¡Alégrate, el Señor está contigo!

 

Liturgia - Lecturas del día

 

 

Domingo, 23 de Setiembre de 2018

DOMINGO 25° DEL TIEMPO ORDINARIO

Sabiduría 2, 12. 17-20 / Santiago 3, 16—4, 3

/ Marcos 9, 30-37

Salmo Responsorial, Sal 53, 3-6. 8

R/. "El Señor es mi apoyo verdadero"

 

Santoral:

San Constancio, San Pío de Pietrelcina, Santa Tecla,

San Andrés Fournet, Beatos Cristobal, Antonio

y Juan, mártires mexicanos

 

 

LECTURAS DEL DOMINGO 23 DE SETIEMBRE DE 2018

 

DOMINGO 25° DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Condenémoslo a una muerte infame

 

Lectura del libro de la Sabiduría

2, 12. 17-20

 

Dicen los impíos:

Tendamos trampas al justo, porque nos molesta

y se opone a nuestra manera de obrar;

nos echa en cara las transgresiones a la Ley

y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida.

Veamos si sus palabras son verdaderas

y comprobemos lo que le pasará al final.

Porque si el justo es hijo de Dios, Él lo protegerá

y lo librará de las manos de sus enemigos.

Pongámoslo a prueba con ultrajes y tormentos,

para conocer su temple y probar su paciencia.

Condenémoslo a una muerte infame,

ya que él asegura que Dios lo visitará.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL 53, 3-6. 8

 

R.    El Señor es mi apoyo verdadero

 

Dios mío, sálvame por tu Nombre,

defiéndeme con tu poder.

Dios mío, escucha mi súplica,

presta atención a las palabras de mi boca. R.

 

Dios mío, sálvame por tu Nombre,

porque gente soberbia se ha alzado contra mí,

hombres violentos atentan contra mi vida,

sin tener presente a Dios. R.

 

Pero Dios es mi ayuda,

el Señor es mi apoyo verdadero.

Te ofreceré un sacrificio voluntario,

daré gracias a tu Nombre, porque es bueno. R.

 

 

 

Un fruto de justicia se siembra pacíficamente

Para los que trabajan por la paz

 

Lectura de la carta de Santiago

3, 164, 3

Hermanos:

Donde hay rivalidad y discordia, hay también desorden y toda clase de maldad. En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, ante todo, pura; y además, pacífica, benévola y conciliadora; está llena de misericordia y dispuesta a hacer el bien; es imparcial y sincera. Un fruto de justicia se siembra pacíficamente para los que trabajan por la paz.

¿De dónde provienen las luchas y las querellas que hay entre: ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que combaten en sus mismos miembros? Ustedes ambicionan, y si no consiguen lo que desean, matan; envidian, y al no alcanzar lo que pretenden, combaten y se hacen la guerra. Ustedes no tienen, porque no piden. O bien, piden y no reciben, porque piden mal, con el único fin de satisfacer sus pasiones.

 

Palabra de Dios.

 

 

 

EVANGELIO

 

El Hijo del hombre va a ser entregado.

El que quiere ser el primero debe hacerse el servidor de todos

 

 

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Marcos

9, 30-37

 

Jesús atravesaba la Galilea junto con sus discípulos y no quería que nadie lo supiera, porque enseñaba y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará». Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.

Llegaron a Cafarnaúm y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: «¿De qué hablaban en el camino?» Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.

Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero debe hacerse el último de todos y el servidor de todos».

Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: «El que recibe a uno de estos pequeños en ni Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe no es a mí al que recibe sino a Aquél que me ha enviado».

 

Palabra del Señor.

 

Reflexión

 

 

EL DISCÍPULO DE JESÚS DEBE TENER CLARA SU VOCACIÓN DE SERVIDOR

1.- Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos. Como ya hemos dicho en otras ocasiones, y como todos vosotros sabéis, los discípulos de Jesús, antes de su muerte, creían en un Jesús Mesías triunfante y vencedor, que, por supuesto, era y sería el primero de todos en lo político, en lo social y en lo religioso. Por eso, discutían por el camino entre ellos quién de ellos iba a ser el primero, después de Jesús, en el reino del que Jesús sería el Rey y Jefe supremo. La respuesta de Jesús es clara y contundente: yo he venido a este mundo para servir, para salvar, para redimir a los hombres, no para ser jefe político y social de los demás; por eso, quien de vosotros quiera seguirme a mí debe tener clara su condición de servidor de los demás, no de jefe. El ejemplo que les pone de acoger a los niños hay que entenderlo también en este sentido: los niños en tiempo de Jesús no mandaban, confiaban en sus padres. Lo mismo nosotros, los discípulos de Jesús, debemos confiar en nuestro Padre Dios, y en su Hijo Jesucristo Y si Jesús vino para servir, no para mandar, los mismo debemos hacer nosotros, servir a los demás y confiar en Dios. Es evidente que en la vida ordinaria la persona adulta debe comportarse ante los demás como persona adulta, no como un niño, pero ante Dios y ante Jesús todos nosotros debemos comportarnos como niños y confiar no en nuestras propias fuerzas, sino en el poder y la misericordia de Dios. El servicio a los demás y la confianza en Dios son, pues, los dos mensajes principales de este relato del evangelista Marcos. Y, como para ser servidores de los demás hace falta ser humildes y sacrificados, pues hagamos hoy nosotros el propósito de ser en nuestra vida personas humildes, sacrificadas y con mucha confianza en Dios. Al fin de cuentas, como dice el salmo responsorial, salmo 53, espiritualmente no son nuestras fuerzas personales, sino nuestro Dios y su hijo Jesucristo los que sostienen nuestra vida y nos ayudan a vencer las tentaciones y adversidades de este mundo.

