¡Alégrate, el Señor está contigo!

 

Liturgia - Lecturas del día

 

 

Domingo, 28 de enero de 2018

DOMINGO 4º DEL TIEMPO ORDINARIO

Deuteronomio 18, 15-20 / 1 Corintios 7, 32-35 /

Marcos 1, 21-28

Salmo Responsorial  Sal 94, 1-2. 6-9

R/.  "Ojalá hoy escuchen la voz del Señor"

 

Santoral:

Santo Tomás de Aquino 

  

LECTURAS DEL DOMINGO 28 DE ENERO DE 2018

  

 

DOMINGO 4º DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca

 

Lectura del libro del Deuteronomio

18, 15-20

 

Moisés dijo al pueblo:

El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo; lo hará surgir de entre ustedes; de entre tus hermanos, y es a Él a quien escucharán. Esto es precisamente lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea, cuando dijiste: «No quiero seguir escuchando la voz del Señor, mi Dios, ni miraré más este gran fuego, porque de lo contrario moriré».

Entonces el Señor me dijo: «Lo que acaban de decir está muy bien. Por eso, suscitaré entre sus hermanos un profeta semejante a ti, pondré mis palabras en su boca, y él dirá todo lo que Yo le ordene. Al que no escuche mis palabras, las que este profeta pronuncie en mi Nombre, Yo mismo le pediré cuenta. Y si un profeta se atreve a pronunciar en mi Nombre una palabra que Yo no le he ordenado decir, o si habla en nombre de otros dioses, ese profeta morirá».

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                                               94, 1-2. 6-9

 

R.    Ojalá hoy escuchen la voz del Señor

 

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,

aclamemos a la Roca que nos salva!

¡Lleguemos hasta Él dándole gracias,

aclamemos con música al Señor!  R.

 

¡Entren, inclinémonos para adorarlo!

¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!

Porque Él es nuestro Dios,

      y nosotros, el pueblo que Él apacienta,

las ovejas conducidas por su mano.  R.

 

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:

«No endurezcan su corazón como en Meribá,

como en el día de Masá, en el desierto,

cuando sus padres me tentaron y provocaron,

      aunque habían visto mis obras».  R.

 

 

La virgen se preocupa de las cosas del Señor;

tratando de ser santa

 

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto

7, 32-35

 

Hermanos:

Yo quiero que ustedes vivan sin inquietudes. ¡El que no tiene mujer se preocupa de las cosas del Señor, buscando cómo agradar al Señor. En cambio, el que tiene mujer se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su mujer, y así su corazón está dividido.

También la mujer soltera, lo mismo que la virgen, se preocupa de las cosas del Señor, tratando de ser santa en el cuerpo y en el espíritu.

La mujer casada, en cambio, se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su marido.

Les he dicho estas cosas para el bien de ustedes, no para ponerles un obstáculo, sino para que ustedes hagan lo que es más conveniente y se entreguen totalmente al Señor.

 

Palabra de Dios.

 

 

 

EVANGELIO

 

Les enseñaba como quien tiene autoridad

 

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Marcos

1, 21-28

 

Jesús entró en Cafamaúm, y cuando llegó el sábado, fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Y había en la sinagoga de ellos un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar; «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios».

Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre». El espíritu impuro lo sacudió violentamente, y dando un alarido, salió de ese hombre.

Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y éstos le obedecen!» Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.

 

Palabra del Señor.

 

 

Reflexión

 

 

