¡Alégrate, el Señor está contigo!

 

Liturgia - Lecturas del día

 

 

Domingo, 13 de Mayo de 2018

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Hechos 1, 1-11/ Efesios 1, 17-23

/ Marcos 16, 15-20

Salmo Responsorial, Sal 46, 2-3. 6-9

R/. "El Señor asciende entre aclamaciones"

 

Santoral:

Nuestra Señora de Fátima, San Andrés F.,

San Servasio, Santa Rolanda,

Santa Magdalena y Santa Inés

 

LECTURAS DEL DOMINGO 13 DE MAYO DE 2018

 

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

 

Lo vieron elevarse

 

Lectura de los Hechos de los Apóstoles

1, 1-11

 

En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseño Jesús, desde el comienzo, hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido.

Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se les apareció y les habló del Reino de Dios.

En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: «La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días».

Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel? »

Él les respondió: «No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra».

Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos. Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir».

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                                     46, 2-3. 6-9

 

R.    El Señor asciende entre aclamaciones.

 

Aplaudan, todos los pueblos,

aclamen al Señor con gritos de alegría;

porque el Señor, el Altísimo, es temible,

es el soberano de toda la tierra. R.

 

El Señor asciende entre aclamaciones,

asciende al sonido de trompetas.

Canten, canten a nuestro Dios,

canten, canten a nuestro Rey. R.

 

El Señor es el Rey de toda la tierra,

cántenle un hermoso himno.

El Señor reina sobre las naciones

el Señor se sienta en su trono sagrado. R.

 

 

Lo hizo sentar a su derecha en el cielo

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo

a los cristianos de Éfeso

1, 17-23

 

Hermanos:

Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente. Que Él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos, y la extraordinaria grandeza del poder con que Él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza.

Este es el mismo poder que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro.

Él puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y la Plenitud de Aquél que llena completamente todas las cosas.

 

Palabra de Dios.

 

 

EVANGELIO

 

Fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios

 

a     Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Marcos

16, 15-20

Jesús resucitado se apareció a los Once y les dijo:

«Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará. El que no crea se condenará.

Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los sanarán» .

Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios.

Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban.

 

Palabra del Señor.

Reflexión

 

LA ASCENSIÓN FUE LA CELEBRACIÓN POPULAR Y FESTIVA DE LA RESURRECCIÓN

1.- Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo. Los que somos ya mayores, cuando la fiesta de la Ascensión se celebraba en jueves, conocimos esta fiesta como uno de los tres jueves del año que brillaban más que el sol. Ahora, al celebrarse en la mayor parte de España en Domingo, la fiesta de la Ascensión ha perdido la brillantez popular y festiva que tenía antiguamente. Desde un punto de vista estrictamente teológico, la fiesta de la Ascensión es una continuación de la fiesta de la Resurrección. Desde un punto vista celebrativo, la Ascensión es la continuación necesaria de la Resurrección. ¿Qué debe decirnos hoy a nosotros, cristianos de este siglo XXI, la celebración de esta fiesta? Pues vamos a fijarnos en lo que nos dicen las lecturas litúrgicas. Cuando los dos hombres vestidos de blanco les dicen a los apóstoles: ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?, lo que realmente quieren decirles es que se acabó el tiempo de Cristo en la tierra, guiándoles y conduciéndolos por los caminos de Galilea. Ahora realmente comienza su tiempo, el tiempo de los discípulos, el tiempo de la Iglesia. Es decir, que a partir de ahora, los discípulos de Cristo deben dedicarse a evangelizar, siguiendo siempre el ejemplo de su Maestro. La Iglesia de Cristo debe ser, desde este momento, la auténtica protagonista de la evangelización. La Iglesia, todos los cristianos, debemos ser la boca, los pies, el cuerpo de Cristo. Somos nosotros, con la ayuda del Espíritu de Cristo, los que tenemos que llevar a nuestra sociedad el evangelio de Cristo. Dios no nos va a abandonar, ni dejar solos, él va a estar con nosotros hasta el fin del mundo, pero Dios quiere que, a partir de ahora, sea la Iglesia de Cristo la responsable directa de predicar y tratar de construir entre todos el Reino de Dios, tal como lo hizo Cristo mientras estuvo físicamente en la tierra. Esta es la tarea que Cristo nos ha encomendado y cumplir esta tarea es el principal propósito que debemos hacer hoy todos los cristianos.

