¡Alégrate, el Señor está contigo!

 

Liturgia - Lecturas del día

 

 

Domingo, 31 de diciembre del 2017
LA SAGRADA FAMILIA

Fiesta - Blanco

Génesis 15, 1-6; 17, 5; 21. 1-3

 / Hebreos 11, 8.11-12. 17-19 /

Lucas 2, 22-40
Salmo responsorial   Sal 104, 1b-6. 8-9
R/.  "¡El Señor, se acuerda eternamente de su Alianza!”

 

Santoral:

San Silvestre I, Santa Melania,

Santa Colomba y San Mario

 

 

LECTURAS DEL DOMINGO 31 DE DICIEMBRE DE 2017

 

 

LA SAGRADA FAMILIA

DE JESÚS, MARÍA y JOSÉ

  

Tu heredero será alguien que nacera de ti

 

Lectura del libro del Génesis

15, 1-6; 17, 5; 21. 1-3

 

En aquellos días, la palabra del Señor llegó a Abrám en una visión, en estos términos:

«No temas, Abrám.

Yo soy para ti un escudo.

Tu recompensa será muy grande».

«Señor, respondió Abrám, ¿para qué me darás algo, si yo sigo sin tener hijos, y el heredero de mi casa será Eliezer de Damasco?» Después añadió: «Tú no me has dado un descendiente, y un servidor de mi casa será mi heredero».

Entonces el Señor le dirigió esta palabra: «No, ése no será tu heredero; tu heredero será alguien que nacerá de ti». Luego lo llevó afuera y continuó diciéndole: «Mira hacia el cielo y, si puedes, cuenta las estrellas». Y añadió: «Así será tu descendencia».

Abrám creyó en el Señor, y el Señor se lo tuvo en cuenta para su justificación. Y le dijo: «Ya no te llamarás más Abrám: en adelante tu nombre será Abraham, para indicar que Yo te he constituído Padre de una multitud de naciones».

El Señor visitó a Sara como lo había dicho, y obró con ella conforme a su promesa.En el momento anunciado por Dios, Sara concibió y dio un hijo a Abraham, que ya era anciano. Cuando nació el niño que le dio Sara. Abraham le puso el nombre de Isaac.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                   104, 1b-6. 8-9

 

R.    El Señor, se acuerda eternamente de su Alianza.

 

¡Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,

hagan conocer entre los pueblos sus proezas;

canten al Señor con instrumentos musicales,

pregonen todas sus maravillas! R.

 

¡Gloríense en su santo Nombre,

alégrense los que buscan al Señor!

¡Recurran al Señor y a su poder,

busquen constantemente su rostro! R.

 

¡Recuerden las maravillas que Él obró,

sus portentos y los juicios de su boca!

Descendientes de Abraham, su servidor,

hijos de Jacob, su elegido. R.

 

Él se acuerda eternamente de su alianza,

de la palabra que dio por mil generaciones,

del pacto que selló con Abraham,

del juramento que hizo a Isaac. R.

 

 

 

La fe de Abraham, de Sara y de Isaac

 

Lectura de la carta a los Hebreos

lo

 

Hermanos:

Por la fe, Abraham, obedeciendo al llamado de Dios, partió hacia el lugar que iba a recibir en herencia, sin saber a dónde iba. También por la fe, Sara recibió el poder de concebir, a pesar de su edad avanzada, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía. Y por eso, de un solo hombre, y de un hombre ya cercano a la muerte: nació una descendencia numerosa como las estrellas del cielo e incontable como la arena que está a la orilla del mar.

Por la fe, Abraham, cuando fue puesto a prueba, presentó a Isaac como ofrenda: él ofrecía a su hijo único, al heredero de las promesas, a aquél de quien se había anunciado: «De Isaac nacerá la descendencia que llevará tu nombre». Y lo ofreció, porque pensaba que Dios tenía poder aún para resucitar a los muertos. Por eso recuperó a su hijo, y esto fue como un símbolo.

 

Palabra de Dios.

 

 

 

EVANGELIO

 

El niño crecía, lleno de sabiduría

 

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Lucas

2, 22-40

 

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor». También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:

 

«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz,

como lo has prometido,

porque mis ojos han visto la salvación

que preparaste delante de todos los pueblos:

luz para iluminar a las naciones paganas

y gloria de tu pueblo Israel».

