¡Alégrate, el Señor está contigo!

 

Liturgia - Lecturas del día

 

 

Viernes, 14 de septiembre de 2018

 

LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

 

Se anonadó a sí mismo. Por eso, Dios lo exaltó

 

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo

a los cristianos de Filipos

2, 6-11

 

Jesucristo, que era de condición divina,

no consideró esta igualdad con Dios

como algo que debía guardar celosamente:

al contrario, se anonadó a sí mismo,

tomando la condición de servidor

y haciéndose semejante a los hombres.

Y presentándose con aspecto humano,

se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte

y muerte de cruz.

 

Por eso, Dios lo exaltó

y le dio el Nombre que está sobre todo nombre,

para que al nombre de Jesús,

se doble toda rodilla

en el cielo, en la tierra y en los abismos,

y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre:

«Jesucristo es el Señor».

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                       77, 1-2. 34-38

 

R.    No olviden las proezas del Señor

 

Pueblo mío, escucha mi enseñanza,

presta atención a las palabras de mi boca:

yo voy a recitar un poema,

a revelar enigmas del pasado. R.

 

Cuando los hacía morir, lo buscaban

y se volvían a Él ansiosamente:

recordaban que Dios era su Roca,

y el Altísimo, su libertador. R.

 

Pero lo elogiaban de labios para afuera

y mentían con sus lenguas;

su corazón no era sincero con Él

y no eran fieles a su alianza. R.

 

El Señor, que es compasivo,

los perdonaba en lugar de exterminarlos;

una y otra vez reprimió su enojo

y no dio rienda suelta a su furor. R.

 

 

 

EVANGELIO

 

Es necesario que el Hijo del hombre

sea levantado en alto

 

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Juan

3, 13-17

 

Jesús dijo:

«Nadie ha subido al cielo,

sino el que descendió del cielo,

el Hijo del hombre que está en el cielo.

De la misma manera, que Moisés

levantó en alto la serpiente en el desierto,

también es necesario

que el Hijo del hombre sea levantado en alto,

para que todos los que creen en Él

tengan Vida eterna.

Sí, Dios amó tanto al mundo,

que entregó a su Hijo único

para que todo el que cree en Él no muera,

sino que tenga Vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo

para juzgar al mundo,

sino para que el mundo se salve por Él».

 

Palabra del Señor.

 

 

Reflexión

 

 

LA ENTREGA DE JESÚS POR AMOR

1- Signo de liberación. La cruz en el Imperio Romano era un signo de tortura reservado a los peores malhechores. Jesús, que no había cometido ningún delito, murió en la cruz por nosotros. El Evangelio predicado por El es una Buena Noticia liberadora para los oprimidos, pero ponía en tela de juicio el poder establecido. La cruz fue la consecuencia de la vida de Jesús. Fue consecuente, y por eso le mataron. Ahora este instrumento de tortura se ha convertido para nosotros en signo de amor y liberación. Por eso hoy celebramos su “Exaltación”. Glorificación y levantamiento frente a la humillación y abajamiento. En las tres lecturas subyacen dos adverbios que resumen el itinerario seguido por Jesús: abajo-arriba.

2- Signo de salvación. La primera lectura, del libro de los Números, nos sitúa junto al pueblo de Israel en el camino hacia la tierra prometida. El pueblo, que tiene hambre y sed en el desierto, murmura contra Dios y contra Moisés. La murmuración es su gran pecado, pues expresa la desconfianza en el amor y el poder de Dios para cumplir lo que ha prometido: sacarles de la esclavitud y llevarles a una tierra fecunda, que mana leche y miel. Entonces le sobreviene al pueblo un castigo: serpientes venenosas provocan la muerte de muchos. El pueblo reconoce su pecado y pide a Moisés que interceda ante Dios por ellos. Dios les da la curación a través de un signo: una serpiente de bronce elevada sobre un mástil, a la que todos los mordidos debían mirar para vivir. El evangelista Juan vio en esta serpiente alzada una figura de Cristo levantado en la Cruz y Resucitado. El verbo "levantar" es sinónimo de "resucitar" Fijémonos en el dinamismo de vida de Jesús: Él es "el que bajó del cielo", "se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz". En la concepción de Juan, Jesús preexiste en la intimidad del Padre y es igual a Él, uno con Él y Dios como Él. Del seno del Padre baja y se hace carne, por amor a nosotros, para darnos la vida abundante.

3.- Abajamiento y exaltación. La cruz es, en esa historia de amor, el mayor abajamiento y despojamiento del Hijo (kénosis) y su mayor exaltación, pues es ahí donde nos mostró que su amor no tenía límites y que ni siquiera el miedo a la muerte podía hacerle retroceder en su compromiso por la salvación de todos. Esa humillación de morir en cruz, como un maldito, siendo el Hijo amado del Padre, fue el comienzo de su glorificación, pues el Padre mismo lo "levantó" de entre los muertos y lo resucitó como primicia de nuestra propia resurrección.

