¡Alégrate, el Señor está contigo!

 

Liturgia - Lecturas del día

 

 

Domingo, 7 de Enero de 2018

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

Fiesta - Blanco

Isaías 55, 1-11 / 1 Juan 5, 1-9 / Marcos 1, 7-11

Salmo Responsorial  Is 12, 2-4bcd. 5-6

R/.  "Sacarán agua con alegría

de las fuentes de la salvación"

 

Santoral:

San Raimundo de Peñafort

y San Carlos de Sezze

 

 

LECTURAS DEL DOMINGO 7 DE ENERO DE 2018

  

 

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

 

Vengan a tomar agua; escuchen y vivirán

Lectura del libro de Isaías

55, 1-11

 

Así habla el Señor:

¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos,

y el que no tenga dinero, venga también!

Coman gratuitamente su ración de trigo,

y sin pagar, tomen vino y leche.

¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta

y sus ganancias, en algo que no sacia?

Háganme caso, y comerán buena comida,

se deleitarán con sabrosos manjares.

Presten atención y vengan a mí,

escuchen bien y vivirán.

Yo haré con ustedes una alianza eterna,

obra de mi inquebrantable amor a David.

Yo lo he puesto como testigo para los pueblos,

jefe y soberano de naciones.

Tú llamarás a una nación que no conocías,

y una nación que no te conocía correrá hacia ti,

a causa del Señor, tu Dios,

y por el Santo de Israel, que te glorifica.

 

¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar,

llámenlo mientras está cerca!

Que el malvado abandone su camino

y el hombre perverso, sus pensamientos;

que vuelva al Señor, y Él le tendrá compasión,

a nuestro Dios, que es generoso en perdonar.

Porque los pensamientos de ustedes no son los míos,

ni los caminos de ustedes son mis caminos

-oráculo del Señor-.

Como el cielo se alza por encima de la tierra,

así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos

a los caminos y a los pensamientos de ustedes.

Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo

y no vuelven a él sin haber empapado la tierra,

sin haberla fecundado y hecho germinar,

para que dé la semilla al sembrador

y el pan al que come,

así sucede con la palabra que sale de mi boca:

ella no vuelve a mí estéril,

sino que realiza todo lo que Yo quiero

y cumple la misión que Yo le encomendé.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                                               Is 12, 2-4bcd. 5-6

 

R.    Sacarán agua con alegría

de las fuentes de la salvación.

 

Éste es el Dios de mi salvación:

yo tengo confianza y no temo,

porque el Señor es mi fuerza y mi protección;

Él fue mi salvación.  R.

 

Den gracias al Señor,

invoquen su Nombre,

anuncien entre los pueblos sus proezas,

proclamen qué sublime es su Nombre.  R.

 

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso:

¡que sea conocido en toda la tierra!

¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión,

porque es grande en medio de ti el Santo de Israel!  R.

 

 

El Espíritu, el agua y la sangre

 

Lectura de la primera carta de san Juan

5, 1-9

 

Queridos hermanos:

El que cree que Jesús es el Cristo

ha nacido de Dios;

y el que ama al Padre

ama también al que ha nacido de Él.

La señal de que amamos a los hijos de Dios

es que amamos a Dios

y cumplimos sus mandamientos.

El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos,

y sus mandamientos no son una carga,

porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo.

Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe.

¿Quién es el que vence al mundo,

sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

 

Jesucristo vino por el agua y por la sangre;

no solamente con el agua,

sino con el agua y con la sangre.

Y el Espíritu da testimonio

porque el Espíritu es la verdad.

Son tres los que dan testimonio:

el Espíritu, el agua y la sangre;

y los tres están de acuerdo.

Si damos fe al testimonio de los hombres,

con mayor razón

tenemos que aceptar el testimonio de Dios.

Y Dios ha dado testimonio de su Hijo.

 

Palabra de Dios.

