¡Alégrate, el Señor está contigo!

 

Liturgia - Lecturas del día

 

 

Domingo, 20 de Enero de 2019

DOMINGO 2º DEL TIEMPO ORDINARIO

Del Propio - Verde

Isaías 62, 1-5 / 1 Corintios 12, 4-11

/ Juan 2, 1-11

Salmo Responsorial Sal 95, 1-3. 7-10a.c

R/. "Anuncien las maravillas del Señor por todos los pueblos"

 

Santoral:

San Fabián, San Sebastián y San Eutimio

 

 

 

LECTURAS DEL DOMINGO 20 DE ENERO DE 2019

 

DOMINGO 2º DEL TIEMPO ORDINARIO

 

 

Como la esposa es la alegría de su esposo,

así serás tú la alegría de Dios

 

Lectura del libro de Isaías

62, 1-5

 

Por amor a Sión no me callaré,

por amor a Jerusalén no descansaré,

hasta que irrumpa su justicia como una luz radiante

y su salvación, como una antorcha encendida.

Las naciones contemplarán su justicia

y todos los reyes verán tu gloria;

y tú serás llamada con un nombre nuevo,

puesto por boca del Señor.

Serás una espléndida corona en la mano del Señor,

una diadema real en las palmas de tu Dios.

No te dirán más «¡Abandonada!»

ni dirán más a tu tierra «¡Desvastada!»

sino que te llamarán «Mi deleite», y a tu tierra «Desposada».

Porque el Señor pone en ti su deleite

y tu tierra tendrá un esposo.

Como un joven se casa con una virgen,

así te desposará el que te reconstruye;

y como la esposa es la alegría de su esposo,

así serás tú la alegría de tu Dios.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL                       95, 1-3. 7-10a.c

 

R.    Anuncien las maravillas del Señor por todos los pueblos.

 

Canten al Señor un canto nuevo,

cante al Señor toda la tierra;

canten al Señor, bendigan su Nombre. R.

 

Día tras día, proclamen su victoria.

Anuncien su gloria entre las naciones,

y sus maravillas entre los pueblos. R.

 

Aclamen al Señor, familias de los pueblos,

aclamen la gloria y el poder del Señor;,

aclamen la gloria del Nombre del Señor. R.

 

Entren en sus atrios trayendo una ofrenda,

adoren al Señor al manifestarse su santidad:

¡que toda la tierra tiemble ante Él! R.

 

Digan entre las naciones:

«¡El Señor reina!

El Señor juzgará a los pueblos con rectitud». R.

 

 

El mismo y único Espíritu

distribuye sus dones a cada uno como Él quiere

 

Lectura de la carta de la primera cara del Apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto

12, 4-11

 

Hermanos:

Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos.

En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común. El Espíritu da a uno la sabiduría para hablar; a otro, la ciencia para enseñar, según el mismo Espíritu; a otro, la fe, también en el mismo Espíritu; a aquél, el don de hacer milagros; a uno, el don de profecía; a otro, el don de juzgar sobre el valor de los dones del Espíritu; a éste, el don de lenguas; a aquél, el don de interpretarlas.

Pero en todo esto, es el mismo y único Espíritu el que actúa, distribuyendo sus dones a cada uno en particular como Él quiere.

 

Palabra de Dios.

 

 

EVANGELIO

 

Éste fue el primero de los signos de Jesús,

y lo hizo en Caná de Galilea

 

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Juan

2, 1-11

 

Se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía». Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que Él les diga».

Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: «Llenen de agua estas tinajas». Y las llenaron hasta el borde. «Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete». Así lo hicieron.

El encargado probó el agua cambiada en vino y, como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: «Siempre se sirve primero el buen vino y, cuando todos han bebido bien, se trae el de calidad inferior. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento».

Éste fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en Él.

 

Palabra del Señor.

 

Reflexión

 

EL VINO BUENO ES JESÚS

1.- Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: no tienen vino. Jesús le dice: mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora. Su madre dice a los sirvientes: Haced lo que él os diga… Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú en, cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora. Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