JESÚS PREDICABA Y CURABA

1.- Se quedaron asombrados de su doctrina porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad… Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y obedecen. En los evangelios podemos leer más de una vez que Jesús mandó a sus discípulos a ir por el mundo predicando la Buena Noticia y curando a los enfermos. Y nosotros, los cristianos, debemos pensar también esto: que Jesús nos manda no sólo a enseñar con palabras, sino en muchos casos a curar las enfermedades de las personas. La palabra “curar” no debemos entenderla solamente aplicada a la sanación de enfermedades físicas, sino a la curación de cualquier clase de enfermedades, tanto físicas, como psicológicas, o espirituales. Muchas enfermedades que padecemos las personas son psicofísicas. Una persona bipolar, por poner sólo un ejemplo, es un enfermo al que debemos intentar curar de su enfermedad. Hoy día, como en tiempo de Jesús, aunque en distintas formas, hay muchas personas que parecen estar físicamente sanos, pero que de hecho sufren y padecen mucho interiormente. A todos los cristianos nos manda Jesús enseñar y curar. Cada uno de nosotros debemos acercarnos a cualquier persona que sufre e intentar aliviar, o curar, su sufrimiento. Los cristianos tenemos la obligación de intentar imitar a Jesús “que pasó por el mundo haciendo el bien y curando a los poseídos por el diablo”, es decir, a todos los que padecían alguna enfermedad, de cualquier clase que fuera. Una nota distintiva de cualquier cristiano debe ser la misericordia y la compasión. La teoría, el dogma, es importante y distintiva de los cristianos, pero es más importante la misericordia y la compasión hacia el prójimo. El mandamiento nuevo no es predicar doctrina, sino amar al prójimo como Cristo nos amó a nosotros. Prediquemos y curemos, si de verdad queremos ser buenos discípulos de Jesús. Así lo hicieron todos los grandes santos del cristianismo, empezando por san Pablo y siguiendo por los grandes fundadores de órdenes y congragaciones religiosas: san Agustín, san Benito, san Francisco, santo Domingo, san Ignacio de Loyola, santa Teresa, san Juan de la Cruz, la madre Teresa de Calcuta y tantos otros más. Enseñaron con autoridad, como nos dice de Jesús el evangelio de este domingo. Hagamos nosotros lo mismo.

2.- Suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca. En este texto del Deuteronomio Moisés le dice a su pueblo que el Señor suscitará un profeta de entre sus hermanos, es decir, de entre el pueblo. La misión de un profeta es siempre hablar en nombre de Dios. Los profetas deben primero oír a Dios y después transmitir al pueblo lo que Dios les dice. Lo que no puede hacer un profeta es confundir sus propios intereses con los intereses de Dios. Esto es hacer política, o economía, pero no evangelio. Todos los catequistas y predicadores tenemos que tener esto muy en cuenta. Para ser un buen profeta cristiano lo primero que hay que ser es persona de oración y contemplación. Si no oramos mucho, no podemos estar muy seguros de que nuestra predicación sea palabra de Dios.

3.- Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor. “No endurezcáis vuestro corazón”. Todos los días y a todas las horas debemos vivir atentos a la voz del Señor. Dios nos habla de muchas maneras: a través de nuestra conciencia, a través de otras personas, a través de la vida ordinaria, a través de la naturaleza. En cada momento debemos saber lo que Dios quiere de nosotros, seamos solteros o casados, seamos socialmente más importantes o menos importantes. San Pablo, en este pasaje de su carta a los Corintios, se inclina a pensar que los que están totalmente dedicados a Señor y están libres de las preocupaciones familiares tienen más facilidad, menos preocupaciones, a la hora de servir a Dios. Pero, por supuesto, la familia es una institución santa y necesaria para la Iglesia; cada uno de nosotros tenemos nuestra vocación. No hagamos distinciones y que cada uno de nosotros escuchemos la voz del Señor y, con corazón dócil, procuremos ser fieles a nuestra vocación y servir al Señor lo mejor que sepamos y podamos d entro de nuestra vocación.

 

Gabriel González del Estal

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EL MAL PUEDE SER VENCIDO CON LA AYUDA DE JESÚS

1.- El profeta verdadero. En el libro del Deuteronomio Moisés anuncia al pueblo que el Señor suscitará un profeta, haciendo caso a la petición del pueblo en la asamblea del Horeb. En él escucharán la voz de Dios. El profeta transmitirá la Palabra de Dios, es un intermediario entre Dios y los hombres. El profeta no hablará por sí mismo, el propio Yahvé pondrá las palabras en sus labios. Hay en el texto una doble advertencia: en primer lugar contra aquellos que no quieren escuchar a los auténticos profetas, en segundo lugar contra los falsos profetas que se anuncian a sí mismos, o que "dicen palabras que yo no les he mandado". Clara alusión ésta a aquellos que se autoproclaman profetas y engañan al pueblo, La magia y la superstición es el intento humano de hacerse con Dios, de hacerse con la ciencia y el poder de Dios, la profecía es un servicio a la palabra que sale libremente de la boca de Dios. Dios es el único Señor. El profeta verdadero anuncia y denuncia, con el riesgo de no ser escuchado e incluso estará expuesto a la persecución, cuando avisa que la auténtica salvación viene de la conversión del corazón.

