¡Alégrate, el Señor está contigo!

 

Liturgia - Lecturas del día

 

 

Lunes, 24 de septiembre de 2018

 

El hombre perverso es abominable para el Señor

 

Lectura del libro de los Proverbios

3, 27-34

 

No niegues un beneficio al que lo necesite,

siempre que esté en tus manos hacerla.

No digas a tu prójimo: «Vuelve después,

mañana te daré», si tienes con qué ayudarlo.

No trames el mal contra tu prójimo,

mientras vive confiado junto a ti.

No litigues con un hombre sin motivo,

si no te ha causado ningún mal.

 

No envidies al hombre violento

ni elijas ninguno de sus caminos.

Porque el hombre perverso es abominable para el Señor,

y Él reserva su intimidad para los rectos.

La maldición del Señor está en la casa del malvado,

pero Él bendice la morada de los justos.

El se burla de los insolentes

y concede su favor a los humildes.

 

Palabra de Dios

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                    14, 2-4b. 5

 

R.    ¿Quién habitará en tu Casa, Señor?

 

El que procede rectamente

y practica la justicia;

el que dice la verdad de corazón

y no calumnia con su lengua. R.

 

El que no hace mal a su prójimo

ni agravia a su vecino,

el que no estima a quien Dios reprueba

y honra a los que temen al Señor. R.

 

El que no se retracta de lo que juró,

aunque salga perjudicado;

el que no presta su dinero a usura

ni acepta soborno contra el inocente.

El que procede así nunca vacilará. R.

 

 

 

EVANGELIO

 

La lámpara se coloca sobre un candelero,

para que los que entren vean la luz

 

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Lucas

8, 16-18

 

Jesús dijo a sus discípulos:

No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado.

Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener.

 

Palabra del Señor.

 

Reflexión

 

 

Proverbios 3, 27-34: Durante dos semanas leeremos en Misa una pequeña selección de los Libros Sapienciales, esos libros en que se nos invita a una reflexión entre humana y creyente sobre la historia y la vida.

En ellos hablan aquellos "sabios" del AT que guiaron a su pueblo y prepararon la venida de Jesús, el auténtico Maestro y Sabio.

Empezamos leyendo durante tres días unos pasajes del Libro de los Proverbios, hecho de centenares de frases breves, atribuidas a Salomón o a otros sabios del AT y que, basándose en la fe en Dios, pero también en el buen sentido y en la experiencia de la vida, nos quieren orientar en nuestra conducta de cada día.

La página de hoy se refiere a nuestra relación con el prójimo, con exhortaciones que escuchamos muchas veces también en el NT:

"no niegues un favor a quien lo necesita", "si tienes, no digas al prójimo: anda, vete, mañana te lo daré", "no trames daños contra tu prójimo", "no envidies al violento ni sigas su camino"...

Una idea muy subrayada es que Dios no es amigo de los malvados. Estos pueden reírse de todos, incluso de Dios, pero al final "Dios se burla de los burlones y concede su favor a los humildes". Es la idea que recoge el salmo. El justo es el que acierta en la vida, a pesar de que parezca que los cínicos se salen con la suya: "el que procede honradamente... el que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino... el que así obra, nunca fallará".

Todos quisiéramos la verdadera sabiduría, para caminar por esta vida sobre seguro, sin equivocar la dirección.

Tenemos a Cristo Jesús como al Maestro auténtico, pero también nos aprovechamos de las reflexiones de esos sabios del AT que nos ayudan a caminar por el sendero de la verdadera felicidad.

Las recomendaciones a una caridad concreta -sin dejar la ayuda al prójimo para mañana- y a no envidiar la suerte de los malvados, pueden resultarnos también útiles a nosotros. Claro que, al escucharlas, nos acordamos de las motivaciones más plenas que nos dio Jesús: "amaos como yo os he amado"... "a mí me lo hicisteis". Y nos sentimos todavía más estimulados para imitar su estilo de vida en la jornada de hoy. Si seguimos esas orientaciones se podrá repetir lo del salmo: "el que así obra, nunca fallará".

