¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

 

 

Martes, 30 de enero de 2018

Semana 4ª durante el año

Feria – Verde

2 Samuel 18, 9-10. 14ab. 24-26. 31-32—19, 1 / Marcos 5, 21-43

Salmo responsorial Sal 85, 1-6

R/. "¡Inclina tu oído, respóndeme, Señor!”

 

Santoral:

Santa Batilde y San Lesmes,

San Fulgencio de Ruspe,

Santa Jacinta de Mariscotti

 

Hoy es posible la esperanza

 

“Quien construye la vida sobre la materia, sobre el éxito,

sobre todo lo que parece ser, construye sobre arena.

Sólo la Palabra de Dios es el fundamento de toda la realidad,

es estable como el cielo y más que el cielo, es la realidad.

Por tanto debemos cambiar nuestro concepto de realismo.

Realista es quien reconoce en la Palabra de Dios,

en esta realidad aparentemente tan débil,

el fundamento de todo.” (Benedicto XVI)

 

El cristiano debe ser un hombre de esperanza.

Tenemos que ser optimistas, mirar al futuro

con confianza. Pero la realidad es caótica,

por mucho que intentemos maquillarla.

Lo que ocurre es que está mal visto decirlo.

Parece que si nos lamentamos mucho

nos convertimos en llorones o en profetas

de calamidades. Pero tampoco debemos cerrar

los ojos por crudo que sea el panorama.

Hoy día los medios de comunicación nos ofrecen

continuamente imágenes impresionantes sobre

los desastres y atrocidades que ocurren por todo el mundo.

Generalmente se fijan intensamente en un punto del globo.

Pero pronto se olvidan de ese foco de atención

para pasar a otro. A veces podemos pensar que

cuando las malas noticias sobre determinada zona

dejan de salir en televisión, es porque han desaparecido

los problemas. Pero la cruda realidad sigue igual:

que nadie piense que ya no hay sufrimiento

en el mundo, que todo es vida y dulzura.

Por una parte corremos el riesgo de acostumbrarnos

a todos estos males como quien se acostumbra

a ver películas de terror. Por otra, aunque nuestra

sensibilidad y buenos deseos puedan mover

nuestros corazones a solidarizarnos y prestar

nuestra ayuda, podemos desmoralizarnos al ver

lo mal que se distribuyen nuestras ayudas.

O podemos, quizá, experimentar una enorme

impotencia al ver que lo poco que sirven nuestros

pequeños esfuerzos ante la desastrosa actitud

de tantos políticos incompetentes o corruptos.

Son muchas las miserias y fracasos que está

viviendo la humanidad, en el siglo XXI.

Hay un montón de situaciones insostenibles

de injusticia y de crueldad. Ciertamente no se ve

nada fácil la salida. ¿Serán los dolores de parto

que decía San Pablo, esperando el nacimiento

de una nueva humanidad?

Parece mentira que después de dos mil años

de cristianismo tengamos tan marginada

la aplicación de la doctrina de Jesús.

Y sin embargo, Él es el único camino, no hay otro.

Con razón decía alguien que el mandamiento “nuevo”

de Jesús se llama así, porque está casi sin estrenar.

¡Qué distinto sería el mundo si tuviéramos presente

el mensaje de amor de Jesús!

Ante el panorama tan desastroso que se está

viviendo en numerosos rincones de la tierra resulta

fácil comprender la importancia que tiene construir

la vida sobre el fundamento firme de la Palabra de Dios.

Ella nos hace posible la esperanza.