¡Alégrate, el Señor está contigo!

 

EVANGELIO DEL DÍA

Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Jn 6, 68

 

     

 

Domingo, 22 de Julio de 2018

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO

Jeremías 23, 1-6 / Efesios 2, 13-18

/ Marcos 6, 30-34

Salmo Responsorial, Sal 22, 1-6

R/. "El Señor es mi pastor, nada me puede faltar"

 

Santoral:

San Arsenio, Santa Áurea, Santas Justa y Rufina,

Santa Isabel Blan de Qin y San Simón Qin

 

 

LECTURAS DEL DOMINGO 22 DE JULIO DE 2018

 

DOMINGO XVI° DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Reuniré el resto de mis ovejas

y suscitaré para ella pastores

Lectura del libro de Jeremías

23, 1-6

 

¡Ay de los pastores que pierden y dispersan el rebaño de mi pastizal! –oráculo del Señor–.

Por eso, así habla el Señor, Dios de Israel, contra los pastores que apacientan a mi pueblo. Ustedes han dispersado mis ovejas, las han expulsado y no se han ocupado de ellas. Yo, en cambio, voy a ocuparme de ustedes, para castigar sus malas acciones –oráculo del Señor–.

Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas, de todos los países adonde las había expulsado, y las haré volver a sus praderas, donde serán fecundas y se multiplicarán. Yo suscitaré para ellas pastores que las apacentarán; y ya no temerán ni se espantarán, y no se echará de menos a ninguna –oráculo del Señor–.

 

Llegarán los días –oráculo del Señor–

en que suscitaré para David un germen justo;

Él reinará como rey y será prudente,

practicará la justicia y el derecho en el país.

En sus días, Judá estará a salvo

e Israel habitará seguro.

Y se lo llamará con este nombre:

«El Señor es nuestra justicia».

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL                                 22, 1-6

 

R.    El Señor es mi pastor, nada me puede faltar

 

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

Él me hace descansar en verdes praderas,

me conduce a las aguas tranquilas

y repara mis fuerzas. R.

 

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.

Aunque cruce por oscuras quebradas,

no temeré ningún mal, porque Tú estás conmigo:

tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

 

Tú preparas ante mí una mesa,

frente a mis enemigos;

unges con óleo mi cabeza

y mi copa rebosa. R.

 

Tu bondad y tu gracia me acompañan

a lo largo de mi vida;

y habitaré en la Casa del Señor,

por muy largo tiempo. R.

 

 

Cristo es nuestra paz, Él ha unido a los dos pueblos en uno solo

 

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo

a los cristianos de Éfeso

2, 13-18

 

Hermanos:

Ahora, en Cristo Jesús, ustedes, los que antes estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo.

Porque Cristo es nuestra paz: Él ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de enemistad que los separaba, y aboliendo en su propia carne la Ley con sus mandamientos y prescripciones.

Así creó con los dos pueblos un solo Hombre nuevo en su propia persona, restableciendo la paz, y los reconcilió con Dios en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, destruyendo la enemistad en su persona.

Y Él vino a proclamar la Buena Noticia de la paz, paz para ustedes, que estaban lejos, paz también para aquéllos que estaban cerca. Porque por medio de Cristo, todos sin distinción tenemos acceso al Padre, en un mismo Espíritu.

 

Palabra de Dios.

 

 

 

EVANGELIO

 

Eran como ovejas sin pastor

 

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Marcos

6, 30-34

 

Al regresar de su misión, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

Él les dijo: «Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco». Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al ver los partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.

Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.

 

Palabra del Señor.

