¡Alégrate, el Señor está contigo!

 

Liturgia - Lecturas del día

 

 

Domingo, 10 de Junio de 2018

DOMINGO 10° DEL TIEMPO ORDINARIO

Génesis 3, 9-15 / 2 Corintios 4, 135, 1

/ Marcos 3, 20-35

Salmo responsorial Sal 129, 1-8
R/. "En el Señor se encuentra la misericordia"

 

Santoral:

Santa Margarita de Escocia, Santa Olivia

y Beata Ana María Taigi

 

 

LECTURAS DEL DOMINGO 10 DE JUNIO DE 2018

 

 

DOMINGO 10° DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Pondré enemistad entre tu descendencia y la de la mujer.

 

Lectura del libro del Génesis

3, 9-15

 

Después que el hombre y la mujer comieron del árbol que Dios les había prohibido, el Señor Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?»

«Oí tus pasos por el jardín, respondió él, y tuve miedo porque estaba desnudo. Por eso me escondí».

Él replicó: «Y quién te dijo que estabas desnudo?» ¿Acaso has comido del árbol que Yo te prohibí?»

El hombre respondió: «La mujer que pusiste a mi lado me dio el fruto y yo comí de él».

El Señor Dios dijo a la mujer: «¿Cómo hiciste semejante cosa?»

La mujer respondió: «La serpiente me sedujo y comí».

Y el Señor Dios dijo a la serpiente:

 

«Por haber hecho esto,

maldita seas entre todos los animales domésticos

y entre todos los animales del campo.

Te arrastrarás sobre tu vientre,

y comerás polvo

todos los días de tu vida.

Pondré enemistad entre ti y la mujer,

entre tu descendencia y la suya.

Ella te aplastará la cabeza

y tú le acecharás el talón».

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                           129, 1-8

 

R.    En el Señor se encuentra la misericordia.

 

Desde lo más profundo te invoco, Señor,

¡Señor, oye mi voz!

Estén tus oídos atentos,

al clamor de tu plegaria. R.

 

Si tienes en cuenta las culpas, Señor,

¿quién podrá subsistir?

Pero en ti se encuentra el perdón,

para que seas temido R.

 

Mi alma espera en el Señor,

y yo confío en su palabra.

Mi alma espera al Señor,

más que el centinela la aurora.  R

 

Como el centinela espera la aurora,

espere Israel al Señor

Mi alma espera al Señor,

porque en Él se encuentra la misericordia.

      y la redención en abundancia:

Él redimirá a Israel de todos sus pecados.  R.

 

 

 

Creemos, y por lo tanto, hablamos

 

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto

4, 13–5, 1

 

Hermanos:

Teniendo ese espíritu de fe, del que dice la Escritura: «Creí, y por eso hablé», también nosotros creemos, y por lo tanto, hablamos. Y nosotros sabemos que Aquél que resucitó al Señor Jesús nos resucitará con Él y nos reunirá a su lado junto con ustedes.

Todo esto es por ustedes: para que al abundar la gracia, abunde también el número de los que participan en la acción de gracias para gloria de Dios.

Por eso, no nos desanimamos: aunque nuestro hombre exterior se vaya destruyendo, nuestro hombre interior se va renovando día a día. Nuestra angustia, que es leve y pasajera, nos prepara una gloria eterna, que supera toda medida. Porque no tenemos puesta la mirada en las cosas visibles, sino en las invisibles: lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno.

Nosotros sabemos, en efecto, que si esta tienda de campaña –nuestra morada terrenal– es destruida, tenemos una casa permanente en el cielo, no construida por el hombre, sino por Dios.

 

Palabra de Dios. 

 

 

 

EVANGELIO

 

Ha llegado el fin de Satanás

 

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Marcos

3, 20-35

 

Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer. Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: «Es un exaltado».

Los escribas que había venido de Jerusalén decían: «Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los demonios».

Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: «¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir Y una familia dividida tampoco puede subsistir. Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa.

Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre». Jesús dijo esto porque ellos decían: «Está poseído por un espíritu impuro».

 

Entonces llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar. La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: «Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera».

Él les respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de Él, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

 

Palabra del Señor.

