¡Alégrate, el Señor está contigo!

 

EVANGELIO DEL DÍA

Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Jn 6, 68

 

      

 

Domingo, 14 de Enero de 2018

DOMINGO 2º DURANTE EL AÑO

Feria - Verde

1 Samuel 3, 3b-10. 19 / 1 Corintios 6, l3c-15a. 17-20 / Juan 1, 35-42

Salmo Responsorial  Sal 39, 2. 4ab. 7-10

R/.  "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad"

 

Santoral:

San Félix de Nola y San Juan de Ribera

 

LECTURAS DEL DOMINGO 14 DE ENERO DE 2018

 

 

DOMINGO 2º DURANTE EL AÑO

 

Habla, Señor, porque tu servidor escucha

 

Lectura del primer libro de Samuel

3, 3b-10. 19

 

Samuel estaba acostado en el Templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy». Samuel fue corriendo adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Pero Elí le dijo: «Yo no te llamé; vuelve a acostarte». Y él se fue a acostar.

El Señor llamó a Samuel una vez más. Él se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Elí le respondió: «Yo no te llamé, hijo mío; vuelve a acostarte». Samuel aún no conocía al Señor, y la palabra del Señor todavía no le había sido revelada. El Señor llamó a Samuel por tercera vez. Él se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Entonces Elí comprendió que era el Señor el que llamaba al joven, y dijo a Samuel: «Ve a acostarte, y si alguien te llama, tú dirás: Habla, Señor, porque tu servidor escucha». y Samuel fue a acostarse en su sitio.

Entonces vino el Señor, se detuvo, y llamó como las otras veces: «¡Samuel, Samuel!» Él respondió: «Habla, porque tu servidor escucha» .

Samuel creció; el Señor estaba con él, y no dejó que cayera por tierra ninguna de sus palabras.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                                               39, 2. 4ab. 7-10

 

 

R.    Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

 

Esperé confiadamente en el Señor:

Él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.

Puso en mi boca un canto nuevo,

un himno a nuestro Dios.  R.

 

Tú no quisiste víctima ni oblación;

pero me diste un oído atento;

no pediste holocaustos ni sacrificios,

entonces dije: «Aquí estoy».  R.

 

«En el libro de la Ley está escrito

lo que tengo que hacer:

yo amo, Dios mío, tu voluntad,

y tu ley está en mi corazón».  R.

 

Proclamé gozosamente tu justicia

en la gran asamblea;

no, no mantuve cerrados mis labios,

Tú lo sabes, Señor.  R.

 

 

Los cuerpos de ustedes son miembros de Cristo

 

Lectura de la primera carta del Apóstol

san Pablo a los cristianos de Corinto

6, l3c-15a. 17-20

 

Hermanos:

El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo. y Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros con su poder.

¿No saben acaso que sus cuerpos son miembros de Cristo?

El que se une al Señor se hace un solo espíritu con Él.

Eviten la fornicación. Cualquier otro pecado cometido por el hombre es exterior a su cuerpo, pero el que fornica peca contra su propio cuerpo.

¿O no saben que sus cuerpos son templo del Espíritu Santo, que habita en ustedes y que han recibido de Dios?

Por lo tanto, ustedes no se pertenecen, sino que han sido comprados, ¡Y a qué precio!

Glorifiquen entonces a Dios en sus cuerpos.

 

Palabra de Dios.

 

 

 

EVANGELIO

 

Vieron dónde vivía y se quedaron con Él

 

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Juan

1, 35-42

 

Estaba Juan Bautista con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Éste es el Cordero de Dios».

Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. Él se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué quieren?»

Ellos le respondieron: «Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?»

«Vengan y lo verán», les dijo.

Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con Él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.

Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías», que traducido significa Cristo.

Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas», que traducido significa Pedro.

 

Palabra del Señor. 

