¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

 

 

Viernes, 3 de agosto de 2018

Semana 17ª durante el año

Feria – Verde

Jeremías 26, 1-9 / Mateo 13, 54-58

Salmo responsorial Sal 68, 5. 8-10. 14

R/. “¡Respóndeme, Dios mío, por tu gran amor

 

Santoral:

San Pedro Julián Eymard, Santa Lidia

 

 

Perdona para ser libre


Todos en algún momento de nuestras vidas

hemos tenido dificultades, con diferentes grados

de seriedad, o diferencias con alguna persona

cercana, ya sea amiga, familiar o compañeros de trabajo.

 

Hemos pasado por la experiencia,

no muy agradable, de disgustarnos fuertemente

con alguna persona; para cuando esto pasa,

nuestra primera respuesta "humana", y cuidado,

si no, siguiendo un mal consejo, es dejar de hablarle

a la persona, volverle la cara al pasar o,

en muchos casos, algunos hasta intencionalmente

tratan de dañar a otros.

 

En fin, las dificultades entre seres humanos

son sumamente comunes y las respuestas,

no siempre son las mejores.

¿Por qué hablo de esto hoy?

Pues muchas veces mis queridos amigos

y hermanos, no perdonamos a alguien porque

simplemente "no sentimos el deseo de hacerlo".

Pregunto yo: ¿cuántas veces no has tenido

deseo de trabajar o estudiar? La respuesta

es simple: es tu responsabilidad hacerlo,

punto, y por eso lo hacemos.

 

Igualmente para perdonar, debemos hacerlo

por dos razones fundamentales:

 

Primero, porque como hijos de Dios

es un mandato de Jesús amarnos como

Él nos amó.

 

Segundo, porque al tener rencor o resentimiento,

simplemente quien sufre no es aquel contra

quien se guarda el rencor, sino que quien sufre,

quien se duele, quien se molesta, es precisamente

quien se siente ofendido, incluso muchas veces

estas situaciones llevan a crisis personales.

Amiga y amigo que lees este mensaje,

el rencor es un peso enorme para tu alma,

y cada día que lo llevas se endurece más

y se hace más pesado y sucio.

 

Perdonar es un acto que no sólo nos corresponde

hacer por ser hijos de Dios, sino que al hacerlo

sabemos que estamos siendo literalmente liberados

de una atadura muy fuerte.

 

Y perdonar no es sinónimo de olvidar,

pues no somos máquinas. No, perdonar es tomar

la decisión de bajar esa carga de la espalda,

pedir a Dios fuerza y continuar el camino

al lado de Jesús, dejando que Él sea quien

decida y nos dé a cada uno lo que corresponde.

¿Deseas descansar de ese odio o rencor,

o quieres tener la paz para dormir sin odiar

a tu semejante?
¡Perdona hermana, perdona hermano... para ser libre!