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TIEMPO ORDINARIO
JUEVES DE LA SEMANA
XVII
De la Feria. Salterio I
2 de agosto
LAUDES
(Oraci�n de la ma�ana)
INVITATORIO
(Si Laudes no es la primera oraci�n del d�a
se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)
V.
Se�or abre mis labios
R.
Y mi boca proclamar� tu alabanza
Ant.
Venid, adoremos al Se�or, porque �l es nuestro Dios.
Salmo 94 INVITACI�N A LA ALABANZA DIVINA
Venid, aclamemos al Se�or,
demos v�tores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia d�ndole gracias,
aclam�ndolo con cantos.
Porque el Se�or es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque �l lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postr�monos por tierra,
bendiciendo al Se�or, creador nuestro.
Porque �l es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el reba�o que �l gu�a.
Ojal� escuch�is hoy su voz:
�No endurezc�is el coraz�n como en Merib�,
como el d�a de Mas� en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de m�, aunque hab�an visto mis obras.
Durante cuarenta a�os
aquella generaci�n me repugn�, y dije:
Es un pueblo de coraz�n extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi c�lera
que no entrar�n en mi descanso�
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Esp�ritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Am�n.
Ant.
Venid, adoremos al Se�or, porque �l es nuestro Dios.
Himno: CRECE LA LUZ BAJO TU HERMOSA MANO.
Crece la luz bajo tu hermosa mano,
Padre celeste, y suben
los hombres matutinos al encuentro
de Cristo Primog�nito.
El hizo amanecer ante tus ojos
y enalteci� la aurora,
cuando a�n no estaba el hombre sobre el mundo
para poder cantarla.
El es principio y fin del universo,
y el tiempo, en su ca�da,
se acoge al que es la fuerza de las cosas
y en �l rejuvenece.
�l es quien nos reanima y fortalece,
y hace posible el himno
que, ante las maravillas de tus manos,
cantamos jubilosos.
He aqu� la nueva luz que asciende y busca
su cuerpo misterioso;
he aqu�, en la claridad de la ma�ana,
el signo de tu rostro.
Env�a, Padre eterno, sobre el mundo
el soplo de tu Hijo,
potencia de tu diestra y primog�nito
de todos los que mueren. Am�n.
SALMODIA
Ant 1.
Despertad, c�tara y arpa; despertar� a la aurora.
Salmo 56 - ORACI�N MATUTINA DE UN AFLIGIDO.
Misericordia, Dios m�o, misericordia,
que mi alma se refugia en ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la calamidad.
Invoco al Dios Alt�simo,
al Dios que hace tanto por m�:
desde el cielo me enviar� la salvaci�n,
confundir� a los que ans�an matarme,
enviar� su gracia y su lealtad.
Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus dientes son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.
El�vate sobre el cielo, Dios m�o,
y llene la tierra tu gloria.
Han tendido una red a mis pasos
para que sucumbiera;
me han cavado delante una fosa,
pero han ca�do en ella.
Mi coraz�n est� firme, Dios m�o,
mi coraz�n est� firme.
Voy a cantar y a tocar:
despierta, gloria m�a;
despertad, c�tara y arpa;
despertar� a la aurora.
Te dar� gracias ante los pueblos, Se�or;
tocar� para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es m�s grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.
El�vate sobre el cielo, Dios m�o,
y llene la tierra tu gloria.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Esp�ritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Am�n.
Ant.
Despertad, c�tara y arpa; despertar� a la aurora.
Ant 2.
�Mi pueblo se saciar� de mis bienes�, dice el Se�or.
C�ntico: FELICIDAD DEL PUEBLO REDIMIDO Jr 31, 10-14
Escuchad, pueblos, la palabra del Se�or,
anunciadla en las islas remotas:
�El que dispers� a Israel lo reunir�,
lo guardar� como un pastor a su reba�o;
porque el Se�or redimi� a Jacob,
lo rescat� de una mano m�s fuerte.�
Vendr�n con aclamaciones a la altura de Si�n,
afluir�n hacia los bienes del Se�or:
hacia el trigo y el vino y el aceite,
y los reba�os de ovejas y de vacas;
su alma ser� como un huerto regado,
y no volver�n a desfallecer.
