¡Alégrate, el Señor está contigo!

 

Liturgia - Lecturas del día

 

 

Domingo, 4 de Febrero de 2018

DOMINGO 5º DEL TIEMPO ORDINARIO

Job 7, 1-4. 6-7 / 1 Corintios 9, 16-19. 22-23

/ Marcos 1, 29-39

Salmo Responsorial Sal 146, 1-6

R/. "Alaben al Señor, que sana a los afligidos"

 

Santoral:

San Gilberto, San Teófilo

y Santa Juana de Francia

 

 

 

LECTURAS DEL DOMINGO 4 DE FEBRERO DE 2018

 

 

DOMINGO 5º DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Soy presa de la inquietud hasta la aurora

 

Lectura del libro de Job

7, 1-4. 6-7

 

Job habló diciendo: .

¿No es una servidumbre la vida del hombre sobre la tierra?

¿No son sus jornadas las de un asalariado?

Como un esclavo que suspira por la sombra,

como un asalariado que espera su jornal,

así me han tocado en herencia meses vacíos,

me han sido asignadas noches de dolor.

Al acostarme, pienso: «¿Cuándo me levantaré?»

Pero la noche se hace muy larga

y soy presa de la inquietud hasta la aurora.

Mis días corrieron más veloces que una lanzadera:

al terminarse el hilo, llegaron a su fin.

 

Recuerda que mi vida es un soplo

y que mis ojos no verán más la felicidad.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                     146, 1-6

 

R.    Alaben al Señor, que sana a los afligidos.

 

¡Qué bueno es cantar a nuestro Dios,

qué agradable y merecida es su alabanza!

El Señor reconstruye a Jerusalén

y congrega a los dispersos de Israel. R.

 

Sana a los que están afligidos

y les venda las heridas.

Él cuenta el número de las estrellas

y llama a cada una por su nombre. R.

 

Nuestro Señor es grande y poderoso,

su inteligencia no tiene medida.

El Señor eleva a los oprimidos

y humilla a los malvados hasta el polvo. R.

 

 

 

¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!

 

Lectura de la primera carta del Apóstol

san Pablo a los cristianos de Corinto

9, 16-19. 22-23

 

Hermanos:

Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!

Si yo realizara esta tarea por iniciativa propia, merecería ser recompensado, pero si lo hago por necesidad, quiere decir que se me ha confiado una misión.

¿Cuál es, entonces, mi recompensa? Predicar gratuitamente el Evangelio, renunciando al derecho que esa Buena Noticia me confiere.

En efecto, siendo libre, me hice esclavo de todos, para ganar al mayor número posible. Y me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles. Me hice todo para todos, para ganar por lo menos a algunos, a cualquier precio.

Y todo esto, por amor a la Buena Noticia, a fin de poder participar de sus bienes.

 

Palabra de Dios.

 

 

 

EVANGELIO

 

Sanó a muchos, que sufrían diversos males

 

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Marcos

1, 29-39

 

Jesús fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. Él se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.

Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús sanó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a éstos no los dejaba hablar, porque sabían quién era El.

Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando.

Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando».

Él les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido».

Y fue por toda la Galilea, predicando en las sinagogas de ellos y expulsando demonios.

 

Palabra del Señor.

 

 

Reflexión

 

