¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

 

 

Sábado, 6 de octubre de 2018

Semana 26ª durante el año

Feria o Memoria libre – Verde / Blanco

Job 42, 1-3. 5-6. 12-17 / Lucas 10, 17-24

Salmo responsorial Sal 118, 67. 71. 75. 91. 125. 130

R/. “¡Brille sobre mí la luz de tu rostro, Señor!”

 

 Santoral:

San Bruno, Santa Fe, Beata Marie Rose Durocher,

Beata María Ana Mogas, Beato Isidoro de Loor,

Beata Marcelina Darowska, Beatos Wicenty

Lewoniuk y 12 Compañeros

 

 

Luchas, te afliges, te peleas...


Luchas, te afliges, te peleas por alcanzar

la felicidad; te pareces al corredor que quiere

ganar una carrera sin conocer la meta.

Detente primero y busca tu camino.
 

Estás hecho para la felicidad y ese llamado

en ti es la invitación de Dios que te llega

desde el fondo de la eternidad.

Si quieres, serás feliz, pues Dios

no siembra si no quiere la cosecha.

Escucha y da las gracias.
 

Antes las dificultades de la vida,

las adversidades, la muerte, tienes derecho

a llorar, pero ni siquiera en el llanto

tienes derecho a separarte de la alegría.

La alegría puede unirse a los dolores más grandes.

 

El camino de tu felicidad no parte

de las personas o de las cosas para llegar a tí,

parte siempre de tí para ir a los demás.
¿Por qué no estás contento hoy? No lo sabes.

 

Ofrece al Señor tu fatiga, tu cansancio

y esas viejas preocupaciones,

archivos sin catalogar que se pudren

en el fondo de tu corazón.

Y luego sonríe a los demás.

Sonríe a tu mujer, a tu hermano,

al vecino, al colega, sonríe a la portera,

al comerciante... sonríe y tu sonrisa

llamará a la alegría que se había alejado.
 

La alegría comienza en el momento mismo

en que dejas de buscar la felicidad,

para intentar darla a los demás.

 

Entonces si estás triste, detente y averigua

la causa de tu tristeza, encontrarás siempre

en el fondo de tu corazón la huella

de un retorno a tí. No lo aceptes.

Ofrece a Dios lo que celosamente

guardabas, luego olvídate de tí mismo

y piensa en tu prójimo más cercano.
 

La alegría florece al cabo de la entrega,

pero la entrega exige el olvido de sí mismo.

Por eso la alegría es la vida reencontrada

cuando uno ha aceptado perderla.
 

En Cristo y por Cristo, el misterio de la Alegría,

es el misterio de la resurrección.
¿qué grado de amistad tienes con Cristo?

 

Michel Quoist