 

 

EVANGELIO

 

Tú eres mi Hijo muy querido,

en ti tengo puesta toda mi predilección

 

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Marcos

1, 7-11

 

Juan Bautista predicaba, diciendo:

«Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo».

En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre Él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección».

 

Palabra del Señor.

 

 

Reflexión

 

EL BAUTISMO DE ADULTOS Y LA IMPORTANCIA DEL RITO DE LA CONFIRMACIÓN

1.- Él os bautizará con Espíritu Santo. En tiempos de Jesús el bautismo era siempre una decisión personal, que suponía un propósito claro y público de conversión y de entrega absoluta al Señor. Lo que más podría parecerse al bautismo de niños que hacemos ahora los cristianos, salvando lógicas diferencias teológicas y culturales, era el rito de la circuncisión. Mediante la circuncisión los padres del niño querían dejar muy claro que su hijo comenzaba a formar parte y a ser miembro activo de la religión judía y del pueblo judío. Todos los niños judíos eran circuncidados, pero sólo algunos, libre y voluntariamente, se bautizaban cuando ya eran mayores. A Jesús de Nazaret, según los evangelios, sus padres le hicieron circuncidar a los ocho días de nacer, pero él no decidió bautizarse hasta los treinta años. Es decir, que en tiempos de Jesús, el bautismo era siempre un bautismo de adultos. ¿Qué quiero decir, o mejor, sugerir, con todo esto? Que también en nuestro tiempo, tan amante de la libertad individual, debemos hacer de nuestro bautismo una decisión personal. ¿Cómo y cuándo? En el momento de recibir el sacramento de la Confirmación. En el momento de la Confirmación nuestros jóvenes deben decidir, libre y voluntariamente, si quieren vivir según el espíritu de Cristo, es decir, si quieren recibir el Espíritu Santo y vivir como auténticos cristianos. Nuestros jóvenes deben entender que cuando sus padres les bautizaron les hicieron miembros de la Iglesia Católica y partícipes de la plena gracia de Dios. Pero ahora, cuando ya son adultos, son ellos los que deben decidir si quieren vivir, o no, como personas bautizadas, es decir, llenas del Espíritu Santo. Esto deben expresarlo en el momento de la Confirmación.

2.- Tú eres mi Hijo amado, mi preferido. En nuestras relaciones con Dios, siempre es Dios quien nos lleva la delantera. No comenzamos a ser hijos de Dios cuando nosotros decidimos serlo, sino cuando Dios nos hace hijos suyos. Jesús de Nazaret no comenzó a ser Hijo amado de Dios cuando se bautizó, sino que, en el momento del bautismo, es Dios quien le dice que es su Hijo amado, desde siempre. La voz de Dios, la teofanía de Dios, iba dirigida preferentemente a los discípulos de Jesús. Los discípulos de Jesús debían saber que su Maestro era el Hijo amado de Dios, su preferido. Es decir, que debían escucharle y seguirle como a la palabra de Dios.

3.- Sobre él he puesto mi espíritu. En este texto del profeta Isaías está anunciado proféticamente cuál es el espíritu que llenará y guiará la vida del Mesías. Será un espíritu manso y fuerte a la vez, justo y misericordioso, luz y guía de los pueblos. Su misión será promover la justicia y el derecho, acordándose siempre de los últimos y de los más débiles. En Jesús de Nazaret se hará realidad este texto, cuando Jesús instaure en la tierra el reino de Dios. Nuestra misión, como cristianos, es luchar con todas nuestras fuerzas para que este reino de Dios, anunciado por Jesús, se haga realidad en el mundo en el que nosotros vivimos.

4.- El Señor bendice a su pueblo con la paz. La paz de la que habla hoy el salmo responsorial es “la paz que nos traería Jesucristo”, como se nos dice en el texto de los Hechos de los Apóstoles que leemos hoy. Esta es la paz que predicó Jesús de Nazaret, “ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo”. Este puede ser un buen propósito final para terminar este tiempo litúrgico de Navidad: trabajar por la paz y la justicia, haciendo siempre el bien y tratando de ayudar a todas las personas que, por las causas que sea, se sienten oprimidos por el diablo, es decir, por las fuerzas del mal. Que el Señor nos bendiga todos con la paz.

