¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

 

 

Jueves, 25 de enero de 2018

La Conversión de San Pablo

Fiesta – Blanco

Hechos 22, 3-16 / Marcos 16, 15-18

Salmo responsorial Sal 116, 1. 2

R/. “Vayan por todo el mundo, anuncien el Evangelio”

 

Santoral:

La Conversión de San Pablo, Apóstol

 

El objetivo prioritario

 

El mantener delante de nosotros el objetivo

prioritario que nos hemos fijado requiere

de una buena dosis de decisión y esfuerzo.

Significa mantenernos en nuestra más alta

prioridad año tras año; no haciendo nuestro

primer objetivo nada que no sea nuestra prioridad.

No podemos decir que la falta de experiencia

es lo que nos lleva al fracaso, sino una falta

de esfuerzo en mantener nuestras miradas
centradas en la meta correcta.

Cuando hablamos de prioridades o de metas,

en todo esto también están incluidas las espirituales,

y es por eso que se hace necesario que evaluemos

nuestra vida por lo menos una vez a la semana.

Qué necesario es que la evaluemos espiritualmente

nuestra vida delante de Dios, para ver si nuestra vida

se ajusta a la norma que Él ha fijado para

cada uno de nosotros.

El Apóstol Pablo nos enseña, con su propio ejemplo,

como debe ser nuestra vida... él es como el músico

que no piensa en la aprobación de la audiencia,

sino que únicamente le preocupa la mirada

de aprobación de su Director.

Cualquier objetivo que tengamos y que nos aparte

en lo más mínimo de la meta central de ser

"aprobados por Dios" (2Tim 2, 15) puede resultar

en un rechazo de parte de Él en confiarnos

tareas adicionales.

Cuando disciernas a dónde te lleva el objetivo

prioritario de tu vida, verás cuan necesario

es tener "puestos los ojos en Jesús". (Hebreos 12, 2)

Pablo se refiere a la importancia de dominar

su propio cuerpo de modo que no le llevase

en una mala dirección. Decía: "Trato severamente

a mi cuerpo y lo pongo en servidumbre, no sea

que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo

venga a ser eliminado (reprobado)". (1Cor 9, 27)

Debemos aprender a relacionarlo todo

con el propósito primordial, manteniéndolo

continuamente. Mi eficacia para Dios

en lo público está medida por lo que soy

realmente en mi vida privada.

Entonces, por qué no nos preguntamos:
¿Es la meta primordial en mi vida agradarle

a Él y ser aceptado por Él, o es algo inferior...

por muy sublime que suene?