¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

 

 

Viernes, 5 de octubre de 2018

Semana 26ª durante el año

Feria – Verdeo

Job 38, 1. 12-21; 40, 3-5 / Lucas 10, 13-16

Salmo responsorial Sal 138, 1-3. 7-10. 13-14b

R/. “¡Llévame por el camino eterno, Señor!”

 

 Santoral:

Santa Faustina Kowalska, San Mauro

y San Plácido, Santa Flora, Beato Bartolomé Longo

y Beato Francisco Javier Seelos

 

 

Pecados de un hombre en acción

 

Creerse realmente indispensable a Dios;
no orar bastante; perder el contacto con Dios.

Andar demasiado a prisa; querer ir más ligero que Dios.
Pactar, aunque sea ligeramente, con el mal para tener éxito.

No darse entero, y preferirse a la Iglesia.
Estimarse en más que la obra que hay que realizar,
o buscarse en la acción; trabajar para sí mismo,

buscar su propia gloria.

Enorgullecerse; dejarse abatir por el fracaso.
Nublarse ante las dificultades.
Emprender demasiado.
Ceder a sus impulsos naturales, a sus prisas

inconsideradas u orgullosas.

Cesar de controlarse; apartarse de sus principios.

Trabajar por hacer apologética y no por amor.
Hacer del apostolado un negocio, aunque sea espiritual.

No esforzarse por tener una visión lo más amplia posible.
No retroceder para ver el conjunto;

no tener cuenta del contexto del problema.

Trabajar sin miedo; improvisar por principio.
No prevenir; no acabar; racionalizar con exceso;

ser titubeante, o ahogarse en los detalles.
Querer siempre tener la razón; mandarlo todo.
No ser disciplinado.

Evadirse de las tareas pequeñas.
No respetar a los demás, no dejarles iniciativas,
no darles responsabilidades.
Ser duro para sus asociados y para sus jefes.

Despreciar a los más pequeños, a los humildes
y a los menos dotados. No tener gratitud.

Ser sectario; no ser acogedor; no amar a sus enemigos.
Tomar a todo el que se le opone como si fuese

un enemigo y no aceptar con gusto la contradicción.
Ser demoledor por una crítica injusta o vana.
Estar habitualmente triste o de mal humor.
Dejarse ahogar por las preocupaciones del dinero.

No dormir bastante; no comer lo suficiente.

No guardar por imprudencia y sin razón valedera

la plenitud de sus fuerzas y gracias físicas.