¡Alégrate, el Señor está contigo!

 

Liturgia - Lecturas del día

 

 

Domingo, 10 de Diciembre de 2017

DOMINGO SEGUNDO DE ADVIENTO

Del Propio - Morado

Isaías 40, 1-5. 9-11 / 2 Pedro 3, 8-14 / Marcos 1, 1-8

Salmo Responsorial Sal 84, 9-14

R/.  "Muéstranos Señor tu misericordia"

 

Santoral:

La Virgen de Loreto, San Romarico

 

 

 

 

LECTURAS DEL DOMINGO 10 DE DICIEMBRE DE 2017

  

DOMINGO I DE ADVIENTO

 

 

Preparen el camino del Señor

 

Lectura del libro de Isaías

40, 1-5. 9-11

 

¡Consuelen, consuelen a mi Pueblo,

dice su Dios!

Hablen al corazón de Jerusalén

y anúncienle

que su tiempo de servicio se ha cumplido,

que su culpa está pagada,

que ha recibido de la mano del Señor

doble castigo por todos sus pecados.

Una voz proclama:

¡Preparen en el desierto

el camino del Señor,

tracen en la estepa

un sendero para nuestro Dios!

¡Que se rellenen todos los valles

y se aplanen todas las montañas y colinas;

que las quebradas se conviertan en llanuras

y los terrenos escarpados, en planicies!

 

Entonces se revelará la gloria del Señor

y todos los hombres la verán juntamente,

porque ha hablado la boca del Señor.

 

Súbete a una montaña elevada,

tú que llevas la buena noticia a Sión;

levanta con fuerza tu voz,

tú que llevas la buena noticia a Jerusalén.

Levántala sin temor,

di a las ciudades de Judá:

«¡Aquí está tu Dios!»

Ya llega el Señor con poder

y su brazo le asegura el dominio:

el premio de su victoria lo acompaña

y su recompensa lo precede.

Como un pastor, él apacienta su rebaño,

lo reúne con su brazo;

lleva sobre su pecho a los corderos

y guía con cuidado a las que han dado a luz.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                                               84, 9-14

 

 

R.    Muéstranos, Señor, tu misericordia.

 

Voy a proclamar lo que dice el Señor.

el Señor promete la paz, la paz para su pueblo y sus amigos.

Su salvación está muy cerca de sus fieles,

y la Gloria habitará en nuestra tierra.  R.

 

El Amor y la Verdad se encontrarán,

la Justicia y la Paz se abrazarán;

la Verdad brotará de la tierra

y la Justicia mirará desde el cielo.  R.

 

El mismo Señor nos dará sus bienes

y nuestra tierra producirá sus frutos.

La Justicia irá delante de Él,

y la Paz, sobre la huella de sus pasos.  R.

 

 

 

Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva

 

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pedro

3, 8-14

 

Queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. Sin embargo, el Día del Señor llegará como un ladrón, y ese día, los cielos desaparecerán estrepitosamente; los elementos serán desintegrados por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será consumida.

Ya que todas las cosas se desintegrarán de esa manera, ¡qué santa y piadosa debe ser la conducta de ustedes, esperando y acelerando la venida del Día del Señor! Entonces se consumirán los cielos y los elementos quedarán fundidos por el fuego. Pero nosotros, de acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia.

Por eso, queridos hermanos, mientras esperan esto, procuren vivir de tal manera que Él los encuentre en paz, sin mancha ni reproche.

 

Palabra de Dios.

 

 

 

EVANGELIO

Allanen los senderos del Señor

 

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Marcos

1, 1-8

 

Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. Como está escrito en el libro del profeta Isaías:

«Mira, Yo envío a mi mensajero delante de ti

para prepararte el camino.

Una voz grita en el desierto:

Preparen el camino del Señor,

allanen sus senderos,»

así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.

Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. y predicaba, diciendo: «Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo».

 

Palabra del Señor.

 

 

Reflexión

 

 

CAMBIO DE LA MENTE Y EL CORAZÓN

1.- Mensaje de consuelo y fortaleza. En el libro de la consolación de Isaías recibimos un mensaje maravilloso: son palabras de consuelo y fortaleza. Nada de amenazas y desventuras. ¡Qué distintas a los mensajes catastrofistas de algunas supuestas apariciones! Sus palabras son todas de consuelo y de gracia, como las de Jesús. Sus anuncios son todos de liberación y recompensa, como los de Jesús. Sus imágenes son todas sugestivas y entrañables, como las de Jesús. Y como las de todos los mejores profetas de todas las edades. Los que saben leer los signos de los tiempos, los que están convencidos de que Dios no castiga porque es un pastor que ama a su rebaño, los que encienden la esperanza, los que sueñan y predican utopías, los que saben que el futuro no es el coco, sino él. Son palabras de fe: a pesar de la situación angustiosa: sin patria, sin rey, sin ley, sin templo, "aquí está vuestro Dios". Y el Señor viene con la ternura de la madre, con la fuerza del libertador.