 

Reflexión

 

 

FUERON, VIERON Y SE QUEDARON

1.- “Dios te ha soñado". Decimos que la vocación es la respuesta a una llamada que el hombre recibe de parte de Dios. Quien toma la iniciativa es el que llama, el Señor. Esto se observa claramente en la primera lectura donde el "convocado" es un adolescente inexperto que vive en una época en que "era rara la palabra de Yahvé". Dios se fijó en un muchacho, no en el sacerdote Elí, porque Dios prefiere a los pequeños tal como había cantado Ana, madre de Samuel. La llamada es pura gracia, don que Dios da. Él se fija en ti y te llama por tu nombre como a Samuel. Te está diciendo primero que te ama; después, que cuenta contigo; al fin, pide tu colaboración para que trabajes por el Reino, que ayudes al hermano necesitado, que compartas el dolor del que está enfermo o excluido, que seas instrumento de paz, que hagas de tu profesión un servicio, que proclames con tu vida la Buena Noticia e incluso que lo dejes todo por El. Es hermoso saber que Dios "te ha soñado" desde el principio de una manera, que espera mucho de ti, pero que respeta tu libertad. El sólo quiere que seas feliz haciendo felices a los demás.

2.- Las mediaciones que Dios utiliza. Dios no llama sólo una vez en la vida. Su llamada se mantiene a lo largo de toda tu vida. Te puede llamar también a través de los hermanos. Son las mediaciones que Dios utiliza para darnos a conocer su sueño. Hay vocaciones que han nacido y se han desarrollado a la luz de la realidad que nos interpela y del ejemplo de personas cercanas cuya vida "nos edifica". Ese, al menos, fue mi caso. Pero sólo oye la voz aquel que está atento, o que busca como los dos discípulos. Es entonces cuando Dios te dice "Ven y verás". Ellos fueron y vieron donde vivía y se quedaron con él. Fueron unos privilegiados. San Agustín sospecha que la experiencia tuvo que ser maravillosa: "¡Qué día tan feliz y qué noche deliciosa pasaron!, ¿quién podrá decirnos lo que oyeron de boca del Señor? Edifiquemos y levantemos también nosotros una casa en nuestro corazón a donde venga él a hablar con nosotros y a enseñarnos".

3.- Discernimiento. Tras la llamada hay un discernimiento para aclarar mejor por dónde tenemos que ir. No es fácil, por eso necesitamos como Samuel alguien que nos acompañe. Samuel fue a ver a Elí. Los dos discípulos acudieron a Juan, que les mostró a Jesús "que pasaba". El paso de Jesús por nuestra propia historia personal no es fácil de apreciar. Muchos como Herodes y el joven rico también se cruzaron con él, pero no fueron capaces de escucharle y de seguirle. Hoy decimos que hay menos vocaciones para la vida religiosa o el sacerdocio. Yo creo que Dios sigue llamando, pero no sabemos escucharle porque hay mucho ruido a nuestro alrededor. Todo lo relacionado con la vocación necesita de mucha oración, reflexión y consejo. No siempre percibimos la Palabra con claridad. En toda vocación hay mucho de búsqueda, pero en muchas ocasiones Dios nos da la luz a través de experiencias y de personas que nos iluminan.

4.- Pide una respuesta generosa. Una vez que sentimos con cierta seguridad que Dios nos llama entra en juego la respuesta por parte del hombre/mujer. Las respuestas de Samuel y de los dos discípulos fueron modélicas: "Habla, Señor, que tu siervo escucha", Dios nos invita a experimentar su vida y a gozar de los dones que nos regala. "Fueron, vieron y se quedaron" .¡Qué generosidad y que amor demostraron! No sabían bien lo que implicaba su decisión, pero se han dejado seducir, se han enamorado de Dios. Andrés, uno de los discípulos comunica su alegría a su hermano Simón: "Hemos encontrado al Mesías" y lo llevó a Jesús. La felicidad que da el sentir la gracia de la llamada y el vivir de cerca la experiencia de Jesucristo te lleva a comunicarlo. Nosotros, que seguimos a Jesús, también debemos mostrarlo a los demás, debemos ser "andreses". No tengamos miedo el Señor nos dará a conocer la misión que nos encomienda, como a Pedro, y nos dará la fuerza para realizarla

