¡Alégrate, el Señor está contigo!

Mensaje Espiritual

 

 

 

Jueves, 5 de julio de 2018

Semana 13ª durante el año

Feria o Memoria libre – Verde / Blanco

Amós 7, 10-17 / Mateo 9, 1-8

Salmo Responsorial Sal 18, 8-11

R/. “Los juicios del Señor son la verdad”

 

Santoral:

San Antonio María Zaccaría, San Miguel de los Santos,

Santas Teresa Jinjie y Rosa Chen Anjie,

Beato Elías

 

 

Se va haciendo necesario sonreír

 

No te piden nada imposible si te ruegan que sonrías.

Lo siento, pero en mi caso se ha convertido

en una obsesión: necesito que las personas

aprendan a usar una serie de músculos

de la cara que nos caracterizan como humanos.

Sonreír es el camino de la conversión de la cara

en rostro, porque desde ese sencillo gesto

se expresa la aprobación hacia el mundo,

y hacia los que formamos parte de ese mundo

de un modo más intenso: las personas.

Quizás por eso la sonrisa es de las pocas cosas

que no deben aprender los niños tras nacer:

la saben sola; es cierto que también lloran,

y que se enrabietan, pero lo hacen como defensa,

como reacción ante el dolor y ante el miedo

que provoca lo que todavía no se entiende.

Y en cambio, su boca se torna en chiste

por el abrazo materno, a causa de esa caricia

del padre que movido por el reír de su hijo

se ve en la obligación de hacerle fiestas,

y decirle cosas, y cantarle... y entonces el niño

que no se empapa de nada sonríe todavía

más fuerte hasta que se duerme.

Y es que así es como se afirman las cosas y las personas:

ver a quien se quiere provoca que se diga ya desde

el gesto del rostro un «¡qué bueno es que existas!»,

o «te apruebo, y te quiero, y te quiero aquí,

en este momento, a pesar del montón

de cosas que tengo entre las manos».

 

Abrir la puerta, mirarte trabajando, que me recibas

sonriente, con alegría: ¡qué delicia cuando me das un beso!

porque de ese modo sé que es a mí a quien recibes,

a mi nombre propio con su leve historia que es única,

y no a uno más de esos que se llaman compañeros.

Los niños sonríen solos. Los adultos quizás tenemos

que aprender, porque nos ha engañado este mundo

que con sus rutinas; con sus victorias y derrotas;

con las comparaciones amargas nos convence

de que cambiando de rictus llegaremos más lejos,

o de que lo contrario a la «cara de lunes» implicaría

masoquismo, carencia de solidaridad, o mostrarse

poco profesional y poco serio.

Sonríe, despierta, repite que vivir es un regalo.

Una característica más: quien sonríe acoge,

produce confianza, hace de su rostro una casa

en la que los demás tienen cabida, y por eso mismo

es causa y origen del cariño.

¡Ojalá, al menos hoy, no desaprovecháramos ese don!