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TIEMPO PASCUAL
DOMINGO DE PASCUA DE
LA RESURRECCI�N DEL SE�OR
Del Propio.
1
de abril
OFICIO DE LECTURA
Hoy, la celebraci�n solemne de la Vigilia pascual reemplaza el Oficio de
lectura.
Quienes no hayan participado en la celebraci�n de la Vigilia pascual usar�n,
para el Oficio de lectura, al menos cuatro de las lecturas de la referida
Vigilia pascual, con sus cantos y oraciones. Es muy conveniente elegir, de entre
las lecturas de la Vigilia pascual, las que se proponen a continuaci�n.
Este Oficio empieza directamente con las lecturas.
PRIMERA LECTURA
Del libro del �xodo 14, 15--15, 1
LOS HIJOS DE ISRAEL ENTRAN EN EL MAR COMO POR TIERRA FIRME
En aquellos d�as, el Se�or dijo a Mois�s:
�¿Por qu� sigues clamando a m�? Di a los israelitas que se pongan en marcha. T�
alza tu cayado y extiende tu mano sobre el mar y se abrir� en dos, de modo que
los israelitas puedan atravesarlo como por tierra firme. Yo har� que el Fara�n
se empe�e en entrar detr�s de vosotros y mostrar� mi gloria derrotando al Fara�n
y a su ej�rcito, a sus carros y jinetes; para que sepa Egipto que yo soy el
Se�or, cuando muestre mi gloria derrotando al Fara�n con sus carros y jinetes.�
El �ngel de Dios que caminaba delante de las huestes de Israel se levant� y pas�
a su retaguardia; la columna de nubes que estaba delante de ellos se puso
detr�s, coloc�ndose entre el campamento egipcio y el campamento israel�; la nube
se oscureci� y la noche qued� tenebrosa, de modo que los egipcios no pudieron
acercarse a los hijos de Israel en toda la noche.
Mois�s extendi� su mano sobre el mar, y el Se�or hizo soplar durante toda la
noche un fuerte viento del este que sec� el mar y las aguas se dividieron en
dos. Los hijos de Israel entraron por el mar como por tierra firme, y las aguas
les hac�an de muralla a derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su
persecuci�n y entraron detr�s de ellos por el mar, con los caballos del Fara�n,
sus carros y sus guerreros.
A la vigilia matutina, volvi� Dios la mirada desde la columna de fuego y humo
hacia el ej�rcito egipcio y sembr� en �l el p�nico. Hizo que las ruedas de los
carros se trabasen unas con otras, de modo que s�lo muy penosamente avanzaban.
Los egipcios exclamaron entonces:
�Huyamos de Israel, porque el Se�or combate por �l contra Egipto.�
Pero Dios dijo a Mois�s:
�Extiende tu mano sobre el mar, y las aguas se reunir�n sobre los egipcios, sus
carros y sus jinetes.�
Y Mois�s extendi� su mano sobre el mar, y, al despuntar el d�a, el mar recobr�
su estado ordinario y los egipcios en fuga se vieron frente a las aguas, y as�
arroj� Dios a los egipcios en medio del mar, pues las aguas, al reunirse,
cubrieron carros, jinetes y todo el ej�rcito del Fara�n que hab�a entrado en el
mar en seguimiento de Israel, y no escap� ni uno solo. Pero los hijos de Israel
caminaban sobre tierra seca por en medio del mar. Las aguas les hac�an de
muralla a derecha e izquierda.
Aquel d�a libr� Dios a Israel de los egipcios, cuyos cad�veres vio Israel en las
orillas del mar. Israel vio la mano potente que mostr� Dios contra Egipto, y el
pueblo temi� al Se�or, y crey� en �l y en Mois�s su siervo. Entonces Mois�s y
los hijos de Israel entonaron este c�ntico al Se�or:
Ant.
Cantemos al Se�or, sublime es su victoria.
C�ntico Ex 15, 1-6. 13. 17-18
Cantemos al Se�or, sublime es su victoria,
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Se�or,
�l fue mi salvaci�n.
�l es mi Dios: yo lo alabar�;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzar�.
El Se�or es un guerrero,
su nombre es �Yahv�.
Los carros del Fara�n los lanz� al mar,
ahog� en el mar Rojo a sus mejores capitanes;
las olas los cubrieron,
cayeron hasta el fondo como piedras.
Tu diestra, Se�or, resplandece por su fuerza,
tu diestra, Se�or, tritura al enemigo.
Guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,
los llevaste con tu poder hasta tu santa morada.
Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Se�or;
santuario, Se�or, que fundaron tus manos.