 

José María Martín OSA

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EL VALOR DE UNA CONCIENCIA RECTA

1.- Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Le preguntaron: Maestro, ¿dónde vives? Jesús les dijo: Venid y lo veréis. Formar en los niños y en los jóvenes una buena conciencia, una conciencia cristiana y recta, es una tarea importantísima que tienen los padres, educadores, catequistas y evangelizadores. La mayor parte de nosotros nos guiamos, o creemos y queremos guiarnos, por nuestra conciencia, no por nuestros egoísmos y por nuestras tendencias pasionales. Un niño, o un joven, que se deja guiar por sus impulsos y pasiones terminará siendo una persona pervertida y peligrosa para la sociedad. Los cristianos debemos dejarnos guiar siempre por las palabras y por la persona de Jesús. Esto es lo que hicieron los dos discípulos que acompañaban a Juan el Bautista y esto es lo que hizo Simón Pedro, aconsejado por su hermano Andrés. Jesús quiso siempre que sus discípulos le siguieran, no sólo que le oyeran, y que aprendieran de él a través de la palabra, del ejemplo y de la vida. Las palabras mueven, decimos, los ejemplos arrastran. Los educadores y predicadores de este momento es algo que debemos tener muy en cuenta: educar con las palabras, acompañadas siempre de un ejemplo coherente y de acuerdo con lo que decimos y predicamos. Nuestra Iglesia, nos han dicho repetidamente los Papas, necesita hoy más de testigos que de predicadores, o, dicho de otro modo, necesita de predicadores del evangelio que, a su vez, sean testigos vivos del evangelio que predican. Nuestros jóvenes escuchan con dificultad sermones, pero se fijan mucho en el comportamiento de los que les hablan y tratan de enseñarles. Llevemos a los jóvenes a Jesús, como hizo Andrés con Simón Pedro. Seamos catequistas y evangelizadores de palabra y de obra, como quiso siempre hacer Jesús con sus discípulos.

2.- Habla, Señor, que tu siervo escucha. El niño Samuel no conocía al Señor, hasta que el sacerdote Elí le enseñó a reconocer la voz del Señor. Si el sacerdote Elí no hubiera enseñado al niño Samuel a reconocer la voz de Dios no habría descubierto su vocación de profeta, no hubiera llegado a ser el profeta Samuel, el primer profeta yahvista de Israel. Esta debe ser nuestra actitud ante la voz del Señor que nos habla a través de nuestra conciencia. Saber discernir la verdadera voz de Dios a través de nuestra conciencia es algo importantísimo en nuestra vida. Lo más importante para una persona es acertar con su vocación, con la vocación que Dios le ha dado. Para conseguir esto es necesario saber escuchar, estar siempre en actitud de escucha, no dejar que nuestros egoísmos y nuestras pasiones nos confundan. Aprender a descubrir y realizar en la vida nuestra verdadera vocación depende en parte de que nos dejemos enseñar por nuestros padres, o educadores, o libros piadosos, o sacerdotes, o acontecimientos de la vida, o la naturaleza, o todas aquellas personas y cosas que influyen en nuestra vida. Dejemos que Dios nos guíe, que Dios nos conduzca todos los días de nuestra vida. Aprendamos a escuchar la voz del Señor y digámosle, con palabras del salmo 39: aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

3.- ¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? Por tanto, glorificad a Dios con vuestro cuerpo. Las personas somos cuerpos encarnados. Nuestro cuerpo es parte esencial de nuestro ser personal. Los pecados de nuestro cuerpo son pecados nuestros y las virtudes que practicamos a través del cuerpo son virtudes totalmente humanas. Nuestra misión como cristianos es vivir unidos espiritualmente al Espíritu de Cristo, formar con el Espíritu de Cristo un solo espíritu, ser miembros de Cristo. Estas palabras que escribió san Pablo a los primeros cristianos de Corinto, con motivo de algunos pecados públicos de fornicación, son palabras que debemos aplicárnoslas siempre a nosotros mismos. El hombre es un animal sexual y debe dirigir su vida sexual de acuerdo con su espíritu; no podemos dividirnos en cuerpo y espíritu, como si fueran cosas siempre opuestas. El cuerpo y el espíritu deben caminar siempre juntos y bien avenidos. No somos ni sólo ángeles, ni sólo bestias; somos personas humanas en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu. Glorifiquemos, pues, a Dios también con nuestro cuerpo.