Para entender bien este relato de lo que ocurrió en las “Bodas de Caná”, según el evangelista san Juan, debemos tener en cuenta que el evangelista san Juan nunca habla de milagros, sino de signos. Al evangelista san Juan no le interesa tanto lo que ocurrió, como lo que significa; el signo habla de lo que significa lo ocurrido. En este relato de las Bodas de Caná hay dos mensajes muy claros que el evangelista san Juan quiere transmitirnos: yo creo que el primer mensaje que el evangelista quiere darnos es que Jesús es el vino bueno, frente al vino peor, representado en la Ley judía. Hasta que llegó Jesús todos los profetas anteriores habían predicado el valor absoluto de la Ley judía para poder salvarse; pero desde el momento mismo en que Jesús comienza su vida pública, es el mismo Jesús el único absoluto que acepta Dios para que podamos llegar hasta él. Para nosotros, los cristianos, la enseñanza de Jesús está expresada en su evangelio, pero el evangelio de Jesús no se reduce a normas, el vino bueno del evangelio no son sólo los preceptos, sino el mismo espíritu de Jesús, es Jesús mismo. Si no tenemos dentro de nosotros el espíritu de Jesús, si no vivimos su espíritu, si no tratamos de ser en nuestras vidas el mismo Jesús, no participamos, no bebemos realmente el vino bueno. El vino bueno es vida y es amor, amor a Dios y amor al prójimo.

2.- Haced lo que él os diga. Este podemos considerarlo como el segundo mensaje importante de este relato evangélico. Fue realmente la madre de Jesús la que adelantó la hora pública de su hijo. “A Jesús por María” nos decían siempre nuestros educadores religiosos. De María sabemos muy poco, pero de lo poco que sabemos podemos deducir, al menos, dos cosas: que María, cuando no entendía algo de su hijo “lo conservaba todo en su corazón”, es decir, prefería adorar el misterio de su hijo; y, segundo, que la unión con su hijo se fundamentaba, por encima de todo, en el amor. Estas dos cosas debemos nosotros también de practicarlas en nuestra relación diaria con Jesús: que la adoración del misterio y el amor sean los pilares de nuestra vida cristiana. Sólo así estaremos bebiendo el vino bueno que Jesús nos regaló en las bodas de Caná.

3.- Como se regocija el marido con su esposa, se regocija tu Dios contigo. El profeta Isaías habla de la relación que Dios tiene con el pueblo de Israel, una relación basada siempre en un amor compasivo y protector. Es la relación que quiere tener con cada uno de nosotros, amándonos generosa y gratuitamente. Correspondamos nosotros a su amor con amor. La relación fundamental de Jesús con su Padre fue una relación de amor; que sea siempre así nuestra relación con Dios.

4.- Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.

 

Gabriel González del Estal

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EL VINO BUENO ES EL AMOR DE JESÚS

1.- Dios ama a su pueblo. El tercer Isaías, posterior al exilio, alza su voz para levantar la esperanza del pueblo en un momento de depresión. Este profeta está convencido de que Yahvé quiere y puede salvar al pueblo. El Señor recibirá un día a la "Abandonada" y le dará el nombre de "mi favorita" y llamara a la tierra de Judá "Mi desposada". Porque no se ha olvidado del amor de su juventud, de su primer amor. Hay que notar que todo este simbolismo alude siempre en la Biblia a las relaciones de Dios con su pueblo. El amor de Dios es el pueblo. En unas pocas pinceladas describe el autor las relaciones más cálidas entre los hombres: el amor conyugal. Todo ello en términos de alegría: la alegría de después de la boda, la alegría interna de sentirse amado es lo que Israel va a experimentar. Nunca palabras tan consoladoras han sido dichas al creyente. El hombre es levantado hasta el plan de Dios, no hay lugar para la desesperanza porque el amor es sincero y hace vivir.

2.- “Actúa siempre con toda justicia”. Pablo habla de los carismas en su primera Carta a los Corintios. El carisma es una gracia singular que Dios concede a cada uno, pero que está destinada al bien de todos. La gran variedad de los carismas no está reñida en modo alguno con la unidad y la comunión fraterna. Todos debemos estar atentos para estimar los carismas ajenos y no retener los nuestros para disfrute individual. Se comprende, pues, que aquí la unidad, lejos de contradecir a la pluralidad, se constituye precisamente como unidad de las diferencias, algo a tener muy en cuenta cuando hablamos de ecumenismo. “Actúa siempre con toda justicia” es el lema para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2019, que se celebra del 18 al 25 de enero, fiesta de la conversión de San Pablo. El lema está tomado del Deuteronomio, que incluye una recopilación de leyes y normas para la convivencia del pueblo. En las sociedades plurales y complejas de nuestros días resulta siempre difícil la convivencia, por eso los cristianos sí debemos colaborar juntos en el empeño por lograr un orden justo para la sociedad en la que vivimos.

