¡Alégrate, el Señor está contigo!

 

Liturgia - Lecturas del día

 

 

Domingo, 3 de Junio de 2018

SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

Solemnidad - Blanco

Éxodo 24, 3-8 / Hebreos 9, 11-15

/ Marcos 14, 12-16. 22-26

Salmo Responsorial, Sal 115, 12-13. 15-18

R/. "Alzaré la copa de la salvación

e invocaré el Nombre del Señor"

 

Santoral:

San Carlos Lwanga y compañeros, mártires,

San Justino, San Pánfilo, San Renán

  

 

LECTURAS DEL DOMINGO 3 DE JUNIO DE 2018

 

SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO

CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

 

Ésta es la sangre de la Alianza

que el Señor hace con ustedes

 

Lectura del libro del Éxodo

24, 3-8

 

Moisés fue a comunicar al pueblo todas las palabras y prescripciones del Señor, y el pueblo respondió a una sola voz: «Estamos decididos a poner en práctica todas las palabras que ha dicho el Señor».

Moisés consignó por escrito las palabras del Señor, y a la mañana siguiente, bien temprano, levantó un altar al pie de la montaña y erigió doce piedras en representación de las doce tribus de Israel. Después designó a un grupo de jóvenes israelitas, y ellos ofrecieron holocaustos e inmolaron terneros al Señor, en sacrificio de comunión. Moisés tomó la mitad de la sangre, la puso en unos recipientes, y derramó la otra mitad sobre el altar. Luego tomó el documento de la Alianza y lo leyó delante del pueblo, el cual exclamó: «Estamos resueltos a poner en práctica ya obedecer todo lo que el Señor ha dicho».

Entonces Moisés tomó la sangre y roció con ella al pueblo, diciendo: «Ésta es la sangre de la Alianza que ahora el Señor hace con ustedes, según lo establecido en estas cláusulas».

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                 115, 12-13. 15-18

 

R.    Alzaré la copa de la salvación

       e invocaré el Nombre del Señor.

 

¿Con qué pagaré al Señor

todo el bien que me hizo?

Alzaré la copa de la salvación

e invocaré el nombre del Señor. R.

 

¡Qué penosa es para el Señor

la muerte de sus amigos!

Yo, Señor, soy tu servidor,

tu servidor, lo mismo que mi madre:

por eso rompiste mis cadenas. R.

 

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

e invocaré el Nombre del Señor.

Cumpliré mis votos al Señor,

en presencia de todo su pueblo. R.

 

 

 

La sangre de Cristo purificará nuestra conciencia

 

Lectura de la carta a los Hebreos

9, 11-15

 

Hermanos:

Cristo, a diferencia de los sacerdotes del culto antiguo, ha venido como Sumo Sacerdote de los bienes futuros. Él, a través de una Morada más excelente y perfecta que la antigua -no construida por manos humanas, es decir, no de este mundo creado- entró de una vez por todas en el Santuario, no por la sangre de chivos y terneros, sino por su propia sangre, obteniéndonos así una redención eterna.

Porque si la sangre de chivos y toros y la ceniza de ternera, con que se rocía a los que están contaminados por el pecado, los santifica, obteniéndoles la pureza externa, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por obra del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras que llevan a la muerte, para permitimos tributar culto al Dios viviente!

Por eso, Cristo es mediador de una Nueva Alianza entre Dios y los hombres, a fin de que, habiendo muerto para redención de los pecados cometidos en la primera Alianza, los que son llamados reciban la herencia eterna que ha sido prometida.

 

Palabra de Dios.

 

 

SECUENCIA

 

Esta secuencia es optativa. Si se .la canta o recita, puede decirse íntegra o en forma breve desde:

* Este es el pan de los ángeles.

 

* Éste es el pan de los ángeles,

convertido en alimento de los hombres peregrinos:

es el verdadero pan de los hijos,

que no debe tirarse a los perros.

 

Varios signos lo anunciaron:

el sacrificio de Isaac,

la inmolación del Cordero pascual

y el maná que comieron nuestros padres.

 

Jesús, buen Pastor, pan verdadero,

ten piedad de nosotros:

apaciéntanos y cuídanos;

permítenos contemplar los bienes eternos

en la tierra de los vivientes.

 

Tú, que lo sabes y lo puedes todo,

Tú, que nos alimentas en este mundo,

conviértenos en tus comensales del cielo,

en tus coherederos y amigos,

junto con todos los santos.

 

 

EVANGELIO

 

Esto es mi Cuerpo. Ésta es mi Sangre

 

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Marcos

14, 12-16. 22-26

 

El primer día de la fiesta de los panes Acimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?»

Él envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: «Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: "¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?" Él les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario.»

Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.

Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen, esto es mi Cuerpo.»

Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo: «Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos. Les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.»