LA PURIFICACIÓN A TRAVÉS DEL SUFRIMIENTO

1.- Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a su puerta. Jesús nunca fue indiferente ante el dolor y el sufrimiento, de sí mismo y de los demás. Cuando en el huerto de Getsemaní se sintió inundado de dolor, en un primer momento le pide al Padre que aleje de él el cáliz del dolor, pero inmediatamente se da cuenta de que él ha venido al mundo para cumplir la voluntad del Padre y le dice, lleno de amor, “hágase tu voluntad”. Y ante el dolor y el sufrimiento ajeno, su corazón compasivo y misericordioso le impulsa incluso a hacer milagros para aliviar el dolor de enfermos y endemoniados. El ejemplo de Jesús debe hacernos a todos sus discípulos compasivos y misericordiosos. Y, si no podemos remediar el sufrimiento propio o ajeno, hagamos que el sufrimiento purifique nuestro corazón. Se dice que el dolor es como el fuego que o nos quema y nos destruye, o nos purifica y salva. Los santos subieron hasta la santidad a través de peldaños de sufrimiento y mortificación. Si nosotros queremos de verdad seguir a Jesús sepamos sufrir y sepamos amar, o, mejor, sepamos sufrir amando y amar sufriendo.

2.- Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Sin oración no se puede pasar cristianamente el puente del dolor. En la oración abrimos el corazón a Dios, le mostramos nuestras debilidades y le pedimos ayuda y fuerza para seguir intentando ser fieles a su voluntad. La oración es reflexión, es contemplación y es, sobre todo, comunión con Dios. Dice santa Teresa que orar es hablar con Dios como el que habla con un amigo; un amigo que nos ama infinitamente y al que sabemos infinitamente superior a nosotros. Si queremos que el sufrimiento nos purifique y no nos destruya interiormente, intentemos siempre vivir en comunión con Dios. Cristo, el hijo de Dios, se retiraba con frecuencia a orar, y desde la oración, en comunión con su Padre, salía al mundo a predicar el evangelio, curando a los débiles, o rotos por el dolor, el sufrimiento, o la enfermedad.

3.- Mis días corren más que la lanzadera, y se consumen sin esperanza. El libro de Job no es un libro histórico, sino un libro poético y sapiencial. Como sabemos, tiene tres partes bien diferenciadas: cuando es rico y afortunado, cuando se encuentra pobre y abandonado, y cuando vuelve a ser bendecido por Dios y recupera el bienestar y la fortuna. No podemos juzgar al personaje <Job> atendiendo a un solo de estos periodos. El texto que hoy hemos leído pertenece al segundo periodo: cuando Job está totalmente desanimado y no encuentra sentido a la vida. Yo creo que muchos de nosotros, en mayor o menor medida, hemos pasado por alguna etapa semejante a la que describe el Job de la lectura de hoy. La actitud espiritual que debemos tener los cristianos en etapas semejantes es mirar a Jesucristo y darnos cuenta que, en esos momentos, nuestra única respuesta a Dios es abandonarnos a su voluntad y ofrecerle nuestros dolores y sufrimientos. El dolor y el sufrimiento aceptado y ofrecido a Dios nos purificarán y nos salvará. Ante todo, no perdamos nunca nuestra confianza en Dios.

4.- Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados. El Señor, como nos dice este salmo 146, “sostiene a los humildes y humilla hasta el polvo a los malvados”. No se refiere este salmo al bienestar material, sino al bienestar espiritual. Así actuó la Virgen María, los santos y así debemos actuar todos los discípulos de Cristo. Dios nunca nos va a abandonar, ni nos dejará desamparados.

5.- ¡Ay de mí si no anuncio el evangelio!... Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el evangelio, para participar yo también de sus bienes. San Pablo nunca buscó sacar bienes materiales de su trabajo espiritual anunciando el evangelio. ¡Ojalá pudiéramos decir esto mismo de la Iglesia de Cristo, y de nuestro propio trabajo evangelizador, a lo largo de la historia! Porque, por desgracia, muchas veces ha estado unido el interés material al trabajo espiritual. Ni san Pablo, ni el mismo Cristo, buscaron nunca intereses materiales, cuando predicaron el evangelio y anunciaron el Reino de Dios. Hagamos nosotros lo mismo.