3.- Jesús es el vino bueno. Jesús se encuentra en una boda y con él los discípulos. Participa de las alegrías humanas. Pero se encuentra con unos novios en apuros porque se les ha acabado el vino. Es su madre, María, la que se da cuenta y le pide que les ayude: “Todavía no ha llegado mi hora” contesta Jesús. Esta hora es su muerte en la cruz. Pero ante la súplica de su madre y la necesidad de los novios, en Caná comenzó sus signos. El relato de hoy hay que leerlo, pues, desde la muerte de Jesús. Esta muerte la concibe Juan como la glorificación de Jesús. Es el relato de su gloria futura anticipada en símbolos, Jesús es el vino bueno que mejora al anterior. El agua y las tinajas de piedra son símbolos de la antigua ley y las purificaciones. Además, son seis, número imperfecto. No sirven para la salvación…. Agua y vino representan dos órdenes sucesivos. Un representante de la antigua ley reconoce que el vino es mejor. Jesús es el que trae la alegría y la salvación a los novios y a cada uno de nosotros cuando nos identificamos con El y nos dejamos ayudar por El. Escuchemos a María que nos dice: “Haced lo que Él os diga”.

 

José María Martín OSA

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¡FALTA ALGO!

Han quedado atrás las fiestas navideñas y, cuando tantos símbolos desaparecen de las calles o de las iglesias (luces, estrellas, belenes, adornos) un nuevo signo, por parte del Señor, sale a nuestro encuentro: comienza su misión ofreciendo buen vino, generoso y abundante, en la mesa de los hombres.

1.- Siempre falta algo en el intento de alcanzar la felicidad por parte del hombre. Y, siempre, mirando a María escuchamos lo que con insistencia, Ella pide a Jesús: que intervenga en nuestras vidas. Que, el agua por sí misma, no es suficiente para alegrar nuestro vivir. Que el hombre, por sí mismo, no es suficiente para llegar al colmo de la felicidad que pretende esta sociedad tan vacía de valores como aquellas tinajas que estuvieron a punto de abortar el éxito de una boda.

¿Qué son las bodas de Caná? Muchas interpretaciones se han dado al primer signo que, Jesús, realizó en el comienzo de su misión. Entre todas ellas, me quedo con una que me parece esencial: Jesús viene a establecer una alianza definitiva entre Dios y la humanidad. ¿Seremos capaces de percatarnos de este Misterio más allá de lo extraordinario del agua convertida en vino? María, siempre atenta y solícita a las peticiones de sus hijos, muestra las carencias de aquellos que –buscando al Señor– saben que sin Él, la vida, es difícil teñirla con el traje de fiesta.

Y es que, siempre, nos falta un algo y un alguien. Un algo para que la fiesta sea completa y un alguien para que ponga “ese punto” y todo sea un éxito.

2.- Llevemos alegría, como el vino mejor y más selecto, allá donde el otro vino –dulce pero traicionero– es incapaz de llegar: al corazón. Y es que, lo ebrio del mundo, no es lo más aconsejable para alcanzar la dicha o llegar al supremo grado de bienestar. Más bien al contrario. Las Bodas de Caná nos traen una sugerente catequesis: Dios pone todo en su punto. Dios pone ese “algo” y ese “alguien” cuando, la creatividad o las previsiones de las personas se quedan cortas. Faltó el vino en Caná, y María (lista como ella sola y controlando todo lo que acontecía) susurra a Jesús: “les falta el vino”. O lo que es lo mismo: se han quedado cortos para llegar hasta el final en el banquete de la vida.

Hoy, en el Señor, vemos su semblante más festivo. Acostumbrados a escucharle en el templo, a tenerlo rodeado de leyes y de normas, nos asombra su otra dimensión: viene con nosotros y, cuando hace falta, se suma al espíritu festivo de nuestro caminar.

3.- Como María, también nosotros, debiéramos de estar atentos en esas situaciones que necesitan un poco de paz y de sosiego. María, con los ojos bien abiertos, fue consciente de que algo raro ocurría en aquel convite. Que, de repente, todo podría irse al traste si el vino, elemento importante en una comida, hubiera faltado. Esa puede ser también nuestra misión: ser sensibles a las necesidades de las personas o situaciones que nos rodean. Aquello de “ojos que no ven, corazón que no siente” no es una buena filosofía para aquellos que creemos y esperamos en Jesús. Que el Señor nos ayude a poner el buen vino de nuestra fe, de nuestro testimonio, de nuestra alegría cristiana en tantas mesas donde rezuman los vasos de licores que han dejado de ser cristianos para convertirse sólo en exponente de fiesta pagana sin referencia a lo eterno. Ojalá, entre otras cosas, recuperásemos la bendición de la mesa como el vino de solera de cualquier fiesta social, familiar o incluso eclesial.