 

Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos».

Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con Él.

 

Palabra del Señor. 

 

Reflexión

 

 

EL AMOR SAGRADO HACE A LA FAMILIA SAGRADA

1.- José y María, la madre de Jesús, estaban admirados de lo que se decía del niño… El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba. Poco, casi nada, sabemos de la vida de José, María y el Niño, mientras vivieron en Nazaret. Y, cuando Jesús comienza su vida pública, es el mismo Jesús el que nos dice que su familia es “toda persona que cumple la voluntad de Dios”. Cumplir la voluntad de Dios es cumplir el mandamiento nuevo de Jesús, “amarnos unos a otros como él nos amó”. Si, como nos dice San Pablo, en su carta a los Colosenses, “el amor es el ceñidor de la unidad consumada”, hoy debemos pensar que fue el amor sagrado el que hizo sagrada a la Sagrada Familia. En esta fiesta de la Sagrada Familia, nosotros debemos pedir a Dios por todas las familias cristianas, para que hagan del amor el soporte y el vínculo de su unidad familiar. Sólo así las familias cristianas podrán ser, con todas sus limitaciones, familias sagradas, como lo fue la Familia Sagrada de Nazaret.

2.- El que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor le escucha. La familia parental está formada por padres, hijos, y nietos; tíos, primos y sobrinos. Yo creo que, si tuviéramos que dar una medalla a la mejor institución de la historia, deberíamos dársela a la familia parental. Nadie ha hecho más por el niño, el joven, el adulto, el viejo, que la familia parental. Con todos sus defectos, limitaciones y excepciones, cuando tenemos problemas físicos, psicológicos, económicos, sociales, al final siempre queda y, en muchos casos, sólo queda, la familia. La familia es siempre la primera que nos ayuda, nos comprende, nos defiende, nos corrige, nos anima, nos ama. Demos hoy, especialmente, gracias a Dios por la existencia de la familia parental. Y defendámosla.

3.- Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Hablando desde una fe religiosa y para personas religiosas, debemos también afirmar la bondad de la familia eclesial, vivida dentro de una parroquia. De la primera Iglesia doméstica que fue nuestra casa familiar, pasamos, de la mano de nuestros padres, a la iglesia de nuestra parroquia; allí empezamos a rezar comunitariamente las oraciones comunes de la Iglesia, allí recibimos los primeros sacramentos, allí le hemos confesado a Dios, en secreto, nuestros pecados, y le hemos contado nuestras angustias y nuestros anhelos más íntimos. También allí, con todas las limitaciones y excepciones que cada uno pueda tener, hemos alimentado nuestra fe y mantenido nuestra esperanza cristiana. Alabemos a Dios por todos los bienes que hemos recibido, desde nuestra parroquia cristiana. Y como miembros vivos de esta familia parroquial, ayudemos a nuestra parroquia a mantenerse cada vez más viva y cristiana, dándole gracias a Dios con salmos, himnos y cánticos espirituales.

4.- Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestros corazones; a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo, (que es la Iglesia). Cristo vivió y murió por todos y para todos. En la Iglesia de Cristo caben todas las personas de buena voluntad. De la iglesia parroquial debemos pasar a la Iglesia universal. Por amor a Cristo, y como buenos discípulos de Cristo, amamos a todas las personas como a hermanos, como a miembros de nuestra familia. Y no olvidemos que en la familia parental y en la familia eclesial siempre se ama más al que más lo necesita; amemos, por tanto, con especial atención y esfuerzo a las personas que más sufren dentro de iglesia parroquial y de la Iglesia universal, que quiere ser la familia humana en general. No hagamos distinción de razas, ni de lenguas; amemos a todos, porque todos son de nuestra familia, de la Iglesia que quiere reunir Cristo sobre la tierra. La Iglesia de Cristo quiere ser católica, es decir, universal, todas las iglesias particulares forman parte de la Iglesia universal, que es el cuerpo de Cristo. Amenos a todos como Cristo nos amó.