 

 

Reflexión

 

JESUCRISTO NOS DA LA PAZ Y EL SOSIEGO

1.- El reinado de la justicia y la salvación. El texto de Jeremías es un oráculo mesiánico que denuncia la ineptitud y corrupción de los reyes de Judá, pero al mismo tiempo anuncia la restauración de la dinastía de David. Dios eligió a David y "le sacó de los apriscos del rebaño; de andar tras las ovejas lo llevó a pastorear a su pueblo”. A diferencia de David, muchos de esos reyes han extraviado al pueblo en vez de encaminarlo. Nabucodonosor ha destronado a Jeconías y ha impuesto como rey a Sedecías. Aunque es de estirpe davídica, su legitimidad de hecho se apoya en el favor de Nabucodonosor. Jeremías anuncia la caída del débil rey y denuncia los abusos de los malos pastores. Dios cumplirá su promesa de modo nuevo y con una intervención personal. Primero salvará "el resto", o sea, la continuidad del pueblo de la alianza. Después, frente al sucesor ilegítimo. Dios suscita a David un "vástago legítimo", es decir, "justo". Ese vástago de David estará al servicio de la "justicia y el derecho", cosa que no ha cumplido Sedecías, y unificará Israel con Judá en un reino de paz. Frente al nombre impuesto por Nabucodonosor, que no responde a la realidad, el vástago llevará un nombre auténtico, aclamado por todo el pueblo: "El Señor es nuestra justicia". La repatriación prometida no es más que el anticipo y el anuncio de los tiempos mesiánicos en los que, al fin y de una forma imprevisible, todo llegaría a su cumplimiento en Jesús, el Hijo de David, el Buen Pastor. El Mesías será descendiente de David, será rey para establecer el reinado de la justicia y traer así la salvación.

2.- El Salmo que nos da paz. Merece la pena observar los rebaños de ovejas que pastan en nuestros campos. Retozan a placer, pacen a su gusto, descansan a la sombra. Nada de prisas, de agitación o de preocupaciones. Ni siquiera miran al pastor; saben que está allí, y eso les basta. Libres para disfrutar prados y fuentes. Alegres y despreocupadas, las ovejas no calculan ¿cuánto tiempo queda? ¿adónde iremos mañana? ¿bastarán las lluvias de ahora para los pastos del año que viene? Las ovejas no se preocupan, porque hay alguien que lo hace por ellas. Las ovejas viven de día en día, de hora en hora. Y en eso está la felicidad. Hemos recitado en el Salmo “El Señor es mi pastor”. Sólo con que yo llegue a creer eso, cambiará mi vida. Se irá la ansiedad, se disolverán mis complejos y volverá la paz a mis atribulados nervios. Vivir de día en día, de 'hora en hora, porque él está ahí. El Señor de los pájaros del cielo y de los lirios del campo. El Pastor de sus ovejas. Si de veras creo en él, quedaré libre para gozar, amar y vivir. Libre para disfrutar de la vida. Cada instante es transparente, porque no está manchado con la preocupación del siguiente. El Pastor vigila, y eso me basta. Es bendición el creer en la providencia. Es bendición seguir las indicaciones del Espíritu en las sendas de la vida.

3.- Unidad en el amor. Estamos muy acostumbrados a los extremismos clasificatorios: buenos y malos, amigos y enemigos, progresistas y conservadores, nacionalistas y separatistas, etcétera. Algo parecido pasaba en la Iglesia primitiva: lo normal era pensar y actuar según la gran división religiosa: judíos y gentiles. La lectura de la carta a los Efesios viene a corregir nuestras apreciaciones y a darles su verdadera perspectiva cristiana. Al mundo hay que mirarlo desde la perspectiva del sacrificio salvador de Cristo. En su Sangre ya no hay ni cerca ni lejos, ni buenos ni malos, ni judío ni gentil; sino sólo un único pueblo de hermanos, unidos por la misma sangre de Cristo, por el mismo amor del Padre común. Cristo es nuestra paz y fuente de nuestra unidad. Nuestra celebración eucarística tendrá que significar una muerte a las divisiones internas y externas, y una vida nueva de unidad y amor.