 

J. Aldazabal

 

Lc. 8, 16-18. El Señor ha sembrado en nuestros corazones su Palabra, que nos santifica. Ojalá y esa Palabra sea fecunda y produzca en nosotros abundantes frutos de los que no sólo disfrutemos nosotros, sino que también otros se alimenten de ellos para que tengan vida en abundancia. La vida que hemos recibido de Dios, vida que nos ha iluminado sacándonos de nuestras tinieblas y esterilidades, no puede ocultarse cobardemente, ni puede vivirse como si fuera de un grupo cerrado incapaz de dar vida a los demás. El Señor nos quiere apóstoles, capaces de llevar su vida, su salvación a todos. Él nos envía a todo el mundo, hasta sus últimos rincones, para que el don de la salvación que se nos ha comunicado, pueda iluminar la vida de todos los hombres, y puedan, todos, caminar a la luz del Señor, ya no como enemigos, ni como esclavos del pecado, sino como hijos de Dios, purificados gracias a la Sangre del Cordero inmaculado. Aquel que se convierta en mensajero de salvación recibirá en abundancia los dones que Dios quiere hacer llegar a todos. A aquel que quiera llevar su vida con una piedad personalista, pensando que mientras uno se salve no importa que los demás se condenen, finalmente a ese se le quitará aquello que pensaba poseer, pues sólo serán dignos de estar junto con Cristo en su Gloria aquellos que hayan hecho de su vida un fruto que alimente a los demás mediante su trato correcto, su preocupación por los desvalidos, y su misericordia hacia los que han fallado.

Cristo, Luz de las naciones, se hace presente entre nosotros con toda la fuerza salvadora de su Pascua mediante este Sacramento de su amor, que estamos celebrando. Él no sólo ilumina nuestra vida, sino que también nos convierte a nosotros en luz de las naciones. Efectivamente la luz de Cristo resplandece sobre el rostro de la Iglesia. Unidos a Él participamos de toda la Vida que el Padre Dios nos ofrece por medio de su Hijo. La Iglesia debe ser, ante el mundo, el Sacramento, o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano, iniciándose así, ya desde ahora, el Reino de dios entre nosotros. Entrar en comunión con Cristo, mediante la participación en su Misterio Pascual, no puede considerarse simple y sencillamente un acto de piedad personal, sino más bien todo un compromiso que debe hacernos esforzar denodadamente para que el Reino de Dios se haga realidad ya desde ahora entre nosotros.

La Palabra y la Vida que Dios ha sembrado en nosotros no son para quedarse escondidas bajo nuestras cobardías, sino para que broten y produzcan abundantes frutos de salvación, pues el Señor no quiere que seamos terrenos inútiles, incapaces de hacer que la vida de Dios se haga vida nuestra, sino que, a impulsos del Espíritu Santo realicemos obras que manifiesten la bondad, la salvación, la misericordia y la paz que Dios, por medio nuestro quiere continuar ofreciendo al mundo. Es así, dando luz, como nosotros colaboramos a la salvación de nuestros hermanos. Es menos pecador el que nunca ha encendido su luz en las tinieblas que aquel que, encendiéndola, la ha ocultado evitando que los demás sean iluminados por ella. Creer en Cristo y actuar como si no creyéramos en Él tal vez nos haga del agrado del mundo, pero no de Dios, que nos quiere colaboradores en el bien, y no cómplices de la maldad. Iluminados por el Señor, convertidos por Él en luz de las naciones, cobremos en Él tal fortaleza mediante la oración, que la meditación de su Palabra nos lleve a vivirla y testificarla con la fuerza que nos infunde la presencia de su Espíritu en nosotros, de tal modo que, a pesar de la fuerza de los vientos contrarios, no nos apaguemos, sino que continuemos brillando como punto de referencia del actuar en la bondad, en la justicia, en la rectitud, en la generosidad, en la misericordia, en el amor verdadero para el mundo entero.

Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de ser, unidos a Jesucristo, luz que ilumine el camino de quienes, viviendo en las tinieblas del pecado y del error, necesitan de quien les ayude a encontrar el camino de la salvación, del amor y de la paz. Amén.

 

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