 

Gabriel González del Estal

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LA FAMILIA, HOGAR QUE ACOGE, ACOMPAÑA Y SANA

1.- Primera escuela de valores. Vivimos una época de muchos cambios y transformaciones que han afectado también a la familia. Las encuestas, sin embargo, ponen de relieve que seguimos valorando altamente la familia, que sigue siendo una referencia esencial en nuestras vidas. Pero múltiples peligros acechan su estabilidad: problemas de convivencia, nuevos hábitos laborales, situaciones d riesgo para los hijos, falta de referencias educativas sólidas, malos tratos, crisis del compromiso estable… La familia de Nazaret es un modelo universal para todos los tiempos. Las difíciles circunstancias en las que Jesús creció fueron solventadas con el amor y la entrega mutua. Así lo contemplamos en el evangelio de hoy: María y José no comprendían lo que les quería decir Jesús. A muchos padres les cuesta también comprender a sus hijos, no saben qué hacer con sus hijos adolescentes. El hogar es la primera escuela, la iglesia doméstica, donde el niño aprende lo que observa de los padres, es el lugar privilegiado para la iniciación en la fe. La familia satisface las necesidades básicas de todo ser humano. Todos tenemos la necesidad de amar y ser amado, necesidad de ser válidos, necesidad de ser autónomos y necesidad de vivir en pertenencia. La familia nos da seguridad: necesitamos sentirnos incluidos y que nos lo recuerden. Da la impresión de que muchos hijos de hoy sienten que pertenecen más a las abuelas o a su profesor que a los padres, pues ellos suelen pertenecer a su trabajo más que a nadie. Los abuelos, a su vez, tienen la sensación de que son una carga para sus hijos. El Libro del Eclesiástico recuerda la obligación de todo hijo de honrar a su padre, que incluye no abandonarle.

2.- Educar con amor y dedicación “Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres”. Nunca ha sido fácil la educación de los hijos, sin embargo hoy parece una tarea más difícil. Hay que predicar con el ejemplo…. A veces se les da todo, sin darse cuenta de lo que implica. Los hijos se creen que todo les es debido. Esto ocurre cuando los padres son demasiado protectores. Ante todo, los padres son los primeros educadores de sus hijos y deben ir con el ejemplo por delante. ¿Qué es educar? Educar es tratar a cada hijo como persona distinta, diferente, independiente y libre. Hay que aceptar la individualidad que es sagrada y permitirle ser él mismo, seguir su camino, su vocación. Educar es estar atentos a reforzar y alentar cuanto de positivo tenga el educando, aunque debe evitarse elogiar por todo y a cada momento, dando la sensación de que se le está juzgando constantemente. Educar es descartar las etiquetas, las frases destructivas (“me avergüenzo de ti, eres un desastre, no serás nada en la vida, cada día vas peor…”). Estos juicios negativos causan verdaderos estragos en la autoestima, bloquean su seguridad y aumentan la culpabilidad. Y educar no es no es pasarse entre los esposos las culpas de la malacrianza de los hijos. Es asumir cada cual su parte de error y poner remedio cuanto antes. Educar no es que un padre consienta todo mientras el otro se muestra intransigente, pues se confunde y desorienta al educando. Educar no es aplicar parámetros distintos según el buen o mal humor del momento. Es asumir valores y tener buenas raíces. Es poner mucho amor, dedicación y entrega.

3.- Lugar privilegiado para acoger, acompañar y sanar. La experiencia de muchas personas es que el primer lugar en el que somos acompañados es la familia. Es el lugar seguro donde encontramos el calor humano, el apoyo incondicional, el consejo adecuado y la protección necesaria en las dificultades. En los momentos de crisis económica y de valores, la familia sigue siendo un valor en alza. Es Cristo quien nos enseña el arte de acoger, acompañar y curar. En la cercanía y trato personal se ejercita la paciencia de escuchar a los demás. El fundamento de todo acompañamiento es el deseo del amor verdadero. El cultivo de las relaciones interpersonales, viviendo, conversando, transmitiendo las claves del sentido de la vida y de la felicidad. Pero la familia necesita la protección de los gobiernos y de la sociedad. También el apoyo de la Iglesia…. Por eso, la subcomisión del episcopado español para la familia y la defensa de la vida nos hace ver que “es urgente el acompañamiento de los matrimonios que sufren porque no vienen los hijos, de las familias que padecen situaciones dramáticas como la separación, el divorcio, el aborto, la soledad, la enfermedad, la muerte, la guerra… Tantas y diferentes situaciones en las que se agradece tanto la presencia y la compañía de los amigos, de las familias que no abandonan a las personas.

