¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

 

 

Martes, 2 de enero de 2018

Semana IIª de Navidad

Memoria obligatoria - Blanco

1 Juan 2, 22-28 / Juan 1, 19-28

Salmo responsorial Sal 97, 1-4

R/. "¡El Señor manifestó su victoria!”

 

Santoral:

San Basilio Magno, San Gregorio Nacianzeno

 

 

Doce velas para el 2018

 

Cuando se apagan, las últimas horas de este año 2017,

encendemos en lo más hondo de nuestras entrañas los mejores

deseos de paz, bienestar y alegría para el mundo.

¿Por qué no encender –ya desde ahora– doce cirios que reflejen

nuestra confianza y nuestra fe en Dios?

 

Esperanza para un mundo que se resiste a ser feliz.

La esperanza se siembra allá donde un cristiano trabaja, vive y piensa.

 

Alegría para el hombre que sube y baja, trabaja y conquista

montañas, pero al cual le cuesta sonreir.

La alegría es sinónimo de un corazón sano y espiritual.

 

Fortaleza para los momentos de dificultad.

La nochevieja tiene un defecto: nos hace olvidar,

por momentos, que “el día siguiente” existe.

 

Fe en Dios. El materialismo no da, por sí mismo, la felicidad al hombre.

Nunca, el ser humano se ha visto tan envuelto en el oropel de la riqueza y,

contradictoriamente, tan ansioso e inquieto.

 

Paz con los que me rodean. Uno de los fallos que tenemos es el pensar,

en la paz que tenemos demasiado lejos.

 

Volcar nuestros esfuerzos por la fraternidad cerca de nosotros,

está a nuestro alcance.

 

Conformidad con lo que me acontece y tengo.

Frente al afán de tener, uno vive más feliz, cuando disfruta de verdad

con lo que tiene, no con aquello que nunca podrá alcanzar.

 

Ilusión por poner, en cada día del año que comienza, una piedra

que vaya edificando algo que merezca la pena. Para nosotros

y también para los demás.

 

Animo por empezar de nuevo el camino que dejamos inacabado

en la consecución de nuestros proyectos, trabajos o ideales.

Roma no se hizo en un día.

 

Limpieza de ese baúl de recuerdos ingratos y de trastos inservibles

que, en el año viejo, nos han aportado pesimismo, desazón

o inquietud. El corazón lo agradecerá.

 

Altruismo sano y divino para hacer más agradable la vida a los demás.

Una vida sin sensación de “hacer algo por alguien” es como una tinaja

que nunca conoció la frescura del agua.

 

Coherencia para vivir según lo que uno cree y no, desde aquellos

postulados, que los listos de turno nos dictan.

Dar testimonio de nuestra fe, vivirla y defenderla puede ser

un claro síntoma de vivir lo que creemos.

 

Constancia en aquello que nos deseamos en las primeras horas

de este año. Un defecto que podemos tener es poner la primera piedra

y olvidarnos de seguir levantando el hermoso edificio que puede

ser estos 365 días.

 

P. Javier Leoz