¡Alégrate, el Señor está contigo!

 

Liturgia - Lecturas del día

 

 

Domingo, 15 de Julio de 2018

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO

Amos 7, 12-15 / Efesios 1, 3-14

/ Marcos 6, 7-13

Salmo Responsorial, Sal 84, 9ab. 10-14

R/. "Muéstranos, Señor, tu misericordia,

y danos tu salvación"

 

Santoral:

San Buenaventura, San Donald, San Andrés

Nam-Thuong, San Pedro Tuan,

Beata Ana María, Beato Pedro

 

 

 

LECTURAS DEL DOMINGO 15 DE JULIO DE 2018

 

DOMINGO XV° DEL TIEMPO ORDINARIO

 

 

Ve a profetizar a mi pueblo

 

Lectura de la profecía de Amós

7, 12-15

 

Amasías, el sacerdote de Betel, dijo a Amós: «Vete de aquí, vidente, refúgiate en el país de Judá, gánate allí la vida y profetiza allí. Pero no vuelvas a profetizar en Betel, porque éste es un santuario del rey, un templo del reino».

Amós respondió a Amasías: «Yo no soy profeta, ni hijo de profetas, sino pastor y cultivador de sicómoros; pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: "Ve a profetizar a mi pueblo Israel"».

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                                               84, 9ab. 10-14

 

R.    Muéstranos, Señor, tu misericordia,

y danos tu salvación.

 

Voy a proclamar lo que dice el Señor:

el Señor promete la paz para su pueblo y sus amigos.

Su salvación está muy cerca de sus fieles,

y la Gloria habitará en nuestra tierra.  R.

 

El Amor y la Verdad se encontrarán,

la Justicia y la Paz se abrazarán;

la Verdad brotará de la tierra

y la Justicia mirará desde el cielo.  R.

 

El mismo Señor nos dará sus bienes

y nuestra tierra producirá sus frutos.

La Justicia irá delante de Él,

y la Paz, sobre la huella de sus pasos.  R.

 

 

Nos ha elegido en Él, antes de la creación del mundo

 

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo

a los cristianos de Éfeso

1, 3-14

 

Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en Cristo

con toda clase de bienes espirituales en el cielo,

y nos ha elegido en Él, antes de la creación del mundo,

para que fuéramos santos

e irreprochables en su presencia, por el amor.

 

Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos

por medio de Jesucristo,

conforme al beneplácito de su voluntad,

para alabanza de la gloria de su gracia,

que nos dio en su Hijo muy querido.

 

En Él hemos sido redimidos por su sangre

y hemos recibido el perdón de los pecados,

según la riqueza de su gracia,

que Dios derramó sobre nosotros,

dándonos toda sabiduría y entendimiento.

 

Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad,

conforme al designio misericordioso

que estableció de antemano en Cristo,

para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos:

reunir todas las cosas, las del cielo y las de la tierra,

bajo una sola Cabeza, que es Cristo.

 

En Él hemos sido constituidos herederos

y destinados de antemano -según el previo designio

del que realiza todos las cosas conforme a su voluntad-

a ser aquellos que han puesto su esperanza en Cristo,

para alabanza de su gloria.

 

En Él, ustedes,

los que escucharon la Palabra de la verdad,

la Buena Noticia de la salvación,

y creyeron en ella,

también han sido marcados con un sello

por el Espíritu Santo prometido.

 

Ese Espíritu es el anticipo de nuestra herencia

y prepara la redención del pueblo

que Dios adquirió para sí,

para alabanza de su gloria.

 

Palabra de Dios.

 

 

EVANGELIO

 

Los envió

 

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Marcos

6, 7-13

 

Jesús llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros.

Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni provisiones, ni dinero; que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas.

Les dijo: «Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos».

Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y sanaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

 

Palabra del Señor.

 

 

Reflexión

  

 

TODOS LOS CRISTIANOS HEMOS NACIDO CON LA MISIÓN DE PREDICAR EL EVANGELIO

1.- En aquel tiempo, llamó Jesús a los doce y los fue enviando de dos en dos… Ellos salieron a predicar la conversión. Predicar el evangelio de Jesús es predicar la conversión al Reino de Dios: un reino de santidad y de gracia, de verdad y de vida, de justicia, de amor y de paz. Tenemos que empezar por nosotros mismos, porque si nosotros no estamos convertidos, mal podremos convencer a los demás. En el evangelio de este domingo Jesús dice a sus apóstoles que deben predicar el evangelio, la buena noticia, con humildad, con sobriedad y atendiendo principalmente a los pecadores y enfermos. Los cristianos de ahora y de siempre debemos, pues, ser personas humildes, sobrias y extremadamente generosas con todos los que nos necesiten. La sociedad en la que nosotros vivimos no soporta a los hipócritas, corruptos y explotadores. Jesús fue, por encima de todo, una persona que pasó por la vida haciendo el bien; intentemos nosotros hacer lo mismo.