 

 

Reflexión

 

 

 

LUCHAR CONTRA EL MAL, CON EL ESPÍRITU DE JESÚS

1.- También los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: “Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios”. Jesús expulsaba a los demonios, al mal, con el poder del espíritu que le había dado su Padre, Dios, es decir, con el poder del Espíritu Santo. Jesús luchaba contra el mal, contra los malos espíritus, por amor a las personas, porque no podía ver sufrir a las personas sin hacer nada para liberarlas del sufrimiento y del dolor. Y esto es lo que tenemos que hacer los cristianos: ayudar a los enfermos, a los pecadores, a los marginados, a los que pasan hambre, defender la vida siempre y defender a los que la pierden injustamente; en definitiva, defender y ayudar a cualquier persona que sufre por culpa de la injusticia humana. Esto naturalmente nunca sale gratis, porque las personas a las que ayudamos son personas, en su mayor parte, que sufren por culpa de otras personas que se quieren aprovechar de ellas, que salen ganando, aprovechándose de su debilidad y vulnerabilidad. Hay pobres porque hay ricos injustos, hay marginados porque hay personas orgullosas y soberbias, hay miles de enfermos que padecen enfermedad, hay muertes injustas precisamente porque los que tienen el poder y el dinero no hacen nada para remediarlo, hay personas que pasan hambre y sed porque a muchas personas y a muchos Estados les interesa más gastar el dinero en provecho propio, que en remediar el hambre, la sed, la enfermedad, el mal, la muerte injusta, que podían combatir y remediar, al menos en gran parte. Esto debemos analizarlo a nivel de Estados, de empresas, y también de personas particulares. Cada uno de nosotros debemos analizar nuestra conducta y ver si realmente también nosotros estamos contribuyendo a aumentar el mal en el mundo en el que vivimos, o no hacemos todo los que podemos hacer para remediarlo. Jesús nunca se quedó indiferente ante el mal y la vida; tampoco los cristianos podemos, ni debemos hacerlo.

2. - “Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”. Jesús vivió en familia muchos años de su vida, mientras crecía en gracia y santidad. Nunca despreció a su familia natural. Pero cuando le llegó el momento de dedicar toda su actividad y su vida a predicar el Reino, la Buena Nueva, abandonó su casa materna y a sus padres; su única casa y su única familia pasaron a ser desde entonces todos los que querían seguirle, todos los que querían hacer y cumplir la voluntad de Dios. Nosotros, los que queremos seguir a Cristo y hacer su voluntad, somos familia de Cristo, familia de Dios. Es evidente que debemos seguir amando a nuestra familia natural, pero, en el orden espiritual nuestra única familia es Cristo y todos los que hacen la voluntad de Dios. Esto no sólo es aplicable a las personas consagradas, sino a todos los seglares comprometidos con la defensa del Reino de Dios en este mundo.

3.- Aunque nuestro hombre exterior se vaya deshaciendo, nuestro interior se renueva cada día… No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve. Lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno. Por supuesto que san Pablo, en esta su carta a los Corintios, habla desde la fe, no desde la evidencia de los sentidos externos. Sin fe en la transcendencia, el mundo y la vida son puro materialismo. Tenemos que ser personas de fe, saber mirar la vida con ojos de fe, de lo contrario nunca podremos dar el salto desde este mundo material en el que vivimos hasta el mundo espiritual, el mundo de Dios. Los ojos corporales de nuestro cuerpo sólo ven realidades transitorias, sólo con los ojos de la fe podemos ver el mundo eterno. Todo es distinto para el hombre de fe, que para el hombre que no tiene fe. Por la fe sabemos que Dios está presente y vive en cada uno de nosotros, que lo divino que hay en cada uno de nosotros es Dios mismo. Cristo fue el principal testigo y anunciador de la presencia de Dios en nosotros. Los cristianos sabemos muy bien que comulgando con Cristo comulgamos con Dios y con todas las personas que viven en Dios y con Dios. Así lo han vivido todos los santos y personas religiosas que han vivido en este mundo. Así lo debemos de vivir también cada uno de nosotros. Defendamos los intereses de Dios, con el Espíritu de Jesús, por encima de nuestros mezquinos intereses, defendamos la verdad y el bien, defendamos, en definitiva, lo que Cristo defendió mientras vivió en nuestro mundo. Sólo así podremos llamarnos en verdad cristianos, discípulos de Cristo.