4.- Necesitamos un pastor que nos llame. Jesús es Dios con nosotros y delante de nosotros, el único Pastor, el Buen Pastor que reúne a las ovejas descarriadas: "Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma". También hoy anda la gente desorientada, también hoy caminamos por el mundo como ovejas sin pastor. Cada vez tenemos más problemas y menos soluciones: ¿Qué debemos creer? ¿qué debemos hacer?; ¿a qué debemos atenernos y a quién podemos hacerle caso? El contraste de pareceres nos confunde, y vemos que ni tan siquiera los curas se ponen de acuerdo; ahora vivimos desamparados, y la pregunta nos acosa por todas partes. Esto nos da vértigo y nos produce angustia y desasosiego, porque no estamos acostumbrados a vivir a la intemperie de tantas opiniones y tan contradictorias. En esa situación es comprensible que algunos, quizás demasiados, sientan nostalgia de las viejas seguridades. Y esto es altamente peligroso para la verdadera libertad, porque el miedo y la angustia es el mejor caldo de cultivo de la demagogia. Muchos, no pudiendo aguantar por más tiempo la desorientación y la duda y no atreviéndose a buscar la verdadera seguridad en Dios, se pierden adhiriéndose de nuevo a cualquier pastor. Tengamos calma y escuchemos atentos al Señor que nos habla con calma. Cuando todas las verdades parecen cuestionables, cuando no hay quien encuentre el camino, cuando la vida se convierte en problema..., Jesús nos dice: "Yo soy la Verdad, el Camino y la Vida".

 

José María Martín OSA

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SEAMOS BUENAS OVEJAS DE CRISTO Y BUENOS PASTORES DE LOS DEMÁS

1. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado… Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma. Todos los cristianos debemos sentirnos, interior y exteriormente, buenos discípulos, buenas ovejas, de nuestro único pastor, que es Cristo. Cristo debe ser para nosotros nuestro único camino, nuestra única verdad y nuestra única vida. Es evidente que, a lo largo de nuestra vida, tenemos otros guías y maestros, como son nuestros padres y educadores, pero cuando ya somos personas cristianas adultas y responsables debemos considerar a Cristo como nuestro único pastor, el que nos marca, en cada caso concreto, el camino que hemos de seguir, la verdad en la que debemos creer y la única vida que debe vivir plenamente dentro de nosotros. Pero no debemos olvidar que también cada uno se nosotros somos en muchas ocasiones pastores y guías de otras personas. Como padres, o como educadores, o como amigos, o simplemente como compañeros de las personas con las que convivimos. Todos, queramos o no, influimos en las personas con las que nos relacionamos. Y si queremos ser buenos cristianos debemos de intentar influir en ellos también cristianamente en los demás. Con nuestras palabras y con nuestro ejemplo. Sobre todo, de aquellas personas a las que veamos, de una manera o de otra, descarriadas, es decir, apartadas del único pastor verdadero que es Cristo. Debemos hacerlo siempre con amor y con mansedumbre, no pensando principalmente en nuestro propio bien, sino pensando siempre en el bien de esas personas a las que consideramos apartadas de Cristo. Con nuestras palabras y con nuestro ejemplo, como ya hemos dicho, y también con nuestra oración. Las personas que seguían tan ansiosamente a Jesús lo hacían porque veían en él un auténtico guía y un auténtico pastor. Que cuando los demás nos ven a nosotros, nos vean también así: como a personas interesadas sinceramente por su bien, por el bien que Cristo vino a traernos a todos.

2. Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas de mi rebaño… Mirad que llegan días en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra. El profeta Jeremías se queja amargamente de los reyes y autoridades de Israel que gobiernan pensando en su propio bien, no en el bien de las personas gobernadas por ellos. Le dice al pueblo que no se desanime, porque Dios suscitará un vástago legítimo que hará justicia y derecho en la tierra. También nosotros tenemos en nuestro tiempo motivos suficientes para quejarnos de nuestras autoridades, pero no olvidemos que estas autoridades han sido autoridades elegidas por nosotros mismos. Por eso tenemos una gran responsabilidad en la elección democrática de los que nos van a gobernar. En esta sociedad de partidos políticos en la que nosotros vivimos, los votantes tenemos la grave obligación de votar al partido que mejor vaya a defender las verdades cristianas que nosotros defendemos.