 

Gabriel González del Estal

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EVANGELIZAR DESDE LA ACOGIDA Y LA CERCANÍA

1.- La experiencia del sufrimiento. Job se convierte en portavoz de todos los hombres que sufren y recoge en sus palabras la experiencia de toda la humanidad. La vida es para él muy distinta de lo que propaga un optimismo superficial. La vida es dura, como el destino de un jornalero esclavo del trabajo. Al tratar de comprender su caso en el contexto del sufrimiento humano en general, Job nos ofrece un ejemplo válido para todos. Este hombre que sufre suspira por la recompensa y el descanso, pero no halla más que noches de insomnio y su herencia no es otra que el tiempo perdido. La descomposición progresiva de su propia carne le advierte a Job de la fugacidad de la vida, que se precipita hacia el fin sin esperanza y se desliza entre los dedos sin que el hombre sea capaz de retener su sentido. ¿Qué puede esperar un hombre que desespera así? ¿Por qué acude Job ahora con sus quejas ante Dios? Hay una esperanza que sostiene a Job en la desesperación. Por eso, este hombre desesperado, acude a Dios y mantiene abierta su pregunta hasta que Dios quiera dar la respuesta. En esto consiste la paciencia de Job.

2.- La misión de la iglesia es evangelizar. Es llevar la palabra de Dios a la pregunta del hombre sobre el sentido de la vida y el sufrimiento, para que el hombre sea responsable. San Pablo, en la Primera Carta a los Corintios, nos dice que evangelizar significa, también, asumir la responsabilidad humana con esperanza, hacerse todo para todos para ganar al menos algunos, no para la iglesia, sino para Cristo. Es hacerse débil con los más débiles, para que se manifieste la gracia de Dios en medio de la debilidad. Es interpelar a los satisfechos, desencantar a los encantados de la vida, poner en cuestión a los que no quieren problemas... Es acabar con el amparo de los ídolos que someten a los hombres y les engañan con falsas promesas. Es llevar a todas partes la locura de la cruz: de la fe a pesar de todo y después de todo, de la esperanza contra toda esperanza, del amor a los enemigos. Nadie puede evangelizar por gusto o por negocio. Y la iglesia ha de evangelizar, como Pablo, de balde y porque no le queda otro remedio: "¡Ay de mí si no evangelizare!". Sólo una predicación gratuita del evangelio y con pocas satisfacciones humanas puede ser creíbles para los hombres, sobre todo en un mundo en el que se vende hasta la palabra y por eso se dice lo que conviene al consumidor.

3.- ¿Cómo realizar la misión? En primer lugar, acompañando la palabra con acciones salvíficas: mitigar el dolor y suscitar salud. Transmitiendo siempre paz, que es el don de los tiempos mesiánicos. En gran cercanía a los hombres y mujeres, participando de su mesa y de su vida. Me ha alegrado mucho la propuesta del arzobispo de Madrid, que se nos expuso esta semana: fundar un “Parlamento de los Jóvenes”. Quiere escucharles, ver cuáles son sus inquietudes y sugerencias a la Iglesia. Es la cercanía a las personas y a la realidad que viven, lo que hace que la Iglesia de hoy sea fiable y tenga algo que decir. A Jesús lo vemos hoy en la casa de un amigo, ayudando a que una mujer sea ella misma. Da su mano para que esa mujer pueda ponerse de pie y valerse por ella misma. La respuesta de ella será ir más lejos, ponerse a servir. El final del día encontramos a Jesús sanando a otros enfermos. Y, además, tiene tiempo para la oración, para estar con el Padre….Pero hoy vemos como dedica muchas horas a acompañar a los excluidos a causa de su enfermedad… escuchando quejas… plegarias como lamentos… voluntariamente se sitúa en el lugar por donde pasa la vida doliente. Quiere dignificar la vida. El relato de Marcos tiene una viveza admirable. En su misma brevedad, conserva toda su frescura: ni sobra ni falta un detalle. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre y se lo dijeron enseguida. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Jesús "la levantó" y ella "se puso a servirles". El primero de estos verbos: "levantarse" recuerda el misterio de la resurrección. Jesús se "levantó" del sepulcro. Jesús "ha resucitado". La otra expresión se refiere al servicio. . La mujer suegra de Pedro es una de las figuras del Evangelio que, con su actitud, nos enseña dónde debe llevarnos la fe, la gratitud y el amor de Jesucristo. No se contenta con ser librada de la fiebre, se pone inmediatamente al servicio de Cristo. Ante la pregunta sobre el mal que plantea Job, Jesús da una respuesta práctica: Él no quiere el mal, lucha contra él y cura a los afectados por cualquier mal físico o psíquico.

