¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

 

 

Lunes, 18 de junio de 2018

Semana 11ª durante el año

Feria – Verde

1 Reyes 21, 1-19 / Mateo 5, 38-42

Salmo responsorial Sal 5, 2-3a. 5-7

R/. "¡Atiende a mis gemidos, Señor!”

 

Santoral:

Santa Isabel de Shönau, Santa Juliana

y Beata Hosanna

 

 

Vive, ama y perdona...

 

No sé si alguna vez has pensado en tu muerte

cómo será, dónde será... cuándo será.

Si morirás ahogado, atropellado o de muerte natural.

Ni tampoco sé si en alguna ocasión te has preguntado

qué cosa te hubiera gustado cambiar a lo largo de tu vida.
 

Tal vez te hubiera gustado arreglar un mal negocio,

pedirle perdón a alguna persona con la cual hayas

discutido o quizá te gustaría haber recuperado

alguna amistad perdida hace tiempo.

No lo sé, seguramente tendrías tanto

en qué pensar y tan poco tiempo para

emprenderlo... pero lo cierto es que debes morir.
 

Yo simplemente quisiera hacerte la reflexión:

¿Para qué esperar? Ahora tienes tiempo

¿por qué no hacer aquello que podrías

haber anhelado a la hora de tu muerte?

 

¡Ya! Dile hoy con tus obras y palabras a tu hijo

que le amas. Sonríe y ama a todas las personas

de tu trabajo, de tu entorno social, con las que tratas,

disculpa sus errores y diles que no pasa nada;

que son los mejores amigos del mundo.

 

No le cierres la puerta al cartero sin haberle dicho ¡gracias!

Ni al lechero despidas sin un ¡hasta pronto y muchas gracias!

No guardes rencor a tus enemigos, adelántate y ve a conversar

con ellos, agradéceles todo lo que hacen por ti y ofréceles

en todo momento tu ayuda.

 

Dedícale más tiempo a tu esposa, pregúntale

cómo ha estado, interésate por sus cosas y,

si tienes la posibilidad, regálale aquello que más le gusta.

No dejes para después lo que puedas hacer hoy.

Sé un hombre cabal, íntegro, alegre, optimista.

Felicita por sus triunfos a los demás, escúchales y compréndeles.

No te vayas a la cama sin haber revisado cómo ha estado

tu día, y si encuentras algún error, no consientas

el dormirte sin antes haberlo arreglado.
 

Sé ¡ya! lo que te gustaría ser cuando la muerte

te visite y cristalice tu vida. No omitas ninguna sonrisa

que busque consolar al que sufre; una sonrisa es algo

tan pequeño, pero a la vez algo con lo que ganas

tanto que nunca te arrepentirás de ella.
 

Lleva tu vida por el sendero de la verdad,

de la sana alegría y de la justicia.

No esperes al mañana que aún no llega

y tal vez nunca llegará...

tal vez sea demasiado tarde.

Vive, ama y perdona ¡ya!

 

P. Juan Manuel Flores Hernández