 

Gabriel González del Estal

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SOMOS LA FAMILIA DE JESÚS

1.- Vence el bien. Pecar es alejarse de la presencia de Dios, es vivir en la oscuridad y la tristeza. El hombre no puede esconderse de la presencia de Dios, aunque lo intenta siempre cuando peca. Dios lo interroga y el hombre, una vez más, trata de huir de su culpa echándosela en cara al mismo Dios: "La mujer que tú me has dado...". Sin embargo, el miedo del hombre que le impulsa a la huida es ya la señal que le descubre su propio pecado. Tampoco la mujer acepta su responsabilidad: también ella huye en vano de su culpa, tratando de echársela a la serpiente. No obstante, Dios, que maldice a la serpiente sin haberla escuchado antes, no maldice a Adán y Eva. La serpiente es como la expresión objetiva de toda la fuerza seductora del mal, Esta lucha que se inicia en el paraíso entre la mujer y su descendencia contra toda la fuerza seductora del mal, continuará después en la historia de la humanidad. Los hijos de la mujer, los hombres, sufrirán más de una derrota; pero al fin habrá una victoria definitiva. De la mujer –de otra mujer, pero de la mujer al fin y al cabo– nacerá "el más fuerte", que aplastará la cabeza de la serpiente. El pecado puede ser vencido, porque Dios nos regala su perdón con su misericordia

2.- La incomprensión de los “suyos”. Jesús ha comenzado su vida pública, después del Bautismo, predicando la Buena Noticia y curando a varios enfermos. Todo trascurre alrededor del Lago de Tiberíades. Por un tiempo vive en Cafarnaún, “su pueblo”. Vemos que “fue a casa”. Posiblemente se trata de la casa de Pedro en Cafarnaún. El texto griego dice que aparecen "los suyos", una expresión que puede referirse efectivamente a la familia de Jesús, pero también a sus discípulos. No obstante, puesto que los discípulos ya se encuentran con Jesús, parece más probable que éstos que lo buscan ahora sean sus familiares. Están preocupados por la salud de Jesús, bien sea que ellos mismos piensen que está "fuera de sí", o que han oído decir que éste es el rumor de la gente. Hay que pensar que "los suyos" miran también por la buena fama de toda la familia. El celo de Jesús por cumplir su misión ni siquiera fue comprendido por los de su casa, sus familiares. La presión de la familia, nacida ciertamente de la incomprensión, pero no ejercida con mala voluntad, es secundada ahora por la malicia de estos escribas, quizás en misión oficial del sanedrín, que tratan conscientemente de tergiversar la actividad de Jesús, para desprestigiarlo ante el pueblo. El odio entra en acción con todos sus recursos. No pueden negar el poder de Jesús, pero le dan una interpretación malévola: "Jesús es un aliado de Satanás".

3.- La familia auténtica de Jesús somos nosotros. Lo somos cuando escuchamos y cumplimos la Palabra de Dios. Esto es lo único que Jesús pide, que le sigamos. Somos ahora “su madre y sus hermanos”, tal como indica San Agustín en sus sermones:

Por tanto, amadísimos hermanos, atended a vosotros mismos: también vosotros sois miembros de Cristo, cuerpo de Cristo. Así lo afirma el Señor, de manera equivalente, cuando dice: Éstos son mi madre y mis hermanos. ¿Cómo seréis madre de Cristo? El que escucha y cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. Podemos entender lo que significa aquí el calificativo que nos da Cristo de «hermanos» y «hermanas»: la herencia celestial es única, y, por tanto, Cristo, que siendo único no quiso estar solo, quiso que fuéramos herederos del Padre y coherederos suyos. SAN AGUSTIN (Sermón 25, 7-8)

 

José María Martín OSA

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EL PECADO Y EL ARREPENTIMIENTO

1.- Como en otras muchas ocasiones, en este domingo, la relación entre la primera lectura y el evangelio se da… y con mucho acierto. En el fragmento del Libro del Génesis que acabamos de escuchar y, asimismo, los versos del capítulo tercero del evangelio de San Marcos aparece el diablo, el malo, el demonio… Es el mismo tentador de la pareja de Paraíso Terrenal… Y también parte de la catequesis de Jesús de Nazaret, cuando sus enemigos quieren adjudicar su fuerza sanadora y milagrosa a Belzebú, el llamado príncipe de los demonios. Jesús dice que si eso fuera así el reino del mal estaría en guerra civil y, por tanto, a punto de desaparecer… Pero no. Jesús pertenece a otro Reino. El maligno sigue fuerte y poderoso. Hoy mismo, junto a nosotros, intenta modificar la realidad para acercarla al mal absoluto.