2.- Paciencia y esperanza, nos recomienda la Segunda Carta de Pedro. Son dos virtudes que se necesitan mutuamente, y mutuamente se engendran y se sostienen. La paciencia es impensable sin una esperanza en el horizonte. La salvación ya está aquí, "está ya cerca de sus fieles", nos dice el salmo 84. La esperanza alegra y dinamiza la paciencia, llevándola hasta límites insospechados. Dios, por ejemplo, “tiene mucha paciencia con vosotros”, porque espera “que nadie perezca”. Tengamos también paciencia nosotros, sin límites, y crezca nuestra esperanza también sin límites hasta que consigamos “un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia”. Esta feliz expresión recoge todos nuestros sueños y utopías. ¡Cómo añoramos este mundo, la verdadera tierra prometida! Asumamos este mensaje: “esperad”. El tiempo no importa –un día o mil años–, lo que importa es la intensidad y la calidad: esperemos confiando en “la promesa del Señor”, esperemos con “una vida santa y piadosa”, esperemos siendo “inmaculados e irreprochables”. La misericordia de Dios y la fidelidad del hombre se encuentran, segura el salmo de hoy.

3.- Llamada a la renovación de vida. Dios sigue viniendo hoy, a pesar de todo. Nos pide que colaboremos con El: "preparad un camino al Señor.... que las colinas se abajen…” Resulta sorprendente que el “evangelio de Jesucristo” comience con las obras y palabras del Precursor. La razón es que en el Bautista han ido a parar todas las palabras y promesas del Antiguo Testamento, que ahora alcanzarán en Jesucristo su última expresión y su cumplimiento. Hay una coherencia entre lo que dice Juan y lo que hace, entre su mensaje y su vida. Aparece en el desierto llevando una vida nada convencional; aparece solo frente a todo el pueblo. Así es el profeta. Abajar las colinas es limitar nuestro orgullo y amor propio y pensar primero en los demás. Juan llama a penitencia, que quiere decir cambio de la mente y del corazón, del hombre y de su contorno cultural. El que hace penitencia se sumerge en el futuro de Dios, que está viniendo, y deja atrás un hombre viejo y un mundo viejo. Esto es lo que simbolizaba el bautismo de Juan.

 

José María Martín OSA

www.betania.es

 

LAS VIRTUDES DE JUAN EL BAUTISTA

1.- Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonaran los pecados. La figura de Juan el Bautista es una de las figuras más significativas del Adviento, tal como podemos leer en los evangelios de este domingo y del siguiente. Si, como hemos dicho, el Adviento es tiempo de preparación y penitencia, Juan el Bautista, el Precursor, predicaba con la palabra y con el ejemplo una penitencia y una preparación que terminara en la conversión y en el bautismo. Él mismo era una persona convertida, que se había retirado al desierto para prepararse al encuentro con el Señor que iba a venir y del que él no era digno ni de desatarle las correas de las sandalias. La preparación de Juan el Bautista se manifestaba en unas virtudes que eran, y siguen siendo para nosotros, fundamentales en nuestra vida cristiana. La sobriedad en el comer y en el vestir. ¡Cuánto dinero inútil gastamos muchos de nosotros en comprar vestidos que no necesitamos y en comer más, o más caro, de lo que pudiéramos y debiéramos! En las sociedades más avanzadas, los roperos individuales están llenos de ropa que no necesitamos, y casi un tercio de la comida que se hace termina en los basureros, cuando existen millones de personas que no tienen la comida necesaria para vivir con dignidad. Otra verdad destacadísima de Juan el Bautista fue la humildad. No quiso nunca parecer el primero, porque sabía que no era. La soberbia humana es la madre de la avaricia y de muchos males de nuestra sociedad. Por pura soberbia humana pretendemos aparecer lo que no somos, humillamos al prójimo, y desencadenamos conflictos y problemas muchas veces dificilísimos después de resolver pacíficamente. A ejemplo de Juan el Bautista, en este segundo domingo de Adviento debemos nosotros fortalecer nuestro propósito de conversión, siendo sobrios en el comer y en el vestir, y siendo humildes, generosos y solidarios con las personas más pobres y desafortunadas que nosotros. Así nos prepararemos para recibir el bautismo de Jesús, el bautismo del Espíritu Santo, un bautismo que debe ser un nuevo nacimiento, dando muerte al hombre viejo y carnal que hay en nosotros y viviendo en comunión con Cristo, como criaturas nuevas y espirituales. Esto es prepararse dignamente para la Navidad.

2.- En el desierto preparadle un camino al Señor: que los valles se levanten, que los montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale… Como un pastor apacienta el rebaño, su mano los reúne. Lleva en brazos los corderos, cuida de las madres. También el profeta Isaías, como vemos en este bello texto, es una figura distinguida en el Adviento, en nuestro caminar hacia Dios. Y es que, durante todo el año, pero de manera muy especial en este tiempo de Adviento, debemos prepararnos para nuestro encuentro con el Señor, nuestro Dios. Debemos levantar los valles, es decir, no dejarnos vencer por nuestras cobardías y debilidades, levantar el ánimo; debemos abajar los montes y colinas, es decir, rebajar nuestra soberbia y vanidad; enderezar lo torcido e igualar lo escabroso, es decir, corregir nuestros desvíos sentimentales y pasionales, quitar las piedras emocionales y de comportamiento que dificultan nuestro caminar hacia Dios. Sabemos que en todo esto nos dio buen ejemplo el Señor Jesús, nacido en la pobreza de Belén, y señalándonos después con su vida cuál debe ser nuestro verdadero camino de vida. Jesús, como un buen pastor, nos alimenta con su propia carne y sangre en la eucaristía, nos cuida, nos dirige y nos protege de todo mal.

