¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

 

 

Lunes, 12 de marzo de 2018

Cuarta Semana de Cuaresma

Feria – Morado

Isaías 65, 17-21 / Juan 4, 43-54

Salmo responsorial Sal 29, 2. 4-6. 11-12a. 13b

R/. "¡Te glorifico, Señor, porque me libraste!”

 

Santoral:

Santa Fina, San Inocencia I,

San Maximiliano y San Pol de León

 

 

Con la cruz a cuestas

 

Cuenta la historia de un hombre que caminaba

por el rumbo de la vida cargando su cruz sobre sus hombros.

De repente se le apareció un señor muy imponente,

vestido con un extraño traje rojo que le dijo: 

"Pero hombre ¿Qué estás haciendo con semejante cruz encima?

No tiene sentido. ¿Por qué no le cortas un poco los extremos

así la carga se te hace más liviana?" 
El hombre, luego de pensarlo por un breve momento,

creyó que ésa era una buena idea para evitar tanto esfuerzo.

Fue así que limó los extremos de la cruz y siguió caminando.

A los pocos metros, el señor de rojo se hizo presente otra vez.

"Pero ¿Qué te dije amigo? No la has achicado

casi nada. Córtale las puntas un poco más.

Estás arrastrando una cruz demasiado pesada 

pudiendo sacrificarte menos para llevarla.

No seas tonto!". 
Y el hombre esta vez cortó los extremos de la cruz.

Sintiéndose ahora un poco más aliviado, continuó su camino.

Ya el tamaño de la cruz había disminuido notablemente

y el hombre podía cargarla con más comodidad.

Al poco tiempo de avanzar, el señor de rojo

volvió a cruzarse ante él y le insistió:

"Vamos... Córtale los extremos más todavía.

Mientras más chica sea la cruz menos va a costarte llevarla." 
Entonces el hombre se detuvo y volvió a cortarle los extremos

hasta que pudo cargarla con una sola mano.

Siguió caminando y a medida que avanzaba, pudo divisar

una gran luz blanca al final del camino.

Cuando llegó a este punto estaba Dios aguardándolo.

"Bienvenido Hijo Mío al umbral de la Gran Puerta Al Paraíso". 

"Pero Dios... ¿Dónde está la puerta que no la veo? 
Y el Señor, con su dedo índice apuntando hacia arriba,

señaló una puerta en lo alto y le dijo:

"Es aquella que está allá en las alturas. ¿La ves ahora?

Bueno, para entrar sólo debes abrirla. 

Evidentemente abrir la puerta no era el inconveniente,

pero sí lo era alcanzarla.

"Pero Señor ¿Cómo hago para subir tan alto? 

"Para eso tienes la cruz. Debes apoyarla sobre esta pared

y escalarla hasta la puerta. Esta cruz que has estado cargando

durante toda tu vida tiene la medida exacta para que llegues

a la Puerta del Cielo. De otra forma es imposible". 

"Pero Señor... Es que mi cruz ya no tiene ese tamaño.

Yo le hice caso a un Señor de traje rojo que durante

todo mi camino estuvo acechándome, tratando

de convencerme para que yo mismo

me facilite las cosas. Y me convenció.

Yo hice mi carga más liviana por consejos de él." 

"Ay Hijo Mío... Te has dejado tentar y mira ahora

lo que te ha pasado. ¿Te das cuenta que al final de todo,

las malas influencias terminan perjudicándote?" 

Moraleja:

Todos debemos asumir que la cruz que nos ha tocado

en la vida es la que debemos soportar hasta el final

para poder traspasar las puertas del Cielo.