¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

 

 

Viernes, 26 de octubre de 2018

Semana 29ª durante el año

Feria – Verde

Efesios 4, 1-6 / Lucas 12, 54-59

Salmo responsorial Sal 23, 1-4b. 5-6

R/. “¡Benditos los que buscan tu rostro, Señor!”

 

Santoral:

Sa Beata Bona de Armagnac

 

 

¿Sabemos perdonar?

 

Crecer no es una tarea sencilla.

Avances, retrocesos, desilusiones, esperanzas

y mucho dolor acompañan el proceso vital

del hombre en este mundo, proceso cuyo

sentido último es el de la evolución del espíritu.

 

En este trayecto forzosamente existirán

personas que nos lastimen, que nos nieguen

aquello que deseamos, que no nos comprendan

o incluso que nos traicionen.

 

Se trate de una herida emocional que nos

hayan provocado nuestros padres, de alguien

que nos ha olvidado o de un amigo que no

ha sabido actuar con lealtad, todos hemos

sufrido alguna vez por causa de otra persona.

 

Ahora bien. ¿Qué sentimos por ese que nos dañó?

¿Intentamos alguna vez comprender por qué actuó

de ese modo? ¿Somos capaces de olvidar

la ofensa sufrida? ¿Sabemos perdonar?

 

Cuando las cicatrices no logran cerrarse

y el rencor continúa anidando en nuestro

espíritu, su energía actúa como un veneno.

 

Muchas de nuestras enfermedades se deben

a esta contaminación energética, a la ira

permanente, a los pensamientos de venganza

y destrucción que ocupan nuestra mente.

 

También muchos de nuestros fracasos nacen

en este aferrarse a dolores pasados porque allí

donde existe el resentimiento difícilmente pueda

florecer una actitud positiva hacia los demás.

 

Por eso, para curarnos, debemos perdonar.

Perdonar a quien nos olvidó, perdonar

a quien nos agredió, perdonar a quien

destruyó lo que amábamos.

Enviar Luz y paz para que la Luz

y la paz regresen a nosotros.

Perdonarnos a nosotros mismos.

 

Aceptar y cuidar al niño asustado, enojado

o confundido que llevamos dentro y rodearlo

de un infinito amor. Convertirnos en amor

para que el amor sea. Y entonces así, crecer

libres de toda atadura  y de todo miedo,

crecer en felicidad.