¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

 

 

Jueves, 9 de agosto de 2018

Semana 18ª durante el año

Feria o Memoria libre – Verde / Rojo

Jeremías 31, 31-34 / Mateo 16, 13-23

Salmo responsorial Sal 50, 12-15. 18-19

R/. “¡Dios mío, crea en mí un corazón puro!”

 

Santoral:

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, San Oswaldo, Santa Otilia,

Santos Juliano, Marciano, Fotio y compañeros mártires,

Beato Mauricio, Beato Florentino Asensio Barroso,

Beata Cándida de Jesús, Beato Ceferino Jiménez,

Beatos Faustino Oleiza y Florentino Felipe

 

 

Señal de la cruz

 

«Señor, yo hago con frecuencia la señal de la cruz,

pero no he comprendido todo su sentido.

No había pensado que hago sobre mí,

no un signo de disminución, no un signo menos,

sino un signo más, un gran signo de adición.

¡Ah, Señor!, yo no me achico al hacerme discípulo

tuyo, no pierdo nada al seguirte.

Al contrario, añado a mis aspiraciones humanas

un valor infinito: el valor de tu Redención

y de tu Gracia.

«Me parece que con este signo

me supero extraordinariamente.

Rompo el molde de mis minúsculas aspiraciones.

Esa línea horizontal que trazo de un hombro

al otro, tiende a prolongarse indefinidamente,

para abrazar a todo el horizonte.

La línea vertical, de la frente al pecho,

parece unir el cielo con la tierra.

«Señor, este signo indica claramente

cuál es mi misión: conquistar todo el universo

—y a mí mismo ante todo— para unirlo todo,

por medio de Ti, al Padre.

Reunir a tu alrededor, Señor,

a la creación entera, para que puedas

ofrecerla al Padre. Yo me siento engrandecido,

Señor, al trazar sobre mí la señal de la cruz.

Porque me siento asociado a la obra de la redención,

supliendo en mi carne lo que me has reservado

de tu pasión (Col. 1, 24).

«Por tanto, te prometo hacerla desde ahora

con más respeto. Quiero marcar con ella

fuertemente mi frente, mi pecho, mis hombros,

para que todos mis pensamientos, mis afectos

y mi actividad queden enteramente

consagrados a Ti.

En el nombre del Padre y del Hijo

y del Espíritu Santo, Amén».

 

P. Justo López Melús