2.- Todo lo puso bajo sus pies y los dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos. Como vemos, San Pablo, en su carta a los Efesios, habla ya de la Iglesia como cuerpo de Cristo. Y, como somos todos los cristianos los que formamos la Iglesia de Cristo, cada uno de nosotros podemos y debemos considerarnos cuerpo de Cristo. Esto quiere decir que la Iglesia, en general, y cada uno de nosotros, en particular, tenemos que actuar siempre movidos y dirigidos por el espíritu de Cristo. Ser cuerpo de Cristo, si queremos ser un cuerpo vivo, quiere decir que todos nuestros pensamientos, palabras y obras deben estar inspiradas y dirigidas por el espíritu de Cristo. El espíritu de Cristo es espíritu de verdad, de justicia, de amor, de vida, de paz, de fraternidad, de santidad. Como hermanos de Cristo e hijos de Dios, todos y cada uno de los cristianos debemos luchar valientemente para que todos puedan ver en nosotros el rostro de Cristo, la imagen de Dios. Corrigiendo en cada momento lo que creamos que se debe corregir y defendiendo lo que creamos que se debe defender. Con sinceridad, con verdad, con humildad.

3.- A los que crean les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre,…impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos. Esto quiere decir que también cada uno de nosotros, en nuestro tiempo, debemos curar enfermos, defender a los marginados, convertir a los pecadores, criticar a los corruptos, ponernos siempre de parte del más necesitado.  La vida cristiana no es sólo contemplación, es también acción caritativa, es un esfuerzo continuado para hacer más humano y más cristiano el mundo en el que vivimos. Los mandamientos de Cristo siguen siendo hoy, igual que ayer, los que Cristo dio a sus apóstoles, que se resumen en el único y principal mandamiento nuevo de Jesús: amar a Dios y demostrar nuestro amor a Dios amando a nuestro prójimo como el mismo Cristo nos amó a nosotros.

 

Gabriel González del Estal

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LA HORA DE LA RESPONSABILIDAD DE LOS CREYENTES

1.- La extensión del Reino de Dios. La Ascensión de Jesús a los cielos es la última de sus apariciones. Es narrada por el Libro de los Hechos para confirmar la fe de los que han de ser sus testigos en todo el mundo, los apóstoles. Lo que importa es la instrucción acerca del Reino de Dios que reciben los apóstoles. Jesús no les instruye acerca de la organización de la iglesia, sino que les habla del Reino de Dios, que debe ser extendido por todo el mundo No debe confundirse el Reino de Dios con la iglesia, que lo proclama en el mundo. El Reino de Dios es la “civilización del amor” de la que hablaba Pablo VI. La Iglesia tiene la misión de establecer y hacer posible el Reino de Dios ya en este mundo. No estamos solos en esta tarea. Jesús ordena a sus discípulos que se queden en Jerusalén hasta que sean "bautizados con Espíritu Santo", esto es, hasta que descienda sobre ellos el Espíritu Santo, que es la fuerza de Dios. El Espíritu les dará la energía para trabajar en la obra de la extensión del Reino de Dios, mediante el anuncio de la compasión, de la ternura y del amor de Dios a todos y cada uno de los hombres, en especial los más débiles.

2.- Una nueva vida llena de esperanza. El apóstol Pablo ruega para que los suyos alcancen el conocimiento, la experiencia de la fe y del amor, a fin de que comprendan la grandeza de su vocación. La oración de Pablo se convierte en una gran afirmación acerca del poder y la riqueza de Dios, que se ha mostrado en Cristo. Es Dios quien ha resucitado de la muerte a Cristo, le ha dado la gloria celestial y lo ha hecho cabeza de la Iglesia y de todo. La Iglesia es también el lugar de la presencia de Jesucristo en el mundo, su expresión terrenal. Junto a su Señor glorificado, los creyentes han comenzado a vivir en una nueva creación, en un nuevo mundo, en una nueva vida. Por eso hace Pablo hincapié en el conocimiento de la esperanza que de esto se desprende, en la riqueza de la herencia, etc.; conocimiento que deben alcanzar los creyentes con la ayuda de Jesucristo y por los que Pablo ora.

