¡Alégrate, el Señor está contigo!

 

Liturgia - Lecturas del día

 

 

Sábado, 29 de septiembre de 2018 

 

SANTOS ARCÁNGELES

MIGUEL, GABRIEL y RAFAEL

Fiesta

 

 

Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón

 

Lectura del libro del Apocalipsis

12, 7-12a

 

Se libró una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón, y éste contraatacó con sus ángeles, pero fueron vencidos y expulsados del cielo.

Y así fue precipitado el enorme dragón, la antigua serpiente, llamada diablo o Satanás, y el seductor del mundo entero fue arrojado sobre la tierra con todos sus ángeles.

Y escuché una voz potente que resonó en el cielo:

 

«Ya llegó la salvación,

el poder y el Reino de nuestro Dios

y la soberanía de su Mesías,

porque ha sido precipitado

el acusador de nuestros hermanos,

el que día y noche los acusaba delante de nuestro Dios.

Ellos mismos lo han vencido,

gracias a la sangre del Cordero

y al testimonio que dieron de él,

porque despreciaron su vida hasta la muerte.

¡Que se alegren entonces el cielo y sus habitantes!»

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                                        137, 1-5

 

R.    ¡Te cantaré en presencia de los ángeles, Señor!

 

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,

porque has oído las palabras de mi boca.

Te cantaré en presencia de los ángeles

y me postraré ante tu santo templo. R.

 

Daré gracias a tu nombre

por tu amor y tu fidelidad,

porque tu promesa ha superado tu renombre.

Me respondiste cada vez que te invoqué

y aumentaste la fuerza de mi alma. R.

 

Que los reyes de la tierra te bendigan,

al oír la palabra de tu boca,

y que celebren los designios del Señor,

porque la gloria del Señor es grande. R.

 

 

 

EVANGELIO

 

Ustedes verán a los ángeles de Dios

subir y bajar sobre el Hijo del hombre

 

a    Lectura del santo Evangelio

según san Juan

1, 47-51

 

En aquel tiempo:

Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: «Éste es un verdadero israelita, un hombre sin doblez».

«¿De dónde me conoces?, le preguntó Natanael.

Jesús le respondió: «Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera».

Natanael le respondió: «Maestro, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel».

Jesús continuó: «Porque te dije: "Te vi debajo de la higuera", crees. Verás cosas más grandes todavía».

Y agregó: «Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el, Hijo del hombre».

 

Palabra del Señor.

 

Reflexión

 

Apoc. 12, 7-12. Alegrémonos, y junto con nosotros alégrese la creación entera, porque el Señor se ha levantado victorioso sobre la antigua serpiente, llamada Diablo y Satanás. Miguel la ha vencido no por su propio poder, sino por el poder de la Sangre del Cordero Inmaculado. Así el Diablo ha sido expulsado para siempre del cielo.

Los que aceptamos a Cristo en nuestra vida y nos hacemos uno con Él participamos de su Victoria, lograda mediante su Misterio Pascual. Si somos sinceros en nuestra fe también de nosotros será expulsado Satanás, no por nuestro poder ni por nuestro trabajo personal, sino por el poder de Dios, que actúa en nosotros.

A partir de la Victoria de Cristo, hecha Victoria de su Iglesia, debemos convertirnos en testigos de la salvación que Dios ofrece a todos; el Señor nos ha enviado no ha luchar contra nuestros hermanos, sino contra el poder del mal que se ha adueñado de muchos corazones. Entonces, por el poder de Cristo que actúa en la Iglesia, Satanás caerá del cielo como un rayo y día a día irá surgiendo una humanidad renovada en Cristo.

Dios ha concedido a su Iglesia el poder de pisotear serpientes y escorpiones. Trabajemos por hacer realidad entre nosotros el Reino de Dios, sin acobardarnos, ya que, teniendo con nosotros a Cristo, ningún mal nos hará daño; pues en verdad: ¿quién como Dios?

 

Sal. 138 (137). Que el Señor reciba nuestros cantos de alabanza y de acción de gracias delante de sus ángeles, pues está muy por encima de todos los dioses, que ni son dioses, pues son hechura de manos humanas.

Nosotros nos sentimos honrados por el amor que Dios nos tiene, y por su lealtad hacia nosotros a pesar de que nuestros caminos no han sido siempre rectos ante Él. Por eso, en el Templo, lugar en que el Señor habita entre nosotros, bendigamos la misericordia que nos ha manifestado por medio de Jesús, su Hijo nuestro Señor. Y puesto que además el Señor ha hecho su morada en nuestros corazones, hagamos de toda nuestra vida una continua alabanza en honor de su santo Nombre.

 

Jn. 1, 47-51. Dios nos ha enviado a su propio Hijo para que quienes, por medio de la fe, entremos en comunión de vida con Él, vivamos como verdaderos hijos de Dios sin doblez.