 

Palabra del Señor.

 

 

Reflexión

 

 

CELEBRAR LA FIESTA DEL CORPUS ES CELEBRAR LA FIESTA DEL CUERPO GLORIOSO Y DEL CUERPO MÍSTICO DE CRISTO

1.- Que la lengua cante al cuerpo glorioso de Cristo. Así rezamos en las vísperas del día de la Fiesta del Corpus y así lo hemos cantado (pange lingua gloriosi corporis misterium) miles y miles de veces los cristianos en procesiones solemnes, o arrodillados ante el Santísimo Sacramento. El cuerpo glorioso de Cristo es el cuerpo de Cristo resucitado; es realmente la persona de Cristo, tal como vive junto al Padre, después de haber resucitado. Es un cuerpo que ya no está sometido a las leyes físicas del tiempo y del espacio, ni de la carne, ni de la sangre, un cuerpo inmortal y glorioso. No resulta fácil a nuestros sentidos corporales, físicos y carnales, imaginar, ni entender, cómo es y cómo vive este cuerpo glorioso, por eso decimos en el mismo himno religioso que “la fe debe suplir el defecto de los sentidos”. Pero para nosotros es suficiente con que cada vez que adoramos a Cristo en la Eucaristía sepamos y creamos que estamos adorando al mismo Cristo que vivió, murió y resucitó aquí en nuestra tierra, para redimirnos, para salvarnos y para enseñarnos el camino que debemos seguir para llegar hasta Dios, nuestro Padre. Es nuestra fe, más que nuestros sentidos corporales, la que debe alimentar nuestra unción y nuestro agradecimiento cada vez que adoramos al Cuerpo, a la persona de Cristo, en la eucaristía. No importa tanto lo que vemos, es fundamentalmente lo que creemos lo que debe dirigir nuestras celebraciones del cuerpo glorioso de Cristo.

2.- El pan que partimos nos une a todos en el cuerpo místico de Cristo. Según san Pablo el mismo cuerpo glorioso de Cristo es, para todos los cristianos, el cuerpo místico de Cristo, del que todos formamos parte. Es decir, que cuando comulgamos con Cristo estamos comulgando con todos los miembros de Cristo, con todos los cristianos. Por eso, san Agustín les decía a sus fieles que cuando después de comulgar respondían <amén>, estaban diciendo que ellos eran lo que respondían, es decir, el cuerpo de Cristo. No se puede comulgar con Cristo, si no se comulga al mismo tiempo con los hermanos de Cristo. Por esta razón san Pablo se enfadó tanto con los cristianos de Corinto cuando le llegaron noticias de que se reunían para celebrar la cena del Señor y los más ricos no compartían su comida con los más pobres. Estáis profanando, les dijo, el cuerpo de Cristo. Esto debe hacernos pensar seriamente a nosotros si cuando celebramos nuestras eucaristías no estamos dispuestos a compartir nuestros bienes con los más necesitados. Es verdad que hoy nuestras comunidades cristianas están organizadas y estructuradas de una manera muy distinta a como lo estaban en tiempos de san Pablo. Realmente nuestras eucaristías dominicales y festivas hoy son demasiado multitudinarias y los que participamos apenas nos conocemos unos a otros. Nos unen más nuestra misma fe y los ritos, que los bienes que cada uno de nosotros tenemos. Pero esto en ningún caso nos dispensa de pensar que comulgar con Cristo nos obliga a estar dispuestos a comulgar con nuestros hermanos en lo que somos y en lo que tenemos.

3.- El que me come vivirá por mí. El sacramento de la eucaristía no es un sacramento estático, sino dinámico. Comulgar con Cristo, comer a Cristo, supone dejar que sea Cristo el que dirija mi vida. Si cuando salimos del templo, después de comulgar, no salimos con la decidida intención de que sea Cristo el que dirija y gobierne nuestra vida, es que no hemos comulgado conscientemente con Cristo. Comulgar con Cristo y con los hermanos es mucho más que tragar y comer la forma consagrada. La comunión no termina con el acto físico de comer el pan consagrado, sino que supone un esfuerzo continuado de vivir con Cristo y con los hermanos de Cristo, con nuestros hermanos, especialmente con los más necesitados. Ya sé yo que esto lo sabemos todos los cristianos, en teoría, pero no está mal que en este día de la fiesta del Corpus Cristi lo pensemos una vez más y tratemos de llevarlo a la práctica.

