¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

 

 

Miércoles, 20 de junio de 2018

Semana 11ª durante el año

Feria – Verde

2 Reyes 2, 1. 6-14 / Mateo 6, 1-6. 16-18

Salmo responsorial Sal 30, 20-21.24

R/. "¡Sean fuertes los que esperan en el Señor!”

 

Santoral:

San Silverio y Santa Florentina

 

 

Vivir el presente

 

No perderé ni un momento siquiera en lamentarme

por las desgracias del ayer, las derrotas del ayer,

los sufrimientos del ayer.

No, el ayer ha quedado sepultado

para siempre y no pensaré más en él.

Viviré hoy como si fuera el último día de mi existencia.

 

¿Y qué haré entonces?

Olvidándome del ayer, no pensaré

tampoco en el mañana.

¿Por qué arrojaré el ahora detrás del quizá?

¿Puede la muerte que se producirá mañana proyectar

hacia atrás su sombra y oscurecer el gozo de hoy?

¿Debo atormentarme con problemas que tal vez nunca ocurran?

El mañana yace sepultado con el ayer, no pensaré más en él.

Viviré este día de mi existencia.

 

Este día es todo lo que tengo

y estas horas son ahora mi eternidad.

Saludo este amanecer con exclamaciones

 de gozo, como un preso a quien

se le conmuta la sentencia de muerte.

Elevo mis brazos con agradecimiento al Señor

por este don inapreciable de un nuevo día.

 

Viviré este día como si fuese

el último día de mi existencia.

Si malgasto el hoy, destruyo

la última página de mi vida.

Por lo tanto no retornaré jamás.

 

¿Quién puede atrapar el viento?

Asiré con ambas manos puesto

que su valor es incalculable.

Viviré este día como si fuese

el último de mi existencia.

 

Eludiré con ahínco a todo aquello

que mata el tiempo. A la indecisión

destruiré con acción; sepultaré las dudas

bajo la fe; el temor lo derrotaré con la confianza.

 

Los deberes de hoy cumpliré hoy.

Hoy acariciaré a mis padres mientras son padres,

mañana se habrán ido y yo también.

Hoy abrazaré a mi compañera y la besaré

dulcemente, mañana ya no estará, ni tampoco yo;

hoy le prestaré ayuda al amigo necesitado;

mañana ya no clamará pidiendo ayuda

ni tampoco yo podré oír su clamor.

 

Hoy me sacrificaré y me consagraré al trabajo;

mañana no tendré que dar y no habrá nada que recibir.

Viviré este día como si fuese el último de mi existencia.

 

Y si es mi último día, será mi momento

más grande. Este día haré el mejor de mi vida.

Este día aprovecharé los minutos hasta su máximo.

Lo saborearé y daré gracias. Aprovecharé todas

las horas y los minutos canjearé

solamente por algo de valor.

 

Trabajaré con más ahínco que nunca

y exigiré a mis músculos hasta que pidan

el alivio y aun así continuaré.

Haré que cada minuto sea más fructífero

y fecundo que las horas de ayer.

 

Mi último día en esta tierra día deberá ser mi mejor día.

Viviré este día como si fuese el último de mi existencia.

Y si no lo es, daré gracias a Dios por darme

una nueva oportunidad de vivir para Él.