 

José María Martín OSA

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¡BENDICE NUESTRAS FAMILIAS!

¡Algo santo y bueno tiene la familia cuando, el Señor, quiso nacer en una de ellas!

1.- *Bendigamos a Dios por esta gran institución en la que, siendo pequeños, recibimos el calor, el amor y el cuidado de nuestros padres.

*Bendigamos a Dios por esta iglesia doméstica, donde aprendimos los grandes valores de la vida

*Bendigamos a Dios por esta comunidad de fe, la familia, en la que nuestros padres nos han enseñado que, el cielo, es el hogar definitivo; que existe un Padre que nos ama con locura; un Hijo que murió por salvarnos y un Espíritu que nos anima y nos empuja para ser buenos cristianos.

*Bendigamos a Dios porque, a pesar de los avatares que está padeciendo, tarde o temprano –la familia– volverá a ser el alma, la recuperación, el futuro y la salud de nuestra sociedad. Porque, en la resistencia activa, es donde viene el triunfo de la verdad sobre la mentira.

*Bendigamos a Dios, en este día de la Sagrada Familia, porque en Belén se nos descubre que, la familia, es perdón, amor, comprensión, crecimiento, gratuidad y ganas de salir al encuentro de los demás.

2.- Celebrar, en el marco de la Navidad, el día de la Sagrada Familia, es dejar que espontáneamente surja un canto de agradecimiento al Señor por aquellos que hemos tenido la suerte y la alegría de nacer y crecer en una familia.

Estamos viviendo un mar de confusión en muchos aspectos. Por ello mismo, la familia, tal y como una inmensa mayoría la entendemos, siempre será aquel lugar donde responsablemente nacen y crecen los hijos bajo la autoridad, responsabilidad, compromiso y cercanía de los padres.

-No faltarán complicaciones: pero la fe saldrá a su encuentro

-Surgirán momentos de incomprensión: el perdón se hará gran aliado y buen bálsamo para las heridas

-Brotarán instantes de incertidumbre y hasta múltiples crisis: pero el viento de la constancia, de la caridad y de la prudencia, logrará que se disipen los nubarrones que impiden ver el sol.

-Bendigamos a Dios, de todo corazón, por la familia. En ella nos situamos ante el mundo. Sin ella, el mundo, las ideologías, la sociedad, nos roban nuestra intimidad y hasta nuestra personalidad.

3.- El Señor, en Belén, nació con un sello indiscutible: IMPRONTA DEL DIOS VIVO. No podemos consentir que, nada ni nadie, usurpe lo que es genuino y derecho de toda familia: educar según los sentimientos y pensamiento de los padres.

José y María, para Jesús, quisieron y buscaron lo mejor. Avisados en sueños de las intenciones de Herodes, dieron con un lugar seguro para que, Jesús, pudiera un día cumplir su misión.

4.- También nosotros, miles y miles de familias, somos avisados por el ángel del Señor para que seamos responsables en el cuidado de la educación de los hijos; para que no caigamos bajo las garras de los “nuevos Herodes” que intentan construir y manipular marionetas, donde existen conciencias y personas.

Que la Sagrada Familia nos haga ser fuertes, valientes y decididos. Que este año, a punto de expirar, sea para nosotros una llamada a tomar conciencia del papel que hemos de jugar todos por recuperar, fortalecer y dar más vigor a nuestras familias en el conjunto de la sociedad.

5.- Una familia; Jesús, José y María, han logrado cambiar la fisonomía, el corazón, la cultura y el pensamiento de millones de personas y de decenas de países. Que nuestras familias, con una buena salud espiritual, sean también una aportación a la paz y a la energía general de nuestra sociedad.

Dios nos acompaña en ese cometido. ¡Feliz Navidad en familia!

 

Javier Leoz

www.betania.es