¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

 

 

Viernes, 13 de julio de 2018

Semana 14ª durante el año

Feria – Verde

Oseas 14, 2-10 / Mateo 10, 16-23

Salmo Responsorial Sal 50, 3-4. 8-9. 12-14. 17

R/. “¡Mi boca proclamará tu alabanza, Señor!”

 

Santoral:

San Enrique, San Eugenio de Cartago,

Profeta Joel , Santa Mildred y Beato

Carlos Manuel Rodríguez

 

 

¿Cómo es nuestra Misa?

 

Es la comunidad que celebra la presencia

de Jesucristo muerto y resucitado.

¿Por qué a veces desde el altar, por la cara que algunas

personas presentan, da la sensación de que asisten

a un pésame?

 

Es el pueblo de Dios que se reúne y se alegra

por la Palabra que viene del cielo.

¿Por qué, entonces, estamos tristes cuando nuestro rostro

debiera de reflejar el gozo del encuentro de los hijos con el Padre?

 

Es el grupo de los que expresan su pertenencia

a los seguidores del Señor.

¿Por qué, si nos hicieran una foto, parecería como si

estuviésemos obligados o como si “aquella fiesta”

no fuera con nosotros?

 

Es sentir que, en la Eucaristía, Jesús nos hace más libres

y más conscientes de lo que somos.

¿Por qué, entonces, posturas tan rígidas y respuestas

que no las sienten ni el nudo de nuestra corbata?

 

Es ofrecer la paz y no solamente la mano.

¿Por qué, en muchas ocasiones, alargamos la mano

y no miramos a los ojos?

 

Es una reunión de familia: los hijos de Dios.

¿Por qué entramos y nos vamos sin, por lo menos,

de vez en cuando saludarnos o detenernos? Alguien,

con cierta sorna, me decía no hace mucho tiempo:

"id a una misa….y os daréis cuenta que, en una mesa,

se sientan unos grandes desconocidos dándose

la espalda unos a otros".

 

Es una Acción de Gracias.

¿Por qué, después de la comunión, no dejamos de cantar,

de buscar el bolso o de pensar en el abrigo y guardamos

un momento en el silencio por el alimento que el Señor

nos ha servido?

 

Es salir con la huella y la interpelación que nos

ha dejado la Palabra.

Me viene a la memoria la contestación de una feligresa

a la salida de un funeral: “no me digas lo que ha dicho

el evangelio. Sólo sé que ha sido muy bonito”.

 

Es descansar en medio de los agobios y del estrés

que el día o la semana nos ha producido.

¿Por qué falta un poco de calor y de acogida?

¿Por qué nos agobia media hora escasa en la casa de Dios

y no nos aburren dos horas seguidas en un comercio, ocio o un bar?

 

Es ir a una “puesta a punto”.

¿Por qué entonces, la eucaristía, a veces es rutina y cumplimiento,

quedar bien con la conciencia pero…salir como habíamos entrado?

 

¿La misa?

Es estar, vivir, cantar, celebrar, escuchar, disfrutar y asistir

con los cinco sentidos ante el Señor que habla, escucha,

se hace presente y se nos da.

 

P. Javier Leoz