 

Gabriel González del Estal

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¿SABEMOS RECONOCERLE Y SEGUIRLE?

1.- ¿Quién es Jesús? La liturgia de hoy da un salto muy grande. Del Jesús niño al que los magos adoran, pasamos en un día a contemplar a Juan Bautista bautizando a Jesús adulto. Con la fiesta del Bautismo del Señor termina el ciclo de Navidad. Asistimos a la presentación "oficial" de Jesús en público. Su aparición ante los hombres y mujeres de su época para dar comienzo a los que tradicionalmente se ha llamado su "ministerio público". Pero, como punto de partida en esta cuestión, como es lógico y normal, lo primero será presentar al "protagonista": ¿quién es Jesús? El evangelio de hoy nos dará una respuesta clara, una respuesta de fe, a esta pregunta: es el Hijo predilecto de Dios. ¿Damos también nosotros a Jesús en nuestra vida esa predilección?; quizá en nuestras teorías y en nuestros esquemas mentales Jesús sea preferente. Pero ¿también en las obras? Ahí está la cuestión.

2.- En la primera lectura se nos presenta al “siervo de Yahveh". Se describe la figura del discípulo verdadero de Yahveh que ha sido elegido para enseñar "el derecho" a las naciones, esto es, la religión legítima, que ha sido fortalecido para aguantarlo todo con tal de cumplir su misión y que, después de expiar con su dolor los pecados del pueblo, será glorificado por Dios. La Iglesia ha visto en estos cantos la descripción profética de la pasión y muerte de Jesús. Dios elige al Siervo y lo presenta a Israel y a las naciones. Esta designación difiere de la designación de los reyes y de la vocación de los profetas. En el caso de los reyes, Dios elige a un caudillo carismático y lo presenta al pueblo para que éste lo acepte y después sigue la proclamación real; en el caso de los profetas, la vocación acontece sin testigos. Dios elige al Siervo porque quiere, porque se complace en él, sin fijarse en las cualidades que tenga y sin justificar ante nadie su elección. Dios elige a su Siervo soberanamente, y lo presenta después a todo el mundo. La misión del siervo de Yahveh es sentenciar justicia y llevar el derecho a las naciones. Aunque el Siervo de Yahveh es también una caña cascada, no se quebrará ni vacilarán sus rodillas hasta implantar la justicia. El será la fortaleza de todos los oprimidos. Como "luz de las naciones" llevará a todas partes el conocimiento de Dios. Su misión es universal. Por fin, se subraya el carácter liberador del Siervo de Yahveh. ¿No es esto precisamente lo que hizo Jesús con nosotros?

3.- El cielo se "rasgó". El "cielo se abre" no para mostrar lo que esconde, sino para dar al Espíritu que desciende en forma de paloma. En el relato evangélico tenemos la respuesta de Dios a la petición de Isaías: Ha llegado el tiempo de la gracia y los cielos se rasgan para dar paso al Espíritu de Dios que actuará por las palabras y obras de Jesús salvando a los hombres. No estamos obligados a entender que se tratara de un suceso visible en el firmamento. Lo importante es que en Jesús, la Palabra de Dios, Dios sale al encuentro del hombre. Según Marcos, la "voz que viene del cielo" se dirige directamente a Jesús. En el Antiguo Testamento se llama hijo de Dios a todo el pueblo de Israel, también al justo y en sentido eminente al Rey-Mesías. La voz que viene del cielo declara en primer lugar que Jesús es el Mesías. Evidentemente, es una alusión a las palabras del profeta Isaías: "He aquí mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. He puesto mi espíritu sobre él...". ¿Sabemos nosotros reconocerle y seguirle?

 

José María Martín OSA

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¡AHORA ES CUANDO COMIENZA TODO!