El Se�or reina por siempre jam�s.
Ant.
Cantemos al Se�or, sublime es su victoria.
ORACI�N
Dios nuestro, que has iluminado los prodigios de los tiempos antiguos con la luz
del nuevo Testamento, pues el mar Rojo fue imagen de la fuente bautismal y el
pueblo liberado de la esclavitud fue imagen del pueblo cristiano; haz que todas
las naciones, elevadas por la fe a la dignidad de pueblo elegido, sean
regeneradas por la participaci�n de tu Esp�ritu. Por nuestro Se�or Jesucristo,
tu Hijo.
SEGUNDA LECTURA
Del libro del profeta Ezequiel 36, 16-28
DERRAMAR� SOBRE VOSOTROS UN AGUA PURA Y OS DAR� UN CORAZ�N NUEVO
El Se�or me dirigi� la palabra y me dijo:
�Cuando la casa de Israel habitaba en su tierra, la contamin� con su conducta y
con sus malas obras; como sangre inmunda fue su proceder ante m�. Entonces
derram� mi c�lera sobre ellos por la sangre que hab�an derramado en el pa�s y
por haberlo contaminado con sus �dolos. Los esparc� por las naciones y
anduvieron dispersos por los pa�ses; seg�n su proceder y sus malas obras los
juzgu�. Al llegar a las diversas naciones profanaron mi santo nombre, pues
dec�an de ellos: "�stos son el pueblo del Se�or, han tenido que salir de su
tierra." Entonces tuve consideraci�n de mi nombre santo, profanado por la casa
de Israel en las naciones adonde fue.
Por eso, di a la casa de Israel: Esto dice el Se�or: No lo hago por vosotros,
casa de Israel, sino por mi santo nombre, profanado por vosotros en las naciones
adonde fuisteis. Mostrar� la santidad de mi nombre ilustre profanado entre los
gentiles, que vosotros profanasteis en medio de ellos; y sabr�n los gentiles que
yo soy el Se�or, cuando manifieste mi santidad a la vista de ellos, por medio de
vosotros.
Os recoger� de entre las naciones, os reunir� de todos los pa�ses, y os llevar�
a vuestra tierra. Derramar� sobre vosotros un agua pura que os purificar�: de
todas vuestras inmundicias e idolatr�as os he de purificar; y os dar� un coraz�n
nuevo, y os infundir� un esp�ritu nuevo; arrancar� de vuestra carne el coraz�n
de piedra, y os dar� un coraz�n de carne. Os infundir� mi esp�ritu, y har� que
camin�is seg�n mis preceptos, y que guard�is y cumpl�is mis mandatos. Y
habitar�is en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros ser�is mi pueblo y yo
ser� vuestro Dios.�
Ant.
Como busca la cierva corrientes de agua, as� mi alma te busca a ti, Dios m�o.
Salmo 41, 2-3. 5bcd; 42, 3-4
Como busca la cierva
corrientes de agua,
as� mi alma te busca
a ti, Dios m�o;
tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿ cu�ndo entrar� a ver
el rostro de Dios?
Recuerdo c�mo marchaba hacia la casa de Dios,
entre cantos de j�bilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta.
Env�a tu luz y tu verdad:
que ellas me gu�en
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.
Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegr�a;
que te d� gracias al son de la c�tara,
Se�or, Dios m�o.
Ant.
Como busca la cierva corrientes de agua, as� mi alma te busca a ti, Dios m�o.
ORACI�N
Se�or, Dios nuestro, fuerza inmutable y luz sin ocaso, mira con bondad a tu
Iglesia, a quien has puesto como sacramento de salvaci�n de la nueva alianza, y
lleva a t�rmino, seg�n tus designios, la obra de la redenci�n humana: que todo
el mundo vea y sienta c�mo lo abatido se levanta y lo viejo se renueva, y c�mo
todo vuelve a su integridad primera por medio de Cristo, de quien todo procede.
Por nuestro Se�or Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Esp�ritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Am�n.
TERCERA LECTURA
De la carta del ap�stol san Pablo a los Romanos 6, 3-11
CRISTO, UNA VEZ RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS, YA NO MUERE
Hermanos: Cuantos en el bautismo fuimos sumergidos en Cristo Jes�s fuimos
sumergidos en su muerte. Por nuestro bautismo fuimos, pues, sepultados con �l,
para participar de su muerte; para que, as� como Cristo fue resucitado de entre
los muertos por la gloria del Padre, as� tambi�n nosotros vivamos una vida
nueva. Pues, si hemos sido injertados vitalmente en Cristo por la imagen de su
muerte, tambi�n lo estaremos por la imagen de su resurrecci�n.