2.- Acechemos al justo, que nos resulta incómodo… Si el justo es hijo de Dios, lo auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos: lo someteremos a prueba y a tortura, para comprobar su moderación y apreciar su paciencia; lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupe de él. Este texto del libro de la Sabiduría lo podemos aplicar muy bien a Cristo, a todos los mártires cristianos y a muchas personas que, a lo largo de su vida, han sufrido desprecios y sufrimientos por manifestar públicamente su fe. La vida de una persona justa y buena, que obra públicamente según su conciencia cristiana, no está nunca exenta de sufrimiento y mortificación. Apliquémonos nosotros este texto a nosotros mismos y hagamos el propósito de ser siempre fieles a nuestra conciencia cristiana, aunque esto muchas veces nos suponga mortificación y sacrificios. Ser buena persona y fiel a nuestra conciencia cristiana en todo momento nos va a suponer, seguro, mucha paciencia y fortaleza cristiana. Cristo no sufrió el desprecio y la muerte por gusto, sino porque fue el precio que tuvo que pagar por cumplir la voluntad de su Padre, Dios. Cuando nos lleguen a nosotros momentos de tener que sufrir por mantener públicamente nuestra fe cristiana aceptemos el sufrimiento, sabiendo que sólo así seremos fieles discípulos de nuestro Señor Jesucristo.

3.- Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de males. La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y obras buenas, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia. Se ve que ya en tiempos del apóstol Santiago, en las primeras comunidades cristianas había envidias y rivalidades. No es fácil actuar siempre con la sabiduría de Dios, sembrando la paz y actuando con justicia. Examinémonos a nosotros mismos y a la comunidad cristiana donde nosotros vivimos ahora y veamos si somos personas de paz, que sembramos la paz y actuamos siempre con justicia. Las envidias y las rivalidades son, casi siempre, fruto de nuestro deseo innato de ser primeros y no parecer menos que los demás. Como hemos dicho al principio, si queremos ser buenos discípulos de Cristo no nos esforcemos tanto por mandar y ser primeros, sino por ser buenos servidores de los demás. Y confiemos siempre en Dios, que es, como nos dice el salmo 3, el que sostiene nuestra vida.

 

Gabriel González del Estal

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¿SERVISTE HOY?

1.- "Servir a Dios es reinar". Así rezaba una frase lapidaria a la que acudían frecuentemente los predicadores para marcar el camino del cristiano. ¿Cómo podemos servir a Dios? He aquí la repuesta que nos da hoy el evangelio: sirviendo al hermano. Solo el que hace esto puede decir que en verdad reina, pues se realiza auténticamente como persona y está en disposición de sentarse a la derecha del Padre. En el reino de los cielos ocurre algo parecido a lo que se cuenta en esta historia:

2.- El primero, el que más sirve…. “El que quiera ser el primero entre vosotros que sea el último de todos y el servidor de todos, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo”. Lo dijo después de haber anunciado su Pasión. Pero se ve que los discípulos no habían comprendido nada de lo que Jesucristo había venido a enseñarles. El mismo vino a servir a todos, dando su vida por todos nosotros. Servir es a menudo gratificante, pero otras veces no sólo no hay recompensa, sino que trae consigo incomprensión, desprecio y hasta persecución. Esto es lo que parece indicar el texto del Libro de la Sabiduría que escuchamos hoy. El justo es perseguido sólo por ser justo. En el fondo, quienes se meten con él están rechazando a Dios. Cuando esto ocurra debemos recitar las palabras del Salmo 53: "Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida.

3.- ¿Cómo servimos en la Iglesia? Conviene hacer autocrítica para ver si ejercemos bien nuestro "ministerio" o servicio a favor de los demás. Frecuentemente, tanto clérigos como laicos, utilizamos la autoridad para sentirnos importantes o abusar de nuestro poder. También hay ambición en el campo espiritual: queremos ser los primeros en virtud, en experiencia de Dios, en radicalidad evangélica. ¿Por qué queremos hacerlo?, ¿para obtener una parcela importante en el cielo?, ¿para que los demás nos honren? Sólo la humildad y el espíritu de servicio es lo que debe distinguir al cristiano. Esta es la auténtica sabiduría que viene de arriba. Es sabio aquél que es amante de la paz, comprensivo, dócil, lleno de misericordia y buenas obras. Es sabio aquél que acoge a los pequeños, a los que nadie aprecia. El que acoge al más pequeño e inocente, acoge a Jesús y al que le ha enviado. Porque ha sabido captar el mensaje de Jesús.

