llevados de la mano, los que ya van progresando llegan a la perfección; iluminando a los que están limpios de toda mancha, los hace espirituales por la comunión con él.

Y, del mismo modo que los cuerpos límpidos y transparentes, cuando les da un rayo de luz, se vuelven brillantes en gran manera y despiden un nuevo fulgor, así las almas portadoras del Espíritu y por él iluminadas se hacen ellas también espirituales e irradian a los demás su gracia.

De ahí procede el conocimiento de las cosas futuras, la inteligencia de los misterios, la comprensión de las cosas ocultas, la distribución de dones, el trato celestial, la unión con los coros angélicos; de ahí deriva el gozo que no termina, la perseverancia en Dios, la semejanza con Dios y, lo más sublime que imaginarse pueda, nuestra propia deificación.

RESPONSORIO    Cf. Jn 14, 27; 16, 22; 14, 16

R. No se turbe vuestro corazón: voy al Padre, y, cuando me haya ido de vuestro lado, os enviaré * el Espíritu de verdad, y se alegrará vuestro corazón. Aleluya.
V. Yo rogaré al Padre y él os dará otro Abogado.
R. El Espíritu de verdad, y se alegrará vuestro corazón. Aleluya.

ORACIÓN.

OREMOS,
Dios omnipotente y misericordioso, te pedimos que nos envíes al Espíritu Santo para que habite en nosotros y nos transforme en templos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V.
Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si deseas recibir diariamente un Mensaje Espiritual

contáctanos

 

Si deseas recibir diariamente las lecturas del día y una reflexión:

contáctanos

 

 

HOME

 

                                                                 

   

                  CONTÁCTANOS