 

Gabriel González del Estal

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JESÚS SE PARTE Y SE REPARTE POR NOSOTROS

1.- La Antigua Alianza de Dios con el pueblo no elimina la culpa. El fragmento del Libro del Éxodo cuenta la aceptación de la Alianza por parte del pueblo: “Haremos todo lo que dice el Señor”. El pacto de la Alianza será sellado con la sangre de las vacas derramada sobre el altar y sobre el pueblo. Pero el pueblo fue enseguida infiel al adorar el becerro de oro. Posteriormente, la liturgia judía del día de la expiación expresaba de una manera grandiosa la conciencia de culpa del hombre y el anhelo por descargarla y alcanzar la reconciliación con Dios. El Sumo Sacerdote atravesaba el velo del templo, penetraba él sólo en el "recinto santísimo" y ofrecía en sacrificio la sangre de animales para expiar sus faltas y las del pueblo. Después salía para tener que recomenzar otro año el mismo ritmo. La culpa del hombre no era totalmente suprimida.

2.- La Nueva y definitiva Alianza. Jesús es a la vez sacerdote, víctima y altar. Jesús, nos dice la Carta a los Hebreos, ha penetrado en el santuario del cielo una vez por todas, para llegar a la presencia de Dios. Lo ha hecho con el sacrificio de su pasión, es decir, en virtud de su propia sangre. La eficacia de este acto permanece para siempre. La esperanza de los hombres de alcanzar el perdón de sus pecados y lograr la comunión con Dios queda cumplida real y definitivamente en el misterio de la muerte y exaltación de Jesucristo, el Hijo de Dios. La liberación conseguida en virtud de la sangre de Cristo se mantiene inagotable. La sangre de Cristo sella una alianza nueva para siempre. Cristo es mediador de una nueva alianza. En efecto, Jesús es el enviado de Dios a los hombres (apóstol) y tiende un puente (pontífice) para hacer posible la unión entre ambos. Jesús manifiesta la última voluntad (testamento) de Dios para con los hombres, y la cumple ofreciéndose a sí mismo en la cruz.

3.- Jesús se entrega por nosotros. Según nos lo presenta Marcos, la última cena de Jesús fue una cena de Pascua. En la cena, primeramente, todo discurre con normalidad, como era costumbre. Jesús, como presidente ("padre de la familia o de la casa"), pronuncia la bendición sobre el pan. Después, Jesús parte el pan y acontece lo sorprendente. Mientras que lo normal era que el "padre de la casa" no dijera nada al entregar el pan bendecido y partido, Jesús dice: "Tomad, esto es mi cuerpo". Y como los discípulos ya sabían que, hablando del "cuerpo", uno se refería al hombre entero, comprendieron perfectamente que Jesús, su Señor, se les quería entregar en ese pan.

4.- Pan bendecido y partido. Cuando Cristo bendijo el pan, lo partió, y al partirlo nos recordó que su cuerpo también se rompería por nosotros. Ahora el signo se potencia. No sólo en el pan; presencia y alimento, sino el pan partido, que significa entrega y pasión. Tendríamos que asumir las mismas actitudes del que se dejó partir. Entonces, “cada vez que partís el pan y bebéis la copa” me hacéis presente, comulgáis mi espíritu, revivís mi vida, anunciáis mi muerte, profetizáis mi vuelta, anticipáis mi Reino. Al mundo egoísta se le ofrece este signo de altruismo supremo. Un gesto que debe repetirse. Si cada vez que comemos de este pan recordamos su muerte por amor, también nos comprometemos a partirnos amando, a gastarnos dividiéndonos y a vivir muriendo. Es Pan compartido y comido tiene una nueva dimensión: la solidaridad y la común-unión, la urgencia del compartir y del convivir, la necesidad de poner en común los bienes, las capacidades, los sentimientos y las personas.

5.- “Tu compromiso mejora el mundo”. Este es el lema de la Campaña de Día de Caridad de Cáritas. Celebramos el Día de Caridad coincidiendo con el Día del Corpus Christi, la celebración de la Eucaristía. Es un día especial para nosotros, porque celebramos que nuestro compromiso nos hace salir de nosotros mismos, de nuestra vida acomodada, tranquila y de la zona de confort para acudir al encuentro de los demás. Queremos echar una mano a los “descartados” por los poderes de este mundo. Este fue el mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de los Pobres:

“Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin peros ni condiciones: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios”.

Sigamos estas palabras del Papa Francisco y sintámonos llamados a ese compromiso que nace del Amor de Dios, de la predilección por los pobres y necesitados. Juntos lograremos que la solidaridad sea un compromiso de vida, un compromiso que lleve al cambio y la mejora de tantas personas y familias rotas y necesitadas.

 

José María Martín OSA

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¡DIOS ESTÁ AQUÍ! ¡Y NOSOTROS CON ÉL!