2.- La figura del tentador ha sido negada por muchos y algunos le han convertido en un personaje ridículo, vestido de rojo, con cuernos y rabo. La negación de la existencia del demonio ha sido protagonizada por personajes más o menos notables de la religión, filosofía o ciencia… La cada vez más extendida increencia niega la existencia del diablo, como niega a propio Jesús de Nazaret incluso en su presencia histórica en la tierra. Hace unos años dos teólogos de enorme peso e influencia fueron los más citados como “negadores” de la realidad del demonio. Me refiero a Rudolf Karl Bultmann y Herbert Haag. Pero la Iglesia ha trabajado duro para que no se niegue u olvide la figura del tentador. Y en esos años ya Pablo VI dijo “son rodeos que el demonio es una realidad personal que actúa en la historia funesta de la humanidad”.

3.- El papa Francisco, por su parte, ha afirmado con claridad la existencia del demonio, aunque ha habido una tendencia importante a tergiversar sus palabras. La bondad sencilla del papa Bergoglio quiere ser oscurecida por los adoradores del mal. Y es que la “ecuación” es muy sencilla: si se niega la existencia del diablo se niega el mal como oponente al Bien que viene de Dios. El Mal no es solo una parte del comportamiento humano. Pero la negación de esa realidad personificada del mal es como negar a mismísimo Jesús de Nazaret quien se refiere a dicha realidad muchas veces y sitúa al demonio como enemigo de Dios y de su creación.

4.- Si tenemos idea del Bien no podemos dejar ser ignorantes de las capacidades del Mal. No es un problema de comportamiento humano en lo personal o en lo comunitario. Desde la primera andadura del género humano ahí estuvo el Malo como muy bien nos recuerda el Libro del Génesis. A su vez, la batalla de Jesús contra el mal fue total y constante. No es posible una lectura fragmentada de la Sagrada Escritura. No es posible aceptar solo aquello que nos gusta o nos parece adecuado. Hay, además, un argumento sencillo que utiliza la Policía para descubrir culpables. Sería, pues: ¿a quién beneficia la aceptación de la no existencia del demonio?... Pues al propio demonio. Esto no debe olvidarse.

5.- San Pablo nos va a dar una receta que ayuda a superar las dificultades, incluso –¡cómo no!– las teológicas. Dice en unos de los párrafos que se han leído hoy de su carta a los Corintios: “Pues la leve tribulación presente nos proporciona una inmensa e incalculable carga de gloria, ya que no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; en efecto, lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno”. Realmente, lo que vemos con nuestros ojos de la cara es transitorio y poco firme. Y lo que no vemos, pero sabemos por la doctrina de la Iglesia que existe, es camino de eternidad. Y cuanto al fin último, a lo que será nuestra vida en el cielo, señala que “sabemos que, si se destruye esta nuestra morada terrena, tenemos un sólido edificio que viene de Dios, una morada que no ha sido construida por manos humanas es eterna y está en los cielos”.

6.- No quiero terminar sin citar el salmo. No se suele hacer. El Salterio es el “gran perdedor” de los comentarios homiléticos”. Los versos del salmo 129 que hemos proclamado hoy son un canto al arrepentimiento y a la paz. Hay tres de ellos que, en lenguaje moderno diríamos que son muy fuertes:

Si  llevas cuenta de los delitos, Señor,

¿quién  podrá resistir?

Pero  de ti procede el perdón, y así infundes temor.

Es obvio que también se pide, mediante el arrepentimiento, el regreso a Dios y a su Bien. Pienso que no estaría releer en cualquier momento los que hemos razado hoy del salmo 129 y que sea nuestro oficio “rápido” de demanda de perdón a Dios nuestro Padre.

 

Ángel Gómez Escorial

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