3.- Queridos hermanos: no perdáis de vista una cosa: para el Señor un día es como mil años y mil años como un día… Nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en la que habite la justicia. Tiene razón san Pedro, en lo que aquí dice: el Señor es eterno, mil años no son nada comparados con la eternidad. Lo que pasa es que nosotros somos temporales y efímeros, y cada día, para nosotros, es un mundo, y creemos y queremos que las cosas se arreglen en un día. Aprendamos a mirar las cosas desde la eternidad de Dios y esperemos y creamos que las promesas de Cristo se cumplirán. Habrá un cielo nuevo y una tierra nueva, donde nosotros viviremos, aunque no sabemos cuándo. También para nosotros, como lo era para san Pedro, el Adviento, la espera de la venida definitiva de Cristo, es un tiempo de esperanza. La esperanza cristiana debe mantener y fortalecer cada día nuestro caminar por esta vida. Sin esperanza, la vida cristiana se derrumba; es necesario que mantengamos siempre viva y activa nuestra esperanza. La esperanza nos salva. Y que el Señor nos muestre su misericordia y nos dé su salvación, como nos dice el salmo 84.

 

Gabriel González del Estal

www.betania.es

 

CAMINOS EQUIVOCADOS

 “Quiero y espero otra versión”. ¡Cuántas veces no hemos escuchado esta coletilla! Y es que, las cosas, se ven de distinta manera según quién nos las cuente y sobre todo, si el que lo cuenta, lo vive en propias carnes.

1.- Hoy, en esta época de adviento, entra en escena un personaje singular: Juan Bautista. Llamaba la atención por su forma de vestir, por su alimentación (un tanto peculiar) y, sobre todo, por su forma de ser: no cuidaba tanto de su cuerpo como de la esperanza del Pueblo de Israel. Era una trompeta que rompía de arriba abajo el silencio sobre el Mesías y emplazando a la conversión; a mirar de otra forma la venida del Salvador; a regresar de los palacios de la injusticia, del todo vale o de la comodidad. Y es que, este pregonero del desierto, previamente había enderezado su propio camino con una existencia nítida, radical y vociferaba a disponer unos caminos dignos por los que, el Señor, pudiera entrar. Y es que, muchos de los que añoraban a Jesús –al igual que nosotros mismos– elegían las avenidas más cómodas, y no precisamente las más santas, para hacerse los encontradizos con El. Dios venía por un camino y…el pueblo iba por otro. En dirección contraria.

2.- ¿Cómo vestimos nosotros? ¿Con la piel de la oración o con el oropel de la frialdad hacia Dios? ¿Con qué nos alimentamos? ¿Con la Palabra y la Eucaristía o, por el contrario, con todo aquello que es agradable al paladar del ojo, de la boca, del tener o del placer? ¿En qué dirección avanzamos? ¿Hacia la Navidad, Misterio de Amor, o hacia la vanidad del disfrutar, gastar y derrochar?

Juan, en este segundo domingo de adviento, nos pone contra las cuerdas. ¿Qué camino estamos construyendo para la llegada del Salvador? ¿Nos preocupamos de despejar la calzada de nuestra vida de aquellos escollos (envidias, orgullo, soberbia, malos modos, egoísmo….) que convierten nuestra fe en algo irrelevante o simbólico?

En estos próximos días (aunque en algunos lugares ya lo han llevado a cabo semanas atrás por intereses meramente comerciales) se adornan las calles y plazas como antesala de la Navidad. ¿Cómo vamos adornar nuestra vida? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a iluminar el interior de cada uno de nosotros para que, el Señor, cuando nazca pueda entrar con todas las de la ley al fondo de nuestras vidas y nacer de verdad?

4.- Ojala que en estos días que restan para el acontecimiento de la Navidad no nos dejemos seducir por lo que desvirtúa y mancilla la belleza y la grandeza de esos días. Desde ahora, y con una profunda revisión de nuestra vida cristiana nos comprometamos, de la mano de Juan, en encauzar lo que está torcido, iluminar lo que está oscuro, retornar de senderos equivocados, agarrarnos al poder y fuerza de la oración o pedirle al Señor que nos ayude a convertirnos a Él arropados por esa otra versión del mundo, de las personas, de los acontecimientos, del amor y de la paz que nos trae y nos da el Evangelio.

Equivocarse de caminos no es malo…siempre y cuando regresemos a tiempo de ellos. ¡Adelante con el Señor!

 

Javier Leoz

www.betania.es