¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

 

 

Miércoles, 27 de junio de 2018

Semana 12ª durante el año

Feria – Verde

2 Reyes 22, 8. 10-13; 23, 1-3 / Mateo 7, 15-20

Salmo responsorial Sal 118, 33-36. 39-40

R/. “¡Muéstrame el camino de tus preceptos, Señor!”

 

Santoral:

San Guillermo de Vercelli, San Próspero,

Santa Leonor y San Salomón

 

¿Qué somos? ¿Religiosos o discípulos?

 

Todo discípulo es un creyente, pero no todo creyente es un discípulo.

El religioso suele esperar panes y peces; el discípulo es un pescador.

El religioso lucha por crecer; el discípulo por reproducirse.

El religioso se gana; el discípulo se hace.

El religioso gusta del halago; el discípulo del sacrificio vivo.

El religioso entrega parte de sus ganancias;

el discípulo entrega parte de su vida.

El religioso puede caer en la rutina; el discípulo es creativo.

El religioso busca que le animen; el discípulo procura animar.

El religioso espera que le asignen tarea;

el discípulo es solícito en asumir responsabilidades.

 

El religioso murmura y reclama;

el discípulo obedece y se niega a sí mismo.

El religioso suele ser condicionado por las circunstancias;

el discípulo aprovecha las circunstancias para ejercer su fe.

El religioso reclama que le visiten; el discípulo visita.

El religioso busca en la Palabra promesas para su vida;

el discípulo busca vida para cumplir las promesas de la Palabra.

El religioso es yo; el discípulo es ellos.

El religioso se sienta para adorar; el discípulo camina adorando.

El religioso pertenece a una institución;

el discípulo es una institución él mismo.

 

El religioso vale para sumar; el discípulo para multiplicar.

Los religiosos esperan milagros; los discípulos obran milagros.

El religioso es un ahorro; el discípulos una inversión.

Los religiosos destacan llenando el templo;

los discípulos se hacen para conquistar el mundo.

Los religiosos suelen ser fuertes como soldados acuartelados;

los discípulos son soldados invasores.

El religioso cuida de las estacas de su tienda;

el discípulo ensancha el sitio de su cabaña.

El religioso hace hábito; el discípulo rompe los moldes.

El religioso sueña con la iglesia ideal;

el discípulo se entrega para lograr la iglesia real.

 

La meta del religioso es ganar el cielo;

la meta del discípulo es ganar almas para el cielo.

El religioso necesita de campañas para animarse;

el discípulo vive en campaña porque está animado.

El religioso espera un avivamiento;

el discípulo es parte de él.

El creyente agoniza sin morir;

el discípulo muere y resucita para dar vida.

 

Al religioso se le promete una almohada; al discípulo una cruz.

El religioso es socio; el discípulo es siervo.

El religioso se enreda con la cizaña;

el discípulo supera las escaramuzas del diablo y no se deja confundir.

El religioso es espiga; el discípulo es grano lleno en la espiga.

El religioso es "ojalá"; el discípulo es "Heme aquí."

El religioso, quizá predica el Evangelio; el discípulo hace discípulos.

El religioso espera recompensa para dar;

el discípulo es recompensado cuando da.

El religioso es pastoreado como oveja;

el discípulo apacienta los corderos.

El religioso recibió la salvación por la cruz de Cristo;

el discípulo toma su cruz cada día y sigue a Cristo.

 

El religioso espera que oren por él; el discípulo ora por los demás.

El religioso no se trata con miembros de las diferentes denominaciones;

el discípulo se hace como los demás para ganar a algunos de ellos para  Dios.

El religioso busca consejos de los demás para tomar una decisión;

el discípulo ora a Dios, lee la Palabra y en fe toma una decisión.

El creyente espera que el mundo se perfeccione;

el discípulo sabe que éste no es el Reino de Dios y espera su venida.

 

P. Javier Leoz