Ya sabemos que nuestra antigua condici�n humana fue crucificada con Cristo, a
fin de que la solidaridad general con el pecado fuese destruida y dej�semos de
ser esclavos del pecado, pues el que muere queda libre de pecado.
Si verdaderamente hemos muerto con Cristo, tenemos fe de que tambi�n viviremos
con �l, pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no
muere; la muerte no tiene ya poder sobre �l. Su muerte fue un morir al pecado de
una vez para siempre, mas su vida es un vivir para Dios. As� tambi�n considerad
vosotros que est�is muertos al pecado, pero que viv�s para Dios en uni�n con
Cristo Jes�s.
Ant.
Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo 117, 1-2. 16ab. 17. 22-23
Dad gracias al Se�or porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
La diestra del Se�or es poderosa,
la diestra del Se�or es excelsa.
No he de morir, vivir�
para contar las haza�as del Se�or.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Se�or quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Ant.
Aleluya, aleluya, aleluya.
CUARTA LECTURA
Lectura del evangelio seg�n san Mateo 28, 1-10
HA RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS.
SABED QUE VA ANTES QUE VOSOTROS A GALILEA
Una vez pasado el s�bado, estando ya para amanecer el primer d�a de la semana,
vino Mar�a Magdalena, con la otra Mar�a, a ver el sepulcro. Y, de pronto, se
produjo un gran terremoto: el �ngel del Se�or baj� del cielo, hizo rodar la
piedra del sepulcro y se sent� encima. Su semblante brillaba como el rel�mpago,
y su vestidura era blanca como la nieve. Los guardias quedaron aterrados y como
muertos. Y, dirigi�ndose el �ngel a las mujeres, les dijo:
�No teng�is miedo, vosotras; ya s� que ven�s en busca de Jes�s, el que ha sido
crucificado. No est� aqu�; ha resucitado como ya lo hab�a anunciado. Venid a ver
el sitio donde estaba puesto. Id en seguida a decir a sus disc�pulos que ha
resucitado de entre los muertos. Sabed que va antes que vosotros a Galilea. All�
lo ver�is. Esto es lo que ten�a que deciros.�
Abandonaron en seguida el sepulcro y, llenas de miedo y de gran gozo a la vez,
fueron corriendo a llevar la noticia a los disc�pulos. Y de improviso les sali�
Jes�s al encuentro, salud�ndolas con estas palabras:
�Dios os salve.�
Ellas se llegaron a �l, se abrazaron a sus pies y lo adoraron. Entonces, Jes�s
les dijo:
�No teng�is miedo. Id a decir a mis hermanos que vayan a Galilea, que all� me
ver�n.�
Himno: SE�OR, DIOS ETERNO.
Se�or, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creaci�n.
Postrados ante ti, los �ngeles te adoran
y cantan sin cesar:
Santo, santo, santo es el Se�or,
Dios del universo;
llenos est�n el cielo y la tierra de tu gloria.
A ti, Se�or, te alaba el coro celestial de los ap�stoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ej�rcito glorioso de los m�rtires te aclama.
A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con j�bilo te adora y canta tu grandeza:
Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unig�nito de Dios,
Santo Esp�ritu de amor y de consuelo.
Oh Cristo, t� eres el Rey de la gloria,
t� el Hijo y Palabra del Padre,
t� el Rey de toda la creaci�n.
T�, para salvar al hombre,
tomaste la condici�n de esclavo
en el seno de una virgen.
T� destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.
T� vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.
T� vendr�s alg�n d�a,
como juez universal.
Mu�strate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.
Y rec�belos por siempre all� en tu reino,
con tus santos y elegidos.
La
parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno.
Salva a tu pueblo, Se�or,
y bendice a tu heredad.
S� su pastor,
y gu�alos por siempre.
D�a tras d�a te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jam�s.
D�gnate, Se�or,
guardarnos de pecado en este d�a.
Ten piedad de nosotros, Se�or,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Se�or, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
A ti, Se�or, me acojo,
no quede yo nunca defraudado.
ORACI�N
Dios nuestro, que en este d�a nos abriste las puertas de la vida por medio de tu
Hijo, vencedor de la muerte, conc�denos a todos los que celebramos su gloriosa
resurrecci�n que, por la nueva vida que tu Esp�ritu nos comunica, lleguemos
tambi�n nosotros a resucitar a la luz de la vida eterna. Por nuestro Se�or
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Esp�ritu Santo y
es Dios, por los siglos de los siglos. Am�n.
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