3.- Comienza nuestra misión en el mundo. La ascensión de Jesús es un misterio, un acontecimiento para la fe. Lo que importa no es su descripción a manera de un acontecimiento visible sino la realidad significada en esa descripción. Ha terminado la obra de Jesús y debe comenzar ahora la misión en el mundo la comunidad de Jesús. Se abre un paréntesis para la responsabilidad de los creyentes. Entre la primera y la segunda venida del Señor, se extiende la misión de la iglesia. No podemos quedarnos con la boca abierta viendo visiones. Terminada la misión de Jesús en el mundo, ha de comenzar la misión de sus discípulos. Estos han de predicar y hacer lo mismo que su Maestro. Aparece aquí la fórmula "Señor Jesús", que constituye el núcleo más originario del símbolo de la fe cristiana. En esta fórmula se confiesa que Jesús, el hijo de María, que padeció bajo Poncio Pilato, es el Señor resucitado. Él nos envía a la misión de continuar su obra en la tierra, poniendo nuestra mirada en el cielo. Es el “ya, pero todavía no” del Reino de Dios. Así lo expresa San Agustín: “La necesidad de obrar seguirá en la tierra; pero el deseo de la ascensión ha de estar en el cielo. Aquí la esperanza, allí la realidad”

 

José María Martín OSA

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¿POR QUÉ NOS DEJAS, SEÑOR?

¿Por qué nos abandonas tan pronto? –Preguntaba un hijo a su padre a punto de cerrar los ojos al mundo– Y, éste, le respondía: he estado muchos años entre vosotros. Ahora os toca vivir según aquello que yo os he enseñado. Guardar todas mis pertenencias y, todo aquello que tanto me ha costado conseguir, cuidadlo. Un día, tal vez, os hará falta.

1.- Cuarenta días atrás nos encontrábamos celebrando el acontecimiento central de nuestra salvación: la Resurrección de Cristo. Hoy, y después de aquella noche en la que renovamos nuestra fe, nuestra adhesión a la Iglesia y nuestra opción por la vida cristiana, vitoreamos este misterio de la Ascensión en el que Jesús, victorioso sobre el pecado y sobre la muerte, asciende al encuentro del Padre.

-Quisiéramos tener siempre contacto personal con nuestros seres queridos pero, por ley de vida, se van yendo de nosotros.

-Desearíamos contemplar cara a cara a aquellos maestros o modelos de referencia que tanto nos han enseñado, pero van desapareciendo

-Soñaríamos con que todo lo bueno permaneciese perpetuamente en medio de nuestra existencia y, comprobamos, que se nos escapa entre nuestras manos.

La Solemnidad de la Ascensión es una evocación a la madurez: ahora nos toca a nosotros continuar con todo ese legado espiritual, humano y divino que Cristo nos ha desgranado. Se va pero, en su Ascensión, nos indica un camino abierto: nos volveremos a ver. Volverá y, cuando vuelva, nos descubrirá todo este inmenso misterio que hoy no llegamos a comprender en plenitud.

2.- Cuando una persona se muere solemos decir “Dios nos libre del día de las alabanzas”. Y es que, normalmente, esperamos a que una persona fallezca para hacer racimo de sus virtudes. Pues bien; la solemnidad de la Ascensión, nos convierte en pregoneros de todo aquello que Cristo ha anunciado. Además de ser un modelo de referencia, de hablar bien de Él, de proclamar sus maravillas….tenemos un gran cometido y una gran asignatura pendiente: ¡NO PODEMOS DEJAR EN EL TINTERO EL REINO DE DIOS!

-Si eres padre o madre de familia, háblales a tus hijos de Jesús de Nazaret. ¿Que no quieren saber nada? ¿Acaso los apóstoles no toparon con corazones duros y obstinados?

-Si eres empresario o estas al frente de un medio de comunicación; si eres obrero, funcionario, arquitecto, médico, o participas en algún órgano de decisión (política o económica), no olvides que –como cristiano estás convocado a sembrar valores altos en esa realidad terrena que te toca vivir.

-Si eres religiosa, si soy sacerdote, si eres catequista o perteneces a cualquier grupo cristiano…no olvidemos de levantar la cabeza. De insistir, por activa y por pasiva, que una realidad superior está por encima de nosotros.

3.- Dios espera mucho, pero mucho, de esta última hora de nuestra era cristiana en la que nos encontramos: unir el cielo y la tierra con nuestro esfuerzo por supuesto, y sobre todo abriendo el corazón y nuestras iniciativas apostólicas a la fuerza del Espíritu Santo en la próxima fiesta de Pentecostés.

Hoy, desgraciadamente, muchos han dejado de mirar hacia el cielo. Prefieren fijar sus ojos en los pequeños paraísos que, luego, se convierten en grandes infiernos en la tierra.

Es un momento oportuno, hoy más que nunca, para llevar nuestra experiencia de Cristo resucitado a cuántos nos rodean. La pregunta, claro está, es si durante este tiempo de Pascua hemos sentido y vivido esa presencia resucitadora de Jesús. Porque, nadie, puede dar algo que no posee previamente.

¡Gracias, Señor! ¡Marcha al cielo y, desde allá, haznos pregoneros de todo lo que nos has hablado y dejado!

 

Javier Leoz

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