¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

 

 

Lunes, 19 de febrero de 2018

Primera Semana de Cuaresma

Del propio – Morado

Levítico 19, 1-2. 11-18 / Mateo 25, 31-46

Salmo responsorial Sal 18, 8-10. 15

R/. "¡Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida!”

 

Santoral:

San Conrado de Plasencia

y San Álvaro de Córdoba

 

 

Símbolos de la cuaresma

 

La cuaresma es DESIERTO:

es sequedad, soledad, ayuno, austeridad,

rigor, esfuerzo, penitencia, peligro, tentación.

 

La cuaresma es PERDÓN:

Las historias bíblicas de Jonás y de Nínive

y la parábola del hijo pródigo, son ejemplos de ello.

 

La cuaresma es ENCUENTRO:

es abrazo de reconciliación como en la parábola

del hijo pródigo o en la conversión de Zaqueo

o en el diálogo de Jesucristo con la mujer adúltera.

 

La cuaresma es LUZ:

como se pone de evidencia, por ejemplo,

en el evangelio del ciego de nacimiento.

Es el tránsito de las tinieblas a la luz.

Jesucristo es la luz del mundo.

 

La cuaresma es SALUD:

símbolo manifestado en textos como la curación

del paralítico o la sanación del hijo del centurión.

 

La cuaresma es AGUA:

es el tránsito de la sed de nuestra insatisfacción

al agua viva, el agua de Moisés al pueblo de Israel

en el desierto o de Jesús a la mujer samaritana.

 

La cuaresma es LIBERACIÓN, TRIUNFO:

es superación victoriosa de las pruebas y dificultades.

Algunas figuras bíblicas, que sufren graves peligros

y vencen en la prueba, son José hijo de Jacob,

la casta Susana, Ester, el profeta Jeremías y,

sobre todo, Jesús, tentado y transfigurado.

 

La cuaresma es CRUZ:

signo y presencia permanente durante toda

la cuaresma. Prefigurada en el Antiguo Testamento

y patentizada con el ejemplo de Jesucristo y como

su llamada cargar con ella como condición

para el seguimiento.

 

La cuaresma es TRANSFIGURACIÓN:

es la luz definitiva del camino cuaresmal,

preanunciada y pregustada en la escena

de la transfiguración de Jesús.

"Por la cruz a la luz".

 

La cuaresma es el ESFUERZO

por retirar el fermento viejo e incorporar la

levadura nueva de la PASCUA RESUCITADA

Y RESUCITADORA, ahora y para siempre.

 

P. Javier Leoz