¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

 

 

Miércoles, 25 de julio de 2018

Santiago, Apóstol

Fiesta - Rojo

Hechos 4, 33; 5, 12a. 27-33; 12, 2 /

2 Corintios 4, 7-15 / Mateo 20, 20-28

Salmo responsorial Sal 125, 1-6

R/. “Los que siembran entre lágrimas

cosecharán entre canciones”

 

Santoral:

Santiago Apóstol, Beatos Dionisio, Federico, Primo,

Jerónimo, Juan de la Cruz, María, Pedro,

Félix y Benito, Beato Vicente Soler

y Compañeros Mártires

 

Guiados por la fe

 

Hacia ti y contigo, Santiago, cada peregrino

encuentra su propio milagro.

En ti y contigo, Santiago, quien mira hacia el cielo

siente que está llamado a vivir con Cristo

a sentir y avanzar, por los caminos de la vida,

con Aquel que, en el camino, dejo una cruz con su sello.

 

Hoy,  caminando contigo,

descubrimos la belleza que te hizo grande e invencible

Sabemos que, tus pies, se pusieron en movimiento

porque tuvieron la intuición de que fue tierra firme

de que, más que polvo, eran luz hacia lo divino.

 

Que  descubramos, Señor Santiago,

que la vida de cada uno,

es un pequeño santuario en el que podemos

dar cobijo o, por el contrario, desterrar a Dios.

Que sepamos, Señor Santiago,

agarrarnos a la cruz que fue tu gloria,

para no desplomarnos por los senderos inciertos,

en los que, la falsedad y el todo vale,

nos aleja de aquello que  trajiste contigo: el Evangelio.

 

Acoge,  apóstol con ruido de trueno,

las súplicas de los que en este día festejamos tu proeza.

Danos  valor en la lucha, para que no decaigamos.

Danos  ilusión en la palabra, para que tenga sabor a Dios.

Danos  empeño en el trabajo, para que no nos desanimemos.

Danos  visión de futuro, para que no nos quedemos en el presente.

Danos  oración en lo que hacemos, para que no seamos activistas.

Danos  silencio en el ruido, para que escuchemos la voz del Señor.

Danos  agua en el camino, para que renovemos nuestro Bautismo.

Que sepamos vivir, el camino  de nuestra existencia,

con los pies en la tierra,  con los ojos en el cielo,

con el corazón en el  Evangelio,

y con el pensamiento en la eternidad.

Amén.

 

P. Javier Leoz