¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

 

 

Jueves, 17 de mayo de 2018

Séptima Semana de Pascua

Feria  – Blanco

Hechos 22, 30; 23, 6-11 / Juan 17, 20-26

Salmo responsorial Sal 15, 1- 2a. 5. 7-11

R/. "¡Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti!”

 

Santoral:

San Pascual Bailón, Beata Antonia Mesina

y Beato Pedro Ouen-Yen

 

Siete soplos del Espíritu Santo

 

El soplo de la FE. Ante el vendaval que asola la presencia de Dios,

el Espíritu Santo propone con suavidad, pero con insistencia,

a un Dios que no olvida a sus hijos/as.

 

El soplo del AMOR. Frente al egoísmo, el Espíritu,

crea en el amigo de Jesús, sentimientos de justicia y de fraternidad.

Le hace sentir que, por ese camino, es como mejor

se llega a la eternidad.

 

El soplo de la ALEGRÍA. La tristeza no se combate

con acciones exteriores. Es en el interior de las personas

donde hay que establecer motivos para ser felices.

El Espíritu Santo descubre en las entrañas del creyente

una fuente de alegría: JESUCRISTO

 

El soplo de la ESPERANZA. La falta de horizontes

es una realidad en la sociedad que permite todo, pero no abre

puertas a la realización total del ser humano. El Espíritu Santo

nos hace ver la grandeza que todos llevamos dentro y, por lo tanto,

mirar con optimismo a nuestra propia existencia.

 

El soplo de la SOLIDARIDAD. Nunca, los hombres, hemos tenido

tantos medios para sentirnos acompañados y, por otro lado,

nunca tanta sensación de orfandad y de soledad. El Espíritu Santo

nos induce a la salir al encuentro del otro para que, la solidaridad,

sea también el carné de identidad de los hijos de Dios.

 

El soplo de la CALIDEZ. Las relaciones personales, las prisas,

las responsabilidades y otras circunstancias, nos empujan a estar

distantes, a ser fríos en palabras y gestos. El Espíritu Santo concita

al encuentro, a signos de que denoten que nuestra pertenencia

}a la familia de los hijos de Dios, se traduzca en concordia y cercanía.

 

El soplo del PERDÓN. Quien está en comunión con Dios,

siente la invitación de vivir en comunión con los hermanos.

El Espíritu Santo nos recuerda que, estar soldados a la mano de Dios,

exige ser misericordiosos con los demás, aceptar el perdón y brindarlo generosamente.

 

Y es que, el Espíritu Santo, es un canal por donde se desprende la fe,

el amor, la alegría, la esperanza, la solidaridad, la calidez

y el perdón de la gran fuente de todo ello que está en el cielo.

¡ES PENTECOSTÉS!

 

P. Javier Leoz