Entonces se alegrar� la doncella en la danza,
gozar�n los j�venes y los viejos;
convertir� su tristeza en gozo,
los alegrar� y aliviar� sus penas;
alimentar� a los sacerdotes con manjares sustanciosos,
y mi pueblo se saciar� de mis bienes.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Esp�ritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Am�n.
Ant.
�Mi pueblo se saciar� de mis bienes�, dice el Se�or.
Ant 3.
Grande es el Se�or y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.
Salmo 47 - HIMNO A LA GLORIA DE JERUSAL�N
Grande es el Se�or y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios,
su monte santo, altura hermosa,
alegr�a de toda la tierra:
el monte Si�n, v�rtice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre sus palacios,
Dios descuella como un alc�zar.
Mirad: los reyes se aliaron
para atacarla juntos;
pero, al verla, quedaron aterrados
y huyeron despavoridos;
all� los agarr� un temblor
y dolores como de parto;
como un viento del desierto,
que destroza las naves de Tarsis.
Lo que hab�amos o�do lo hemos visto
en la ciudad del Se�or de los ej�rcitos,
en la ciudad de nuestro Dios:
que Dios la ha fundado para siempre.
�Oh Dios!, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu renombre, �oh Dios!, tu alabanza
llega al conf�n de la tierra;
tu diestra est� llena de justicia:
el monte Si�n se alegra,
las ciudades de Jud� se gozan
con tus sentencias.
Dad la vuelta en torno a Si�n,
contando sus torreones;
fijaos en sus baluartes,
observad sus palacios,
para poder decirle a la pr�xima generaci�n:
�Este es el Se�or, nuestro Dios.�
�l nos guiar� por siempre jam�s.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Esp�ritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Am�n.
Ant.
Grande es el Se�or y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.
LECTURA BREVE Is 66,1-2
As� dice el Se�or: �El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis
pies: �Qu� templo podr�is construirme?; �o qu� lugar para mi descanso?
Todo esto lo hicieron mis manos, todo es m�o -or�culo del Se�or-. En �se
pondr� mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis
palabras.�
RESPONSORIO BREVE
V.
Te invoco de todo coraz�n, resp�ndeme, Se�or.
R.
Te invoco de todo coraz�n, resp�ndeme, Se�or.
V.
Guardar� tus leyes.
R.
Resp�ndeme, Se�or.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Esp�ritu Santo.
R.
Te invoco de todo coraz�n, resp�ndeme, Se�or.
C�NTICO EVANG�LICO
Ant.
Sirvamos al Se�or con santidad y nos librar� de la mano de nuestros
enemigos.
C�ntico de Zacar�as. EL MES�AS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79
Bendito sea el Se�or, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscit�ndonos una fuerza de salvaci�n
en la casa de David, su siervo,
seg�n lo hab�a predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
Es la salvaci�n que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado as� la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que jur� a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros d�as.
Y a ti, ni�o, te llamar�n Profeta del Alt�simo,
porque ir�s delante del Se�or
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvaci�n,
el perd�n de sus pecados.
Por la entra�able misericordia de nuestro Dios,
nos visitar� el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Esp�ritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Am�n.
Ant.
Sirvamos al Se�or con santidad y nos librar� de la mano de nuestros
enemigos.
PRECES
Demos gracias a Cristo que nos ha dado la luz del d�a y supliqu�mosle
diciendo:
Bend�cenos y santif�canos, Se�or.
T� que te entregaste como v�ctima por nuestros pecados,
acepta los deseos y las acciones de este d�a.
T� que nos alegras con la claridad del nuevo d�a,
s� t� mismo el lucero brillante de nuestros corazones.
Haz que seamos bondadosos y comprensivos con los que nos rodean
para que logremos as� ser im�genes de tu bondad.
En la ma�ana haznos escuchar tu gracia
y que tu gozo sea hoy nuestra fortaleza.
Se pueden a�adir algunas intenciones libres
Fieles a la recomendaci�n del salvador, digamos llenos de confianza
filial:
Padre nuestro...
ORACION
Dios todopoderoso y eterno, humildemente acudimos a ti, al empezar el d�a,
a media jornada y al atardecer, para pedirte que, alejando de nosotros las
tinieblas del pecado, nos hagas alcanzar la luz verdadera que es Cristo.
�l, que vive y reina contigo en la unidad del Esp�ritu Santo y es Dios,
por los siglos de los siglos. Am�n.
CONCLUSI�N
V.
El Se�or nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Am�n.
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