2.- Respondió Amós: “no soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: “ve y profetiza a mi pueblo Israel””. El profeta Amós no era profeta oficial, ni sacerdote del templo; era pastor y cultivador de higos. El que le acusaba y le pedía que se marchara a su tierra sí era sacerdote oficial y vivía de su oficio. Nosotros, los que predicamos el evangelio de Jesús, debemos hacerlo por vocación, no por los beneficios económicos o sociales que la predicación puede reportarnos. Porque es evidente que la predicación del evangelio en nuestra sociedad puede reportarnos beneficios económicos y sociales que nos distinguen entre los fieles con los que convivimos. Nuestro predicar debe ser siempre un acto de servicio humilde y generoso, que busca exclusivamente el bien espiritual de los fieles a los que nos dirigimos. El predicador, repetimos, debe ser humilde y generoso, presentándose ante los fieles como un humilde servidor, sin buscar nunca en primer lugar su propio bien, sino el bien de los demás. Si no lo hace así, no lo hace como verdadero discípulo de Jesús de Nazaret.

3.- Dios nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuéramos santos e irreprochables ante él por el amor… Él nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos. Este himno cristológico que hace de pórtico a la carta de san Pablo a los cristianos de Éfeso tiene un contenido teológico muy amplio, que no vamos a comentar aquí. Sólo queremos resaltar dos detalles. Primero, que Dios nos ha llamado a todos los cristianos, en la persona de Cristo, a ser santos e irreprochables ante él por el amor y segundo: que hemos sido destinados a ser sus hijos. Que la santidad de los cristianos debe estar fundamentada en el mandamiento del amor, parece algo evidente, ya que el mandamiento del amor es el mandamiento nuevo de Jesús. Como dice san Pablo en más de una ocasión: si no tenemos amor no somos cristianos. Y, en segundo lugar, que Dios nos ha destinado a vivir como hijos de Dios. Esto es algo necesario en lo que debemos distinguirnos los cristianos, porque las personas con las que convivimos en esta sociedad no se distinguen precisamente por esto, por vivir como <hijos de Dios>. A nosotros, a los cristianos, no puede gustarnos una sociedad en la que los valores competitivos, económicos, materiales, son los valores primeros. Para nosotros, como ya hemos dicho, el valor primero es el amor, y esto nos lleva a no poder aceptar una sociedad tan desigual, tan injusta, tan materialista y tan corrupta como la sociedad en la que vivimos. Vivir como auténticos hijos de Dios, viviendo según el evangelio de Jesús, nos obligará en muchas ocasiones a rechazar los principales valores en los que vive nuestra sociedad.

 

Gabriel González del Estal

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PREDICAR CON EL EJEMPLO

1.- La valentía del profeta. Nuestra vivencia de la fe es poco comprometida. Nos cuesta mucho ser consecuentes y por eso no hacemos atractivo el seguimiento de Jesús. El profeta Amós, pastor y campesino, vivió en Israel en el siglo VIII antes de Cristo. Aunque era extranjero en Israel, pues había nacido en Técoa de Judá, profetizó en el Reino del Norte. Habló claramente, sin rodeos ni diplomacia. Condenó la injusticia social y la violencia del lujo, la depravación religiosa y el formalismo de un culto vacío; anunció por vez primera el castigo del Día de Yahvé, la ruina de la casa real y el exilio del Reino del Norte. Habló donde era preciso hablar y en el momento oportuno, que es cuando hablan los profetas. Por eso sus palabras resultaron insoportables y subversivas. No es de extrañar que le salga al paso el sumo sacerdote Amasías que, como buen funcionario, debe velar por los intereses del rey de Israel, Jeroboán II. El sacerdote decide por su cuenta echar de Betel al hombre de Dios. Amós le responde enérgicamente y le dice que él no es un profeta de oficio, que no pertenece a ninguna escuela profética, y que para vivir le basta con cultivar higos y cuidar un rebaño de cabras. Si él predica la palabra de Dios no lo hace por vocación humana o por simple interés, sino porque Dios le ha mandado profetizar contra Israel. Por encima de la voluntad de Amasías y la presión del poder está la autoridad indiscutible de Dios: “Ve y profetiza a mi pueblo de Israel”.  Amós es consecuente y valiente, sabe que se juega su vida. Una buena lección para nosotros, que hemos sido ungidos como profetas en el Bautismo y que a la mínima dificultad nos retiramos. ¿Somos conscientes de nuestra misión de ser profetas en medio de nuestro mundo?

2.- Dios tiene un plan para nosotros. ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? El "misterio" ha quedado revelado, como nos dice Pablo en la Carta a los Efesios. No hay azar. Dios tiene un "plan": Dios ha creado para nosotros el mundo, casa abierta para los hijos de Dios. No vamos a la deriva, caminamos hacia una meta: todos los hombres reunidos en torno a Cristo formando un inmenso Cuerpo, la humanidad regenerada sentada en torno a la mesa familiar, el encuentro definitivo de los hombres con Dios y de los hombres entre sí. Esto no son sólo palabras bonitas, promesas sin garantía. Entre nosotros vive un hombre en quien se ha cumplido ya todo esto: Jesucristo, muerto para resucitar. Cada eucaristía recordamos este proyecto de Dios, participamos en él y esperamos que termine por ser realidad total. Cada día de la semana, cada acontecimiento de nuestra vida es una etapa en el camino de Dios, cuando sean todas las cosas recapituladas en Cristo