La Eucaristía es "fuente y cima de toda la vida cristiana" (LG 11). En este día del Corpus Christi nuestros ojos se concentran totalmente en el núcleo de la custodia. En ella, ante el mundo, manifestamos públicamente que sólo el Señor es digno de ser adorado. Que, sólo el Señor, va por delante de nosotros indicándonos con su vida entregada, radicalmente sacrificada llamándonos a ser custodias del Amor Divino, pregoneros de su presencia, brazo prolongado de su inagotable caridad allá donde la Iglesia tenga que salir al paso de la pobreza y necesidades.

1. ¡DIOS ESTÁ AQUÍ! ¡Y NOSOTROS CON ÉL!

Celebramos, saboreamos, vivimos y adoramos la Eucaristía. Sigue siendo, y siempre lo será, un alimento imprescindible para todos los cristianos. Si ya de por sí es difícil mantener el tipo de una vida evangélica con el auxilio de este Sacramento, qué difícil resulta –por no decir imposible– dar testimonio de una fe (convencida, contrastada no descafeinada) sin el Pan de los Ángeles. La primera consecuencia de que hemos celebrado el “Dios aquí” es que, a continuación, las consecuencias son comprometedoras:

-Donde existe odio, trabajaremos por el  entendimiento

-Donde brota la venganza, ofreceremos el  perdón

-Donde surgen las distancias, buscaremos  el abrazo y la unión

-Donde brilla el egoísmo, propondremos  siempre la caridad

2. ¡DIOS ESTÁ AQUÍ Y NOSOTROS CON ÉL!

Nadie, pero nadie, puede poner en duda nuestra pertenencia al Cuerpo de Cristo (su Iglesia). Como cristianos no podemos confundir la caridad con la solidaridad.

-La caridad no entiende de límites (todo ser humano tiene la puerta abierta a ella). La solidaridad, por el contrario, puede ser utilizada como instrumento ideológico e ideologizante

-La caridad apunta más allá de las personas (no espera recompensa). La solidaridad, en algunos momentos, si no es agasajada y aplaudida, va decreciendo hasta desaparecer.

-La caridad viene de Dios (surtidor inagotable de amor). La solidaridad puede surgir espontáneamente pero morir allá donde nace.

-La caridad es consecuencia de la vida cristiana (del encuentro con Cristo). La solidaridad, a golpe de sentimiento, viene condicionada por una situación puntual y sin más perspectiva futura.

Quien se ha encontrado con Dios, en el pan multiplicado, está llamado a ser caridad viva, caridad continua e incomprendida, pensamiento y palabras, con las manos abiertas y el corazón abierto.

3. ¡DIOS ESTÁ AQUÍ Y NOSOTROS CON ÉL!

Pero, también el Señor, tiene derecho a nuestra caridad. En este día del CORPUS CHRISTI le decimos que Él es la inspiración de muchas iniciativas de la Iglesia (incluida Cáritas). Que, nuestros amores humanos, sirven de poco y se debilitan pronto cuando lo intentamos arrinconar en la sacristía o reducirlo a la esfera de lo privado.

En este día del Corpus, los católicos, nos vestimos de gala por fuera para decir al mundo que, nuestra fiesta, es vivir con el Señor y en el Señor. Que nuestra vida, sin la Eucaristía, no sería la misma. Que nuestra opción por los más necesitados (y la Iglesia es vanguardista como nadie en ese terreno) no es por simple altruismo o solidaridad: nos urge y nos empuja el amor de Dios que, dentro de una custodia, nos invita a ser trampolines de amor y de justicia.

El día del Corpus Christi es un día en el que, el Señor, sale a nuestras calles y plazas para dar un poco de vista al ciego, oído al sordo, pan al hambriento, fe al incrédulo, vida al que hace tiempo la ha cambiado por el pesimismo, la depresión o el desencanto.

El día del Corpus Christi, hoy más que nunca, es una llamada a poner al Señor en el centro de nuestras miradas. Siempre será esencial el amor al prójimo (mandamiento de obligado cumplimiento) pero ¿acaso Cristo no se merece, por un día, por unas horas…miradas de amor, pétalos de rosa, incienso y adoración, campanas y regocijo, música y romero, cantos y silencio, oración y contemplación?

Porque, Dios está aquí, hoy sentimos la necesidad de estar nosotros con Él.

-Si el Señor va en la custodia, nosotros estamos llamados a custodiar su testamento espiritual: el amor

-Si el Señor salta del sagrario a las calles y plazas para encontrarse con la humanidad, también nosotros tendremos que ser más ambiciosos para proponer y presentar la fe más allá de los muros de un templo

-Si el Señor es aclamado en este día como Rey de reyes, también nosotros tendremos que descubrir en el rostro de los más sufridos o perseguidos, el tesoro que en este día desfila a lo largo y ancho de nuestro mundo en la procesión del Corpus: el amor infinito de Dios en la Eucaristía.

¡DIOS ESTÁ AQUÍ! ¡VAYAMOS NOSOTROS CON ÉL!

 

Javier Leoz

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