¡Alégrate, el Señor está contigo!

 

EVANGELIO DEL DÍA

Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Jn 6, 68

 

     

Miércoles, 14 de febrero de 2018

MIÉRCOLES DE CENIZA
Joel 2, 12-18 / 2 Corintios 5, 20
6, 2 / Mateo 6, 1-6. 16-18
Salmo responsorial Sal 50, 3-6a. 12-14. 17

R/. "¡Ten piedad, Señor; porque hemos pecado!”

 

Santoral:

San Cirilo, San Metodio, San Valentín

 

 

LECTURAS DEL MIÉRCOLES 14 DE FEBRERO DE 2018

 

MIÉRCOLES DE CENIZA

 

Desgarren su corazón y no sus vestiduras

 

Lectura de la profecía de Joel

2, 12-18

 

Ahora dice el Señor:

Vuelvan a mí de todo corazón,

con ayuno, llantos y lamentos.

Desgarren su corazón y no sus vestiduras,

y vuelvan al Señor, su Dios,

porque Él es bondadoso y compasivo,

lento para la ira y rico en amor,

y se arrepiente de sus amenazas.

¡Quién sabe si Él no se volverá atrás y se arrepentirá,

y dejará detrás de sí una bendición:

la ofrenda y la libación

para el Señor, su Dios!

 

¡Toquen la trompeta en Sión,

prescriban un ayuno,

convoquen a una reunión solemne,

reúnan al pueblo,

convoquen a la asamblea,

congreguen a los ancianos,

reúnan a los pequeños

y a los niños de pecho!

¡Que el recién casado salga de su alcoba

y la recién casada de su lecho nupcial!

Entre el vestíbulo y el altar

lloren los sacerdotes, los ministros del Señor,

y digan: «¡Perdona, Señor, a tu pueblo,

no entregues tu herencia al oprobio,

y que las naciones no se burlen de ella!

¿Por qué se ha de decir entre los pueblos:

Dónde está su Dios?»

El Señor se llenó de celos por su tierra

y se compadeció de su pueblo.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                          50, 3-6a. 12-14. 17

 

R.    ¡Ten piedad, Señor; porque hemos pecado!

 

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,

por tu gran compasión, borra mis faltas!

¡Lávame totalmente de mi culpa

y purifícame de mi pecado!  R.

 

Porque yo reconozco mis faltas

y mi pecado está siempre ante mí.

Contra ti, contra ti solo pequé

e hice lo que es malo a tus ojos.  R.

 

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,

y renueva la firmeza de mi espíritu.

No me arrojes lejos de tu presencia

ni retires de mí tu santo espíritu.  R.

 

Devuélveme la alegría de tu salvación,

que tu espíritu generoso me sostenga.

Abre mis labios, Señor,

y mi boca proclamará tu alabanza.  R.

 

 

Déjense reconciliar con Dios. Éste es el tiempo favorable

 

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto

5, 206, 2

 

Hermanos:

Nosotros somos embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: déjense reconciliar con Dios. A Aquél que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por Él.

Y porque somos sus colaboradores, los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. Porque Él nos dice en la Escritura: "En el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí". Éste es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación.

 

Palabra de Dios.

 

 

 

EVANGELIO

 

Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará

 

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Mateo

6, 1-6. 16-18

 

Jesús dijo a sus discípulos:

Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre de ustedes que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

 

Palabra del Señor.

 

Reflexión

 

VENCER LA TENTACIÓN

1.- La prueba del desierto. El Espíritu empujó a Jesús al desierto. Es éste un lugar ambivalente: prueba y purificación, tentación y encuentro con Dios y con uno mismo. La estancia de Jesús en el desierto tal como la relata Marcos tuvo su lado tenebroso, Satanás y las alimañas, pero también su gloria y su luz, pues “los ángeles le servían”. En el desierto pudo Jesús vivir su iluminación particular sobre la meta y los medios para anunciar el Reinado de Dios. Jesús, triunfa y la causa de Dios se impone sobre lo meramente humano. El evangelio de Marcos propugna un cristianismo más radical, más conforme con los orígenes. Es un evangelio exigente: quiere acabar con las disculpas de que “es lo que siempre se ha hecho”, “lo que todos hacen”, “mañana lo haré”… Necesitamos pasar por la situación de desierto para reforzar nuestra experiencia de Dios. Jesús salió también reforzado en el desierto.