4.- Un anuncio que exige un cambio de vida. Hoy Jesús encomienda su misión a los Doce. El envío por parejas era una costumbre habitual en el judaísmo. Según la legislación judicial judía, para la validez de un testimonio se requerían al menos dos varones adultos. Los doce, enviados de dos en dos, serán testigos de Jesús, darán testimonio en favor de él en un momento en que los indicios de rechazo de Jesús empiezan a hacer su aparición con fuerza. La misión de los doce no es para enseñar (esto es específico de Jesús), sino para proclamar la conversión. El término conversión nos remite a la proclamación programática de Jesús y connota una urgencia, dada la cercanía del reinado de Dios. Significa un cambio radical de mentalidad, un giro copernicano en las categorías mentales, las cuales, a su vez, determinan la actuación del hombre. La misión de los doce busca provocar una transformación. El alcance de esta transformación queda puesto de manifiesto en el poder que Jesús les confiere sobre los espíritus inmundos. Esta expresión mitológica engloba todo lo que de inhumano y hostil destruye al hombre. La transformación no se reduce a la sola dimensión espiritual, sino que afecta a la totalidad del hombre. La conversión tiene también una dimensión material como elemento constituyente. Los doce deben ser ellos mismos signo visible de la conversión que proclaman. En las circunstancias concretas de su momento histórico, los doce no necesitan más bagaje de un bastón, que casi resultaba imprescindible como protección, y unas sandalias, sin las que no se podía caminar por el suelo pedregoso de Palestina. La fuerza y credibilidad de su misión no estriba en los medios empleados. Lo más importante es el testimonio personal. ¿Somos conscientes de la urgencia de la misión en nuestros días? ¿Damos testimonio con nuestra vida coherente?

 

José María Martín OSA

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¡CONVERSIÓN!: NO QUEDA OTRA

¿Qué es la religión? Ni más ni menos, entre otras muchas cosas, esa ligazón que intentamos descubrir, cuidar  cultivar entre lo humano y lo divino, entre Dios y nosotros. ¿Pero es suficiente? Por supuesto que no. La esencia del cristianismo no es un contentarnos con decir “yo vivo unido a  Cristo o yo creo en Jesús” sino, además, en la consecuencia más importante e inmediata: vivir con Él y como Él.

1.- La conversión de una empresa (sobre todo cuando hace aguas) no consiste solamente en un lavado de fachada o en el cambio de la técnica para sacar adelante su producto. El secreto de su éxito reside en algo fundamental: ha de ser fiel a sus principios fundacionales. Ha de sacar adelante, más allá de la técnica, formas y maneras su producción. Y por cierto, si quiere ser combativa y competitiva, con calidad.

2.- En la vida cristiana puede ocurrir algo muy parecido. Quedarnos en unos mínimos, tan mínimos, que la resultante sea una vida light y sin diferencia alguna con lo que vemos o escuchamos por la calle. El cristianismo no sólo predica el amor de Dios, que es lo tenemos muy claro, además no puede dejar de exigir una mayor justicia, verdad, fraternidad y perdón entre los hombres.

--Siempre, y es así, es más fácil hablar de lo mucho que Dios nos quiere que exigirnos a nosotros mismos el amar como Él nos ama.

--Siempre, y es así, resulta menos profético presentar un rostro licuado de la fe que un color marcado por los derechos humanos, la pobreza o las bienaventuranzas. ¿Qué ocurre entonces? Ni más ni menos que, la conversión, siempre será la asignatura pendiente de la calidad de nuestra vida cristiana. O hay conversión o podemos concluir que nos estamos haciendo a nuestra media una versión diferente del Evangelio.

3. Nuestra fe, además de personal, ha de ser contagiosa. No podemos recluirla en la caja de cristal que existe en el corazón de cada persona. La fe, como si de una bomba racimo se tratara, explota y se expande allá donde existe un afán evangelizador; donde los cristianos, sintiéndose tocados y elegidos por Dios, no se repliegan y saben que están llamados a ser profetas o altavoces del Evangelio.

Los elegidos no solamente son o somos los sacerdotes; todos, desde el momento de nuestro Bautismo,  insertados en el Cuerpo de Cristo que es su Iglesia estamos convocados y urgidos a desarrollar –con nuestros carismas, habilidades, dones, talentos e inteligencia– una misión personal que nada ni nadie en nombre de nosotros podrá realizar. ¿Por qué? Porque cada uno, allá donde está, debe dar su peculiar color a su vida cristiana y, con su vida cristiana, color a todo lo que le rodea.

4.- Hoy, además de sacerdotes, necesitamos cristianos convencidos. Hombres y mujeres que, siendo conscientes de que creen y esperan en Jesús, están llamados a participar de la encomienda de Jesús: “id por el mundo”.

Nos quedamos con una frase del Papa Francisco pronunciada en Quito en su viaje reciente a Ecuador:” La sociedad necesita más nuestras obras que nuestras palabras.”

 

Javier Leoz

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