¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

 

 

Miércoles, 2 de mayo de 2018

Quinta Semana de Pascua

Memoria obligatoria – Blanco

Hechos 15, 1-6 / Juan 15, 1-8

Salmo responsorial Sal 121, 1-5

R/. “¡Vamos con alegría a la Casa del Señor!”

 

Santoral:

San Atanasio, Santa Zoe,

Santos Exuperio, Teódulo y Ciriaco

 

¿A qué temo más?

 

El hombre. Un cascabel de temores, inseguridades

y angustias. Los corazones de las personas se llenan

de miedo de perder el empleo, miedo de ser abandonado,

de enfermarse, de perder a los seres queridos,

miedos de todo tipo.

¿Pero, existe algún temor que sea de alguna manera útil

en mi camino de crecimiento espiritual? Claro que existe:

es el temor de no ser digno, de errar el camino.

Temo a mí mismo, temo no ser digno de Dios, temo

no tener la fortaleza suficiente para no pecar, temo

olvidarme que sólo Dios Es, temo pensar

que SOY algo, que algo es mérito mío.

Este Santo Temor, Santo porque significa que no quiero

ofender a Dios, es la base del Temor de Dios, ese importante

Don del Espíritu Santo. Temer no ser capaz de agradar al Señor,

temor de no estar interpretando la Voluntad de Dios del modo

correcto, temor de estar actuando por las necesidades del ego

(ese falso ídolo que construimos en nuestro interior) en lugar

de satisfacer el querer de Jesús.

Cuando el temor de Dios se coloca por encima de nuestros

temores terrenales, los miedos cotidianos se terminan de un plumazo.

Si mis temores se basan en mi deseo de agradar al Creador,

¿por qué temer a los dolores que pueda tener en este mundo?

Nada se interpone, todo se resume en la mirada de Jesús puesta

en nosotros. ¿Por qué temer entonces a la muerte, los problemas

de trabajo o salud? Si la Voluntad de Dios se manifiesta en nuestras

vidas dándonos alegrías o pruebas, ¿por qué voy a temer a lo que

me pueda pasar, si todo es parte del plan de Dios?.

Cuando algo grave pasa en nuestra vida, enfrentamos la prueba suprema:
algunos, entonces, se enojan con Dios porque no pueden entender

que Él envíe algo malo sobre sus vidas. ¡No tienen temor de Dios!

¿Cómo poder enojarse con Dios? ¿Cómo puede uno pretender saber

qué es bueno o malo para nuestra vida? Sin embargo ocurre a diario.

Otros (al enfrentar momentos de supremo dolor) se entregan aún más

a Dios, entendiendo que el alma nada puede ni nada DEBE hacer frente

a la Voluntad Divina. De este modo sus almas se purifican en el crisol

del dolor, que quema las impurezas y desintegra los deseos de la propia

voluntad, uniendo el alma a la Voluntad del Creador. Nada importa,

sólo interpretar la Voluntad del Señor en nuestras vidas, y seguirla.

No podemos pretender entender por qué Dios hace las cosas, sólo Él

conoce el plan de nuestra vida. Entonces, no se debe temer a las cosas

del mundo, sólo debemos temer a nuestra propia debilidad, a nuestra

incapacidad para agradar al Señor.

Temo ser uno más que clava espinas en Tu Santa Frente, Señor.

Temo agregar más peso a la Cruz que este mundo sigue cargando

sobre Tu Espalda. Temo ser un clavo en Tus Santas Manos.

Temo ser la espada que atraviesa tu Sagrado Corazón.

¡Temo no ser un consuelo para Ti, Señor!

Santo temor de Dios, sé mi brújula cada día. Ahuyenta los falsos

temores del mundo, dame la fortaleza necesaria para no tener miedo

alguno a los avatares de mi vida. Vacíame de mi mismo, hazme

un hueco profundo en el que pueda entrar Tu Santo Espíritu.

¡LLÉNAME DE TI, SEÑOR…!

 

Sergio Irizarry