2.- Dejarnos guiar por el Espíritu. En todas las eucaristías decimos “no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”. A fuerza de recitarlo tantas veces no nos enteramos muchas veces de lo que decimos, pues lo hacemos de forma mecánica. La tentación está ahí, acecha a todo ser humano. Lo malo no es ser tentado, Jesús también lo fue, lo malo es caer en la tentación. Iniciamos este tiempo de Cuaresma haciéndonos conscientes de que el mal y la tentación están cerca de nosotros. Está nuestra capacidad de elegir: de consentir o de vencer. El evangelio de Marcos en este primer domingo de Cuaresma nos presenta este lado profundo del mal. Pero también presenta a otros actores: El Espíritu, Jesús, Dios y su proyecto. Toda vida humana pasará la prueba de la tentación. La tentación es la posibilidad siempre presente de abrirle las puertas a fuerzas que se oponen al proyecto fraterno de Dios. El seductor es el que me aparta de mí mismo. Una gran tentación es eludir nuestras responsabilidades y así vernos libres del trabajo que comporta una vida entregada a la misión que Jesús nos encomienda. Sin embargo, en nosotros hay una llamada a dejarnos guiar por el Espíritu, a optar por Dios como compañero de camino, nunca para manipularlo y servirnos de Él, sino para que se realice el destino de vivir en libertad, pese al “poder de las tinieblas”. ¡Jesús ha vencido ya!

3.- Reorientar nuestra vida. Jesús espera mucho de nosotros. La conversión que pide Jesús como primer tema de la predicación del Reino debería empezar por dar la vuelta a nuestro modo de vivir habitualmente nuestra fe. Casi todos la vivimos en un contexto que favorece las posturas acomodaticias. Nos habituamos a largas componendas, a la generosa tolerancia con lo que sabemos no cuadra muy bien. Nos protegemos con la excusa de que somos así y al cabo de tanto tiempo no hay cambio posible. Pero el evangelio quiere sacudir esa modorra, denunciando que para nada nos sirve “retomar” las viejas prácticas con nuevo estilo. No es posible un cristianismo vivido “a medias”, ni se debe encapsular lo nuevo en moldes viejos. Hay que crear moldes nuevos, odres nuevos. No se trata de prácticas, sino de nosotros mismos. Basta con reflexionar sobre la facilidad con que pedimos el cambio de los demás. Su manera de entender y vivir la fe cristiana nos parece hipócrita o superficial. Retirarse al desierto significa enfrentarse a solas con nosotros y naturalmente comenzar por la revisión crítica de nuestro modo de ser. “Enséñame tus caminos”, pedimos en el Salmo. El evangelio de hoy nos indica el camino que siguió Jesús antes de comenzar su actividad pública. El que hoy nosotros estamos invitados a recorrer también, si nos dejamos “empujar” por el Espíritu

 

José María Martín OSA

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NECESIDAD Y UTILIDAD DE LAS TENTACIONES