Con el Bautismo del Señor clausuramos este tiempo de fe, días de familia y de fiesta compartida, con la que hemos festejado y celebrado el Misterio de la Santa Navidad.

1.- Sin apenas horas ni días para recuperarnos del gozo de la Navidad asistimos hoy, no como espectadores y sí cómo adoradores de ese Niño que se hace grande, al Bautismo de Jesús. Un Bautismo que le empuja a sumergirse de lleno, no solamente en el agua fresca del río Jordán, sino también en el camino de conversión y de justicia, de dedicación y de entrega dejándose totalmente inspirar y dirigir por la voluntad del Padre. ¿Hay mayor y más exigente bautismo que ese?

Si ya Jesús comparte nuestra condición humana, hoy con el Bautismo, se pone junto a nosotros, se suma a la fila de aquellos que nos sentimos pecadores pero para devolvernos la gracia, la vida de Dios. Para arrancarnos de un mundo de oscuridades a una atmósfera de luz divina.

¡Gracias, Padre! No contento con presentarte como humilde siervo en Belén, nos muestras a tu Hijo Jesús para rescatarnos del mal y hacernos sentir lo que a veces perdemos por el camino: Hijos de Dios.

2.- Amigos y hermanos; no podemos quedarnos electrificados (o quemados… quién sabe) en y por las luces de la Navidad. Mucho menos distraídos por el ambiente consumista que, entre otras cosas, nos invita a dar gusto al paladar de la boca en detrimento de aquel otro que residen en el alma.

El Bautismo del Señor es la consecuencia de su nacimiento en Belén: ha venido para salvarnos y no para quedarse tapadito en una cuna. Ha nacido para crecer y enseñarnos el camino del amor.

Jesús no ha comparecido para cobijarse permanentemente al calor del buey o de la mula, con los agasajos de los Magos o la espontaneidad de los pastores. ¡Jesús va mucho más allá! ¡Quiere y desea nuestra salvación! Al descender al río Jordán comienza a remar en la dirección marcada por su Padre. Al acoger el Bautismo de manos de Juan, nos invita a subirnos en su barca para conquistar un horizonte marcado por sus palabras y sus hechos. ¿Estamos dispuestos a seguirle? ¿Qué hemos hecho nosotros con nuestro bautismo? ¿Lo hemos dejado solamente plasmado en una bonita fotografía, película de DVD o excusa para una fiesta familiar?

Que la Solemnidad del Bautismo del Señor nos ayude a sacar de nosotros ese Niño Jesús que, hoy más que nunca, necesita crecer en nuestro interior y ser testimoniado ante el mundo.

Flaco favor haríamos a la Navidad recientemente celebrada si pensáramos que, Dios, ha nacido para quedarse en el recuerdo de un infante, en nuestra niñez, en nuestra incapacidad para sumergirnos de lleno en esas aguas bautismales que nos hacen sentirnos hijos de Dios y llamados a una nueva vida. ¿Estamos dispuestos?

En el Bautismo de Jesús, el Espíritu Santo descendió sobre Él, para indicarnos que, con su fuerza, que es el amor, va a llevar adelante la misión que el Padre le encomendó. Por lo tanto, el Bautismo es para Jesús el momento en el que inaugura su misión evangelizadora. Por eso es la culminación del tiempo de la Navidad.

3.- Esta fiesta nos invita a reflexionar un poco sobre el Bautismo que recibimos cada uno de nosotros. Es un sacramento que hemos descuidado mucho, que lo hemos distorsionado por una serie de costumbre sociales y que, en realidad, es el sacramento que debe marcar el rumbo de nuestra vida cristiana.

Nosotros no podemos quedarnos indiferentes. Recordemos que no solamente promueve el mal aquel que lo realiza, sino también aquel que pudiendo sembrar el bien no lo hace. Dios nos va a juzgar no solamente por nuestras obras, sino también por nuestras omisiones.

 

Javier Leoz

www.betania.es