 

Gabriel González del Estal

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¡PASEN Y VEAN!

Un reclamo publicitario “pasen y vean” con un objetivo: que aquello que los ojos ven, el corazón o los sentidos, tengan necesidad de ello.

1.- ¿Dónde encontrar hoy a Jesús en medio del ruido, rascacielos o de tantas ofertas que nos seducen a primera vista, más que las palabras del evangelio? ¿Cómo dar con ese Señor que en su invitación “venid y lo veréis” no desea otra cosa sino que tengamos experiencia personal con Él y de Él?

Difícil lo tenemos. ¡Hay tantas puertas y con tantas voces que nos invitan a descubrir otros horizontes que no sean los de la fe! ¡Existen tantas ideologías que establecen y manipulan nuestros caminos! ¡

Es bueno, para toparnos con Jesús, romper con aquellas barreras de superficialidad que nos empujan a nadar sobre aguas peligrosas o a caminar sobre tierras movedizas. Y, además de romper con la trivialidad, también sería positivo en nuestro intento de descubrir y de estar más unidos a Cristo, desgajarnos de los miedos que nos atenazan; de divorciarnos de esos temores que paralizan esa santa curiosidad que hemos de poseer todo cristiano: ¿Dónde vive Jesús? ¿Qué hemos de hacer para vivir con Él y en Él? ¿Qué conllevará el ser amigo del Señor?

2.- Muchas veces, desde una óptica meramente social y en detrimento de la espiritual, se nos ha contestado que Jesús está y vive entre los pobres, en los perseguidos, en los que no tienen pan, en los ajusticiados o difamados, en los abatidos o marginados, etc. Pero…no es menos verdad que, al Señor, lo hemos de buscar en la escucha frecuente de su Palabra. En la oración personal o comunitaria. En la contemplación y celebración de sus Misterios.

No es bueno, que dejándonos llevar por ideologías predominantes, reduzcamos nuestra búsqueda de Jesús por conductos exclusivamente tamizados con el compromiso humanista, social o caritativo. Es más; cuando uno alcanza una experiencia, cara a cara, con Aquel que es salvación y vida, a continuación se siente enviado y obligado a trabajar por aquellas personas que padecen esas situaciones de extrema gravedad y a descubrir en ellas el rostro doliente de Jesús.

3.- En cuántos momentos y acciones, sin darnos cuenta, nos podemos quedar en una exploración de Jesús puramente humana (no divina). En una opción por el bienestar material (no espiritual) o en un mejorar los aspectos externos de la humanidad olvidando su identidad cristiana.

Hoy al preguntar a Jesús “¿dónde vives, Señor?” sería bueno el reafirmar nuestro compromiso cristiano. Jesús vive en medio de nosotros y muy especialmente con su presencia real en la Eucaristía. Le pidamos de todo corazón que permanezca junto a nosotros y que, los caminos que elijamos para buscarle, sean senderos de comunión, de fe, de conversión y de esperanza fundamentados en el Evangelio.

4.- ¿Dónde vives, Señor? Que la respuesta de Jesús no sea la que tantas veces pretendemos: en el camino fácil, en el todo vale, en el hacer simplemente el bien, en una Iglesia a nuestra medida, descafeinada o en un Evangelio sesgado o dulcificado para según quién , cómo y cuándo.

Y es que, el Señor, es quien nos debe de indicar dónde vive, como vive y de qué forma vive.

¡Pasemos…y veamos!

 

Javier Leoz

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