2.- El valor de la palabra. Hoy día, vivimos inundados de palabras. Cada mañana nos despertamos con las palabras que oímos en la radio o en la televisión, palabras que leemos en los periódicos. Palabras, palabras, palabras…. Sufrimos una auténtica "inflación verbal". No se valora la palabra como antes; cuando alguien decía “te doy mi palabra" sabíamos que podíamos fiarnos de esa persona. Hay muchos pregoneros de discursos fáciles o aprendidos, pero faltan los auténticos testigos. ¿Dónde están los profetas? Por sus hechos les conoceréis... Jesús habla con autoridad, porque confirma con sus hechos lo que pronuncian sus labios. Coherencia de vida es lo que debemos ofrecer los cristianos si queremos ser auténticos testigos de la Buena Noticia, pues “vale más un buen ejemplo que mil palabras". El seguidor de Jesús sabe que muchas veces no será escuchado, incluso será puesto en ridículo o perseguido por ser coherente con su fe. Cuentan que un cristiano acudía todos los días a proclamar su mensaje en la plaza, pero nadie le escuchaba. Alguien le dijo: "¿por qué pierdes tu tiempo, si nadie te hace caso?". Él contestó: “No importa, por lo menos el lanzar al viento mi mensaje me sirve para mantenerme fiel a mis principios e impide que los demás me obliguen a pensar como ellos".

3 – El mal existe y puede ser vencido. Jesús tiene que hacer frente a un espíritu inmundo, que grita "¿qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno?" Son las fuerzas del mal, las fuerzas oscuras que hay dentro de nosotros las que se oponen al mensaje liberador de Jesús. "¿Has venido a acabar con nosotros?". Es la victoria frente a las tuerzas del mal. En aquellos tiempos llamaban endemoniados a personas que simplemente sufrían ataques de epilepsia u otras enfermedades mentales. Pero hoy como ayer podemos ver las consecuencias que produce en nuestro mundo el pecado: muertes prematuras de personas inocentes, hambre, guerra, atentados terroristas, corrupciones por doquier, fanatismo político con ribetes espirituales. El mal existe, el espíritu del mal sigue actuando. El evangelista Marcos nos presenta la victoria de Jesús. Pero hace falta que nosotros estemos dispuestos a colaborar con Él en esta lucha. Es un combate que se desarrolla primero en nuestro propio interior cuando las fuerzas oscuras nos acosan, nos envuelven, nos ciegan y hasta nos derriban. Pero hemos de levantarnos, Dios está a nuestro favor, lucha con nosotros. El mal será vencido en nuestro interior, el egoísmo será desterrado de nuestra conducta si escuchamos la voz del Señor y no endurecemos nuestro corazón.

4 – Reconozcamos la “autoridad” de Jesús. Hemos de solidarizarnos con todos aquellos que se esfuerzan por crear unas condiciones de vida más justas y fraternas. No basta con hacer el bien individualmente, hay que unirse a todas aquellas iniciativas que hacen posible la construcción del reino de Dios. No se puede entender desde esta óptica que Pablo en la carta a los Corintios (es la segunda lectura) recomiende que no nos ocupemos de los asuntos de este mundo o que diga que el amor al cónyuge divide el corazón. Él lo dice desde una perspectiva escatológica, creyendo que el fin del mundo era inminente y que por tanto no merecía la pena ocuparse de cosas temporales. Sin embargo, sabemos que los cálculos de Pablo no se cumplieron. Pablo demostró a lo largo de su vida una gran preocupación por el trabajo cotidiano y nadie puede dudar de su dedicación en cuerpo y alma a la construcción del Reino frente al mal que acecha a nuestro mundo. El mal puede ser vencido con amor, nos dirá más adelante en la misma Primera Carta a los Corintios (capítulo 13). Reconozcamos la “autoridad” de Jesús, que nos ayuda a vencer al mal, y digamos con San Agustín: “Señor, mi Dios, sólo a ti amo. Sólo a ti te sigo. Sólo a ti te busco. Sólo a ti estoy listo para servir pues sólo tú gobiernas con justicia y yo deseo estar bajo tu autoridad" (Soliloquios 1,15).