3. Hermanos: ahora estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz. San Pablo les dice a los cristianos de Éfeso que Cristo con su vida y con su muerte ha unido a los judíos con los gentiles. Ya no hay distinción entre unos y otros por motivos del cumplimiento de la ley mosaica; a partir de ahora es la fe y la creencia en Cristo lo que une a los dos pueblos. Esto mismo es lo que debemos hacer ahora los cristianos en nuestras relaciones con personas que pertenezcan oficialmente a otras religiones, o a otros pueblos. Todas las personas que crean en Cristo son hermanos nuestros. En nuestros deseos de ecumenismo no debemos fijarnos tanto en los ritos que nos separan, sino en la fe que nos une. Cristo debe ser nuestra paz, nuestra amistad verdadera, con todos los que desean vivir según el evangelio de Cristo El actual Papa Francisco debe ser, en este tiempo, nuestro modelo religioso.

 

Gabriel González del Estal

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Y TÚ ¿QUÉ GANAS?

1.- Le preguntaba un amigo a otro que salía de una iglesia de rezar: ¿Qué ganas tú rezando? El interpelado, sinceramente y sin timidez alguna, le respondió: no sé lo que gano pero pierdo odio, vanidad, falsedad, envidia, prisas, agobios, estrés e hipocresía. No sé lo que gano en este lugar tranquilo que es la iglesia pero, sólo sé, que cuando voy pierdo soberbia, tacañería, debilidad, confusión y soledad

Con el Evangelio en la mano de este domingo, caemos en la cuenta no sólo de lo que ganamos marchando agarrados a la mano de Cristo sino, además, de lo mucho y malo que dejamos de lado cuando –en este lugar apartado de la misa dominical– nos despojamos de todo lo peor de nosotros mismos para revestirnos de todo lo mucho y bueno que Dios nos da. ¿Gana algo la ropa al llevarla a la tintorería? En principio, más que ganar, pierde suciedad y recupera esplendor.

2.- Nunca como hoy la gente se mueve de un lado para otro buscando paz y tranquilidad. Asciende el montañero a las cumbres, se adentra en el mar el navegante, se arriesga entre los acantilados el aventurero y, otros tantos, buscan en agencias o en las redes sociales, esferas donde librarse de la vorágine que nos destruye o nos enerva ¿Nos hemos parado a pensar que las humedades de las paredes no se atajan desde fuera sino desde el interior de las mismas? ¿Nos damos cuenta que, un árbol enfermo en su tronco, no hay que curarlo en su corteza sino desde su raíz?

3.- El ámbito tranquilo de Jesús de Nazaret no es precisamente la oferta que nos ofrece el mundo para un descanso puntual y necesario. ¡Va mucho más allá! El descanso que nos ofrece Jesús es desde dentro hacia fuera. No es un descanso de hamaca sino de corazón. No es un relax de playa sino de alma. No es un silencio sin ruido sino ausencia del “yo” que es problema de muchas de nuestras dificultades, distanciamientos, malos entendidos y soledades.

-Descansar con Dios es saber que su Palabra siempre tiene una respuesta para cada momento

-Apoyarnos en el Señor es caer en la cuenta de que, muchas de nuestras infelicidades, es porque seguimos a líderes que nos llevan por donde quieren pero no por dónde nos conviene

-Fiarnos de Jesús es no entender la fe como simple ocio. Como una escala de sacramentos que vamos quemando a nuestro antojo según, cómo y cuándo. Es vivir la fe con una convicción: vivir como Cristo, pensar como Cristo y actuar como Cristo.

4.- El gran peligro que actualmente se da en la vida de millones de cristianos es ese: que vivimos la fe no como un lugar donde se recupera nuestra alma, nuestro cuerpo, nuestra salud mental o espiritual sino que, por el contrario, la experimentamos de una forma ociosa. Como si se tratase de un juego, de una ganancia simple o de un quedar bien. Nunca la fe oportunista ha sido buena. Engañaremos con nuestras apariencias pero, a Dios, no se la damos.

Teniendo estos lugares tan tranquilos ¿por qué optamos por paisajes aparentemente idílicos pero con consecuencias imprevisibles para las personas?

 

Javier Leoz

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