4.- Proclamación del amor de Dios. La fiesta de la exaltación de la cruz no significa que el cristianismo proclame una exaltación del sufrimiento, del dolor o del sacrificio por el sacrificio. Si así fuera, el Dios que pide esto de nosotros sería un Dios sádico que no merecería nuestro amor. Lo que exaltamos en esta fiesta no es la cruz (un instrumento más de tortura y ejecución como el cadalso o la silla eléctrica). Lo que exaltamos es el amor incondicional de un Dios que compartió nuestra condición humana y se comprometió con la realización del Reino hasta el final. Exaltamos al Crucificado que, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo. Y exaltamos al Dios que, como Abrahán, entregó a su Hijo Único, a su amado, para que todos tengamos vida en su nombre.

 

José María Martín OSA

www.betania.es

 

¡VIVA LA CRUZ!

1.- No estamos acostumbrados a escuchar, cantar o decir un “viva la cruz”. Y, en cambio, si hay algo que nos ha traído vida, futuro, eternidad y redención total, fue precisamente el valor de la cruz.

*Dios, en la noche de Belén, quiso dejar el cielo y hacerse humanidad en la tierra.

*Dios, en la hora nona en el Calvario, quiso derramarse en sangre de amor sobre la tierra.

*En la cruz y en la noche de Belén, convergen un mismo deseo de Dios: todo por el hombre.

2.- Con razón, en este día, la Iglesia venera y se vuelve hacia la cruz. Cuando en muchos lugares tienen lugar las labores de la vendimia, la cruz, es para los cristianos esa vid que, al exprimirse, nos da el vino de una entrega fecunda, sacrificada: el buen vino de la Redención del hombre. ¿Somos conscientes de ello? ¿Qué hemos hecho de la cruz? ¿Un adorno o un estilo de vida? ¿Una gran lección o algo estéticamente bello? ¿Un modelo de referencia para encarar la vida o algo que ya no significa nada?

¡Viva la Cruz! Esos dos maderos, que cruzados entre si, pretenden abrazar al hombre para siempre en un abrazo iniciativa de Dios.

¡Viva la Cruz! Esos dos maderos que, cuando uno los mira sin fe, es escándalo, demasiado, un sin sentido, una locura

¡Viva la Cruz! Esos dos maderos que, cuando uno los mira, sabe que Alguien nació, creció y sufrió para elevar a la humanidad a las mismas cumbres de los cielos.

3.- Si Dios, que es bueno, ha querido humillarse naciendo pobre en Belén; si Dios, que es grande, ha querido humillarse en una cruz, será por algo. El rostro de Dios es el amor. La cruz es la prueba suprema, el no va más, de lo mucho que Dios nos ama. Esa es la sabiduría, el tesoro, la razón de ser, lo que sostiene desde hace casi 2000 años en pie la Santa Cruz. Sólo así, desde ese pensamiento: Dios lo ha hecho por mí, podemos gritar un ¡Viva la Cruz del Señor!

Hoy exaltamos este gran símbolo de nuestra fe cristiana porque, entre otras cosas, detrás de la puerta de la muerte, se encuentra la antesala de la vida. Hoy exaltamos la cruz porque, ella, sostiene un cuerpo que nos trae libertad, afán de superación, fe, esperanza y ganas de resucitar. La cruz nos recupera, nos rescata… ¡nos redime!

Hoy exaltamos la cruz porque, cuando las cosas se nos presentan en contra, sabemos que –cumplir la voluntad de Dios y ver a Dios en todo- nos hace esperar un mañana más feliz, una mañana de resurrección, un amanecer con respuestas.

Hoy exaltamos la cruz porque, entre otras cosas, los cristianos sabemos que, el amor de Dios, ha sido roturado, sacrificado, molido por el hombre en beneficio del propio hombre. Tal vez nunca lleguemos a entender en toda su profundidad el Misterio que ello abarca. Hagamos una oración: Dios lo ha hecho por mí. Dios se ha dejado clavar por mí. ¿No nos sugiere esto fe, conformidad, emoción, agradecimiento y no despierta muchos sentimientos de fe hacia Cristo?

¡Viva la Cruz! Y ¡cómo no! ¡El fruto de la cruz! En ella Dios nos levanta, como al tercer día, levantó a Jesús de la muerte. A veces, Dios, nos levanta sobre el madero, pero otras tantas, Dios, de igual manera, Dios nos levanta de esas situaciones de amargura, de pena y de tristeza.

4.- Si al Señor, siendo Señor, no le fue ahorrado el sufrimiento, algo de bueno tiene que tener la cruz cuando, Dios, permitió que su único Hijo subiera al madero.

En Belén, Dios, se hizo amor entre un pesebre de madera. En el Calvario, Dios, se deshizo en amor en dos trozos de madera en forma de Cruz. ¿Aprenderemos esta lección para nosotros mismos y en generosidad hacia los demás?

Con San Pablo decimos: Estoy seguro de que nada ni nadie "podrá separarnos del amor de Dios que se nos ha manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro"

¡Viva la Cruz!

 

Javier Leoz