 

José María Martín, OSA

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CUANDO ALGUNOS SE RETUERCEN

Seguimos, y muy de cerca, los primeros pasos de Jesús. Del “pasen y vean”, hoy cuarto domingo del Tiempo Ordinario, nos trasladamos a la fascinación por la peculiar enseñanza de Jesús. Añoramos, por mucho que algunos nos intenten convencer de lo contrario, la libertad con la que Jesús se expresaba: lo formulaba humanamente pero con una trascendencia divina. Hoy, en cambio, todo lo que “huela a divino” es postergado, orillado y cuando no… ridiculizado. ¿Dónde queda la libertad? ¿Sólo es para unos? ¿Sólo para aquellos que dicen a todo que “sí” y a nada que “no”?

1.- Si nos asomamos a los medios de comunicación (visual, auricular o escrito) difícilmente encontramos algo que nos sorprenda. Lejos de instruirnos lo único que intentan es adoctrinarnos. Lejos de hacerlo con autoridad (como Jesús lo concebía en un impresionante triple acorde FE/PALABRA/VIDA) pretenden diseñarnos otro estilo de vida desde la pura superficialidad o en fórmulas mágicas que luego se quedan en puras palabras, en sensacionalismo barato, en ruidos que nada dicen y en líneas maestras que luego resultan ser torcidas.

Por ello mismo, la Iglesia, siempre será un pequeño problema para la sociedad dominante (o para los domadores o anestesistas de la sociedad). Su autoridad (FE/VIDA/PALABRA) siempre será una llamada profética, un anuncio que sacuda conciencias, un aguijón con la única pretensión de que “el hombre inmundo” que se filtra por gobiernos, educación e información, cultura y plataformas mediáticas…..se deje guiar por una doctrina nueva, sabia y santa: el Evangelio. ¿Imposible? ¡No! ¿Exento de dificultades? ¡Tampoco! ¿Con luchas, incomprensiones y reacciones en su contra? ¿Acaso no las tuvo Aquel que hablaba y actuaba con máxima autoridad? ¿No las acogió, incluso con cintura, el mismo Jesús?

2.- Nos toca asistir a una realidad “poseída” por espíritus relativistas; pensamos que la autoridad suprema viene dada por los votos o por unas leyes. Creemos que, lo único válido y digno de ser tenido en cuenta, es lo legal, lo establecido, lo correctamente político. ¡Así nos va! Cuando la cultura tradicional mediterránea u occidental se empeña en apartar todo su entramado social de la relación con Dios (que es de donde viene toda auténtica autoridad) los resultados son o pueden ser catastróficos.

El hombre moderno, aunque nos parezca lo contrario, va buscando enseñanzas consistentes. Personas que, además de hacer bandera de ellas, las sepan transmitir desde dentro. ¿Y dónde está el secreto para trasladar aquellos convencimientos y pensamientos cristianos que sabemos pueden ser sal y luz o determinar un ambiente distinto al que vivimos? ¡Ni más ni menos que en nuestra relación personal con Dios! Empeñarnos en levantar un edificio sin cimientos es como pretender que un avión vuele sin motor. Reafirmar que el hombre puede vivir sin más leyes que las humanas, es tanto como dejar un crucero a la deriva en manos del capitán de turno. ¿Acaso no sería mejor dejarnos guiar por la fuerza de Dios, por las líneas maestras que Jesús pone sobre la mesa de nuestra vida?

3.- Solamente seremos luz ante el mundo cuando, lejos de dejarnos contaminar por tantos alientos que debilitan o atacan nuestra espiritualidad, nuestro ser Iglesia, nuestra identidad cristiana o nuestra militancia en Jesús y con Jesús, seamos escudos que detengan esos dardos envenenados que sólo tienen un fin: confundir, desacreditar, dar lo bueno como malo, lo noble como falso, lo santo como reliquia del pasado o a Dios como un ente inexistente.

¿Qué algunos se retuercen? Entonces es que vamos en la dirección adecuada. ¿Qué algunos permanecen indiferentes ante nuestra presencia? Entonces, seguramente, es que alguna flecha que otra, algún espíritu inmundo, se ha colado por las ventanas de nuestras almas y las ha dejado tibias o hasta congeladas.

¿Dónde está nuestro corazón? ¿En Dios? Entonces, en El, estará la fuente de nuestra inspiración, de nuestras palabras, de nuestra forma de ser…..de nuestra autoridad. ¿Lo reconocerán algunos o, tal vez, hace tiempo que desconectamos de ese arranque de vida y de gracia que es Dios?

 

Javier Leoz

www.betania.es