 

Javier Leoz

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LA IMPORTANCIA DE LO COTIDIANO

El domingo pasado, con la fiesta del Bautismo del Señor, concluíamos el tiempo de Navidad y volvíamos de nuevo al Tiempo Ordinario. Hoy nos encontramos en el segundo domingo de este tiempo en el que recordamos la importancia de lo cotidiano, donde el Señor nos sigue llamando a la conversión y a buscarle cada día con más ánimo. Las lecturas de este domingo son muy ricas en contenido, pero sólo destacaremos aquí tres ideas.

1. Dios está atento a lo que necesitamos. En el Evangelio de este domingo hemos escuchado el pasaje de las Bodas de Caná. Un texto muy conocido por nosotros. Jesús, en su vida ordinaria, invitado a una boda, es advertido por su madre que los novios se habían quedado sin algo tan esencial en una fiesta como es el vino. María, como buena madre, siempre atenta, intercede ante su Hijo para que haga el milagro. Jesús transforma el agua, insípida aunque común y fácil de encontrar, en un vino y además un buen vino, el mejor. Porque aquellos novios habían invitado a Jesús a su fiesta, Jesús pudo ayudarles en aquello que necesitaban. También nosotros hemos de dejar que Jesús esté presente en nuestra vida, en lo cuotidiano, para que cada vez que nos falte de algo, especialmente la alegría, la esperanza, el sentido de la vida, todo aquello que es esencial, Él pueda ayudarnos, convirtiendo lo insípido de nuestra vida en el buen vino. Y es que Dios nos cuida, está atento a nuestras necesidades, se preocupa de nosotros, si nosotros le dejamos entrar en nuestra existencia. Dios está deseando que le abramos de par en par las puertas de nuestra vida para entrar y vivir en nosotros. Es hermoso el comienzo de la primera lectura de hoy: “Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré…”. Dios se alegra con nosotros, como el marido con su esposa, hace fiesta con nosotros si le invitamos, y convierte el agua en vino para darnos la salvación.

2. Para ello hemos de poner en sus manos todo lo que somos y tenemos. Releyendo bien el pasaje de las bodas de Caná, encontramos que para que Jesús pueda hacer el milagro y dar a aquellos esposos el buen vino que necesitan, primero han tenido que llenar las tinajas de agua. Para que Dios pueda darnos aquello que necesitamos, primero hemos de ofrecerle nuestra vida, con nuestras miserias, nuestros pecados, con todo lo insípido que hay en ella, para que Él la pueda transformar. Cuando Jesús dijo “Llenad las tinajas de agua”, dice el Evangelio que “las llenaron hasta arriba”. No hemos de escatimar en lo que le damos a Dios. Hemos de presentarle nuestras tinajas llenas hasta arriba, hemos de ofrecernos del todo. Cuanto menos nos demos de nosotros mismos, cuanto menos nos abramos a Él, menos podrá transformar en nosotros. Por ello, el Evangelio de este domingo nos invita a ser generosos, a darnos del todo a Dios, con nuestras tinajas colmadas, aunque sea de agua insípida, aunque sea de miserias y pecado, de vaciedad y de vida sin sentido. Si todo esto se lo ofrecemos a Dios, si hacemos lo que Él nos dice, transformará esta agua insípida de nuestra vida en un buen vino, y cuanto más nos ofrezcamos a Dios, más nos transformará.

3. Dios nos da su don, a cada uno, para que lo pongamos al servicio de los demás. Estas dos ideas anteriores se completan con la segunda lectura de hoy, de la primera carta de san Pablo a los Corintios. Nos dice san Pablo que Dios nos ha dado sus dones, nos ha dado su Espíritu, a cada uno en su medida, para que lo pongamos al servicio de los demás. El don es el mismo, el Espíritu es uno sólo. Todos lo hemos recibido con un don distinto para que lo pongamos al servicio de los demás. Es decir, de nada sirve que Dios transforme el agua de nuestra vida en buen vino, símbolo del don de Dios que nos da a través de su Espíritu, si ese don nos lo guardamos para nosotros mismos. El don que Dios nos da es para el bien común, para el servicio de los demás. Es por ello por lo que hemos de estar atentos para descubrir cuáles son los dones que Dios nos ha dado, cómo se manifiesta ese Espíritu de Dios en nuestra vida personal, para que así podemos servir a la comunidad cristiana y al mundo entero según el don que Dios nos da.

Ofrezcamos a Dios nuestra vida en esta Eucaristía, al comienzo del Tiempo Ordinario, que Él la transforme en el buen vino, que nos de su Espíritu y que seamos generosos para poner los dones recibidos al servicio de todos. Que María, la Madre de Dios, que intercede cada día por nosotros como intercedió por aquellos novios de Caná, ruegue a Dios por nuestra vida.

 

Francisco Javier Colominas Campos

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