1.- El Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás. Las tentaciones son necesarias porque manan en la propia naturaleza humana. Jesús, como era hombre verdadero, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado, las tuvo. Las tentaciones, además son útiles, porque nos ayudan a nosotros a luchar contra ellas y a perfeccionarnos. Todo ser humano tiene tentaciones durante su vida, derivadas de nuestro innato egoísmo, de nuestra vanidad, de nuestra inclinación natural a gozar inmoderadamente de lo material, de nuestras ansias de figurar, tentaciones de pensamiento, de palabra y de obra. San Pablo decía que las tentaciones proceden del “hombre viejo” que hay en cada uno de nosotros. La gracia, el hombre nuevo, nos ayudan y nos incitan a la santidad, pero no nos liberan de nuestras tendencias corporales y psicológicas. Porque muchas veces, con terminología paulina, hacemos lo que no queremos y no hacemos lo que queremos. Pero, como decimos, las tentaciones no sólo no son pecado, el pecado es consentir y caer voluntariamente en ellas. El evangelio dice que Jesús tuvo tentaciones, pero también dice que no consintió en ellas y que venció al demonio. Las tentaciones deben servirnos, además, para conocernos mejor a nosotros mismos, porque muchas veces no sabemos cuáles son nuestras fuerzas espirituales hasta que la tentación nos prueba. Luchemos contra la tentación y confiemos en Dios, que nunca va a permitir que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas. En el <Padrenuestro> no pedimos a Dios que nos libere de la tentación, sino que no nos deje caer en ellas.

2.- Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el evangelio de Dios; decía: se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia. La lucha contra las tentaciones debe conducirnos directamente a la conversión al evangelio de Jesús. No olvidemos que las tentaciones de Jesús ocurren al principio de su vida pública. No podemos nosotros dedicarnos a predicar a los demás el evangelio del Reino si antes no hemos superado nosotros mismos las tentaciones del hombre viejo: egoísmo, ambición, disfrute inmoderado de los bienes carnales, ansias de poder y de dominio, soberbia. Como vemos, no hubo interrupción alguna entre la predicación de Juan el Bautista, el Precursor, y la predicación y vida pública de Jesús. La Iglesia de Cristo nunca ha dejado de predicar el evangelio y, si alguna vez lo dejara dejaría de ser Iglesia de Cristo. Ahora somos nosotros, los catequistas y evangelizadores de este momento, los que tenemos la obligación y la misión de predicar el evangelio con nuestras palabras y nuestras obras. Para hacerlo con dignidad luchemos todos los días y en todos los momentos contra las tentaciones, porque estas no nos van a abandonar nunca, de una o de otra manera. Los santos fueron santos porque lucharon contra las tentaciones, las vencieron y vivieron convertidos al evangelio. Hagamos nosotros lo mismo.

3.- Hago un pacto con vosotros: el diluvio no volverá a destruir la vida ni habrá otro diluvio que devaste la tierra. El mensaje de este texto del libro del Génesis está bien expresado en el salmo responsorial, salmo 24: Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza. Dios nunca ha querido destruir a toda la humanidad; lo que Dios ha querido y quiere siempre es que los hombres dejemos de pecar y guardemos su alianza. La ternura y la misericordia de Dios son eternas; lo que tenemos que hacer nosotros es dejarnos salvar por Dios, guardando su alianza, es decir, siendo humildes y siguiendo sus caminos, los caminos de Cristo, que es nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida.

4.- Aquello (el arca de Noé) fue un símbolo del Bautismo que actualmente os salva. Como vemos, san Pablo ve en la salvación que Dios concedió a unos pocos, a través del arca de Noé, un símbolo del Bautismo cristiano. Sin entrar en detalles exegéticos y bíblicos, nosotros podemos leer este texto como una invitación a pensar en el valor salvífico de nuestro bautismo y a renovar ahora, consciente y libremente, las promesas que entonces hicieron en nuestro nombre nuestros padres y padrinos. Pidamos a Dios que no nos deje caer en la tentación y que nos dé su gracia para ser fieles siempre a las promesas que se hicieron en nuestro nombre el día de nuestro bautismo.  

 

Gabriel González del Estal

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¡OJO! EL DEMONIO ANDA DISFRAZADO

¿A quién apoyas? ¿De quién eres? ¿Por quién te defines? ¿De qué lado estás? Así, y con otros interrogantes parecidos nos invitan a decantarnos en la sociedad que vivimos.

1.- La cuaresma, como camino hacia la Pascua, también coloca delante de nuestra conciencia una serie de interrogantes:

-¿Eres de Jesús? ¿Estás dispuesto a seguirle? ¿Le conoces de verdad o tan sólo de oídas?