4.- El placer de servir Quien sirve da sentido a su vida. Cada día tenemos mil oportunidades de demostrarlo. He aquí una hermosa reflexión de la escritora chilena Gabriela Mistral:

“Toda la naturaleza es un anhelo de servicio; sirve la nube, sirve el aire, sirve el surco. Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú; donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú; donde haya un esfuerzo que todos esquiven, acéptalo tú.

Sé el que aparte la estorbosa piedra del camino, sé el que aparte el odio entre los corazones y las dificultades del problema.

Existe la alegría de ser sano y de ser justo; pero hay, sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir.

¡Qué triste sería el mundo si todo en él estuviera hecho, si no hubiera rosal que plantar, una empresa que acometer!

Que no te atraigan solamente los trabajos fáciles: ¡Es tan bello hacer lo que otros esquivan!

Pero no caigas en el error de que sólo se hace mérito con los grandes trabajos; hay pequeños servicios que son buenos servicios: Adornar una mesa, ordenar unos libros, peinar una niña. Aquél es el que critica, éste es el que destruye, sé tú el que sirve.

El servir no es una faena de seres inferiores. Dios, que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera llamársele así: El que sirve. Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos pregunta cada día: ¿Serviste hoy? ¿Al árbol? ¿A tu amigo? ¿A tu madre?”.

 

José María Martín OSA

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DÁNDONOS IMPORTANCIA

En aquel que sirve bien y con generosidad es donde se hace visible el Reino de Dios. En aquella persona que, sin ruido, hace bien (como afirmaba San Vicente de Paul), es donde se hace manifiesta la mano de Jesús. En aquella persona que, sintiéndose pequeña por lo que hace, es donde emerge con verdad y evidencia el evangelio en vivo. Y es que, aunque nos parezca difícil de entender, la grandeza de la vida cristiana está precisamente en eso: en multiplicarnos en pequeños detalles allá donde se nos requiera.

1. -También a nosotros, cuando llegamos del trabajo un tanto decepcionados, nos pregunta Jesús. ¿De qué habéis discutido? Y, en algunas ocasiones, reconocemos que nos duele que nuestro esfuerzo no sea reconocido o valorado. El hecho de que, otros, con mucho menos sean más considerados.

-También a nosotros, cuando ejercemos ciertas responsabilidades sociales, políticas o incluso religiosas, el Señor nos cuestiona: ¿Qué pretendes? ¿Servir o servirte? Y, al contestar, nos damos cuenta que en algunas ocasiones utilizamos nuestra posición con un afán de apariencia, de trepar a costa del que sea y de lo que sea.

-También a nosotros, cuando realizamos algunas tareas (humanas, apostólicas, caritativas, etc.) el Señor nos interpela: ¿Y por qué lo hacéis? Y, al responderle, lo podemos llegar hacer hasta ruborizados: nos gusta que nos señalen como buenos; que aplaudan nuestras pequeñas proezas o simplemente, eso, el sentirnos imprescindibles o importantes.

2.- En un gran y afamado monasterio, desde hace muchos años, se encontraba una hermana que humildemente se dedicaba a poner en orden la sacristía, resplandecientes los manteles, luminosos los candelabros, limpios los ornamentos y vasos sagrados. Aparentemente, aquella mística, no era esencial en el desarrollo de la liturgia monacal. Un buen día, una gran cadena de televisión se acercó hasta aquel monasterio, y decidió realizar una entrevista. La Abadesa, sin pensárselo dos veces, les comunicó a los periodistas: “empiecen por Sor María. Sin ella, sin las cosas más pequeñas en las que la hermana se entrega y va muriendo, sería imposible llevar a cabo nuestro oficio divino”.

--Así es Jesús; mira con ojos agradecidos lo aparentemente o interesadamente escondido al mundo. Aplaude a todos aquellos que, más que discutir sobre títulos o reconocimientos, se dedican en el camino a buscar a quienes hacer felices o, simplemente, levantar el ánimo.

--Así es Jesús; observa nuestra entrega interesada y nos invita a convertirnos hacia un servicio más nítido. Sin llevar cuentas de lo que se hace o de lo que se da.

--Así es Jesús; alguien que desea que su Iglesia sea un espacio, no con escaleras para trepar, sino con manos e ideas prácticas para ayudar al necesitado.

--Así es Jesús; alguien que, siendo el más importante de los nacidos de mujer, se hace poco y nada en su intento de acercarse –hasta la extenuación– a la humanidad.

¿Y todavía nos queremos dar importancia cuando, el más importante, se sintió feliz desgastándose sin reconocimiento alguno?

 

Javier Leoz

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