Dios sabe de nuestra cercanía a Él. Él nos contempla aún antes de que iniciemos nuestro camino que nos lleve a encontrarnos y a unirnos a Él. Esforcémonos continuamente en escuchar con fidelidad su Palabra para que, en verdad, seamos dignos de contemplar y gozar lo máximo que Dios puede ofrecernos: su Gloria como hijos en el Hijo.

Jesús se ha convertido para nosotros como en la Scala Sancta (Escalera Santa) por la cual podemos llegar a la posesión de los Bienes que nuestro Padre Dios ha reservado para lo que le viven fieles.

Fuera de Jesús no hay otro Camino que nos conduzca al Padre, no hay otro camino que nos haga conocer el amor de Dios. Por Él suben los mensajeros divinos para experimentar el amor de Dios y volver después a sus hermanos para proclamarles lo que sus ojos vieron, lo que sus oídos oyeron, lo que sus manos tocaron, lo que en su vida experimentaron acerca del Hijo de Dios, acerca del amor que Dios nos tiene, y acerca de los bienes que Dios ha reservado para nosotros.

Nadie puede pretender convertirse en mensajero de la Buena Nueva, si antes no ha subido a Dios mediante la oración, meditación y experiencia de su Palabra, pues sólo quienes vienen del Desierto Sonoro, donde sólo se ha vivido en intimidad con Dios, pueden darnos testimonio de Él, ya que no son los sabios conforme a los criterios de este mundo, sino los santos quienes pueden colaborar para que la salvación llegue a nosotros.

Celebrando en esta Eucaristía la festividad de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, celebramos al mismo Dios que ha santificado, por medio de Jesús, incluso a los mismos espíritus celestes, pues nadie puede ver ni gozar de Dios sino por medio de Jesús, ya que no hay otro Nombre en el cielo (para los espíritus celestes) ni en la tierra (para los hombres) mediante el cual se pueda alcanzar la salvación.

Se está a favor o en contra de Jesús; quien lo acepta y está dispuesto a hacer su voluntad, alcanza la perfección, la santidad que nos viene por medio de Él.

Nosotros, mientras caminamos por este mundo, decidimos hacer nuestra la fe en Jesús y entrar en comunión de vida con Él. Vivimos la fe en un constante vaivén de fidelidad-infidelidad-fidelidad. Terminado nuestro camino por este mundo no habrá posibilidad de rectificación de aquello que, finalmente hayamos decidido. Entonces quedaremos estables en un punto de perfección o imperfección; entonces, por medio de Cristo, habremos subido para estar con el Señor eternamente; o por nuestro rechazo de Cristo habremos descendido para alejarnos para siempre de Él; finalmente Él hará que muchos caigan o se levanten convirtiéndose, así, en signo de contradicción.

Ojalá y que nuestra unión con el Señor en esta Eucaristía no sea sólo un haber venido a su presencia movidos por la tradición cristiana, sino por la frescura del amor que nos lleve a entrar en comunión de Vida con Cristo para iniciar un camino que nos haga ser, día a día, un signo cada vez más claro del Amor de Dios y de su Vida, de su Salvación que se hace entrega en favor de todos por medio de su Iglesia; entonces, nuestra Comunidad de Fe, será, por su unión con Cristo, la forma que la Providencia ha querido regalar a la humanidad para que todos puedan subir, acercarse, tener acceso a Aquel que es la Vida, el Amor, la Paz, la Gloria que se ofrece a toda la humanidad.

Dios, habiéndonos llenado de su Vida, de su Amor, de su Misericordia; finalmente llenándonos de su Presencia, quiere que vayamos a nuestras labores diarias como mensajeros suyos, llevando todos estos dones a todas las personas.

Quien vive como mensajero de la destrucción y de la muerte quiere decir que, aun cuando aparentemente se une a Dios mediante el Culto en comunidad y la oración personal, finalmente ha unido su vida al mal y no a Dios, que es la Bondad misma.

Tratemos de no ser mensajeros de malas, sino de la Buena Noticia del amor misericordioso de Dios. Que llevemos ese mensaje de salvación no sólo con los labios, sino con las obras, con las actitudes y con la vida misma. Entonces, en verdad, estaremos colaborando para que, quienes entren en contacto con nosotros, puedan acercarse cada día más a Dios con un corazón que no sólo se purifique del mal, sino que se llene de la presencia del mismo Dios para pasar, por esta vida, haciendo el bien a todos.

Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de nuestra Madre, la Santísima Virgen María, y de los santos Arcángeles que hoy celebramos, la gracia de tener una fuerte experiencia personal de Cristo en nosotros, de tal forma que, en verdad, seamos portadores de la vida de la gracia que Dios quiere que llegue a todos los pueblos. Amén.

 

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