-¿Crees con todas las consecuencias? ¿Qué opinas de la cruz? ¿Y del sacrificio?

-¿Te consideras bueno? ¿No te apoyarás demasiado en aquello de “como Dios es bueno me comprende”?

El desierto, el lugar donde somos tentados, no es precisamente un lugar solitario. El alero desde el cual, el maligno nos seduce, es precisamente la vida fácil, el consumo por sistema, la vida desenfrenada, el ocio sin norte y sin pausa, el buenismo que relativiza hasta lo más sagrado.

El demonio viene disfrazado en muchos colores y con muchos trajes. Lo malo es que, lejos de verlo como tal, lo vemos como un aliado. Hace tiempo que, para la moral relajada, dejó de ser un peligro:

-Si no vas a misa, no es importante porque –eso– no te garantiza ser bueno

-Si piensas en los sacerdotes, no olvides los escándalos de algunos de ellos

-Si el Papa sale en los medios, fíjate dónde y cómo vive

El maligno, hoy y ahora, está constantemente situado en los aleros de cada día. Encendemos la televisión y, la fe católica, es ridiculizada un día y otro también. Si nos acercamos a la prensa escrita, se nos invita –al igual que Jesús en el desierto– a lanzarnos al poder por el poder, a disfrutar de la ciudad y del mar, del placer y del tener. Vuelvo a insistir: el demonio vive en permanente carnaval. Va tan disfrazado, y a veces tan a nuestro gusto, que lo acogemos en la mesa de nuestras casas sin ningún tipo de problema. Así nos va.

2.- Escuchemos su Palabra. Veremos cómo entonces, el Señor, nos sorprende. Siempre tiene algo bueno y nuevo que decirnos.

-Necesitamos de estos desiertos, de estos encuentros para luego hacer frente a la vida. Lo mismo hacía Jesús; antes de presentarse en público se retiraba a orar tal y como hoy, por ejemplo, lo contemplamos en lucha permanente contra las tentaciones del diablo.

-Camino de la Pascua sería positivo que nos preguntásemos cómo está nuestra oración. ¿No se encontrará un poco en crisis? Cuando decimos que hay crisis de fe ¿no será que en el fondo hay problema de oración? Cuando sostenemos que hay dificultades de los padres con los hijos ¿no será también que, en el fondo, hay ausencia de comunicación de los hijos con los padres?

3.- La Cuaresma es un tiempo privilegiado para la oración. ¿Quién no se deja impresionar cuando se coloca frente a un crucificado? La oración es esencial para entender y comprender la voluntad de Dios. Y si no la entendemos ni la comprendemos es porque, muchas veces, somos alérgicos a esos desiertos de la oración, el silencio, la reflexión o la lectura asidua de la Palabra de Dios.

Que el Señor nos conceda tres gracias especiales en este tiempo de ascensión a la Pascua:

a) Ante la tentación del materialismo, el saber defender el “ser” antes que el “tener”. Cuántos hermanos nuestros viven en situaciones de dificultades y de desencanto porque no han sabido medir ni controlar su avaricia

b) Ante el incentivo de la vanidad hay que adorar al Único que se lo merece: a Dios. La vanagloria, los aplausos y el engreimiento son fiebres que se pasan en cuatro días ¿Qué queda luego? Las secuelas de las grandes soledades.

c) Ante la incitación del poder, el dominio de uno mismo. El poder en la vida de un cristiano es el servir con generosidad y el ofrecer sin esperar nada a cambio.

--Que el Señor, en este tiempo cuaresmal, nos ayude a meditar –en un bis a bis– sobre aquellas tentaciones que nos producen ansiedad, infelicidad, inseguridad o abandono de la fe.

--Que Santa Teresa de Jesús, cuyo V Centenario de su nacimiento estamos celebrando, nos ayude a caminar, vivir, estar y disfrutar con AQUEL que tanto nos ama: Cristo.

¡A por la Pascua!

 

Javier Leoz

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