 

José María Martín OSA

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SERVIR ES NUESTRA GLORIA

1.- Hay muchas formas de encontrarse con “la suegra de Pedro” en los tiempos que vivimos.

La debilidad humana sigue acampando a sus anchas en la tierra de los vivos. Y, precisamente por eso, la Iglesia –siguiendo la indicación de Jesús– sigue saliendo del templo al encuentro de los que, con fiebre alta o baja, horas grandes o pequeñas, necesitan palabras de consuelo, ayuda, estímulo y reconocimiento.

Si Jesús vino a reconocer y enaltecer a los sufridos, no es menos cierto que la Iglesia –siglos después– sigue estando al lado de la cabecera de millones de hombres y mujeres sufrientes.

No nos puede importar demasiado el hecho de que la amplia labor de la Iglesia no se reconozca. Nos tiene que quedar la satisfacción de que estamos en el camino correcto. Que, salir al encuentro de los que sufren, es para nosotros un motivo de gloria y de crecimiento espiritual y humano.

2.- El Reino de Dios comienza allá donde existe un surtidor de caridad, una semilla de cariño, una mano tendida al abatido.

Qué gran lección la de Jesús en el evangelio de este domingo: sale con sus discípulos de la sinagoga y, en la casa de Pedro, actúa maravillosamente. Una vez más habla con autoridad: hace lo que dice. Habla, camina, entra en casa de Pedro y cura. Las obras le acompañan. Las obras le hacen eco. No necesita más refrendo ni más marketing que su infinita misericordia. Repito: ¡sus obras le acompañan! ¡Sus obras le hacen coro!

Sólo una vida profunda es capaz de recomponer las fuerzas gastadas a favor de los demás. Miremos al Señor; se retira a un descampado. No se conforma con hacer el bien. Sabe que, de igual forma, ha de estar en comunión con el Supremo, con Aquel que es su fortaleza. La razón del surtidor de la bondad.

Tampoco nosotros nos hemos de contentar con cumplir, más o menos, con unos fines sociales. Entre otras cosas porque, tarde o temprano, la salud, el cansancio, las decepciones u otros aspectos dan al traste con nuestros más altos ideales. Es bueno, por ello mismo, descansar en Aquel que nos da la fuerza necesaria e ilimitada para seguir desviviéndonos por los demás.

Cristo no vivió ajeno a esa fuente de energía, de luz, de gracia y de consejo que es la oración.

Hoy están muy de moda las ONG el altruismo, etc. ¿Durarán muchos años? La experiencia de la Iglesia, en cambio, nos dice que si se ama con amor de Dios, el amor es eterno; si se sirve con las manos de Dios, el servicio es constante; si se transforma el entorno con la sabiduría de Dios, la sociedad se hace más justa y fraternal.

Que el Señor con una oración profunda y sentida, nos haga recapacitar también hacia qué compromisos nos hemos de encaminar como Iglesia, como parroquia, como familia. Entre otras cosas porque hacer hoy el bien aquí, implica tomar fuerzas para hacerlo mañana en otra parte.

Si alguna imagen impactante nos está dejando el Papa Francisco es, precisamente, esa cercanía con el mundo sufriente, doliente y de periferias.

Cuesta, y mucho, entregarse con generosidad y curar sin pedir nada a cambio. Pero, lo cierto es que, quien abre los ojos encuentra muchas “suegras” de carne y hueso y en forma de pobreza a su paso.

 

Javier Leoz

www.betania.es