¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

 

 

Martes, 12 de junio de 2018

Semana 10ª durante el año

Feria – Verde

1 Reyes 17, 7-16 / Mateo 5, 13-16

Salmo responsorial Sal 4, 2-5. 7-8

R/. “¡Muéstranos, Señor, la luz de tu rostro!”

 

Santoral:

San Juan de Sahagún, San Onofre,

San Gaspar Bortoni, Beata Mercedes

de Jesús, Beato Guido

 

 

El silencio

 

“Hay un tiempo para callar y un tiempo para hablar” (Eclo 3,7).

 

Claro está que dedicamos mucho tiempo a hablar

y poco tiempo a escuchar, a permanecer en silencio.

Es curioso observar cómo por medio de la palabra,

que se nos ha dado para comunicarnos,

engañamos y nos engañamos.

“En ningún siglo la palabra ha sido tan pervertida,

como lo está ahora, alejada de su finalidad que es

la comunicación entre los hombres”. (Ignacio Silone)

 

La palabra y el silencio no son enemigos.

La palabra debe nacer del silencio

y éste de la palabra. Dios hace enmudecer

a los charlatanes y perdidos, gente sin fe,

como a Zacarías, y hace hablar a los mudos

para que puedan abrirse a Dios

y cantar sus maravillas.

 

Hay otros medios de comunicación,

además de la palabra, uno de ellos es el silencio.

El silencio no es ausencia de ruido, mutismo,

no es desamor a la palabra, no es algo negativo.

El silencio es la expresión de nuestro mundo interior.

“Por el silencio se reconocen los que llevan

a Dios en su corazón” (G. Tersteegen).

Es un “gran maestro de verdad” (Psichari).

Si amas la verdad, sé amante del silencio;

a semejanza del sol, él te hará luminoso ante Dios

y te librará de los fantasmas de la ignorancia;

el silencio te unirá al mismo Dios.

Es, sin duda, valiosísimo para la persona.

 

El silencio busca la soledad.

“Nuestra alma tiene necesidad de soledad.

En la soledad, si el alma está atenta, Dios se deja ver.

La multitud es ruidosa. Para ver a Dios

es necesario el silencio” (san Agustín).

 

El silencio es el lenguaje de Dios.

Abarca a toda la persona: ojos, oídos, voz,

imaginación, memoria, corazón, mente, voluntad...

 

Es necesario, pues, aprender a callar,

a valorar el silencio, a escuchar a Dios,

a los otros y a uno mismo.

Basta observar detenidamente a la naturaleza,

para darse cuenta de cómo todo se realiza

en silencio: el morir del grano de trigo,

el crecimiento y su madurez...

El árbol produce sus flores y frutos en silencio.

 

Quienes visitan los monasterios

quedan impresionados de la densidad

del silencio que reina allí...

 

Padre Eusebio Gómez Navarro OCD